EFEMÉRIDES
DE
Guayre
Adarguma *
1483. Después del mes de Junio envió Pedro de Vera recado á D.
Fernando Guadartheme, que hiciese venir á su sobrina, con los demás nobles sus
parientes, al Real, á entregarse como
estaba pactado; y luego dieron orden de traerla desde Tirajana por Telde,
sin que viniese con ella ningún cristiano español; traíanla en hombros de
cuatro capitanes nobles, de cabello largo y rubio, en una andas de palo á modo
de parihuelas, sentada, vestida de gamuza á modo de badanas ó pieles adobadas,
de color acanelado; venían delante de las andas cuatro capitanes con capotillos
de badana llamados tamarcos, braguillas de junco, majos en los pies y guapiletes
en la cabeza, y lo demás desnudo; al lado de las andas, algo hacia atrás, dos
tíos suyos Faisajes, y después se seguía un grande acompañamiento de hombres
todos que servían de traer las andas á remuda. Salió Pedro de Vera con mucha
gente al recibimiento, y ellos hicieron su entrega por medio de la lengua ó intérprete,
diciendo que allí venía la Señora de toda la tierra, heredera única y legítima
hija de su señor Guanartemy Guanachy Semidan, legítimo dueño y señor de la
verdadera línea y sucesión de dominio y señorío de la tierra; y que ella hacía
entrega voluntaria, y todos sus tíos y parientes que allí venían,
gobernadores de la tierra, en nombre y debajo de la palabra de su señor muy
poderoso y católico Rey D. Fernando entregaba su persona y personas al Capitán
Mayor de los cristianos que allí presente se halla que es Pedro de Vera, del
Rey de Castilla y León. Pedro de Vera y demás caballeros la recibieron á pie,
y fue abrazando á todos con mucho cariño; traían todos los canarios el
cabello suelto por las espaldas, y la Señora Arminda, que los españoles
llamaron Almendrabella, traía vestido un ropón de gamuza con medias mangas
hasta la sangraqera y largo hasta los pies, y zapatos de lo mismo pespuntados, y
vestía una tunicela debajo de la ropa con cuerpo de jubón á modo de justillo,
de más delgada badana; era el cabello largo y rubio, aderezado con arte, y en
él puestas algunas cosas de tocado que le habían dado á uso de España; y el
faldellín pintado á colores; tendría veinte años, era gruesa y más de
mediano cuerpo, robusta, el color algo moreno, ojos grandes y vivos y el rostro
algo alegre y celebrada de hermosura, la boca algo larga, la nariz pequeña,
algo anchas las ventanas, el cuello redondo y crecida de pechos.
Después
que se hubieron adelantado del lado de las andas los dos Faisajes é hicieron
entrega de su Señora y los demás pidieron que se encomendase á persona noble,
y ellos pidieron que fuese en casa de Francisco de Mayorga con su mujer Juana de
Bolaños, que allí estuvo con otras españolas y Pedro de Vera la prometió y
juró hacerlo así como todos lo pedían, aunque estuvo siempre á su cuidado y
al del Obispo ella fue muy bien recibida y siempre correspondió agradecida al
cariño de todos tenía ingenio y discreción, fue cristiana, que luego la
prometió de ser llamóse Doña Catalina de quadarthemy, fue su padrino Rodrigo
de Vera, hijo de Pedro de Vera, y Francisco Mayorga y su mujer la madrina echóle
el agua el Obispo D. Juan de Frías decíale esta Señora á las canarias que
aquella era vida de hombres y la que tenían primero era de brutos y fieras
salvajes fue casada con un capitán de infantería, D. Ramiro Guzmán, andaluz
pasaron á la conquista de Thenerife, no tuvo sucesión él murió de repente,
que se presumió ser violentamente. Casaron con españoles otras primas ó
parientes de esta Señora. Una hija de Vtindana, hermano de quanache, que se
llamó Juana quadartheme casó con Francisco de Cabrejas y tuvo sucesión en Gáldar,
otra prima, hija del Faisaje tuerto de Tara en Telde, hermano de su madre, se
llamó María Guadartheme y casó con Juan Delgado que pasó á Tenerife y tuvo
sucesión y otras á este modo, que hubo por línea femenina, donde feneció la
generación de los canarios: El Obispo cuidaba con grande celo del regalo de los
canarios así viejos, niños, como hombres y mujeres, dándoles de comer y
reparos de vestir con liberal mano, que todos la aclamaban como Padre y Santo
Prelado, por ser ejemplar su vida siempre.
