Por Jose Almeida Afonso
La verdad, que dudar a estas alturas de la vida de uno
sobre ciertos acontecimientos que se suceden a diario ante nuestros ojos
atónitos --pero sobre todo con inefable y rabiosa impotencia-- en nuestros
queridos y terribles Peñascos Atlánticos Africanos, más que como un
otorgamiento al beneficio de la duda, o el más actual de "presunto",
es más bien una actitud incompresiblemente ingenua, infantilmente ilusa,
sabiendo, como sabemos, de qué van esos asuntos que llamamos de "las altas
esferas" de la política, la economía, la educación, la sanidad, la
policial, la eclesiástica, la militar..
Sí, uno, es verdad, intuye, presume, sospecha,
desconfía de que lo que sucede en esas llamadas "Altas Esferas" no es
trigo limpio precisamente. Lo que sucede es que para acusar a alguien hay que
tener no sólo intuiciones, sospechas, desconfianzas, sino que aportar pruebas
que amparen la necesaria denuncia. Y es aquí, en la obtención de pruebas que
aportar en un juzgado para que se puedan abrir diligencias en contra de
alguien, ya sea político, empresario, militar, cura o mafioso.
Entonces, sabiendo o habiendo conocido alguna
irregularidad o ilegalidad, sino hay pruebas suficientes que aportar es como si
no tuvieses nada, y es donde surge, de nuevo, la inefable y rabiosa impotencia.
De esta manera, lo único que podemos hacer los
periodistas es sugerir que "presuntamente" tal o cual persona ha cometido algún tipo de delito. Sabemos que sólo
moralmente tenemos la razón, pero esto no afecta al ámbito penal.
Cuando un caso de corrupción salta a las páginas de
los periódicos es sólo cuando algunos de los implicados, o alguien cercano a
los corruptos, ya sean políticos, empresarios, militares, policías o mafiosos,
los delata por vergüenza, ajuste de cuentas o intereses ocultos, más que por
querer hacer un bien a la comunidad en la que vive; no lo hacen porque quieran
más libertad, justicia y dignidad para la mayoría del pueblo.
Sólo hay que estar atentos a lo que pasa a nuestro
alrededor, pararnos a reflexionar y caeremos en la cuenta de por qué pasa lo
que pasa, y a quién beneficia principalmente cualquier caso de corrupción que
se descubra o se destape. Aviso para navegantes.
Artevirgo,