EFEMÉRIDES
DE
PERIODO COLONIAL 1471-1480
Guayre Adarguma *
1479
No
estando "acabada" la conquista, por persistir los canarios en su
"rebeldía", los Católicos buscaron capitán experimentado,
encontrando a Pedro de Vera, caballero 24 de Jerez y disciplinado. Seguidor de
Enrique IV y Juana, estando al servicio de Beltrán de
Necesario
núcleo de pobladores castellanos, a más de los que estaban en la isla, la
reina dio por supuesto, "que algunos caballeros e escuderos e marineros e
otras personas", de las que "van" o "fueren" a Gran
Canaria, querrían "bevir e morar en la dicha Ysla e faser su asyento en
ella", con mujer e hijos. Deseando que tuviesen "más gana", les
serían repartidos solares y "heredamientos", dando a cada uno
"aquello que viedes, que según sus merecimientos e estado, aya
menester". Distribuida la tierra, se formaría nuevo cabildo, expropiando
las varas compradas y cesando a los justicias, con excepción de los nombrados
por la corona. Los cargos podrían ser "cadañeros", vitalicios o
hereditarios, designando Vera jurados y candidatos al "regimiento",
para que el pueblo pudiese elegir, sin salirse de madre. Ignorada la identidad
de los alfabetizados, llevó en blanco el título de notario público y
escribano de cámara, "en las islas de Canaria e Tenerife e en los mares e
en los puertos della" (L. Al. Toledo)
1479.
En Agaete, Tamaránt (Gran Canaria) creó su feudo e ingenio azucarero el
mercenario y traficante de esclavos Alonso de Lugo quien atrincherado en su
torre de Gaete -de la cual era alcaide
daba rienda suelta a sus sueños de grandeza y maquinaba la manera de
satisfacer su insaciable afán de rapiña.
Desde la torre, divisaba en días claros la silueta de la isla de Chinet
(Tenerife) y soñaba con Benahuare (La Palma) las cuales formaban el objetivo más
íntimo de sus apetencias. Decidido a dar cima a su proyecto y teniendo en
cuenta que el producto de su incipiente ingenio y la porción de esclavos que le
había tocado en el reparto no eran suficientes para trasladarse a la corte “decorosamente”
para gestionar ante la misma la concesión de la conquista de las dos islas
afanes de su soñada grandeza, decide continuar con las entradas y razzias en
ambas islas con el objeto de reunir el capital suficiente con que trasladarse a
la corte castellano-aragonesa y comprar influencias en dicha corte que le
permitieran la consecución de sus fines, así comienza el merodeo por las islas
de Benahuare (
1479.
El asentamiento canario de
Arehukas (actual Arucas) en Tamaránt (Gran Canaria) su origen se remonta a la
etapa precolonial. De hecho, su nombre procede del término aborigen Arehukas.
Su primigenio poblado fue arrasado por las huestes del mercenario invasor
al servicio de Castilla Juan Rejón, en 1479. Entre los yacimientos
arqueológicos destaca el denominado “Cerera”, situado en la falda sur de
Después
de la invasión y Conquista, Arehukas se fue poblando principalmente, a
comienzos del siglo XVI, de numerosos invasores colonos a los que se les
entregaron tierras y aguas tras el Repartimiento del botín de guerra de la
colonia, quedando como mayores beneficiarios Tomás Rodríguez de Palenzuela,
Lope de Sosa, Hernando de Santa Gadea y Juan de Aríñez, entre otros invasores.
Esta incipiente población europea fue situándose alrededor de la ermita de San
Juan la secta católica, situada en los mismos terrenos que ocupa el actual
templo, obra aquella de anónimos personajes que operaban en los ingenios
azucareros. La actividad generada por estas fábricas, los cañaverales, las
obras de regadío, el transporte y la artesanía procuraron suficiente demanda
de empleo para ocupar a numerosos esclavos, jornaleros, criados, comerciantes y
artesanos, los cuales figurarían registrados como los primeros habitantes con
que contó la incipiente población de corte europeo.
