Ecología y desarrollo desde la razón
Buenaventura Rodríguez
Nuestra sociedad vive un enfrentamiento cada vez mas radicalizado. Por un lado están los ecologistas integrales, para quienes no se debe mover ni una piedra en aras del desarrollo, y por el otro los que justifican la construcción de cualquier infraestructura, sea cual sea el daño ecológico que se ocasione. ¿A cuál de las dos posturas debemos abrazarnos?
Este es un debate donde se utiliza poco la razón. Quienes creen que nuestro bienestar se basa en el ladrillo, no son capaces de ver el importante papel del medio ambiente en nuestra economía. Mientras, en el bando que se autodefine como el del desarrollo sostenible, se han apuntado no sólo quienes pretenden defender la naturaleza, sino también los que suspiran por un paraíso socialista como el de Cuba. Y como muchas veces ocurre, la razón no se encuentra en los extremos.
El desarrollo no es un concepto abstracto. Significa cosas tan sencillas como salir a comer con la familia el fin de semana, disfrutar cada año de unos días de vacaciones fuera de la isla o regalarle un ordenador a nuestros hijos por Reyes. Desarrollo también significa una asistencia sanitaria que -aunque nos cueste reconocerlo- es infinitamente mejor que la que teníamos hace 30 años. Nuestro bienestar social no es el que cabría esperar en una región sin recursos naturales, anclada a la orilla del continente más pobre del mundo. Es verdad que se cometieron errores, especialmente en la planificación del territorio. Pero no por ello debemos arrojar por la ventana un modelo económico que ha elevado nuestra renta hasta cotas europeas.
La mayoría de los canarios no queremos volver a plantar caña ni alumbrarnos por las noches con un candil de queroseno. Pero tampoco deseamos dilapidar nuestro principal activo, que es el medio ambiente. Sin los paisajes canarios, no habríamos tenido al turismo como el artífice de nuestro crecimiento.
Sin embargo, los que se oponen a la construcción del puerto de Granadilla pueden tener razón. Algunos pudimos pesar que sería necesario un macro puerto para hacer realidad la idea de una plataforma logística que permitiese construir una alternativa al turismo. Pero don Francisco Cabrera, ex gerente de promoción internacional de los puertos de Las Palmas, señala una comparación con el puerto de Algeciras para ayudar a clarificar este asunto.
«Los tinerfeños nos encontramos con unos dirigentes que tiran la piedra y esconden la mano a la hora de argumentar sus decisiones»
Según un estudio de la Universidad de Cádiz, el valor añadido bruto del trasbordo de mercancías en el puerto de Algeciras asciende a 257 millones de euros. Esta cifra supone sólo un 4% de lo que ingresamos en Canarias por el turismo. Además, Algeciras es un puerto con un volumen de operaciones que no podríamos soñar en alcanzar, incluso aunque nos convirtiésemos en una plataforma logística. Los números indican que el trasbordo de mercancías no serviría para diversificar nuestra economía, por lo que no sería necesario construir un macro puerto. ¿Deberíamos también rechazar el proyecto para un pequeño puerto?
Nadie aporta datos concretos que nos permitan llegar a una opinión fundamentada. Se argumenta que la construcción de un pequeño puerto supondría un alivio en el tráfico de la autopista del Sur, pero, ¿Qué porcentaje de tráfico se eliminaría? Los partidarios del puerto también dicen que serviría para la descarga de materiales peligrosos, como el gas natural. Habría que preguntarse, ¿cuáles serían los inconvenientes que supondría hacerlo con un campo de boyas en lugar de un puerto?
El Gobierno regional ha mantenido una actitud errática y una desastrosa política de comunicación sobre esta infraestructura. Los tinerfeños, que queremos formarnos una opinión desde la razón, nos encontramos con unos dirigentes que tiran la piedra y esconden la mano a la hora de argumentar sus decisiones. Con esta actitud, el Gobierno regional aporta munición ideológica a quienes están en contra de todas las nuevas infraestructuras, incluidas las que claramente contribuirían a mejorar nuestra economía, como es el cierre del anillo insular.
En relación a la construcción de infraestructuras, tenemos que hacernos algunas preguntas y, si es posible, encontrar respuestas con las que cualquier persona razonable pueda estar de acuerdo. Hay que plantearse cuestiones como, ¿Qué beneficios económicos aportaría una determinada infraestructura para la isla o región?, ¿Cuáles son sus costes medioambientales?, ¿Existen alternativas viables que permitan disminuir su impacto ecológico?
El debate entre desarrollo y medio ambiente hay que abordarlo con objetividad y sin apasionamientos ideológicos. De esto dependerá nuestro futuro.
buenaventurarr@hotmail.com