Editorial El Día,
3-06-2007
Lo
que parece imposible está a la vuelta de la esquina
Comenzamos el
editorial con la reproducción de una carta publicada el pasado miércoles, 30 de
mayo, en la sección Cartas al Director, bajo el título "La capital de
Canarias":
Con motivo de las elecciones que acabamos de padecer, este diario ha
venido insistiendo, una y mil veces, en la hegemonía que la provincia hermana
viene queriendo arrogarse en cuanto a representatividad de la región, opinión
que, por lo que he podido conocer en conversaciones con gente de mi tierra
chicharrera, algunos tachan de exagerada e injusta. Todos sabemos que en la Península, a pesar de
estar en el siglo XXI, muchos siguen creyendo que eso de Las Palmas está en
realidad en el Mediterráneo, más concretamente en Baleares, y que las mismas
Canarias caen encima de Argelia, al no poder ser fielmente localizadas en un
mapa de España de esos que hay (o había, que esa es otra) en las Escuelas de
enseñanza primaria, como aquella de doña Marcela en la Rambla santacrucera, en
aquello que se empezó llamando El Paseo de los Coches.
Un periódico de la seriedad, conocimientos y solvencia como es el de
economía "Expansión" dedica íntegramente las 16 páginas de su sección
"Política" de este lunes postelectoral a las elecciones del domingo,
y su página 45, a
las de Canarias y Baleares, las nuestras, bajo el titular: "El socialista
López Aguilar provoca un vuelco electoral en las islas". La información,
facilitada por su corresponsal en Las Palmas, a quien ha de suponérsele
debidamente informado de dónde vive, comienza por un encabezamiento que consta
de tres columnas: la primera referente a "Datos generales", como los
de población y demás, la central al "Parlamento autonómico" y la
tercera a "Municipios", con los resultados para estos dos conceptos
de las elecciones anteriores y actuales tanto en el Parlamento como para las
capitales de las dos provincias, en este caso colocando primero la provincia
hermana. Lo curioso, o alarmante, es que los datos que recoge en la primera
columna, y que son los relativos a superficie, población, censo electoral,
índice de participación, partido gobernante y presidente de nuestra Comunidad,
datos todos ellos estadísticos, comienza con estos dos conceptos: Capital: Las
Palmas de Gran Canaria. Provincia: Santa Cruz de Tenerife.
Sobra cualquier comentario. Pero como el Sr. Rivero, en lugar de un pacto
natural y ya contemplado en la legislatura anterior, prefiera uno antinatural
con los socialistas, a lo que nos tiene ya habituados en su periplo madrileño y
parlamentario, ya podemos prepararnos para la ofensiva que, progresía en mano,
nos espera.
José Mª Segovia Cabrera
(Madrid)
LA OPINIÓN de este
lector, que con uno u otro matiz se asemeja a otras llegadas a este periódico
en los últimos meses, adquiere un mayor valor en tanto proviene de Madrid, es
decir, corresponde a alguien que contempla la realidad del Archipiélago desde
la nitidez de análisis que facilita la distancia. El contundente ejemplo acerca
del desconocimiento que existe en la Península con respecto a Canarias, y el hecho de
que tal ignorancia perjudique, cómo no, a Tenerife, y al mismo tiempo
beneficie, cómo no, a Las Palmas, refleja de forma clara cuál es el sombrío
panorama que le espera a la isla tinerfeña y a quienes residen en ella si no se
frena al cada vez más intenso proceso de despojo y pérdida de protagonismo que
dio comienzo en 1927 con la separación provincial. Porque que Tenerife sea
reconocida como lo que es, la primera Isla del Archipiélago, no es un mero
capricho de este periódico ni de los miles de personas que se sienten dolidas,
heridas y llenas de rabia por este cuento de nunca acabar promovido por la
clase política canariona y por quienes, siendo
tinerfeños y representando a los tinerfeños, miran hacia otro lado e incluso
facilitan, por acción u omisión, que la respetable isla de Canaria, pero
tercera en todos los órdenes, se haya alzado con una hegemonía que corre el
riesgo de consolidarse con los cambios políticos que, al albur de la
actualidad, da la impresión de que pueden materializarse. La moneda con la que
los canariones han pagado tales desaforados mimos ha
sido la humillación electoral, un panorama que provoca la risa fácil antes de
adentrarse en el amago del llanto y desembocar en un cruel patetismo. Sobra
decir que si dicha actitud no se rectifica, los próximos comicios serán los
propios tinerfeños quienes premien con el desprecio a quienes los han
despreciado a ellos.