El
aumento de la población, ocasionada por la prosperidad económica capitalista
del momento, determinó que, en 1515, el obispo de la secta católica Fernando Vázquez
de Arce elevara la sencilla ermita al grado de parroquia, con pila bautismal y
cura propio.
De
esta forma, Arehukas, que venía teniendo la consideración de “Lugar”,
obtiene la concesión del título de Villa a partir del 19 de noviembre del año
aludido. El aumento de la feligresía impulsa la fundación de dos nuevas
ermitas de la secta católica: la de San Pedro Apóstol (1525) y la de San
Sebastián (1547). La primera, ubicada en La Goleta, en el punto denominado Lomo
de San Pedro, fue construida por Juan Mansel, comerciante francés casado con
María de Santa Gadea. La segunda, localizada primeramente cerca de los terrenos
del llamado “Teatro Nuevo”, se construyó en 1699, ocupando el espacio en
donde hoy se encuentra la Plaza de la Constitución, frente a las Casas
Consistoriales, y fue derruida en 1868.
Así
se llegaron a constituir dos núcleos denominados “Villa de Abajo”, centro
administrativo-religioso, con la parroquia de San Juan, ermita de San Sebastián,
Inquisición, Heredad de Aguas de Arehukas y Firgas, Milicias de Arucas y Pósito
(en pie hasta el siglo XIX), y la “Villa de Arriba”, sede de los ingenios
azucareros y que contó, además, con la ermita de San Pedro.
Por
otro lado, en esta época destacaron dos eventos, la fundación de la Heredad de
Aguas de Arehukas y Firgas (1545-46), que posibilitó el auge económico de la
Villa, al tiempo que con el transcurrir de los años ha dotado al municipio de
un complejo sistema hidráulico (acequias de piedra, cantoneras, presa) de gran
valor etnográfico, y la constitución del Mayorazgo de Arehukas por Pedro Cerón
(1572), que prolonga su existencia hasta 1859, momento en que se vendieron sus
propiedades por el proceso de desamortización del siglo XIX.
Durante
los siglos XVII y XVIII, la economía de Arehukas vino marcada por un periodo de
decadencia, en relación con la brillante etapa precedente. Al hundirse el
comercio de los azúcares insulares se procede, en casi todas partes, a su
sustitución por los cultivos de viñedos. En los terrenos locales, el viñedo
se extendió rápidamente, si bien no conseguirá obtener tan buenos resultados
como el anterior cultivo, por lo que se combinó con otros, como el trigo, el
millo, las papas y frutales.
El
siglo XIX, por el contrario, representó un momento decisivo para su historia
urbana, especialmente a partir de la segunda mitad. A nivel económico, la
desvinculación de las tierras del Mayorazgo, fruto de las leyes
desamortizadoras de Mendizabal y Madoz, significó el comienzo de un gran
desarrollo agrícola, con el cultivo de la cochinillla en primer lugar y, del azúcar
y del plátano, en segundo término. Estos beneficios fueron invertidos en
profundas transformaciones urbanas y en la construcción de numerosos edificios
públicos, como las Casas Consistoriales, el Mercado Municipal y
Ya en el siglo XX, la economía de Arehukas sufre una etapa fluctuante, motivada
por las dos Guerras Mundiales,
1479.
Por medio del Tratado Alcaçove en
Toledo, Portugal se compromete a no intervenir en la conquista de las
Canarias con lo que abandonan La Gomera.
1479
Julio 7. Trujillo. (f.3). Seguro a favor de Alfonso de
Salvatierra a quien se ha ordenado armar un carracón y dos carabelas para hacer
la guerra a Portugal, concediéndole las presas que hiciese, salvo el quinto de
lo de
1479
Agosto 11. Trujillo (f.l 00).