Diose
luego cuenta de todo á España, de que Sus Altezas tuvieron mucho gusto del
reducimiento de los canarios y de su buen estado. Envió Pedro de Vera á la
isla de la Madera á buscar plantas de todos frutales, hierbas de olor, flores
de recreo y animales mayores y menores, que de todo se ha dado bien al mismo
modo que en España, sin diferencial de la Gomera se trajeron perdices y conejos
que había criado y traído de África Sancho Herrera el Viejo, de un coto de
venados y montería que allí tenía repartiéronse entre los vecinos algunos
granos para sembrar, que acudían largamente en su multiplicación viniéronse
algunas, y después muchas familias á vivir, repartiéronse en los campos y
lugares, plantando caña de azúcar, parras, árboles, sacando acequias,
haciendo albercas, molinos de agua, ingenios de azúcar, hasta que enviase S.M.
la Cédula de Repartimiento, que todos esperaban por el debido premio y pago de
sus servicios.
Demás
de los hidalgos aventureros que sirvieron sin sueldo, hubo muchos que con sus
personas, armas, caballos y maravedíes sirvieron á S.M. fueron el factor
Miguel de Mujica, que nombró por heredero á su pariente Juan Siverio que cobró
toda su parte. El capitán Palencia, con cinco hijos, sirvió con peones
pagados, sus personas, armas y préstamos; murió en la conquista él y tres
hijos; cobraron los dos, Tomás de Palencia y Alonso Rodríguez de Palencia; y
otros que faltan á la memoria. De Lanzarote vino Santa Gadea, francés, que
trajo caudal, que casó una hija con Francisco Martel, francés, vecino de
Lanzarote, que sucedió en el mayorazgo de Arucas, que fue de uno de los
Palencias.
Sirvieron
sin sueldo tres hijos del Gobernador Pedro de Vera, Fernando, Rodrigo y Martín
de Vera, que dejó su casa para Hospital de Pobres, que es San Martín, Hospital
de Canaria. (Marín de Cubas [1694] 1993:168-72)
1483.
Fernando Vello se disponía a recorrer la "Yslas" de Gran Canaria,
Madera "e otras yslas", cuando fue robado por armador vizcaíno,
"junto al Cabo de Sant Vicente de Lagos", navegando "por la mar
adelante". Habiendo partido de Sevilla, era evidente que navegaba hacia el
"ueste".
1483.
Tras dar por finalizada la invasión y conquista castellana la isla de Tamaránt
(Gran Canaria) en 1483 con el asentamiento europeo en la denominada villa de
Winiwuada (Las Palmas), Gáldar no pierde su rango anterior. El modelo antiguo
de doble jurisdicción -que tenía en Galdar la capitalidad insular de la
población canaria- pervive en gran medida añadiéndose por los invasores
castellanos a la jurisdicción de winiwuada (Las Palmas). Desde el mismo momento
de que la isla se estructura
tripartidamente según la costumbre castellana, quedando Wiwuada en Tamamránt
(Las Palmas de Gran Canaria) como cabecera administrativa, sede del Obispado de
la secta católica y del Cabildo castellano. Galdar y Telde figuraron como
cabeceras de las primeras demarcaciones eclesiásticas, con los beneficios más
antiguos, primera vara de alcaldía y justicia, escribanías, heredamientos,
distritos de repartimientos, etc.
1483.
En el verano hubo un levantamiento parcial de los guanches de Gran Canaria,
quienes ajusticiaron a algunos frailes, a los que arrojaron por el
risco del Lentiscal; probablemente a los dos dominicos que acompañaban a
Pedro de Vera: Fray Pedro de las Cañas y Fray Juan de Lebrija, encubridores de
los desmanes del capitán invasor.