Y es que Tenerife es
la primera, y como tal debe considerarse y tratarse, no sólo porque lo blanco
es blanco y lo negro es negro, es decir, por razones fundadas en la más
absoluta objetividad, desde la superficie hasta la orografía, la demografía o
la historia, sino porque con ello se erradicaría una situación de injusticia y
desequilibrio que beneficia desde el punto de vista social, económico y
sentimental a los habitantes de Canaria al tiempo que perjudica en idénticos
ámbitos, y entristece profundamente, al vilipendiado y ninguneado pueblo
tinerfeño. Que Tenerife, por mor del devenir de los
acontecimientos históricos y haciendo gala de una exquisita generosidad, haya
cedido a compartir la capitalidad que le corresponde, es una cosa, pero otro
muy distinta es que los ganadores de esa batalla política, apadrinados siempre
por las altas esferas del poder estatal, hayan decidido que la mano no es
bastante y, como dice el dicho, se hayan empeñado en quedarse con el brazo y,
tiempo al tiempo, con todo el cuerpo.
Porque quien dice que
es verde cuando es amarillo, esto es, quien se autodenomina "gran"
sin serlo, aprovechándose para ello de un error geográfico infantil que se ha
tornado en histórico, engañando de esa forma a quienes desconocen en España,
Europa y el resto del mundo, cuál es la realidad y quién es quién en estas
islas ancladas en mitad del Atlántico, es que está dispuesto a cualquier cosa
para saciar su ambición. Incluso, a la vista está, a pisotear al vecino, sea
tinerfeño, palmero, gomero, herreño, majorero o
conejero.
Pero, como se suele
decir coloquialmente, hasta aquí hemos llegado. La desvergüenza política con la
que Canaria quiere imponer su hegemonía es tal que quienes la padecen comienzan
a buscar soluciones fuera del actual marco estatutario, máxime cuando la
reforma en marcha, lejos de poner a cada cual en su sitio, reincide en los
errores conocidos. El proceso de toma de decisión social al que aludimos, rayano en la radicalización, no puede hallar otra solución
que la modificación del encaje de la Comunidad Autónoma
de Canarias en el Estado español. Estas islas, distintas y distantes, son
merecedoras de un trato constitucional diferente al de las restantes regiones
españolas. Su lejanía, su peculiaridad, incluso sus circunstancias históricas
y, cómo no, el derecho comparado, deben obligar a las autoridades estatales y
europeas a plantearse la conveniencia de que Canarias sea dueña de su
soberanía, lo que no impide el mantenimiento, e incluso el refuerzo, de los
lazos que mantiene actualmente con España y la Unión Europea. Sólo
de esa forma la esperada pero siempre desaparecida justicia volverá a campar a
sus anchas en este rincón del Atlántico.
Quienes se lleven las
manos a la cabeza y consideren descabellados los planteamientos aquí expuestos,
que en todo caso respetan la máxima de la libertad y el derecho a la libre
opinión, no tienen sino que acudir a decenas de ejemplos en los que Canarias
puede mirarse. Uno de ellos, cercano a nosotros, es el de la República de Cabo Verde,
cuyo presidente nos ha honrado estos días con su visita. El cuadro comparativo
que ilustra esta página muestra argumentos más que contundentes para convencer
a cualquiera de que lo que parece inalcanzable está, sencillamente, a la vuelta
de la esquina.
Fuente: El Día,
3 jun 2007
http://www.eldia.es/2007-06-03/tenerife/tenerife4prn.htm