DUEÑOS DE LAS PALABRAS

Emilio del Barco

Somos, en todo, una parte de la Naturaleza, y, parcialmente, una excrescencia de nosotros mismos. Es decir, la evolución del  género humano se desarrolla totalmente dentro de la Naturaleza, pero el Hombre está adquiriendo el poder de seleccionar, voluntariamente,  la dirección que dicha evolución pueda tomar. En principio, cada individuo influye en su propia vida, dentro de unos límites fijados por sus posibilidades y conocimientos. Al tiempo, puede influir en otros. Siempre  hay un trasvase de ideas, nadie es impermeable. A su vez, los sistemas  políticos, filosóficos o religiosos  se van alterando en función de los cambios habidos en la sociedad, en la familia, y, finalmente, en el hombre. El espíritu personal va evolucionando a través de los conocimientos adquiridos. Y, ostensiblemente, de forma acelerada en las sociedades más cultas. Consciente o inconscientemente,  cada vez hay menos diferencias nacionales  en la formación y aspecto de las personas. Debido, de forma clara, a la intensificada comunicación entre los pueblos, a todos los niveles. Las creencias, impuestas con violencia, pretenden mantener las diferencias.

Es indudable que no sólo la genética condiciona, también la similitud de ambiente vivido, medios, conocimientos, educación  o cultura,  ayudan a  uniformar el aspecto interno y externo de la  persona. Estamos viendo que  la sociedad moderna va siendo más uniforme a través del mundo, así como los sistemas políticos y religiosos. La comunicación global se ha convertido en el primer  rasero en el ámbito mundial, imponiendo ideales parecidos. No sólo los modelos de sociedad son más semejantes, sino que los sistemas políticos, y hasta los hombres, irán  adquiriendo caracteres comunes. En definitiva, al cambiar los sistemas, cambian los hombres y viceversa. La universalidad de los medios de comunicación, podría hacer válido el mismo mensaje para toda la Humanidad. Por eso, las principales organizaciones financieras- religiosas -políticas, se están haciendo con el control de los medios de comunicación. El mundo funciona con ideas, quien expanda las suyas, hace predominar sus propios valores. Y, con ello, extiende su poder. Las ideas van modificando, aunque lentamente, las estructuras de la sociedad. Por tanto, los detentadores de ideas, amos de medios, los 'dueños de la palabra', son quienes más influyen en las organizaciones humanas. Imprimiéndoles movimiento en la dirección  que mayor beneficio reporte a sus organizaciones.

Yo pediría, a los ortodoxos de cualquier creencia, que intentaran pensar humanamente, como miembros singulares del conjunto de la raza humana, Y no como miembros privilegiados de un grupo de creyentes, que se estima  separado del resto de la Humanidad, por considerarse, sólo ellos, los únicos posesores de la Verdad Eterna.

Un individuo, un pueblo, o un conjunto de pueblos, no se pueden creer, sean quienes fueren,  herederos únicos  de Dios sobre la Tierra. Eso es fanatismo. Falto de razonamiento. Dios no puede ser sectario. Nadie es superior al resto de los humanos, por el simple hecho de creer en una determinada doctrina. Si Dios existe, ha de ser el Dios de la Humanidad, en su totalidad. Quien lo hizo todo, no puede haber determinado privilegios sociales o étnicos imprescriptibles, para un sector de su Creación. Quien lo creó todo, debe tener el mismo amor a toda su Creación. Si es que los hombres religiosos tienen razón en sus creencias.

Para saber la verdad, necesitamos razonar. Somos Humanos, no dioses omniscientes. Cuando los sentimientos religiosos están concebidos, y son usados, como  murallas separadoras,  en vez de unir, enfrentan. Entonces, dejan de ser legítimos.  No puede estar una creencia por encima del respeto a la Humanidad, a los humanos. No existen prioridades de credos, ni pueblos escogidos, ni etnias seleccionadas por los dioses para ser sus preferidas. La Humanidad es una. Y los humanos formamos una cadena ininterrumpida, de seres semejantes, aunque seamos únicos en nuestra individualidad. No existe justificación posible a los numerosos enfrentamientos bélicos que azotan actualmente a la Humanidad, por aducidas diferencias ideológicas. Tras  todo ello, sólo hay un motivo oculto, taimadamente escondido, la avaricia desmesurada y el afán de poder desmedido de algunos gobernantes y sus prebostes soportadores, que ayudan a cegar al rebaño de seguidores. Si Dios existe, estos son los mayores destructores de su obra.

Agüimes, Gran Canaria.

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