EDITORIAL - El Día, 10-06-2007
soberanía
y justicia, cuanto antes
Ni radicalismo ni independencia total: soberanía y justicia. Dignidad
para vivir sin amos, ser nosotros mismos con lazos de parentesco propios del
siglo XXI.
Las
prisas suelen ser malas consejeras, sobre todo cuando se trata de
analizar y reflexionar acerca de propuestas y opiniones que aparentemente se
salen de lo habitual. Es el caso de un lector que amablemente nos ha hecho
llegar una carta en la que muestra sus sorpresa por el contenidos del editorial
del pasado 1 de junio, titulado "El ejemplo de CaboVerde y Malta", al
tiempo que expresa sus críticas hacia algunos de nuestros planteamientos. Nos
consta, porque así nos lo hace saber una gran mayoría de los tinerfeños, por
escrito y de palabra, que los argumentos que defendemos desde estas páginas
entroncan con el sentir de la inmensa mayoría de los isleños. No podía ser de
otra forma, porque siguiendo nuestro proceder habitual, el que nos ha convertido
en santo y seña del periodismo canario a lo largo de casi un siglo, nos hemos
limitado a hacernos eco del sentir de la ciudadanía y, además de cumplir con
nuestro deber de informar desde un punto de vista plural, dando cabida en
nuestras páginas a todo tipo de ideologías, ejercemos nuestro derecho a la
libertad de opinión, siempre desde el más absoluto respeto hacia quienes
disienten de lo que aquí se expone. Con todo, somos conscientes de que, al
igual que el caso del lector al que aludimos más arriba, parte de los tinerfeños
pueden sentirse confusos ante parte de nuestros razonamientos. Una lectura
concienzuda de los comentarios y editoriales les sacaría de dudas, pero hoy nos
hemos propuesto ahorrarles esa labor y, a partir de los comentarios de la carta
citada, aclarar algo que, según nuestro parecer, está suficientemente claro.
En
primer lugar, el autor de la carta, tras reconocer que EL DÍA se ha
caracterizado a lo largo de su historia por la veracidad, la seriedad y la
moderación, nos reprocha que hayamos derivado ideológicamente hacia un
independentismo radical. No podemos subrayar sino la falsedad de dicho
planteamiento, toda vez que este periódico jamás ha pedido la independencia,
sino la soberanía, y aboga al mismo tiempo por el objetivo de, a partir de un
nuevo estatuto que nos permita a los canarios ser nosotros mismos, sin
imposiciones externas más o menos caprichosas pero habitualmente contrarias al
interés general del Archipiélago, profundizar en las relaciones económicas y
culturales con España. Si para algo serviría ese reconocimiento de la soberanía
canaria sería precisamente para mitigar y apagar el sentimiento independentista
que aflora desde hace tiempo en las Islas.
Nos
achaca también el lector que estemos siguiendo el camino marcado por el líder
independentista Antonio Cubillo, y en este punto habría que dejar las cosas
bastante claras. En primer lugar, reconocemos que, si bien Cubillo, a quien
respetamos, no es ni ha sido jamás el mentor de este periódico, coincidimos
con parte de sus esquemas ideológicos, principalmente en lo referente a la
necesidad de que las Islas no sigan sometidas a quienes gobiernan en el
continente, porque a la vista está que el actual sistema sólo conlleva
perjuicios para Canarias, y a la larga un previsible caos político. Si a ello añadimos
las injusticias que se han implantado con dicho sistema, con una isla, Canaria,
que sin razones objetivas para serlo se ha tornado en la hegemónica; con una
ciudad, Las Palmas, que desafiando a la historia se ha alzado como la capital de
hecho de
Nos
critica el amable lector, además, por poner a los estados soberanos de Cabo
Verde y Malta como ejemplos de lo que Canarias podría ser en el futuro. Desde
luego, nos refrendamos en ello, aunque, cómo no, con el deseo y el
convencimiento de que los índices económicos y de bienestar social de los
canarios serían muchos más elevados que los de los ciudadanos de esos dos países.