1483.
Mientras se disponían los nefastos reyes católicos a enviar sus instrucciones
para la constitución definitiva de la futura colonia en la isla Tamaránt (Gran
Canaria), distribución de su suelo, abono de salarios, indemnización de
anticipos y recompensas a los mercenarios por servicios en tan ruda campaña a
costa del botín de guerra, el general invasor, de acuerdo con el obispo de la
secta católica, había dispuesto como una de las primeras necesidades de su
gobierno llevar inmediatamente a efecto la traslación de
Para
realizar un deseo tan unánimemente servido, el prelado envió sus poderes a
Sevilla con objeto de acordar con aquel cabildo metropolitano el plan capitular
de la diócesis, sus dignidades y canónigos y los estatutos que habían de
regirla.
Mientras
se elegía un sitio para levantar un templo más decente y capaz que aquella que
Derribáronse
las tapias que limitaban y defendían el Real de los invasores, dejando en pie
el torreón que servía de almacén a los pertrechos militares y como prevención
de posibles ataques de los canarios que continuaban alzados, y se trató de
constituir una asamblea municipal que cuidase de los intereses de la población
colona europea, procurase su adelanto y administrase los arbitrios que le fueran
asignados.
Recordaremos
que, cuando en febrero de 1480 se había firmado en Toledo la contrata o
En
virtud de estas amplias facultades y sintiendo Vera la urgencia de proveer
inmediatamente
de asamblea municipal ala naciente villa, determinó elegir entre los invasores
conquistadores y vecinos de más mérito doce regidores y dos jurados que
desempeñaran estos cargos con inteligencia, aplicación y probidad.
Después
de bien meditado, recayó su elección en las personas siguientes: Pedro García
de Santo Domingo, Fernando de Prado, Diego de Zorita, Francisco de Torquemada,
Francisco de Espinosa, Martín de Escalante, Alonso Jáimez de Sotomayor, Pedro
de Burgos, Juan de Siverio Mujica, Juan Malfante, Juan de Mayorga y Diego
Miguel.
Nombróse
de escribano de Cabildo al judío converso Gonzalo de Burgos y de causas a
Gonzalo Díaz de Valderas, de fiel ejecutor a Juan de Peñalosa, de jurados a
Rodrigo de
Organizado
de este modo el ayuntamiento de corte europeo, se procedió por el gobernador al
repartimiento de tierras y aguas
como botín de guerra, dividiendo en pequeñas suertes los terrenos de riego
constante y en mayores lotes las dehesas y ejidos y los prados sin agua,
reservando para el aprovechamiento común y pastos de los ganados los extensos
predios del centro y agrestes distritos del sur y oeste de la isla. Al hacer la
distribución tuvo en cuenta Vera la preferencia que todos concedían a los
conquistadores sobre los que venían a poblar, y la de los soldados de caballería
sobre los peones o infantes.
Tampoco
se olvidó de los principales indígenas, si bien con el secreto propósito de
alejarlos del país y enviarlos en tiempo oportuno a la conquista de La Palma y
Tenerife, cuya empresa solicitaba con empeño. Respecto a la clase plebeya y
trabajadora quedó bajo la vigilancia de los capitanes y propietarios, con el
fin aparente de adoctrinarlos en la religión y de enseñarles las prácticas
agrícolas, pero en realidad para mejor avasallarlos y reducirlos con el tiempo
a la condición de siervos.
Algunos
de los hidalgos que habían contribuido a la sumisión de la isla, al saber que
los reyes tenían ya decidida la conquista de Granada, impulsados por su odio a
los infieles y
Al
dar principio los nuevos pobladores a romper los terrenos, talar algunos bosques
y encauzar y recoger las aguas para destinarlas al riego periódico de los
nuevos predios, se pidió a Andalucía ya las islas de Madera, Gomera y
Lanzarote, cañas de azúcar, vides y árboles frutales de todas clases, buenas
semillas de cereales, con el ganado y ave del corral que no hubiese aún en el
país, donde encontraron desde luego un suelo admirablemente dispuesto para su
reproducción.
El
cultivo de la caña fue el primero que ocupó la atención de los colonos
agricultores. Levantáronse al efecto toscos ingenios, entre los cuales podemos
citar el de Pedro de Vera, en el mismo valle de Las Palmas a orillas del
riachuelo; el de Alonso Jáimez en las faldas de la montaña opuesta, donde
después se construyó el convento de San Francisco; habiendo al poco tiempo
otros en la costa de Lairaga, Arucas, Firgas y Gáldar y por la parte del sur en
Telde, Agüimes y Tirajana.
Reservóse
el general para solar de su casa la llanura que hoy ocupa la plaza y la
parroquia de Santo Domingo, y levantó a sus alrededores una ermita dedicada a
San Pedro Mártir, como recuerdo del 29 de abril.
Su
hijo Jorge de Vera, que luego fue canónigo de la Iglesia Catedral, tuvo casa
asimismo en la calle hoy llamada de San Marcial, que después fue destinada a
Hospital con el nombre de San Martín, dotándolo de buenas rentas sus
fundadores Tomás de Palenzuela hubo repartimientos
en Arucas, Tirajana y Sardina, y su hermano Alonso Rodríguez los tuvo en
Telde, en cuya extensa vega construyó tres ingenios, de los. cuales estaba uno
en el barrio de Los Llanos y lugar que hoy ocupa la parroquia de San Gregorio.
De estas tres fincas vendió la primera a Gonzalo de Jaraquemada, hidalgo que
había llegado de Lanzarote con el propósito de establecerse en Canaria; otra
enajenó a Cristóbal García del Castillo, vecino de Moguer, capitán
conquistador y fundador además de la iglesia de San Juan Bautista en aquella
localidad, y la tercera al poblador portugués Francisco de Matos. Estos
ingenios fueron con el tiempo progresando, mejorándose el cultivo de la caña y
la calidad del azúcar, cuyo codiciado producto venían a comprar a buenos
precios algunos traficantes europeos en buques que fondeaban en la rada de
Melenara.
El
fértil valle de Agaete fue cedido a Alonso
de Lugo, por sus valiosos servicios en la última campaña y
especialmente por la prisión del guanarteme. Allí también levantó ingenio y
plantó viña, utilizando como su residencia el castillo o casa fuerte de las
Nieves. Vendido después el valle para contribuir con su importe a los gastos de
las expediciones de La Palma y Tenerife al comerciante genovés Francisco de
Palomares, éste lo enajenó a su vez al español Zayas de Arellano, que aumentó
considerablemente su producción y riqueza.
Avecindáronse
en Gáldar muchos hidalgos invasores, colonos y conquistadores y algunos
canarios principales, especialmente de la familia del renegado converso Thenesor
Semidan (Fernando Guanarteme).
Descollaban
entre éstos la infanta doña Catalina, hija del rey Guayasen, casada con Hernán
Pérez de Guzmán, colono de origen toledano de la noble casa de Batres y
Alcubillete; su prima Margarita, hija de don Fernando Guanarteme, unida en
matrimonio con Miguel de Trejo Carvajal, y la princesa Tenesoya Vidina, llamada
Luisa en el bautismo por el rito católico y enlazada desde antes de la
conquista con Arriete Perdomo, de la casa y linaje del barón normando como
extensamente hemos consignado.
Creían
todos que la villa de Gáldar, corte de los guanartemes, seguiría siendo la
capital
1483
Enero. En los inicios del mes,
partió el sanguinario conquistador, Pedro
de Vera con lo más lucido de sus tropas, pasando por Arucas y la costa de
Lairaga, asentándose en Gáldar mientras esperaba a su cuerpo auxiliar de
gomeros comandados por Herrera que partían desde Agaete.
Es aquí donde
averigua Vera el punto exacto donde se encuentra el último baluarte de
resistencia, donde los rebeldes siguen fuertes al mando de Bentejuí, acompañados
del faicán de Telde y de la princesa Arminda, que además era muy respetada por
los canarios, por ser la heredera de Guayasen. El sitio, en concreto, es el
Bentaiga, un roque que destaca por una altura de sesenta metros sobre el sitio más
alto de la montaña de Tejeda, de magníficos acantilados de basalto, que la hacían
inexpugnable.
En la base,
donde descansa el roque, se encontraban cuevas grandes que demostraban lo
importante de este asentamiento indígena. Unos estrechos peldaños, hechos por
la mano del hombre, permitían peligrosamente acceder hasta la plataforma, donde
se celebraban ceremonias de culto por el rito de
En la cima se
encontraban los guerreros y valientes, que luchaban con su vida, para no
someterse a los bárbaros invasores. Luchar por la libertad, por la patria,
contra las vejaciones, el expolio y la esclavitud.
Los españoles
se mantuvieron fuera del alcance de piedra de los canarios y como tardaron
bastante en actuar, los guerreros isleños los increpaban desde las alturas,
haciéndoles ver que solo eran capaces de hacer la guerra montados a caballo.
Esto hizo, que algunos soldados se acercaran con tan poca prudencia como
inteligencia, ya que los enormes bloques que los canarios lanzaron por la
escarpada pendiente, los aplastaron en el acto.
Durante la noche los valientes guerreros guanches, dejaron en lo alto del cerro una fuerte hoguera que engañaría al enemigo, mientras ellos, se refugiaban en una zona entre Veneguera y Tazartico, acampando a lo alto de un fuerte parecido al Bentaiga, pero con sólo dos senderos, uno abierto desde el mar y el otro por tierra.
Pedro de Vera llamó a sus oficiales a consejo de guerra, y
teniendo muy en cuenta al traidor Guanarteme que conocía muy bien el terreno,
Vera decide que el ataque se resolverá desde dos frentes distintos, uno desde
la zona de mar, que sería comandado por Miguel de Mujica con trescientos
soldados vizcaínos y el de tierra, bajo el mando del propio Guanarteme con sus
deudos, quedándose Vera con el cuerpo de reserva y la caballería, favoreciendo
al grupo que se encontrara en peor situación.
Una de las cosas que habían decidido, era que el ataque por mar debería esperar hasta que el de tierra estuviera bastante adelantado. Pero Miguel de Mujica, estaba impaciente por acabar cuanto antes, muy seguro de que soldados de verdad podrían resolver la batalla. La situación de precaución, era a su entender, un sentimiento de debilidad o de pusilanimidad y comenzó a trepar por el cerro sin esperar la señal convenida.
Los canarios que los observaban se mantuvieron quietos y movidos por su astucia habitual, dejaron que la columna de soldados avanzara, hasta que entraron por un sendero, donde comenzaron a ir en fila india. Una fila de a un solo hombre, que cuando estuvo a mitad del cerro, se encontraron con los gritos y silbidos acostumbrados antes de que la lluvia de piedras, dardos y peñascos comenzara a golpearlos sin tener posibilidad de huir. Acabaron muchos de ellos muertos en el mar, mientras los otros se tropezaban entre ellos, cayendo y rodando por el precipicio. Cráneos destrozados, miembros mutilados y sangre, mucha sangre que corría por las laderas, y mientras, Vera, contemplaba desolado que no los podía socorrer sin caer en una muerte segura.
En este momento,
imploró y suplicó al traidor Guanarteme que hiciera algo, que intermediara
entre los isleños rebeldes.
Si ese día no
hubiera intercedido el Guanarteme sumiso, no se hubiera quedado nadie con vida y
la conquista hubiese dado un vuelco diferente. Ese día el faicán de Telde, le
dijo al traidor: “Guanarteme conoce este día y quítate de en medio, y
mataremos todos esos cristianos y quedaremos libres ustedes y nosotros, ven y
volverás a ser el rey de esta isla, vengando nuestras injurias”. Respondiéndole
Thenesor: “No quiero; que por cierto no haré nunca traición a lo que tengo
prometido”.
Aún así, los
alzados valerosos y bravos canarios, permitieron que los invasores recogieran a
sus muertos y heridos, dándoles tiempo a los bárbaros sanguinarios a volver a
rearmarse y seguir adelante con la conquista.
Doscientos
fueron los vizcaínos muertos ese memorable día de lucha por la libertad de la
patria, muriendo por las heridas contraídas en Gáldar, el propio Miguel de
Mujica, siendo la derrota más grande que se había infringido a los invasores
en Gran Canaria. (Faita 2006)
1483
Febrero 10. Pedro de Vera había planeado el ataque a los centros vitales de
los canarios a partir de dos bases: el Real de Las Palmas, inmediato al puerto
de Las Isletas y con agua sacada de los pozos cavados en el lecho del barranco
de Guiniguada, era evidentemente la base principal; además, un puesto avanzado
al otro lado de la zona más poblada de la Isla, en Agaete, donde el
conquistador improvisó en agosto septiembre de 1481 una torre fortificada, para
mejor ofender a los canarios. El cargo de capitán de esta torre era sin duda
difícil y penoso. Alonso de Lugo, en quien recayó el nombramiento, lo desempeñó
con indudable éxito, pues, ya por fuerza, ya por trato, redujo al más
prestigioso jefe canario, el Guanarteme de Gáldar, y lo llevó al Real de Las
Palmas. Sí, como consta, consiguió este resultado en 10 de febrero de 1483,
(*) poco antes de «ganarse» toda
Así
es como él mismo cuenta sus trabajos por boca de su procurador, en su alegato
de méritos; y, aun descontando las posibles ponderaciones, sin duda fue dura la
vida de los hombres destacados en aquel lugar aislado. Durante algún tiempo
acompañó a Lugo en el puesto Hernán Peraza, el señor de La Gomera, con un
contingente de sus vasallos, en condición de castigados uno y otros por la
muerte que habían dado a Juan Rejón, con ocasión de su recalada en la isla de
su señorío.
Los
méritos de Lugo le valieron la posesión de las tierras yaguas de Agaete, donde
tanto
Se
ha pensado en su viudez prematura, que sobrevino en fecha incierta; su
insaciable sed de poder así como su desmedida ambición, pero no hay que
olvidar tampoco el cambio de la situación política en Gran Canaria, después
de haber sido llamado Pedro de Vera a Castilla y de haberse presentado el juez
pesquisidor Maldonado, nombrado en 30 de marzo de 1491. Los amigos del
gobernador depuesto se quedaron en una posición falsa. Lugo pasó a la Corte,
según parece, mientras ésta se hallaba en Santa Fe donde coincidiría con
Cristóbal Colón y con Beatriz de Bobadilla, la señora viuda de La Gomera, y
aun con el ex -Guanarteme de Gáldar, cada uno con su pleito o pretensión, y no
sólo para obtener nuevas mercedes, sino aun para asegurar las que tenía
ganadas.
Sería
ésta su primera presentación ante los Reales Consejos y ante Sus Altezas, y
por cierto que no salió desairado: en 2 de febrero de 1492 se le confirmó la
real merced de sus bienes en Agaete, y meses después se le comisionó para la
conquista de La Palma -ya llamada entonces San Miguel de La Palma-, con varias
promesas para ayuda de costas, merced del quinto real de los cautivos y la mitad
de los que entretanto se hiciesen en Tenerife y Berbería, amén de un premio de
700.000 maravedís, caso de, terminarse la conquista antes de un año.
La
única relación que poseemos de esta empresa es la que proporciona Abréu
aalindo, cronista bien informado, pero que debe utilizarse, como siempre, con
precaución. Ahora sabemos que ignoró algunas circunstancias esenciales. La
ocupación de la Isla fue precedida por tratos llevados a cabo por los cabildos
secular y eclesiástico de aran Canaria, por mediación de una cautiva palmera,
Francisca de Gazmira, que se trasladó a su isla y regresó con un grupo de
jefes indígenas, que recibieron vestidos y el bautismo
Abréu
Galindo.
La
traición de que, según Abreu, fueron víctimas Tanausú y su gente, está
perfectamente dentro de los métodos políticos de Alonso de Lugo, según se
probó repetidamente en ocasiones posteriores. (Agustín Millares Torres;1977,
t.II:262-3). (*) La fecha precisa consta en las Cuentas
de la conquista de Gran Canaria que, extraídas del Archivo de Simancas, ha
publicado el Dr. Landero.
