EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

CAPITULO II (VII-III)

PERIODO COLONIAL 1471-1480

  

Guayre Adarguma *

 

 

1479. Públicas las "colusiones", persistentes en la historia del país, Fernando calmó los ánimos, nombrando tesorero general de la Santa Indulgencia, a Pedro de Setién, "hombre caudaloso e fiable e de conciencia", que al no necesitar de lo ajeno, se abstendría de tomarlo. Al Nuncio le convenció saber que las islas, estaban controladas por el Islam. Reaccionando a la amenaza religioso-ideológica, declaró la bula de adquisición obligada, "fasta que las dichas yslas sean tomadas e convertidas e redusidas a la dicha nuestra santa fe", quedando bautizado, "por fuerza de armas", el último canario. Iniciada la distribución de indulgencias, no estando la población para invertir en parcelas de paraíso, fueron muchos los morosos, que pararon entre rejas, culpables por incumplir la obligación de pagar, que a los ojos de un rey, justifica la existencia del súbdito.  

No estando "acabada" la conquista, por persistir los canarios en su "rebeldía", los Católicos buscaron capitán experimentado, encontrando a Pedro de Vera, caballero 24 de Jerez y disciplinado. Seguidor de Enrique IV y Juana, estando al servicio de Beltrán de la Cueva y Rodrigo Ponce, cambió de campo con el último, sin un gesto. Suponen los cronistas que Vera fue seleccionado, al encontrarse en las Canarias desterrado, por haber matado a Basurto, alcaide de Medina Sidonia. En verdad, el 4 de febrero de 1480, día en que se extendió el nombramiento, se encontraba en su casa de Jerez. "Acatando como la conquista" de las "Yslas de la Grand Canaria e Tenerife nos pertenesce", para que pudiese llevarla a cabo, sin tropezar con oposición, acumuló los cargos de alcaide de Villa Real de las Palmas, gobernador, capitán mayor y corregidor de Gran Canaria. Pedro de la Algaba o quien la tuviese, le entregaría la fortaleza y los justicias sus varas, siguiendo "ynquisiciones". Descubiertos los culpables de "los escándalos e ruydos e diferencias", que cristalizaron en "divisyones", enfrentando a milites, caballeros y escuderos, los enredadores pararían en la cárcel, siguiendo juicios sumarísimos. Ejecutadas las penas de destierro y muerte, en orden cabildo y milicia, iniciaría la tarea de "sojuzgar" a los naturales de la isla, "a nuestra santa fe católica", "fasta la ganar e vos apoderar", continuando en "Tenerife y la Palma ", también en "poder de ynfieles".

Necesario núcleo de pobladores castellanos, a más de los que estaban en la isla, la reina dio por supuesto, "que algunos caballeros e escuderos e marineros e otras personas", de las que "van" o "fueren" a Gran Canaria, querrían "bevir e morar en la dicha Ysla e faser su asyento en ella", con mujer e hijos. Deseando que tuviesen "más gana", les serían repartidos solares y "heredamientos", dando a cada uno "aquello que viedes, que según sus merecimientos e estado, aya menester". Distribuida la tierra, se formaría nuevo cabildo, expropiando las varas compradas y cesando a los justicias, con excepción de los nombrados por la corona. Los cargos podrían ser "cadañeros", vitalicios o hereditarios, designando Vera jurados y candidatos al "regimiento", para que el pueblo pudiese elegir, sin salirse de madre. Ignorada la identidad de los alfabetizados, llevó en blanco el título de notario público y escribano de cámara, "en las islas de Canaria e Tenerife e en los mares e en los puertos della" (L. Al. Toledo)  

1479. En Agaete, Tamaránt (Gran Canaria) creó su feudo e ingenio azucarero el mercenario y traficante de esclavos Alonso de Lugo quien atrincherado en su torre de Gaete -de la cual era alcaide  daba rienda suelta a sus sueños de grandeza y maquinaba la manera de satisfacer su insaciable afán de rapiña. 


 Desde la torre, divisaba en días claros la silueta de la isla de Chinet (Tenerife) y soñaba con Benahuare (La Palma) las cuales formaban el objetivo más íntimo de sus apetencias. Decidido a dar cima a su proyecto y teniendo en cuenta que el producto de su incipiente ingenio y la porción de esclavos que le había tocado en el reparto no eran suficientes para trasladarse a la corte “decorosamente” para gestionar ante la misma la concesión de la conquista de las dos islas afanes de su soñada grandeza, decide continuar con las entradas y razzias en ambas islas con el objeto de reunir el capital suficiente con que trasladarse a la corte castellano-aragonesa y comprar influencias en dicha corte que le permitieran la consecución de sus fines, así comienza el merodeo por las islas de Benahuare ( La Palma ) y Chinet (Tenerife) con la intención de apresar esclavos y ganados, en ésta última, hace una “entrada” nocturna de saqueo en 1479 por el menceyato de Icod, consiguiendo robar y transportar a Tamaránt (Gran Canaria), un cuantioso botín consistente en gran cantidad de cabras que estaban encorraladas, es decir, era ganado manso, mucho cebo y carne salada, panes de cera y cantidad de velas de cera a medio terminar y una parecida a un cirio pascual acabado, cueros de cabra y cebada, tres mujeres dos hombre y algunos muchachos, dejando en el terreno, quizás por falta de capacidad de carga en la nave buena cantidad de cueros y cebada, molinos de mano, gánigos y platos de barro.

 

1479. El asentamiento canario de Arehukas (actual Arucas) en Tamaránt (Gran Canaria) su origen se remonta a la etapa precolonial. De hecho, su nombre procede del término aborigen Arehukas. Su primigenio poblado fue arrasado por las huestes del mercenario invasor  al servicio de Castilla Juan Rejón, en 1479. Entre los yacimientos arqueológicos destaca el denominado “Cerera”, situado en la falda sur de la Montaña de Arehukas y actualmente visitable, tras llevarse a cabo por las actuales autoridades coloniales un proyecto de musealización, presentándose, hasta el momento, como el primer y único asentamiento precolonial integrado en un edificio de uso social, en este caso en una asociación de vecinos.

Después de la invasión y Conquista, Arehukas se fue poblando principalmente, a comienzos del siglo XVI, de numerosos invasores colonos a los que se les entregaron tierras y aguas tras el Repartimiento del botín de guerra de la colonia, quedando como mayores beneficiarios Tomás Rodríguez de Palenzuela, Lope de Sosa, Hernando de Santa Gadea y Juan de Aríñez, entre otros invasores. Esta incipiente población europea fue situándose alrededor de la ermita de San Juan la secta católica, situada en los mismos terrenos que ocupa el actual templo, obra aquella de anónimos personajes que operaban en los ingenios azucareros. La actividad generada por estas fábricas, los cañaverales, las obras de regadío, el transporte y la artesanía procuraron suficiente demanda de empleo para ocupar a numerosos esclavos, jornaleros, criados, comerciantes y artesanos, los cuales figurarían registrados como los primeros habitantes con que contó la incipiente población de corte europeo.

El aumento de la población, ocasionada por la prosperidad económica capitalista del momento, determinó que, en 1515, el obispo de la secta católica Fernando Vázquez de Arce elevara la sencilla ermita al grado de parroquia, con pila bautismal y cura propio.

De esta forma, Arehukas, que venía teniendo la consideración de “Lugar”, obtiene la concesión del título de Villa a partir del 19 de noviembre del año aludido. El aumento de la feligresía impulsa la fundación de dos nuevas ermitas de la secta católica: la de San Pedro Apóstol (1525) y la de San Sebastián (1547). La primera, ubicada en La Goleta, en el punto denominado Lomo de San Pedro, fue construida por Juan Mansel, comerciante francés casado con María de Santa Gadea. La segunda, localizada primeramente cerca de los terrenos del llamado “Teatro Nuevo”, se construyó en 1699, ocupando el espacio en donde hoy se encuentra la Plaza de la Constitución, frente a las Casas Consistoriales, y fue derruida en 1868.

Así se llegaron a constituir dos núcleos denominados “Villa de Abajo”, centro administrativo-religioso, con la parroquia de San Juan, ermita de San Sebastián, Inquisición, Heredad de Aguas de Arehukas y Firgas, Milicias de Arucas y Pósito (en pie hasta el siglo XIX), y la “Villa de Arriba”, sede de los ingenios azucareros y que contó, además, con la ermita de San Pedro.

Por otro lado, en esta época destacaron dos eventos, la fundación de la Heredad de Aguas de Arehukas y Firgas (1545-46), que posibilitó el auge económico de la Villa, al tiempo que con el transcurrir de los años ha dotado al municipio de un complejo sistema hidráulico (acequias de piedra, cantoneras, presa) de gran valor etnográfico, y la constitución del Mayorazgo de Arehukas por Pedro Cerón (1572), que prolonga su existencia hasta 1859, momento en que se vendieron sus propiedades por el proceso de desamortización del siglo XIX.

Durante los siglos XVII y XVIII, la economía de Arehukas vino marcada por un periodo de decadencia, en relación con la brillante etapa precedente. Al hundirse el comercio de los azúcares insulares se procede, en casi todas partes, a su sustitución por los cultivos de viñedos. En los terrenos locales, el viñedo se extendió rápidamente, si bien no conseguirá obtener tan buenos resultados como el anterior cultivo, por lo que se combinó con otros, como el trigo, el millo, las papas y frutales.

El siglo XIX, por el contrario, representó un momento decisivo para su historia urbana, especialmente a partir de la segunda mitad. A nivel económico, la desvinculación de las tierras del Mayorazgo, fruto de las leyes desamortizadoras de Mendizabal y Madoz, significó el comienzo de un gran desarrollo agrícola, con el cultivo de la cochinillla en primer lugar y, del azúcar y del plátano, en segundo término. Estos beneficios fueron invertidos en profundas transformaciones urbanas y en la construcción de numerosos edificios públicos, como las Casas Consistoriales, el Mercado Municipal y la Fuente del Pilar. A su vez, se levantaron viviendas de carácter privado de dos plantas, con lujosas fachadas de cantería local. Estos adelantos, junto a la fundación de dos importantes industrias, aún vigentes, La Isleña (1870) y la Fábrica del Ron (1884), determinaron la concesión, por parte de la reina Regente María Cristina, del título de ciudad (1894).


Ya en el siglo XX, la economía de Arehukas sufre una etapa fluctuante, motivada por las dos Guerras Mundiales, la Guerra Civil de los españoles, así como la llegada de algunos años de sequía (1931-32). El plátano, que se venía imponiendo con fuerza en la localidad, ve interrumpida su expansión ante el estallido de la I Guerra Mundial, al cesar el comercio de exportación de los frutos canarios a los consumidores ingleses, franceses y alemanes. No obstante, pasada esta crisis, vuelve a convertirse en el basamento exclusivo de la economía aruquense, hasta aproximadamente el declive de 1974, momento en el que se combina con el sector servicios. Este progreso determinó que la población pasase de 12.649 habitantes, en 1920, a 25.010, en 1950. (Alicia Hernández Padrón)

1479. Por medio del Tratado Alcaçove en  Toledo, Portugal se compromete a no intervenir en la conquista de las Canarias con lo que abandonan La Gomera.

1479 Julio 7. Trujillo. (f.3). Seguro a favor de Alfonso de Salvatierra a quien se ha ordenado armar un carracón y dos carabelas para hacer la guerra a Portugal, concediéndole las presas que hiciese, salvo el quinto de lo de la Mina y Canaria. La Reina. Alvarez de Toledo. . (E. Aznar; 1981)

 

1479 Agosto 11. Trujillo (f.l 00). Ejecutoria de la sentencia dictada por el alcalde de casa y corte contra Juan Guerra, capitán de nao, Alvaro, hijo de Gonzalo de Ayón, Pedro, hijo de Luis Alonso Fijador, Gabriel Pardo, hijo de Pedro Pardo, y Pedro Gironela, catalán, vecinos de Moguer, y Domingo Alonso, vecino de Palos, por robar las naves de Juan Felipe y Juan Miguélez, ingleses. Por dicha sentencia, dada en Trujillo el 28 de julio de 1479, se condenó al primero de los inculpados a pena de muerte ya los restantes a 2 años de destierro en las islas de Canaria, más el pago de 5.000 coronas en compensación de las naves y mercancías. Fernando licentiatus. Reg: Diego Sánchez. . (E. Aznar; 1981)

 

1479 Agosto 12. Como llegó la carabela en que iba preso el capitán Juan Rejón a San Lúcar de Barrameda, tomó la posta y presentose en Sevilla ante el asistente Diego de Merlo y el cronista Alonso de Palencia, comisarios de la conquista desta isla de Gran Canaria. Y, dando sus descargos y vistos ser buenos y ser necesaria la presteza, por la falta de las provisiones y que, tardando de enviar socorro, se ponía en términos de perderse la conquista, acordaron despachar una armada de cuatro navíos con gente y bastimento, y dieron la capitanía de ella a Pedro Hernández Cabrón, vecino y regidor de Cádiz. Vino en estos navíos el obispo de Rubicón don Juan de Frías, proveído por la muerte de don fray Tomás Serrano, natural de Andújar. En aquel tiempo acordaron los comisarios volviese el capitán Juan Rejón a la conquista con el obispo, a quien encargaron los concordase y compusiese y hiciese amigos, dándole la orden que habían de tener y hacer, y sus cartas con los capítulos que tenían de guardar en gobernarse, firmadas de sus nombres; y que, hechos amigos y conformes, todos siguiesen la conquista de la isla de Gran Canaria, como se es encargaba en nombre de Sus Altezas.