En el caso de Cabo Verde las coincidencias resultan obvias: un archipiélago atlántico
que, aunque infradesarrollado, guarda muchas coincidencias geográficas e históricas
con Canarias. En el caso de Malta, un territorio insular que, teniendo menor
superficie, población y recursos, conforma un estado que toma sus propias
decisiones. Y si no, repasemos la hemeroteca días atrás, cuando su gobierno,
enfrentándose a la hipócrita opinión pública internacional, decidió impedir
la entrada de un barco con inmigrantes ilegales. Ese, y es un ejemplo, es el
tipo de decisiones que podría adoptar Canarias si fuese soberana. En caso
contrario, siguiendo con el ejemplo, seguiremos siendo el coladero que somos,
siempre gracias a la pasividad de los gobernantes estatales y a la insana pero
bien pagada costumbre de los políticos canarios de mirar hacia otro lado. Y que
nadie nos tilde de insolidarios por este razonamiento, porque en no pocas
ocasiones se tiende a denigrar e insultar a quien piensa diferente, e incluso a
quien considera que la política de inmigración de
Alude
también el lector al sentimiento de colonialismo que a nuestro parecer sufre la
sociedad de las Islas. Por supuesto que estamos convencidos de ello, de la
existencia de un sentimiento de dependencia extrema a una metrópoli lejana.
superior incluso al de los tiempos del Caudillo. Dicho sentimiento se ve
realzado tanto por la actitud en asuntos importantes de los políticos estatales
y canariones como por los gestos externos de ostentación de poder que nos
brindan personajes como el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero,
que ha tomado la costumbre de "ocupar" Lanzarote como si de un virrey
se tratase, alojándose además en una residencia regalada por el Rey Hussein de
Jordania al Rey de España, Don Juan Carlos, a quien de verdad apreciamos en
estas Islas y a cuya monarquía, aún con un nuevo estatuto soberano, deseamos
seguir vinculados. El monarca es la otra cara, la de un estadista que ha sentido
siempre cerca a Canarias y a los canarios. No nos equivocamos si afirmamos que
ese sentimiento de sentirnos colonizados por un gobierno ajeno convive con otro
de cercanía a
Queremos
subrayar a este lector crítico y a quienes tengan algún tipo de duda que ese
estatuto del que tanto hablamos, que contemplaría el carácter soberano de la
ahora Comunidad autónoma, permitiría subsanar las carencias e injusticias del
Archipiélago, e incluso ahondar en las relaciones con España. Nada que ver con
el actual estatuto, el que corre el riesgo de ser tramitado en las Cortes, ya
que éste se limita a estructurar la región dócil y desvalorizada que le
conviene a la clase política estatal, siempre en connivencia con los dirigentes
de la capital de facto del Archipiélago, Las Palmas. La reforma estatutaria
aprobada por
Respondiendo
de nuevo a la carta remitida por el lector, podemos asegurarle que si el
estatuto que duerme ahora en el Congreso de los Diputados, un juguete tan zafio
que ni siquiera un niño querría, llegase a materializarse, el Archipiélago se
desestabilizaría. Pedimos por ello, y porque es de justicia, un texto
estatutario que devuelva a Canarias una soberanía secuestrada por España y
permita recomponer un Archipiélago donde, por ejemplo, Santa Cruz de Tenerife
recupere la capitalidad que se le arrebató. Y nada de cocapital, que eso sería
de nuevo adulterar la historia. Abogamos, en definitiva, y con ello confiamos en
acabar de una vez con las dudas que pueda albergar parte de la ciudadanía, por
un estatuto que nos permita a los canarios ser nosotros mismos, propietarios de
nuestra tierra en lugar de realquilados, porque entendemos que con ello se
evitará la radicalización social y viviremos en un Archipiélago pacífico y
próspero. Eso sólo se lograría con el reconocimiento de una soberanía que
llevaría aparejada, sin lugar a dudas, una relación preferente constante,
desde todos los puntos de vista, con España y