Ejecutoria de la sentencia dictada por el alcalde de casa y corte contra Juan
Guerra, capitán de nao, Alvaro, hijo de Gonzalo de Ayón, Pedro, hijo de Luis
Alonso Fijador, Gabriel Pardo, hijo de Pedro Pardo, y Pedro Gironela, catalán,
vecinos de Moguer, y Domingo Alonso, vecino de Palos, por robar las naves de
Juan Felipe y Juan Miguélez, ingleses. Por dicha sentencia, dada en Trujillo el
28 de julio de 1479, se condenó al primero de los inculpados a pena de muerte
ya los restantes a 2 años de destierro en las islas de Canaria, más el pago de
5.000 coronas en compensación de las naves y mercancías. Fernando licentiatus.
Reg: Diego Sánchez. . (E. Aznar; 1981)
1479
Agosto 12. Como llegó la
carabela en que iba preso el capitán Juan Rejón a San Lúcar de Barrameda, tomó
la posta y presentose en Sevilla ante el asistente Diego de Merlo y el cronista
Alonso de Palencia, comisarios de la conquista desta isla de Gran Canaria. Y,
dando sus descargos y vistos ser buenos y ser necesaria la presteza, por la
falta de las provisiones y que, tardando de enviar socorro, se ponía en términos
de perderse la conquista, acordaron despachar una armada de cuatro navíos con
gente y bastimento, y dieron la capitanía de ella a Pedro Hernández Cabrón,
vecino y regidor de Cádiz. Vino en estos navíos el obispo de Rubicón don Juan
de Frías, proveído por la muerte de don fray Tomás Serrano, natural de Andújar.
En aquel tiempo acordaron los comisarios volviese el capitán Juan Rejón a la
conquista con el obispo, a quien encargaron los concordase y compusiese y
hiciese amigos, dándole la orden que habían de tener y hacer, y sus cartas con
los capítulos que tenían de guardar en gobernarse, firmadas de sus nombres; y
que, hechos amigos y conformes, todos siguiesen la conquista de la isla de Gran
Canaria, como se es encargaba en nombre de Sus Altezas.
También
vino en esta armada, en compañía del obispo don Juan de Frías, Esteban Pérez
de Cabitos por alcalde mayor de Gran Canaria, nombrado por el rey por toda su
vida, dada la provisión en quince días del mes de marzo de 1478 y confirmada
en la ciudad de Trujillo, en 17 de mayo de 1479. Llegó esta armada al puerto de
Las Isletas de Canaria, a doce de agosto de 1479; fueron muy bien recibidos.
Pidió luego el obispo al gobernador Pedro del Algaba y al deán don Juan Bermúdez
y a Hernán Peraza, que había venido de Lanzarote con alguna gente y provisión
al socorro, se juntasen en la torre; y con ellos estuvieron en la junta el capitán
Pedro Hernández Cabrón y Alonso Jáimez de Sotomayor, alférez mayor, y Alonso
de Lugo, y Ordoño Bermúdez, y Esteban Pérez Cabitos, alcalde mayor, y Esteban
de Valdés, alguacil mayor, y Francisco de Espinosa, y otros muchos nobles
hidalgos. El obispo don Juan de Frías comenzó a exhortar y persuadir al
gobernador y deán la amistad y conformidad del capitán Juan Rejón, que había
venido con él por mandato de los comisarios de la conquista; sobre que hubo
muchos dares y tomares, en razón de la traída y venida del capitán Juan Rejón,
de que se presumía no resultase algún desconcierto. El obispo dijo que él lo
había traído por orden de los comisarios, como lo vían por aquellos recaudos
de que hacía demostración, exhibiendo la carta y capítulos que le habían
dado y encargado, y la orden que se había de tener y guardar entre sí.
Visto
por el gobernador Pedro del Algaba no traía Juan Rejón carta ni provisión de
los Reyes Cat6licos, dijo que él había preso a Juan Rej6n y enviádolo a Sus
Altezas, por excusar escándalos y diseniones, las cuales no se podían excusar
y se habían de seguir con su presencia; y hasta que Sus Altezas provean por su
real carta y provisión firmada de su nombre otra cosa, él no puede innovar
nada; que no conocía al asistente de Sevilla, ni a Alonso de Palencia; que él
proveería lo que cumplía al servicio de sus reyes y señores, y que, si Juan
Rejón traía provisión o carta suya, le requería la mostrase, porque, vista
por él, cumpliese lo que se le mandase. El obispo respondió que no traen otras
cartas ni provisiones, sino los capítulos y cartas que tienen mostradas,
firmadas de Diego de Merlo, asistente de Sevilla, y de Alonso de Palencia, los
cuales, como del Consejo de Sus Altezas y personas tan graves, no se atreverían
a nombrar comisarios, si no lo fueran y tuvieran poder para ello de Sus Altezas.
A 1o cual respondieron don Juan Bermúdez, deán, y el gobernador Pero del
Algaba, con acuerdo de otros caballeros, que no había lugar de admitir a Juan
Rejón con el oficio de capitán de estas islas, por razones y causas que
ofrecieron escribir a Sus Altezas; y que así cumplía a la pacificación de la
gente que estaba en la conquista; y que suplicaban de lo proveído por los
comisarios en los capítulos que el obispo había referido que se había traído
de ellos. Era escribano Pedro Ángelo. En este cabildo presentó Esteban Pérez
Cabitos su provisión, y fué recibido.
El
gobernador Pedro del Algaba quiso prender a Juan Rejón secretamente. Mas el
obispo, que lo vino a entender, por excusar escándalos y muertes que no podrían
dejar de suceder con la prisión, trató con el gobernador que no lo hiciese,
que él le prometía tornarlo a embarcar en los navíos en que había venido y
enviarlo a Sevilla, al asistente, como se lo había dado; y con esto se aquietó
y aseguró el gobernador .
Acordó
el gobernador Pedro del Algaba y el deán don Juan Bermúdez se hiciese una
entrada en la banda de Tirahana, pues tenían bastimentos y había gente que había
traído el capitán Pedro Hernández Cabrón, el cual pidió esta entrada. Y,
tomando parte de la gente que estaba en la conquista y con la que él tenía, se
fué la vuelta de Tirahana, yendo en su compañía el obispo don Juan de Frías.
Como llegaron, tomaron tierra, no pudiendo hacer presa, porque, como los
canarios vieron los navíos, se subieron a los altos y sierras ásperas.
Los
cristianos se metieron la tierra adentro en su seguimiento, tomando todo lo que
hallaron en el lugar, que fué cebada, higos, y mucho ganado. Y, queriendo salir
del lugar con la presa para los navíos, un canario cristiano que había ido con
ellos les dijo que no saliesen del lugar donde estaban, porque todos los
canarios estaban allí juntos, y había muchas cuestas que descender muy agrias,
y en ellas corrían gran peligro; que se estuviesen que dos allí dos días,
pues tenían qué comer, y los canarios no tenían ninguna provisión y se
derramarían en buscarla, y les sería más fácil la bajada. Mas el capitán
Pedro Hernández Cabrón, como no había experimentado ni visto el ánimo y
ligereza de los naturales, dijo que él no tenía temor a gente desnuda, y que
tenía los navíos sin gente, que habían de ir adormir en ellos. (Fr. J. De
Abreu Galindo)
1479
Agosto 24.
Una importante expedición militar invasora a la captura de esclavos,
acaudillada por el obispo Juan de Frías y el capitán de la mar Pedro Hernández
Cabrón, sufrió una seria derrota en los alrededores de
1479
Diciembre (s.d). Toledo (f.
33). Provisión, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio y comisario apostólico
de la santa indulgencia y conversión de Canarias, para que tanto él como Pedro
de Setién, tesorero general de dichas indulgencias, y sus colaboradores puedan
predicar por todo el reino la bula de Sixto IV, también valedera para los
reinos de Portugal y Navarra, y de la que fue primer nuncio fray Andrea de Bolaño,
ya difunto. Dicha petición está motivada por las maniobras de ciertas personas
que pretextando la anulación de la bula pretenden utilizar la limosna para
otros fines y por la comprometida situación de las tropas enviadas desde
Sevilla, en número superior a los tres mil quinientos hombres, para la
conquista de Gran Canaria, en la que han fundado
1479
Diciembre (s.d.). Toledo (f.
34). Mandamiento con emplazamiento, a petición de Pedro Gómez de Celaya,
tesorero de la bula de la santa indulgencia y conversión de las islas de
Canaria en el obispado de Calahorra, contra fray Pedro, comendador de la Orden
de la Merced de la ciudad de Logroño, que ha de restituirle las bulas que le
tomó y pagarle los daños que le ha causado. El Rey. Camañas. (E.Aznar;1981)
1479
Diciembre (s.d.). Toledo (f.
35). Mandamiento a petición de fray Andrea de Añis, nuncio y comisario apostólico
para la conversión de las islas de Canaria, contra Francisco de Quemada,
provisor del obispado de Calahorra, que tiene embargadas las limosnas de la bula
para la conversión de Canarias, para que levante dicho embargo y permita la
recaudación a todo el que tenga poder del nuncio o de Pedro de Setién,
tesorero general. El Rey. Camañas. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)
1479
Diciembre (s.d). Toledo (f.
76). Mandamiento, a petición de Fray Andrea de Añis, nuncio apostólico de
1479
Diciembre (s.d.) (s.I.) (f.
36). Provisión, a petición de fray Andrea de Añis, nuncio de
1479
Diciembre (s.d.) (s.l.) (f.
38). Seguro a favor de fray Andrea de Añis, nuncio de
1479
Diciembre 20. Toledo (f. 39).
Comisión a Rodrigo de Marmolejo, contino de la casa real, a petición de fray
Andrea de Añis, nuncio de la santa indulgencia y conversión de las islas de
Canaria, para que investigue sobre las bulas que circulan por el reino; debiendo
realizar su información en un plazo de seis meses, y presentarla, sellada y
firmada por un escribano público, ante el rey, que decidirá en este asunto. Se
ordena al dicho Rodrigo de Marmolejo detener a los culpables y secuestrar sus
bienes, mientras llega la deci~ión real. El Rey. Camañas. Acordada y señalada:
Alcocer y Lillo. Reg: Diego Sánchez. (E. Aznar; 1981)
1479
Diciembre 20. Toledo (f. 40).
Comisión a Rodrigo de Marmole contino de la casa real, a petición de fray
Andrea de Añis, nuncio de la santa indulgencia y conversión de las islas de
Canaria, para que investigue sobre las falsas bulas que circulan por el reino;
su información debe realizarla en un plazo de seis meses y presentarla, sellada
y firmada por un escribano público, ante el rey, quien decidirá en este
asunto, entretanto debe detener a los culpables y secuestrar sus bienes; para
todo lo cual, se ordena a los concejos y demás personas que le den favor y
ayuda y se le otorga poder cumplido. El Rey. Camañas. (E. Aznar; 1981)
1480.
El Papa Sixto IV, por la bula Varíís quamvís dístractí curís, de
Roma?, a 22 de noviembre de 1480, debido a las depredaciones y abusos cometidos,
retira de la jurisdicción del nuncio apostólico de Canarias, a Fray Andrés
Zumis, de la secta católica de los franciscanos establecidos en Canarias, pasándolos
a la del vicario general de las mismas, Fray Alonso de Zamora. 1.480. Fray
Alonso de Zamora, (O.F.M.), parece que fue nombrado este año «nuncio y
comisario apostólico» de Guinea, pues figura cómo tal el 20 de diciembre de
1480. Parece asimismo que poco después fue suprimida la nunciatura (¿En
1480.
Las continuas pugnas y desacuerdos entre los mercenarios invasores castellanos:
las desavenencias motivadas por el reparto de las rapiñas entre el mercenario
Juan Rejón, y el
clérigo católico deán Bermúdez, Pedro de Algaba y el obispo Frías
contribuyeron a constantes discrepancias tácticas y luchas por el poder, careciéndose
de acciones globales y efectivas conforme aun plan bélico coherente, acentuado
por la falta de alimentos y refuerzos.
1480.
Pedro de Vera, continuó las cabalgadas en Chinet (Tenerife) y Benahuare
(Palma), los colonos vecinos de una Tamaránt (Gran Canaria) en paz, recordaban
en 1505, el esplendor que acompañó a la guerra "en
1480.
Para proveer a los hombres embarcados y la gente que estaba en la isla sacaría
de Andalucía 450 cahíces de trigo, 220 de cebada y todo el bizcocho que
quedase en el reino, reclutando en término de Sevilla, 100 ballesteros de monte
"muy escogydos", que ayudarían a derrotar a los canarios, "más
prestamente". Asentado el salario, serían pagados al término de la
guerra, con cargo al botín. Honrado Juan de Lugo como servidor
"principal" de la corona, porque continuaba financiando "navíos
e gentes de caballo e de pie", Vera le compensaría con "heredamiento
tal e de tanta mejoría", que cantase la generosidad del propietario. Bien
no embargable, "como tierra a los enemigos ganada", conservaría la
cualidad, aunque fuese vendido a tercero. Apartado Pedro de
Según
costumbre, los cronistas contradicen a la historia documental. Pulgar nos dice
que la Canaria Grande, hubiese sido "difícil de ganar", de no estar
enemistados los príncipes de los dos reinos. Aliado "el uno" de los
castellanos, les ayudó a sojuzgar "toda la isla", "por haber
venganza del otro". Pedro de Vera le recompensó, remitiéndole a Castilla
con esposa y séquito. Recibido en Madrid por los Católicos, "le mandaron
proveer de todas cosas necesarias", deslumbrándole antes de devolverle a
la patria, para que continuase sirviendo. Bernáldez recoge la versión,
nominando a los reyes rivales. Poderoso Telde, se enfrentó a los castellanos.
Habiendo dado Galda vasallaje a la corona castellana, Vera le mandó a la Península
Ibérica, "donde el rey y la reina le ficieron mucha honra e lo vistieron e
fizo con ellos su amistad". Tras jurar lealtad a los monarcas regresó,
para rematar la conquista.
1480
El fondo de verdad, que encierra esta leyenda, se llamó Michel de Monxica,
canario, "pardo" de tez, es decir, negro. Sin más categoría que la
de ciudadano, ofreció sus servicios a "ciertas persona de los dichos
cristianos", que lo agregaron a cargamento de esclavos, siendo adquirido
por un jerezano. Esteban Pérez Cabitos, que terminada la pesquisa en
Titoreygatra (Lanzarote), ejercía de alcalde mayor en Gran Canaria, tuvo
noticia del suceso, informando a los reyes de la entrega voluntaria de "un
canario, de los ynfieles de la ysla". Y de su destino. Publicitario el
gesto, los Católicos lo aprovecharon. Estando Vera en Jerez, por carta de 14 de
abril de 1480, le encargaron el caso: si "fallades quel dicho canario vino
a los cristianos, que están en la dicha ysla y venido lo prendieron y
vendieron", lo haría secuestrar, obligando al vendedor, a restituir lo
cobrado.
Remitido
el presunto salvaje a la corte, se reveló alfabetizado, políglota y honrado,
virtud rara en Castilla. Tratándole de "nuestro criado", los monarcas
acumularon responsabilidades en su persona, por sucesión de albalas, fechadas a
30 de abril de 1480. Sería "cogedor" o recaudador de los quintos
"e otros precios e derechos, a nos pertenecientes en la dicha isla";
administrador del botín y cuantos dineros se acopiasen, que los castellanos
habrían de entregarle, incluido Pedro de Vera, careciendo de valor las
libranzas y recibos, que no llevasen su firma. Receptor y custodio del "pan
o maravedís, así lo que agora mandamos enviar e llevar, como de lo que de
agora en adelante mandaremos, para proveimiento de la dicha gente e paga del
sueldo", tendría los libros a su cargo, con la distribución de munición
de boca, guerra y pagas. Detectada "alguna desorden", en los
repartimientos que se hicieron en Gran Canaria, pues los que "han trabajado
e han de trabajar en la tomar", quedaron excluidos, en beneficio de quienes
no participaron, "confiando" en la honradez del canario, al término
de la guerra secuestraría los heredamientos, concedidos indebidamente, para
darlos a quien los mereció, quedando la intervención de Pedro de Vera, en mera
presencia. (L. Al. Toledo)
1480 Febrero 4. Una real cédula promulgada por los Reyes Católicos en la ciudad de Toledo, ordena a Pedro de Vera, genocida y gobernador impuesto de Tamaránt (Gran Canaria) que “proceda al repartimiento de todos los exidos (campos de labor) y dehesas y heredamientos de a dicha ysla entre los caballeros e escuderos e marineros e otras personas que en dicha isla están”. Este repartimiento empezaría tres años antes de concluir la conquista de la isla, que finalizó el 29 de abril de 1483.
1480
Julio. La armada zarpó del
pequeño puerto jerezano de Alventos, en julio de 1480 Apenas en Villa Real,
Vera reanudó la guerra, con los soldados de Juan Rejón. Conquistó
"muchos pueblos" de Tamaránt (Gran Canaria), padeciendo grandes
"penalidades", pues los socorros llegaban tarde o nunca. Terminada la
conquista a finales de año, Juan de Lugo (hermano de Alonso), a más de no
cobrar, perdió la orchilla, siendo concedido el monopolio a Gonzalo de Cárdenas,
comendador mayor de León, en la isla y las islas, "que están por
conquistar". Género de difícil manipulación, Cárdenas hubo de acudir al
despreciado Juan de Lugo, que para colaborar, exigió ser reconocido, en real
provisión, dirigida a Pedro de Vera, como el único que podría "comprar y
sacar" orchilla de las islas, sin más carga fiscal que el quinto. (L. Al.
Toledo)
Alonso
de Lugo (futuro jefe de los mercenarios invasores de Benahuare y Chinet) sirvió
en la conquista, pues participó del repartimiento de las tierras usurpadas en
Tamaránt (Gran Canaria), pero su papel distó de ser relevante. No aparece en
la documentación, ni al texto de Pulgar, pero hechos posteriores, aconsejaron a
Bernáldez, repartirle papel estelar. Episodio central de la contienda, la
batalla de Ventegay, se cuenta que los cristianos atacaron a Telde, con ayuda de
Galdar (Guanarteme Shemidadan o Fernando Guanarteme. Emboscados los canarios en
sus riscos, los honderos causaron 200 bajas en las filas cristianas, cerrando la
jornada vergonzosa retirada. Apurados Vera y Lugo, negociaron tregua. Ultimada a
la puesta del sol, dormían los canarios en sus alturas, confiando en la palabra
de los castellanos, cuando fueron atacados, a traición y con nocturnidad.
