La ecolalia de un idiota espabilado
P. Luis Barrios
¡Llueva, truene, ventee, caiga nieve o el frío esté del carajo, es pa' Washington que vamos! Con esta consigna comunitaria nos dimos cita este pasado 20 de enero en Washington para protestar una vez más la política inmoral y genocida de George W. Bush en su juramentación como Presidente de Estados Unidos.
Curiosamente en un discurso que duró unos 20 minutos, Bush repitió las palabras libre y/o libertad unas 25 ocasiones. Por supuesto, escuchar sus repeticiones disparatadas e infecundas ya se ha convertido en un reality show. Esto lo convierte en lo que José Antonio Pérez en su libro, Diccionario del paro y otras miserias de la globalización, denomina un idiota moral, o sea, una persona que, pese a tener a su alcance los suficientes datos para rebelarse ante la injusticia, renuncia a su capacidad de análisis racional del mundo que le rodea y esconde su responsabilidad amparándose en el subterfugio de la obediencia a las instrucciones recibidas de un orden exterior. Ese orden suprior no es Dios, sino el capitalismo.
Dentro del marco psicológico, esta repetición incoherente y continua la podemos denominar como ecolalia. La ecolalia tiende a manifestarse por la repetición de las palabras o frases de otra persona como se observa en ciertos casos de esquizofrenia, en particular el tipo catatónico. Esta conducta es considerada por ciertos autores como un intento del paciente en mantener la continuidad del proceso del pensamiento.
Por lo general la persona puede maniobrarse dentro del diario vivir y el caso particular de Bush puede ser descrito como el de un idiota espabilado, o sea, aquellas personas quienes a pesar de su debilidad mental, poseen un talento especial en una o más direcciones. El talento de Bush -a mi juicio clínico- se distingue por su capacidad de ser testarudo, terco y obsesionado. De aquí el que clínicamente sostenga que es un retardado funcional.
A todo esto hay que sumarle que su mensaje carecía de fuerza moral y el mismo constantemente reflejaba maleficencia, o sea, el hábito o costumbre de hacer mal. Esto por supuesto, es un reflejo de su marginación social a través de la creación de un mundo esquizofrénicamente ficticio en donde él lo percibe como uno con mayor seguridad luego de las invasiones a Afganistán, Iraq y Haití, y sus amenazas constantes a los gobiernos de Irán, Corea del Norte, Cuba y Venezuela. Y por supuesto, dentro de su amnesia selectiva, Arabia Saudita, Israel y Pakistán, tres países aliados y con gobiernos terroristas, no vienen a la discusión.
De aquí también el que Bush -y el resto de la gente atolondrada de su gobierno- durante su coronación privada tratara por todos los medios de ignorar los mensajes que desde la calle le estamos enviando con nuestra protesta. Los mismos quedarán en la historia y por eso seguiremos repitiéndolos. ¿Qué le seguimos diciendo a Bush?
El código rojo es un voto de fraude; Alberto González es el torturador de Abu-Gharaib; dinero para trabajos y educación no para ocupación; cuatro años mas, estamos jodíos; salvemos al Seguro Social; la guerra no es la respuesta; heterosexismo y homofobia son valores erróneos de la derecha religiosa; cuando la gente rica hace guerra, la gente pobre muere; mantengamos al aborto legal y seguro; que cesen las torturas en Guantánamo; la democracia no se exporta; que cese la ocupación de Iraq; apoyamos a nuestras tropas, tráiganlas de regreso; etc.
Los dos temas que mas me impresionaron fueron - y los estamos promocionando como mantra de motivación para resistir por lo próximos cuatro años- los siguientes. Primero, 49% puede bloquear fácilmente a Bush. Y segundo, vamos a dejarnos de hablar mierda y hagamos la revolución. Y en estas tareas Dios nos puede ayudar porque estaremos construyendo la paz con justicia.
P. Luis Barrios
Iglesia San Romero de Las Américas
New York, New York
21 de enero de 2005