ESTADOS UNIDOS, EL GRAN TERRATENIENTE

"El Departamento de Defensa es uno de los más grandes terratenientes del mundo, con más de 571.900 instalaciones distribuidas en 3740 sitios, cubriendo 30 millones de acres" pasando de 702 bases en 2003 a 770 en 2005, en más de 40 países, según el Base Structure Report de 2005, en su reciente informe sobre el inventario de propiedades del Departamento de Defensa de Estados Unidos,

La cita corresponde al artículo de Juan Gabriel Tokatlian, director de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, publicado en La Nación (01/07/05) con el título "Estados Unidos, ¿potencia o prepotencia?"

Utilizando dicho informe, Tokatlian menciona que "en nuestra región, el Comando Sur, con asiento en Miami, es responsable de las bases de Guantánamo (Cuba), Fort Buchanan y Roosevelt Roads (Puerto Rico) y Soto Cano (Honduras) y tiene acceso a las denominadas ¨localizaciones de seguridad cooperativa¨ en Manta (Ecuador), Reina Beatrix (Aruba), Hato Rey (Curazao) y Comalapa (El Salvador)" y que opera una red de radares, con tres fijos en Perú, tres fijos en Colombia y 11 móviles y secretos en seis países andinos y caribeños, para tareas antinarcóticos.

En cuanto al presupuesto, la solicitud de Defensa para el año próximo es de 419.000 millones de dólares, un pedido suplementario de 82.000 millones para las guerras en Irak y Afganistán y otro de 41.000 para el nuevo Departamento de Seguridad Nacional que, sumados, para 2006 totalizan 542.000 millones de dólares para gastos militares, un valor equivalente a la suma de los presupuestos de defensa del resto de los países del mundo.

Además Tokatlian recuerda que Estados Unidos "es desde hace años el principal proveedor mundial de armas (a través de la venta privada y la ayuda oficial)" y que de sus 1.418.000 soldados que tiene, "actualmente 400.000 están desplegados fuera de sus fronteras"

En lo diplomático, "ante exigencias del Pentágono", los militares solicitan que los embajadores no sean informados de las posibles operaciones por parte de las fuerzas especiales de EE.UU. Eso cambiaría la política actual de que los embajadores estadounidenses tengan que conocer, "en tanto ¨ jefes de misión ¨, un eventual despliegue de tropas en los países en los que están destinados."

El investigador de la Universidad de San Andrés, se fundamente en la prestigiosa Bulletin of Atomic Scientists para introducirse en lo nuclear, donde la posesión de cabezas nucleares de Estados Unidos son unas 10.350 –"la mitad de ellas, operativo, y la mitad, en reserva", número superior al conjunto de todos los restantes países.

A ese dato, debe agregarse el desarrollo de los mini nukes –"armas nucleares de menos de cinco kilotones de explosivos (un tercio de la bomba lanzada sobre Hiroshima)"- lo cual implica "que tiende a reducirse el umbral ético, político y militar para el probable uso de armas de alta capacidad destructiva en teatros de confrontación convencional", con el posible estímulo de que una reciente encuesta de la firma Gallup revela que el 27% de los estadounidenses aprueba el ataque nuclear contra dispositivos terroristas.

Sobre "la militarización del firmamento", el articulista menciona "la lógica del programa estratégico (Joint Vision 2020), anunciado en 2000 por el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas", que apunta al "Dominio del espectro completo". Su propósito es que las fuerzas armadas de EE.UU. sean capaces de derrotar a cualquier adversario "y controlar toda situación en el rango posible de operaciones militares, desde combates antiinsurgentes hasta conflictos nucleares". Esto refuerza la estrategia de que "Washington no tolera ni tolerará ningún competidor, sea éste un aliado tradicional (por ejemplo, la Unión Europea) o un potencial adversario (por ejemplo, China)."

Desde ese contexto, Tokatlian dice "que surgen dos cuestiones importantes". Una, "hasta qué punto esta creciente gravitación castrense afecta el balance civil-militar en la democracia estadounidense y puede producir, lo que advierten algunos expertos, una mayor autonomía de las fuerzas armadas."

La otra, "desde una perspectiva interna", al investigador le resulta "evidente" e "impostergable" debatir, en la Argentina, "las implicaciones de la política militar internacional de Estados Unidos sobre el futuro de nuestras fuerzas armadas y la política de defensa del país".

Aclara que no se trata de discutir las diferencias de poderío entre los dos países –"tan obvias"-, sino de "plantear y debatir argumentos políticos: ¿queremos profundizar nuestra condición de aliado extra OTAN de Estados Unidos? ¿Deseamos desarrollar una doctrina de defensa conjunta con Brasil? ¿Debemos acompañar, en el campo castrense, misiones de paz? ¿Tenemos que buscar los medios necesarios para incrementar el presupuesto militar? ¿Asumimos que el Comando Sur es el principal interlocutor de la región? ¿Convenimos en que Estados Unidos es simultáneamente un proveedor de orden y un generador de desorden? ¿Esperamos que los problemas de la región los solucione Washington a su manera? ¿Creemos que podemos aportar salidas a las crisis del área?.

Para el autor de "Estados Unidos ¿potencia o prepotencia?", estas y otras preguntas ameritan, "un tratamiento serio y concurrente por parte de civiles y militares" +

(PE). 05/07/05

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