 

También vino en esta armada, en compañía del obispo don Juan de Frías, Esteban Pérez de Cabitos por alcalde mayor de Gran Canaria, nombrado por el rey por toda su vida, dada la provisión en quince días del mes de marzo de 1478 y confirmada en la ciudad de Trujillo, en 17 de mayo de 1479. Llegó esta armada al puerto de Las Isletas de Canaria, a doce de agosto de 1479; fueron muy bien recibidos. Pidió luego el obispo al gobernador Pedro del Algaba y al deán don Juan Bermúdez y a Hernán Peraza, que había venido de Lanzarote con alguna gente y provisión al socorro, se juntasen en la torre; y con ellos estuvieron en la junta el capitán Pedro Hernández Cabrón y Alonso Jáimez de Sotomayor, alférez mayor, y Alonso de Lugo, y Ordoño Bermúdez, y Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, y Esteban de Valdés, alguacil mayor, y Francisco de Espinosa, y otros muchos nobles hidalgos. El obispo don Juan de Frías comenzó a exhortar y persuadir al gobernador y deán la amistad y conformidad del capitán Juan Rejón, que había venido con él por mandato de los comisarios de la conquista; sobre que hubo muchos dares y tomares, en razón de la traída y venida del capitán Juan Rejón, de que se presumía no resultase algún desconcierto. El obispo dijo que él lo había traído por orden de los comisarios, como lo vían por aquellos recaudos de que hacía demostración, exhibiendo la carta y capítulos que le habían dado y encargado, y la orden que se había de tener y guardar entre sí.

 

Visto por el gobernador Pedro del Algaba no traía Juan Rejón carta ni provisión de los Reyes Cat6licos, dijo que él había preso a Juan Rej6n y enviádolo a Sus Altezas, por excusar escándalos y diseniones, las cuales no se podían excusar y se habían de seguir con su presencia; y hasta que Sus Altezas provean por su real carta y provisión firmada de su nombre otra cosa, él no puede innovar nada; que no conocía al asistente de Sevilla, ni a Alonso de Palencia; que él proveería lo que cumplía al servicio de sus reyes y señores, y que, si Juan Rejón traía provisión o carta suya, le requería la mostrase, porque, vista por él, cumpliese lo que se le mandase. El obispo respondió que no traen otras cartas ni provisiones, sino los capítulos y cartas que tienen mostradas, firmadas de Diego de Merlo, asistente de Sevilla, y de Alonso de Palencia, los cuales, como del Consejo de Sus Altezas y personas tan graves, no se atreverían a nombrar comisarios, si no lo fueran y tuvieran poder para ello de Sus Altezas. A 1o cual respondieron don Juan Bermúdez, deán, y el gobernador Pero del Algaba, con acuerdo de otros caballeros, que no había lugar de admitir a Juan Rejón con el oficio de capitán de estas islas, por razones y causas que ofrecieron escribir a Sus Altezas; y que así cumplía a la pacificación de la gente que estaba en la conquista; y que suplicaban de lo proveído por los comisarios en los capítulos que el obispo había referido que se había traído de ellos. Era escribano Pedro Ángelo. En este cabildo presentó Esteban Pérez Cabitos su provisión, y fué recibido.

 

El gobernador Pedro del Algaba quiso prender a Juan Rejón secretamente. Mas el obispo, que lo vino a entender, por excusar escándalos y muertes que no podrían dejar de suceder con la prisión, trató con el gobernador que no lo hiciese, que él le prometía tornarlo a embarcar en los navíos en que había venido y enviarlo a Sevilla, al asistente, como se lo había dado; y con esto se aquietó y aseguró el gobernador .

 

Acordó el gobernador Pedro del Algaba y el deán don Juan Bermúdez se hiciese una entrada en la banda de Tirahana, pues tenían bastimentos y había gente que había traído el capitán Pedro Hernández Cabrón, el cual pidió esta entrada. Y, tomando parte de la gente que estaba en la conquista y con la que él tenía, se fué la vuelta de Tirahana, yendo en su compañía el obispo don Juan de Frías. Como llegaron, tomaron tierra, no pudiendo hacer presa, porque, como los canarios vieron los navíos, se subieron a los altos y sierras ásperas.

 

Los cristianos se metieron la tierra adentro en su seguimiento, tomando todo lo que hallaron en el lugar, que fué cebada, higos, y mucho ganado. Y, queriendo salir del lugar con la presa para los navíos, un canario cristiano que había ido con ellos les dijo que no saliesen del lugar donde estaban, porque todos los canarios estaban allí juntos, y había muchas cuestas que descender muy agrias, y en ellas corrían gran peligro; que se estuviesen que dos allí dos días, pues tenían qué comer, y los canarios no tenían ninguna provisión y se derramarían en buscarla, y les sería más fácil la bajada. Mas el capitán Pedro Hernández Cabrón, como no había experimentado ni visto el ánimo y ligereza de los naturales, dijo que él no tenía temor a gente desnuda, y que tenía los navíos sin gente, que habían de ir adormir en ellos. (Fr. J. De Abreu Galindo)

 