Muerto Tedle a manos de Galda, los supervivientes dieron vasallaje. Bautizados
por el obispo Juan Frías, algunos por tercera vez, aparece mencionado, como
muerto, un Michel de Muxia, vizcaíno de nación, "que era capitán bajo
Pedro de Vera", sin duda el canario Michel de Monxica, al que convenía
desintegrar. La batalla, si la hubo, tuvo lugar, necesariamente, en diferente
lugar o momento, pues en 1483, había terminado la conquista de Tamaránt (Gran
Canaria). Necesitando más gente de la que "allá está", para
"acabar de ganar" a los canarios, a "nuestra santa fe", el
12 de diciembre, Isabel ofreció perdón de culpa y pena, a los
"omicianos" de las Cuatro Villas y la Merindad de Trasmiera, a cambio
de servir a su costa, durante seis meses, contados desde el día en que se
presentasen ante Monxica y Vera, en la conquista de Tamaránt (Gran Canaria),
"que está en poder de ynfieles". Siendo el indulto premio suficiente,
no participarían del botín, ni del reparto de heredades. Antes de terminar el
mes, Fernando de Cabrera, receptor general "que fue", en las
"Yslas" de Gran de Canaria, rindió cuentas a Michel de Monxica,
"mi receptor que agora es de la dicha Gran Canaria", porque la isla
estaba conquistada. (L. Al. Toledo)
Años
después, el canario Juan Manuel, recordaba a los Católicos, que los naturales
de n Tamaránt (Gra Canaria), nunca fueron "vencidos", pues dieron
vasallaje voluntario, contra la promesa de que sus personas y bienes, serían
respetados, por lo que "no son ni pueden ser esclavos". Confirma el
supuesto Juana Canaria. Sometida la isla a "nuestro servicio", quedó
en libertad "con los otros canarios, que nos mandamos que fuesen
libres", por haberse dejado bautizar, sin resistencia. Preparándose
"para yr a la Ysla de Tenerife", cuando Vera invitó a los varones a
seguirle, prometiendo que saldrían aprovechados. Barruntando que terminarían
en el mercado de esclavos, rechazaron la oferta. El gobernador quiso
capturarlos, pero "se absentaron", echándose al monte. Huido el
marido de Juana, fue acusada de recibirle de noche, prestándole ayuda.
Condenada a cautiverio, en Andalucía la compró un jerezano, destinándola a
esclava doméstica. (L. Al. Toledo)
Probablemente
sin saberlo, Bernáldez corroboró la declaración de Juana. A punto de salir
hacia Chinet (Tenerife), no queriendo dejar a su espalda 600 hombres "de
pelea", Vera aplicó el arma del político español, que es el engañó.
Asegurando a cuantos le siguiesen, que "ganarían para vestirse",
consiguió embarcarlos por su pie. Encerrados "debajo de la tilla",
para que no se orientasen por el sol o las estrellas, les llevó a Cádiz y
Puerto de Santa María. Puestos en venta, los barcos regresaron, en busca de las
mujeres y los hijos. Subieron a bordo sin chistar, con decirles que las
llevaban, donde estaban sus maridos.
Superada
la demanda por la oferta, los invendidos quedaron abandonados en libertad, por
no alimentarlos, permitiendo que se alojasen extramuros de Sevilla, junto a la
puerta de Milhojar. Muertos los más, al no aclimatarse, otros se desperdigaron
por el reino, regresando a Tamaránt (Gran Canaria) los menos, para formar núcleo
de población castellanizada. Condicionado por la extraña interpretación de la
ética, que impera entre españoles, el cronista celebró la felonía, declarándola
virtud, porque se perpetró por razón de estado, en aras de la "pacificación"
de la isla. (L. Al. Toledo)
1480.
Las continuas pugnas y desacuerdos entre los mercenarios invasores castellanos:
las desavenencias motivadas por el reparto de las rapiñas entre el jefe de los
mercenarios Juan Rejón, y
el clérigo católico deán Bermúdez, Pedro de Algaba y el obispo Frías
contribuyeron a constantes discrepancias tácticas y luchas por el poder, careciéndose
de acciones globales y efectivas conforme aun plan bélico coherente, acentuado
por la falta de alimentos y refuerzos.
Ante
el cariz que tomaba el establecimiento de los invasores europeos y dada la
imposibilidad de expulsarlos de la isla, los canarios desarrollaron una nueva
estrategia adaptativa. Después de un infructuoso acuerdo con los portugueses
afines de 1478, abandonan los asentamientos del litoral y se repliegan a
poblados más resguardados de las incursiones castellanas, contando con recursos
alimentarios almacenados en los Cenobios (graneros-fortaleza) de diferentes
puntos de la isla para el desarrollo redistributivo. A tenor de la centralización
de su sistema político, inician un proceso de pactos y treguas con los
invasores acercándose ocasionalmente al Real de Winiwuada (Las Palmas) a
increpar a la hueste invasora extranjera.
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Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen