Economía cristiana
Lorenzo Doreste
La solidaridad internacional no es una teoría de Marx obsoleta. Es una necesidad imperiosa, ineludible.
Siempre me acuerdo de aquella frase del Evangelio que nos alienta a buscar primero el Reino de Dios, prometiéndonos que todo lo demás se nos dará por añadidura. En muchas culturas se ensalza la figura de Jesús, se afirma que era Dios o que, si no lo era, merecía serlo. Sus enseñanzas se tienen como las más avanzadas y humanistas de la Historia. Y luego esas sociedades tan cristianas en teoría hacen en la práctica lo contrario de lo que predican. Y donde peor se comportan es en las relaciones del capital con los asalariados.
Los capitalistas son insaciables. Cada día que pasa aprietan un poco más las clavijas a la clase obrera. Las políticas neoliberales han debilitado los derechos sociales y sindicales. Las grandes empresas se desplazan por el ancho mundo, y esto supone un debilitamiento de la militancia sindical y de la solidaridad obrera.
En América Latina la clase obrera ha conseguido algunas victorias importantes: Expulsó a los presidentes neoliberales de Bolivia, Ecuador y Argentina (Fernando de la Rúa). Trabajadores y algunos burgueses impidieron dramáticas privatizaciones de agua y electricidad en Bolivia y Perú. El presidente de Argentina, Néstor Kirchner, un neoliberal disfrazado de izquierdoso, enfrenta grandes huelgas sindicales y reclamos salariales. El presidente Ignacio Lula Da Silva (en la foto) se enfrenta a la oposición masiva de los sindicatos por haber debilitado a la seguridad social.
Los gobernantes que más hacen por los pobres, como Fidel Castro y Hugo Chávez, son vituperados, se les inventan defectos de los que carecen, se les suponen malas intenciones en todo lo que hacen. Las cosas buenas que realizan se ocultan. Se les aplica una táctica maniquea, pues desde la prensa capitalista se trata de convencer a la opinión pública de que dichos gobernantes son totalmente malos sin mezcla de bien alguno.
En el Opus Dei tienen palabras de aliento espiritual para los grandes ejecutivos, pero no para un trabajador modesto, como un Carpintero, por ejemplo. Total, que para buscar a miembros de la Iglesia Católica que sean progresistas, solidarios con los pobres, hay que fijarse en la madre Teresa de Calcuta, el arzobispo Romero, el obispo Pedro Casaldáliga, Vicente Ferrer de la India, etc.
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial obligan a los países pobres a aplicar políticas económicas que los mantengan en la miseria, en lugar de exigirles que adopten un sistema riscal moderno.
La única solución que veo a la situación actual es practicar el internacionalismo sin desmayo, en todas las reivindicaciones sociales y laborales que se planteen. A todas ellas hay que darles una resonancia universal, informar a nuestros colegas obreros y sindicales de todas las latitudes. ¿Que el Consorcio político-empresarial quiere ampliar el aeropuerto de Gando? Pues informar de ese disparate a todo el personal que trabaja en los principales aeropuertos españoles y extranjeros. ¿Qué no nos dejan disfrutar del Confital? Pues informar a todos los que disfrutan de playas de igual belleza por el ancho mundo. La solidaridad internacional no es una teoría de Marx obsoleta. Es una necesidad imperiosa, ineludible.
Dios no es retrasado mental. Cuando hizo el mundo dijo: "O mis hijos se hacen solidarios o no serán felices. Si se hacen solidarios, si instauran mi Reino entre ellos, todo lo demás se lo daré por añadidura. Yo no puedo hacer felices a gángsteres neoliberales".