EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA  

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

 

CAPITULO II (VI)

PERIODO COLONIAL 1461-1470

 

 

Guayre Adarguma *

 

 

1461. Diego López de Illescas, colono obispo de Rubicón, formaliza los que fueron llamados «pactos de paces» con algunos de los «bandos o reinos» de Chinet (Tenerife), que fueron firmados el 21 de junio de 1461, y viene  Fray Alfonso de Bolaños, de la secta franciscana (O.F.M). En virtud de estos compromisos o pactos (y otros que seguirán) los territorios sometidos a los régulos indígenas infieles eran considerados como "Reductos reservados exclusivamente a la evangelización pacífica, excluía toda intervención violenta bajo pena de excomunión. Con esto, no sólo se adelanta la penetración cristiana previa a la conquista sino que se excluye ésta de los territorios de “evangelización”. Pactos que jamás fueron respetados por los invasores europeos.

 

1461. Diego López de Illescas, colono impuesto como obispo de Rubicón, formaliza «pactos de paces» con los «bandos o reinos» guanches de Gáldar y Telde, en Tamaránt (Gran Canaria), que fueron firmados el 16 de agosto de 1461 por el obispo y por Diego García de Herrera, colono autoerigido en señor de las islas.

 

1462. Fray Rodrigo de Utrera, O.F.M., vicario general de la secta de los franciscanos establecidos en Canarias, con quien había tenido problemas Fray Alfonso de Bolaños  (favorecido éste por el obispo Diego López de Illescas), es destituido por el Papa Pío II por la bula Decet Apostolicam) de Roma, a 19 de enero de 1462.

 

1462. Las aportaciones económicas producidas por la indulgencia pontificia de 1462, que se renovó en 1472, mediante la bula “Pastor aeternis” de Sixto IV, fueron reclamadas por los reyes de Castilla y Aragón para contribuir a la invasión y conquista de Tamaránt (Gran Canaria), donde participó activamente cortando tantas cabezas de guanches como los mercenarios seglares el obispo de Rubicón, Fr. Juan de Frías. Fue un primer ensayo para combinar evangelización y conquista armada, aunque el resultado dejó mucho que desear porque los conquistadores actuaron de manera brutal, y muchos naturales considerados cautivos de “buena guerra” eran esclavizados, tanto por parte de los mercenarios castellanos como por el clero católico.

 

En definitiva, la continua influencia eclesiástica de la secta católica, legitimadora y misionera, fue un elemento esencial en el desarrollo del señorío feudal, como después también en la invasión y conquista conocida como realenga, y en el establecimiento de la ocupación castellana.

 

1462. Los franciscanos de Canarias (al frente Fray Alfonso de Bolaños) extienden su penetración “evangelizadora” a la costa de Guinea, en nuestro continente africano, ocupada por los portugueses. (La bula Pastor bonus del 7 de octubre de 1462, los supone ya presentes «en la costa de Guinea» ) .

 

1462. Enrique IV de Castilla se casa con Juana, hermana de Alfonso V de Portugal; y, según Barros, concede el derecho de conquista a don Martinho Gonzalves de Taide, conde de Tauguía (Atauguía), por haberle traído la reina a Castilla, aunque quedando las islas bajo la soberanía de Castilla. Así quedó resuelto diplomáticamente entre esos dos reinos europeos, por el  momento, el asunto de la invasión y saqueo de las islas que aún quedaban por conquistar.

 

1462. El jefe de la secta católica el Papa Pío II ratifica los privilegios concedidos por sus predecesores (Eugenio IV y Nicolás V) a la “evangelización” de las Islas Canarias; aprueba los «pactos de paces» que hiciesen los obispos con los guanches; prohíbe bajo excomunión la esclavización de los guanches de los bandos o reinos de paces; manda que se dé libertad a los que, de los mismos, hayan sido hechos esclavos; y concede amplias indulgencias a quienes cooperen en la redención de cautivos o ayuden a reprimir la depredación y esclavizaci6n de los guanches (Bula Pastor bonus, de Petreoli -Siena-, a 7 de octubre de 1.462). Así, de favorecer las invasiones y conquistas sangrientas con indulgencias de cruzada, se ha pasado a favorecer la “evangelización” pacífica con indulgencias similares.