1479  Agosto 24.  Una importante expedición militar invasora a la captura de esclavos, acaudillada por el obispo Juan de Frías y el capitán de la mar Pedro Hernández Cabrón, sufrió una seria derrota en los alrededores de La Caldera por obra de los valientes e indómitos guanches  de  Tirajana. Los castellanos experimentaron cuantiosas pérdidas en muertos y heridos; al mismo tiempo que revestía circunstancias trágicas la difícil retirada. Pedro Hernández Cabrón después de haber depredado en Tirahana con sus tropas de mercenarios inicia la marcha hacía la costa donde estaban fondeados los navíos. Como los canarios vieron ir a los cristianos al puerto, comenzaron también ellos a ir en su seguimiento; ya media cuesta, que es áspera y alta, dieron en los cristianos con grande ímpetu y gritería, que parecía hundirse la tierra, y los desbarataron, y mataron veinte y seis cristianos y hirieron más de ciento. Perdieron muchas armas, y fueron presos algunos cristianos. La gente que había quedado en los navíos, como vieron venir los cristianos huyendo y desbaratados, llegáronse cuanto pudieron a tierra con los bateles y barcas, y con algunos tiros que les tiraron los hicieron apartar, y la gente se pudo embarcar y el capitán Pedro Hernández Cabrón volvió al puerto, herido de una pedrada en la cabeza, y desembarcó la gente y municiones que le habían quedado y los mantenimientos. Y, vista la discordia que había entre el gobernador y el deán contra Juan Rejón, y que el obispo no había podido componerlos ni acordarlos, acordaron se embarcase Juan Rejón en los navíos y se volviese a España, y daría cuenta a los comisarios de cómo las desgracias sucedidas habían sido causadas de las discordias que traían ]os que gobernaban la conquista y así volvió Pedro Hernández Cabr6n a Castilla a buen tiempo, y trujo consigo a Juan Rejón; y dieron cuenta a los comisarios de la gran necesidad en que quedaban los de la conquista de la isla de la Gran Canaria. (Fr. J. De Abreu Galindo)

 

1479 Diciembre (s.d). Toledo (f. 33). Provisión, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio y comisario apostólico de la santa indulgencia y conversión de Canarias, para que tanto él como Pedro de Setién, tesorero general de dichas indulgencias, y sus colaboradores puedan predicar por todo el reino la bula de Sixto IV, también valedera para los reinos de Portugal y Navarra, y de la que fue primer nuncio fray Andrea de Bolaño, ya difunto. Dicha petición está motivada por las maniobras de ciertas personas que pretextando la anulación de la bula pretenden utilizar la limosna para otros fines y por la comprometida situación de las tropas enviadas desde Sevilla, en número superior a los tres mil quinientos hombres, para la conquista de Gran Canaria, en la que han fundado la Villa de Las Palmas, El Rey. Camañas. Reg: Diego Sánchez. . (E.Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre (s.d.). Toledo (f. 34). Mandamiento con emplazamiento, a petición de Pedro Gómez de Celaya, tesorero de la bula de la santa indulgencia y conversión de las islas de Canaria en el obispado de Calahorra, contra fray Pedro, comendador de la Orden de la Merced de la ciudad de Logroño, que ha de restituirle las bulas que le tomó y pagarle los daños que le ha causado. El Rey. Camañas. (E.Aznar;1981)

 

1479 Diciembre (s.d.). Toledo (f. 35). Mandamiento a petición de fray Andrea de Añis, nuncio y comisario apostólico para la conversión de las islas de Canaria, contra Francisco de Quemada, provisor del obispado de Calahorra, que tiene embargadas las limosnas de la bula para la conversión de Canarias, para que levante dicho embargo y permita la recaudación a todo el que tenga poder del nuncio o de Pedro de Setién, tesorero general. El Rey. Camañas. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre (s.d). Toledo (f. 76). Mandamiento, a petición de Fray Andrea de Añis, nuncio apostólico de la Santa Indulgencia y conversión de las islas de Canaria, y de Pedro de Setién, tesorero general de dicha bula, contra una persona [el nombre en blanco] para que les entregue ciertos maravedis que les ha embargado. El Rey. Camañas. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre (s.d.) (s.I.) (f. 36). Provisión, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio de la Santa Indulgencia y conversión de Canarias, y de Pedro de Setién, tesorero general de la bula, para que todas las personas que haya tomado dicha bula sin pagarla lo hagan ahora, sin tener en cuenta el embargo puesto por Francisco Ortiz, alegando breves pontificios, ya que el Consejo Real ha fallado a favor de las bulas presentadas por fray Andrea de Añis. Se concede poder cumplido a las justicias para que puedan embargar los bienes de los que se nieguen a pagar y se ordena a los concejos que les den favor y ayuda, con sus personas y armas, para llevarlo a cabo. El Rey. Camañas. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre (s.d.) (s.l.) (f. 38). Seguro a favor de fray Andrea de Añis, nuncio de la Santa Indulgencia y conversión de Canarias, y de Pedro de Setién, tesorero general, así como de los predicadores, receptores y recaudadores de dicha bula para la conversión de Canarias, ordenándose que se les proteja y se les procure alojamiento gratuito y alimentos a precios razonables. Sigue cédula real dirigida ai juez conservador de dicha indulgencia, para que éste dé sus cartas a Pedro de Setién ya los demás tesoreros. . (E. Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre 20. Toledo (f. 39). Comisión a Rodrigo de Marmolejo, contino de la casa real, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio de la santa indulgencia y conversión de las islas de Canaria, para que investigue sobre las bulas que circulan por el reino; debiendo realizar su información en un plazo de seis meses, y presentarla, sellada y firmada por un escribano público, ante el rey, que decidirá en este asunto. Se ordena al dicho Rodrigo de Marmolejo detener a los culpables y secuestrar sus bienes, mientras llega la deci~ión real. El Rey. Camañas. Acordada y señalada: Alcocer y Lillo. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)