1483
Abril 29.
Los últimos canarios que resisten a las
tropas de la Corona de Castilla se rinden en la fortaleza natural de Ansite ante
la imposibilidad de seguir luchando por la independencia de Tamaránt (Gran
Canaria). Ante la rendición en masa de los pocos guerreros que aún mantenían
la lucha, Bentejuí, último guanarteme de la Isla, y el faycán de Telde, se
suicidan arrojándose al vacío desde las alturas de Ansite. Otros muchos
optaron por el suicidio antes de caer vivos en manos de las tropas mercenarias
castellanas. Con este triste pero heroico capítulo culminó la ocupación y
conquista de la Isla de Tamaránt (Gran Canaria) tras cinco años de guerra
continúa desigual y heroica defensa por parte de los canarios.
Los
invasores castellanos dan por hecho,
la ocupación de la isla de Tamaránt aunque esta no fue efectiva hasta que
La
mayoría de las crónicas -escritas naturalmente desde el punto de vista de
los vencedores- recogen un supuesto trato humanitario dado por los conquistadores
a los canarios vencidos, e incluso algunos se esfuerzan en resaltar una hipotética
política proteccionista por parte de las coronas de Castilla y León hacía los
indígenas, la realidad fue bien distinta, las primeras medidas tomadas por los
invasores fue la esclavización y venta en los mercados de esclavos de Sevilla,
Valencia o Mallorca, de gran parte del pueblo vencido, y la deportación masiva
de los naturales que por el hecho de haber asumido el cristianismo estaban teóricamente
fuera del alcance de los esclavistas tanto seglares como del clero católico,
aunque algún autor inducido de su buena fe o quizás pecando de ingenuo asume
que, “Si hay un hecho, algo que condicione y determine por sus consecuencias
históricas, en lo más profundo de su ser al actual pueblo canario; algo que
sea realmente su "Ethos" político actual, es el llamado "Pacto
de Calatayud" (30 de mayo de 1481). Firmado por Tenesor Semidán (Fernando
Guanarteme) y Fernando de Aragón, por medio del cual Canarias terminaría
integrándose como Reino, con una serie de condiciones y derechos que permitían
la pervivencia del pueblo y la Nación Canaria con sus características propias,
al conjunto de Reinos que formarían el Estado español. (Felipe Ross, Amaga)”
A continuación reproducimos unos documentos conservados en el Archivo de
Simancas, pertenecientes al Registro General del Sello, de los cuales se deduce
fácilmente que de haber existido algún tipo de tratado en igualdad de
condiciones como se empeñan en hacernos creer algunos autores, este tipo de
actuaciones por parte del país colonizador no hubiera sido tolerados ni
siquiera por el poder arbitral de la época que era el papado, por el contrario,
una buena parte del clero participó de los beneficios económico que producían
la venta de canarios como esclavos.
1483
Abril 29.
El traidor y converso Tenesor Semidán conversa con Guayarmina Semidán y
con Bentejuí en la fortaleza de Ansite, tras lo cual la descendiente de los
Semidán baja, y Bentejuí y el Faican de Telde se desriscan, sin que esté
constatado por ningún cronista la aparición de los cadáveres.
Grupos de Alzados se difuminan por las cumbres de Tmaránt, asentándose
en caseríos de difícil acceso para los invasores españoles.
1483 Abril 29. El Pendón Real de Gran Canaria fue, según parece, el que trajo el Obispo Juan de Frías. Era -y debe ser lo que queda- de tafetán blanco, con dos puntas en forma de «rabo de gallo» en la parte opuesta al asta y debió ser por delegación del Obispo Frías por lo que el Alférez Mayor de la Conquista, Alonso Jaimez de Sotomayor, dio los gritos de ritual, tanto en las altas cumbres de la isla en los instantes de la rendición efectiva, como el 29 de abril de 1483, al efectuarse la simbólica entrega, en la Villa del Real, de Guayarmina, la heredera de los Reyes y Señores de la Isla, a quien acompañaban sus leales, ceremonia en la cual, forzosamente, habrían de alzarse pendones por los nefastos Reyes de Castilla.