 

1462. Fray Alfonso de Bolaños, de la secta de los franciscanos (O.F.M), quien actúo como punta de lanza en la penetración cristiana en Chinet (Tenerife), es nombrado vicario apostólico personal de Canarias -con facultades similares a las del Vicario general de Canarias- por el Papa Pío II, por la bula Ex assuetae pietatis intuitu, de Todi, a 12 de diciembre de 1.462; y pasa a Guinea con cuatro franciscanos.

 

1462. Diego García de Herrera va a Castilla, afines de 1462, a dar relación al rey castellano Enrique IV de que ha tomado posesión de «ciertas tierras e pesquerías». Se trata de la costa de nuestro continente desde el cabo Ajén (=Guee, Guel, Aguer, del Agua) hasta el cabo Boxidor (Boyatdor, Bojador), dentro de las cuales cae el río de la Mar Pequeña.

 

1463. Enrique IV de Castilla, por Real Cédula del 10 de enero de 1463, concede proindiviso a Herrera y a su comendador mayor, Gonzalo de Saavedra, el señorío de las tierras de las que ha tomado posesión aquél. Concesión ratificada el 10 de agosto siguiente.

 

1463. Pedro de Meneses, conde de Vila Real, suplica al Papa Pío II autorización para conquistar las islas de Tamarant (Gran Canaria),  Chinet y Benahuare (Tenerife y La Palma) (concedidas por Enrique IV de Castilla) en vistas a convertir a los guanches a la fe cristiana. Eufemismo que oculta las verdaderas intenciones de estos aventureros, la de saquear y esclavizar a las poblaciones guanches.

 

1463. El Papa Pío II, el 13 de junio de 1.463, concede a Pedro de Meneses la autorización pedida. Pero el fracaso del intento de conquista de Tánger la deja sin efecto.

 

1464. Según la tamusni (tradición oral), Akaimo era segundo de los hijos del Gran Tinerfe. Fue mencey del Menceyato de Güímar. Estuvo presente en 1464, en la visita y el tratado de paz establecido por el esclavista Diego de Herrera. Parece, pero no se puede afirmar, que en el tiempo de su menceyato apareció la imagen de  Candelaria. En los contactos de 1464, los españoles le llaman «el rey de las lanzadas, que se llama el Rey de Güímar». Fue padre de Añaterve, apodado por los invasores como “El Bueno”, que fue su sucesor, y pactó con los invasores españoles.

 

1464. Los colonos Inés y su marido procuraron realizar proyectos de expansión y conquista en las Islas, aunque cada vez era más evidente que el modelo señorial que ellos representaban no tenía capacidad para hacerlas, lo que impulsaba al rey de Castilla, Enrique IV (1454-1474), a ensayar nuevas soluciones, en una línea que contradecía los intereses castellanos, pero comprensible si se tiene presente la vinculación del rey a través de su segundo matrimonio con Juana de Portugal, y el carácter personalista de muchas decisiones regias en aquellos tiempos.

 

1464. Los intentos de expansión señorial en Canarias parecían tocar a su fin. Titoreygatra (Lanzarote),  Erbania (Fuerteventura), Esero (El Hierro) y la Gomera estaban sujetas a señorío, aunque los gomeros protagonizaron algunos alzamientos contra los tiranos -1478, 1484, 1488-, el última de los cuales causó la muerte de Fernán Peraza «el joven», hijo de Inés Peraza y Diego García de Herrera. Pero no había visos de que la conquista de Tamaránt (Gran Canaria), Chinet (Tenerife) y Benahuare ( La Palma )  fuera posible en aquella situación. La guerra de sucesión castellana entre 1475 y 1479, a la muerte de Enrique IV, y el alineamiento de Alfonso V de Portugal al lado de su sobrina Juana contra los derechos al trono de la usurpadora Isabel I y Fernando V de Castilla pusieron de actualidad por última vez el largo conflicto entre ambos reinos sobre Canarias y la ruta de Guinea.

 

1464. El Papa de la secta católica  obliga a residir a los canónigos y dignidades y se restringe la cláusula de que deben ser regulares. Como consecuencia de la mejor y más intensa administración comienzan a aparecer los pleitos por el cobro de rentas entre los colonos obispos y señores. Los prelados, por su parte, comienzan a residir de forma más habitual en su diócesis.

 

1464. Los colonos Diego López de Illescas, obispo de Rubicón, y Diego García de Herrera, autodenominado señor de Canarias, firman «pactos de paces» y comercio con los régulos de los nuevos bandos o reinos de Chinet (Tenerife), el 21 de junio de 1464. Herrera siguiendo las costumbres europeas de la época, hace simulacro de toma posesión de la isla, desplazando piedras y rompiendo ramas de árboles, lo que causó hilaridad entre los guanches. Los guanches le permitieron construir un torreón y casa de contratación en Añazu n Chinet (actual Santa Cruz de Tenerife) pero los intentos de esclavización en algunos menceyatos, las rapiñas y violencias posteriores llevadas a cabo por los bandoleros de Herrera movieron a los guanches a demoler el torreón y Herrera tuvo que retirarse de la isla derrotado.

 

1465. Posiblemente es el año del nacimiento del guerrero gomero Hautacuperche, este héroe gomero ajustició al déspota Hernán Peraza el joven por haber contravenido el pacto de colactación, no fue este hecho solamente el que motivó la rebelión de los gomeros, al mismo se debe añadir el gobierno despótico que realizaba el impuesto y cornúpeta señor sobre la isla, lo que determinaría la conjura, en la que participaron los notables de los cantones ofendidos y dirigidos por Hupalupa, anciano dirigente espiritual encargado de vigilar el cumplimiento del pacto. Se decidió que Hautacuperche matara al traidor Hernán Peraza, aprovechando una de las frecuentes visitas del sanguinario tirano a la cueva donde se encontraba la sacerdotisa Yballa, en Guahedum. Con su muerte, los gomeros alzados «decían en lengua guanche:  Ya el gánigo de Guahedum se quebró», en señal de que el pacto se había roto.

1466. El Papa Paulo II, por la bula Rationi congruit, de Roma, 1466 (ante dada a 16 de septiembre de 1464, como otra del mismo nombre dirigida a las Ordenes militares de Portugal), dirigida a don Pedro de Meneses, conde de Vila Real, capitán y gobernador de Ceuta, a quien Enrique IV de Castilla había concedido en 1455 el derecho de conquista de Tamaránt (Gran Canaria) Chinet (Tenerife) y Benahuare ( La Palma ), le concede autorización para invadir y conquistar tales islas. (Con ello ratifica la  concesión de Pío II, del 13 de octubre de 1463)

 

1466. Se hizo con aquellos supuestos derechos de conquista de las denominadas Isla realengas adquiridos  los condes de Atouguia y Vila-Real el infante portugués Fernando, que envió a las islas una expedición mandada por Diego de Silva Meneses, aprovechando la situación de guerra civil que se vivía en Castilla.

 

No sería ajeno a este renovado interés de Portugal el hecho de que el control y organización de las navegaciones a Guinea hubieran pasado ya a la Corte de Lisboa, tras la muerte del infante Enrique: ¿hasta qué punto seguían siendo molestas las expediciones clandestinas andaluzas y el uso de Canarias como base? Diego García de Herrera e Inés Peraza emprendieron algunas acciones para mostrar sus derechos a aquellas islas pero, al igual que los portugueses, tampoco llegaron a ninguna conquista: Tomaron posesión simbólica de Tamaránt (Gran Canaria), ante notario, en un acto celebrado en Las Isletas (1461), y de Chinet (Tenerife) en otro que tuvo lugar en El Bufadero en 1467.

 

* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

   

benchomo@terra.es