 

1479 Diciembre 20. Toledo (f. 40). Comisión a Rodrigo de Marmole contino de la casa real, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio de la santa indulgencia y conversión de las islas de Canaria, para que investigue sobre las falsas bulas que circulan por el reino; su información debe realizarla en un plazo de seis meses y presentarla, sellada y firmada por un escribano público, ante el rey, quien decidirá en este asunto, entretanto debe detener a los culpables y secuestrar sus bienes; para todo lo cual, se ordena a los concejos y demás personas que le den favor y ayuda y se le otorga poder cumplido. El Rey. Camañas. (E. Aznar; 1981)

 

1480. El Papa Sixto IV, por la bula Varíís quamvís dístractí curís, de Roma?, a 22 de noviembre de 1480, debido a las depredaciones y abusos cometidos, retira de la jurisdicción del nuncio apostólico de Canarias, a Fray Andrés Zumis, de la secta católica de los franciscanos establecidos en Canarias, pasándolos a la del vicario general de las mismas, Fray Alonso de Zamora. 1.480. Fray Alonso de Zamora, (O.F.M.), parece que fue nombrado este año «nuncio y comisario apostólico» de Guinea, pues figura cómo tal el 20 de diciembre de 1480. Parece asimismo que poco después fue suprimida la nunciatura (¿En 1487, a la vez que la vicaría general?). El nombramiento de nuncios para Guinea y Canarias nos indica que por aquellas fechas, el Vaticano consideraba a las Islas Canarias como un reyno africano por someter, pero no como una colonia de las coronas de Castilla y Aragón.

 

1480. Las continuas pugnas y desacuerdos entre los mercenarios invasores castellanos: las desavenencias motivadas por el reparto de las rapiñas entre el mercenario Juan Rejón, y  el clérigo católico deán Bermúdez, Pedro de Algaba y el obispo Frías contribuyeron a constantes discrepancias tácticas y luchas por el poder, careciéndose de acciones globales y efectivas conforme aun plan bélico coherente, acentuado por la falta de alimentos y refuerzos.

 

1480. Pedro de Vera, continuó las cabalgadas en Chinet (Tenerife) y Benahuare (Palma), los colonos vecinos de una Tamaránt (Gran Canaria) en paz, recordaban en 1505, el esplendor que acompañó a la guerra "en la Berbería ". Incesante el flujo de esclavos, las islas estuvieron "muy pobladas y ricas", produciendo el quinto 600.000 maravedís por año.  (L. Al. Toledo)

 

1480. Para proveer a los hombres embarcados y la gente que estaba en la isla sacaría de Andalucía 450 cahíces de trigo, 220 de cebada y todo el bizcocho que quedase en el reino, reclutando en término de Sevilla, 100 ballesteros de monte "muy escogydos", que ayudarían a derrotar a los canarios, "más prestamente". Asentado el salario, serían pagados al término de la guerra, con cargo al botín. Honrado Juan de Lugo como servidor "principal" de la corona, porque continuaba financiando "navíos e gentes de caballo e de pie", Vera le compensaría con "heredamiento tal e de tanta mejoría", que cantase la generosidad del propietario. Bien no embargable, "como tierra a los enemigos ganada", conservaría la cualidad, aunque fuese vendido a tercero. Apartado Pedro de la Algaba del poder, Juan de Lugo le relegó del negocio de la orchilla, inquietando el cambio a no pocos. Fernando de Rueda y Martín González de Vitas, vecinos de la "villa de Gomera", pidieron real seguro, que les ampararse del nuevo gobernador de Gran Canaria, concedido a 20 de febrero de 148[1]." (L. Al. Toledo)

 

Según costumbre, los cronistas contradicen a la historia documental. Pulgar nos dice que la Canaria Grande, hubiese sido "difícil de ganar", de no estar enemistados los príncipes de los dos reinos. Aliado "el uno" de los castellanos, les ayudó a sojuzgar "toda la isla", "por haber venganza del otro". Pedro de Vera le recompensó, remitiéndole a Castilla con esposa y séquito. Recibido en Madrid por los Católicos, "le mandaron proveer de todas cosas necesarias", deslumbrándole antes de devolverle a la patria, para que continuase sirviendo. Bernáldez recoge la versión, nominando a los reyes rivales. Poderoso Telde, se enfrentó a los castellanos. Habiendo dado Galda vasallaje a la corona castellana, Vera le mandó a la Península Ibérica, "donde el rey y la reina le ficieron mucha honra e lo vistieron e fizo con ellos su amistad". Tras jurar lealtad a los monarcas regresó, para rematar la conquista.

 

1480 El fondo de verdad, que encierra esta leyenda, se llamó Michel de Monxica, canario, "pardo" de tez, es decir, negro. Sin más categoría que la de ciudadano, ofreció sus servicios a "ciertas persona de los dichos cristianos", que lo agregaron a cargamento de esclavos, siendo adquirido por un jerezano. Esteban Pérez Cabitos, que terminada la pesquisa en Titoreygatra (Lanzarote), ejercía de alcalde mayor en Gran Canaria, tuvo noticia del suceso, informando a los reyes de la entrega voluntaria de "un canario, de los ynfieles de la ysla". Y de su destino. Publicitario el gesto, los Católicos lo aprovecharon. Estando Vera en Jerez, por carta de 14 de abril de 1480, le encargaron el caso: si "fallades quel dicho canario vino a los cristianos, que están en la dicha ysla y venido lo prendieron y vendieron", lo haría secuestrar, obligando al vendedor, a restituir lo cobrado.

 

Remitido el presunto salvaje a la corte, se reveló alfabetizado, políglota y honrado, virtud rara en Castilla. Tratándole de "nuestro criado", los monarcas acumularon responsabilidades en su persona, por sucesión de albalas, fechadas a 30 de abril de 1480. Sería "cogedor" o recaudador de los quintos "e otros precios e derechos, a nos pertenecientes en la dicha isla"; administrador del botín y cuantos dineros se acopiasen, que los castellanos habrían de entregarle, incluido Pedro de Vera, careciendo de valor las libranzas y recibos, que no llevasen su firma. Receptor y custodio del "pan o maravedís, así lo que agora mandamos enviar e llevar, como de lo que de agora en adelante mandaremos, para proveimiento de la dicha gente e paga del sueldo", tendría los libros a su cargo, con la distribución de munición de boca, guerra y pagas. Detectada "alguna desorden", en los repartimientos que se hicieron en Gran Canaria, pues los que "han trabajado e han de trabajar en la tomar", quedaron excluidos, en beneficio de quienes no participaron, "confiando" en la honradez del canario, al término de la guerra secuestraría los heredamientos, concedidos indebidamente, para darlos a quien los mereció, quedando la intervención de Pedro de Vera, en mera presencia. (L. Al. Toledo)

 

1480 Febrero 4. Una real cédula promulgada por los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo, ordena a Pedro de Vera, genocida y gobernador impuesto de Tamaránt (Gran Canaria) que “proceda al repartimiento de todos los exidos (campos de labor) y dehesas y heredamientos de a dicha ysla entre los caballeros e escuderos e marineros e otras personas que en dicha isla están”. Este repartimiento empezaría tres años antes de concluir la conquista de la isla, que finalizó el 29 de abril de 1483.

 

1480 Julio. La armada zarpó del pequeño puerto jerezano de Alventos, en julio de 1480 Apenas en Villa Real, Vera reanudó la guerra, con los soldados de Juan Rejón. Conquistó "muchos pueblos" de Tamaránt (Gran Canaria), padeciendo grandes "penalidades", pues los socorros llegaban tarde o nunca. Terminada la conquista a finales de año, Juan de Lugo (hermano de Alonso), a más de no cobrar, perdió la orchilla, siendo concedido el monopolio a Gonzalo de Cárdenas, comendador mayor de León, en la isla y las islas, "que están por conquistar". Género de difícil manipulación, Cárdenas hubo de acudir al despreciado Juan de Lugo, que para colaborar, exigió ser reconocido, en real provisión, dirigida a Pedro de Vera, como el único que podría "comprar y sacar" orchilla de las islas, sin más carga fiscal que el quinto. (L. Al. Toledo)

 

Alonso de Lugo (futuro jefe de los mercenarios invasores de Benahuare y Chinet) sirvió en la conquista, pues participó del repartimiento de las tierras usurpadas en Tamaránt (Gran Canaria), pero su papel distó de ser relevante. No aparece en la documentación, ni al texto de Pulgar, pero hechos posteriores, aconsejaron a Bernáldez, repartirle papel estelar. Episodio central de la contienda, la batalla de Ventegay, se cuenta que los cristianos atacaron a Telde, con ayuda de Galdar (Guanarteme Shemidadan o Fernando Guanarteme. Emboscados los canarios en sus riscos, los honderos causaron 200 bajas en las filas cristianas, cerrando la jornada vergonzosa retirada. Apurados Vera y Lugo, negociaron tregua. Ultimada a la puesta del sol, dormían los canarios en sus alturas, confiando en la palabra de los castellanos, cuando fueron atacados, a traición y con nocturnidad. Muerto Tedle a manos de Galda, los supervivientes dieron vasallaje. Bautizados por el obispo Juan Frías, algunos por tercera vez, aparece mencionado, como muerto, un Michel de Muxia, vizcaíno de nación, "que era capitán bajo Pedro de Vera", sin duda el canario Michel de Monxica, al que convenía desintegrar. La batalla, si la hubo, tuvo lugar, necesariamente, en diferente lugar o momento, pues en 1483, había terminado la conquista de Tamaránt (Gran Canaria). Necesitando más gente de la que "allá está", para "acabar de ganar" a los canarios, a "nuestra santa fe", el 12 de diciembre, Isabel ofreció perdón de culpa y pena, a los "omicianos" de las Cuatro Villas y la Merindad de Trasmiera, a cambio de servir a su costa, durante seis meses, contados desde el día en que se presentasen ante Monxica y Vera, en la conquista de Tamaránt (Gran Canaria), "que está en poder de ynfieles". Siendo el indulto premio suficiente, no participarían del botín, ni del reparto de heredades. Antes de terminar el mes, Fernando de Cabrera, receptor general "que fue", en las "Yslas" de Gran de Canaria, rindió cuentas a Michel de Monxica, "mi receptor que agora es de la dicha Gran Canaria", porque la isla estaba conquistada. (L. Al. Toledo)

 

Años después, el canario Juan Manuel, recordaba a los Católicos, que los naturales de n Tamaránt (Gra Canaria), nunca fueron "vencidos", pues dieron vasallaje voluntario, contra la promesa de que sus personas y bienes, serían respetados, por lo que "no son ni pueden ser esclavos". Confirma el supuesto Juana Canaria. Sometida la isla a "nuestro servicio", quedó en libertad "con los otros canarios, que nos mandamos que fuesen libres", por haberse dejado bautizar, sin resistencia. Preparándose "para yr a la Ysla de Tenerife", cuando Vera invitó a los varones a seguirle, prometiendo que saldrían aprovechados. Barruntando que terminarían en el mercado de esclavos, rechazaron la oferta. El gobernador quiso capturarlos, pero "se absentaron", echándose al monte. Huido el marido de Juana, fue acusada de recibirle de noche, prestándole ayuda. Condenada a cautiverio, en Andalucía la compró un jerezano, destinándola a esclava doméstica. (L. Al. Toledo)

 

Probablemente sin saberlo, Bernáldez corroboró la declaración de Juana. A punto de salir hacia Chinet (Tenerife), no queriendo dejar a su espalda 600 hombres "de pelea", Vera aplicó el arma del político español, que es el engañó. Asegurando a cuantos le siguiesen, que "ganarían para vestirse", consiguió embarcarlos por su pie. Encerrados "debajo de la tilla", para que no se orientasen por el sol o las estrellas, les llevó a Cádiz y Puerto de Santa María. Puestos en venta, los barcos regresaron, en busca de las mujeres y los hijos. Subieron a bordo sin chistar, con decirles que las llevaban, donde estaban sus maridos.

 

Superada la demanda por la oferta, los invendidos quedaron abandonados en libertad, por no alimentarlos, permitiendo que se alojasen extramuros de Sevilla, junto a la puerta de Milhojar. Muertos los más, al no aclimatarse, otros se desperdigaron por el reino, regresando a Tamaránt (Gran Canaria) los menos, para formar núcleo de población castellanizada. Condicionado por la extraña interpretación de la ética, que impera entre españoles, el cronista celebró la felonía, declarándola virtud, porque se perpetró por razón de estado, en aras de la "pacificación" de la isla. (L. Al. Toledo)

 

1480. Las continuas pugnas y desacuerdos entre los mercenarios invasores castellanos: las desavenencias motivadas por el reparto de las rapiñas entre el jefe de los mercenarios Juan Rejón, y  el clérigo católico deán Bermúdez, Pedro de Algaba y el obispo Frías contribuyeron a constantes discrepancias tácticas y luchas por el poder, careciéndose de acciones globales y efectivas conforme aun plan bélico coherente, acentuado por la falta de alimentos y refuerzos.

 

Ante el cariz que tomaba el establecimiento de los invasores europeos y dada la imposibilidad de expulsarlos de la isla, los canarios desarrollaron una nueva estrategia adaptativa. Después de un infructuoso acuerdo con los portugueses afines de 1478, abandonan los asentamientos del litoral y se repliegan a poblados más resguardados de las incursiones castellanas, contando con recursos alimentarios almacenados en los Cenobios (graneros-fortaleza) de diferentes puntos de la isla para el desarrollo redistributivo. A tenor de la centralización de su sistema político, inician un proceso de pactos y treguas con los invasores acercándose ocasionalmente al Real de Winiwuada (Las Palmas) a increpar a la hueste invasora extranjera.

 

* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen