EFEMÉRIDES DE LA NACIÓN CANARIA

UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS

CAPITULO III (III)

PERIODO COLONIAL, DÉCADA 1481-1490

 

Guayre Adarguma *

 

1483. Después del mes de Junio envió Pedro de Vera recado á D. Fernando Guadartheme, que hiciese venir á su sobrina, con los demás nobles sus parientes, al Real, á entregarse como estaba pactado; y luego dieron orden de traerla desde Tirajana por Telde, sin que viniese con ella ningún cristiano español; traíanla en hombros de cuatro capitanes nobles, de cabello largo y rubio, en una andas de palo á modo de parihuelas, sentada, vestida de gamuza á modo de badanas ó pieles adobadas, de color acanelado; venían delante de las andas cuatro capitanes con capotillos de badana llamados tamarcos, braguillas de junco, majos en los pies y guapiletes en la cabeza, y lo demás desnudo; al lado de las andas, algo hacia atrás, dos tíos suyos Faisajes, y después se seguía un grande acompañamiento de hombres todos que servían de traer las andas á remuda. Salió Pedro de Vera con mucha gente al recibimiento, y ellos hicieron su entrega por medio de la lengua ó intérprete, diciendo que allí venía la Señora de toda la tierra, heredera única y legítima hija de su señor Guanartemy Guanachy Semidan, legítimo dueño y señor de la verdadera línea y sucesión de dominio y señorío de la tierra; y que ella hacía entrega voluntaria, y todos sus tíos y parientes que allí venían, gobernadores de la tierra, en nombre y debajo de la palabra de su señor muy poderoso y católico Rey D. Fernando entregaba su persona y personas al Capitán Mayor de los cristianos que allí presente se halla que es Pedro de Vera, del Rey de Castilla y León. Pedro de Vera y demás caballeros la recibieron á pie, y fue abrazando á todos con mucho cariño; traían todos los canarios el cabello suelto por las espaldas, y la Señora Arminda, que los españoles llamaron Almendrabella, traía vestido un ropón de gamuza con medias mangas hasta la sangraqera y largo hasta los pies, y zapatos de lo mismo pespuntados, y vestía una tunicela debajo de la ropa con cuerpo de jubón á modo de justillo, de más delgada badana; era el cabello largo y rubio, aderezado con arte, y en él puestas algunas cosas de tocado que le habían dado á uso de España; y el faldellín pintado á colores; tendría veinte años, era gruesa y más de mediano cuerpo, robusta, el color algo moreno, ojos grandes y vivos y el rostro algo alegre y celebrada de hermosura, la boca algo larga, la nariz pequeña, algo anchas las ventanas, el cuello redondo y crecida de pechos.

 

Después que se hubieron adelantado del lado de las andas los dos Faisajes é hicieron entrega de su Señora y los demás pidieron que se encomendase á persona noble, y ellos pidieron que fuese en casa de Francisco de Mayorga con su mujer Juana de Bolaños, que allí estuvo con otras españolas y Pedro de Vera la prometió y juró hacerlo así como todos lo pedían, aunque estuvo siempre á su cuidado y al del Obispo ella fue muy bien recibida y siempre correspondió agradecida al cariño de todos tenía ingenio y discreción, fue cristiana, que luego la prometió de ser llamóse Doña Catalina de quadarthemy, fue su padrino Rodrigo de Vera, hijo de Pedro de Vera, y Francisco Mayorga y su mujer la madrina echóle el agua el Obispo D. Juan de Frías decíale esta Señora á las canarias que aquella era vida de hombres y la que tenían primero era de brutos y fieras salvajes fue casada con un capitán de infantería, D. Ramiro Guzmán, andaluz pasaron á la conquista de Thenerife, no tuvo sucesión él murió de repente, que se presumió ser violentamente. Casaron con españoles otras primas ó parientes de esta Señora. Una hija de Vtindana, hermano de quanache, que se llamó Juana quadartheme casó con Francisco de Cabrejas y tuvo sucesión en Gáldar, otra prima, hija del Faisaje tuerto de Tara en Telde, hermano de su madre, se llamó María Guadartheme y casó con Juan Delgado que pasó á Tenerife y tuvo sucesión y otras á este modo, que hubo por línea femenina, donde feneció la generación de los canarios: El Obispo cuidaba con grande celo del regalo de los canarios así viejos, niños, como hombres y mujeres, dándoles de comer y reparos de vestir con liberal mano, que todos la aclamaban como Padre y Santo Prelado, por ser ejemplar su vida siempre.

 

Diose luego cuenta de todo á España, de que Sus Altezas tuvieron mucho gusto del reducimiento de los canarios y de su buen estado. Envió Pedro de Vera á la isla de la Madera á buscar plantas de todos frutales, hierbas de olor, flores de recreo y animales mayores y menores, que de todo se ha dado bien al mismo modo que en España, sin diferencial de la Gomera se trajeron perdices y conejos que había criado y traído de África Sancho Herrera el Viejo, de un coto de venados y montería que allí tenía repartiéronse entre los vecinos algunos granos para sembrar, que acudían largamente en su multiplicación viniéronse algunas, y después muchas familias á vivir, repartiéronse en los campos y lugares, plantando caña de azúcar, parras, árboles, sacando acequias, haciendo albercas, molinos de agua, ingenios de azúcar, hasta que enviase S.M. la Cédula de Repartimiento, que todos esperaban por el debido premio y pago de sus servicios.

 

Demás de los hidalgos aventureros que sirvieron sin sueldo, hubo muchos que con sus personas, armas, caballos y maravedíes sirvieron á S.M. fueron el factor Miguel de Mujica, que nombró por heredero á su pariente Juan Siverio que cobró toda su parte. El capitán Palencia, con cinco hijos, sirvió con peones pagados, sus personas, armas y préstamos; murió en la conquista él y tres hijos; cobraron los dos, Tomás de Palencia y Alonso Rodríguez de Palencia; y otros que faltan á la memoria. De Lanzarote vino Santa Gadea, francés, que trajo caudal, que casó una hija con Francisco Martel, francés, vecino de Lanzarote, que sucedió en el mayorazgo de Arucas, que fue de uno de los Palencias.

 

Sirvieron sin sueldo tres hijos del Gobernador Pedro de Vera, Fernando, Rodrigo y Martín de Vera, que dejó su casa para Hospital de Pobres, que es San Martín, Hospital de Canaria. (Marín de Cubas [1694] 1993:168-72)

 

1483. Fernando Vello se disponía a recorrer la "Yslas" de Gran Canaria, Madera "e otras yslas", cuando fue robado por armador vizcaíno, "junto al Cabo de Sant Vicente de Lagos", navegando "por la mar adelante". Habiendo partido de Sevilla, era evidente que navegaba hacia el "ueste".

1483. Tras dar por finalizada la invasión y conquista castellana la isla de Tamaránt (Gran Canaria) en 1483 con el asentamiento europeo en la denominada villa de Winiwuada (Las Palmas), Gáldar no pierde su rango anterior. El modelo antiguo de doble jurisdicción -que tenía en Galdar la capitalidad insular de la población canaria- pervive en gran medida añadiéndose por los invasores castellanos a la jurisdicción de winiwuada (Las Palmas). Desde el mismo momento de que la  isla se estructura tripartidamente según la costumbre castellana, quedando Wiwuada en Tamamránt (Las Palmas de Gran Canaria) como cabecera administrativa, sede del Obispado de la secta católica y del Cabildo castellano. Galdar y Telde figuraron como cabeceras de las primeras demarcaciones eclesiásticas, con los beneficios más antiguos, primera vara de alcaldía y justicia, escribanías, heredamientos, distritos de repartimientos, etc.

1483. En el verano hubo un levantamiento parcial de los guanches de Gran Canaria, quienes ajusticiaron a algunos frailes, a los que arrojaron por el  risco del Lentiscal; probablemente a los dos dominicos que acompañaban a Pedro de Vera: Fray Pedro de las Cañas y Fray Juan de Lebrija, encubridores de los desmanes del capitán invasor.

 

1483. Mientras se disponían los nefastos reyes católicos a enviar sus instrucciones para la constitución definitiva de la futura colonia en la isla Tamaránt (Gran Canaria), distribución de su suelo, abono de salarios, indemnización de anticipos y recompensas a los mercenarios por servicios en tan ruda campaña a costa del botín de guerra, el general invasor, de acuerdo con el obispo de la secta católica, había dispuesto como una de las primeras necesidades de su gobierno llevar inmediatamente a efecto la traslación de la Catedral de Rubicón a Winiwuada (Las Palmas,) en virtud de la bula expedida en 25 de agosto de 1435, pues de este modo adquiría la nueva población europea una gran importancia.

 

Para realizar un deseo tan unánimemente servido, el prelado envió sus poderes a Sevilla con objeto de acordar con aquel cabildo metropolitano el plan capitular de la diócesis, sus dignidades y canónigos y los estatutos que habían de regirla.

 

Mientras se elegía un sitio para levantar un templo más decente y capaz que aquella que estaba en la plaza de San Antón, se dio principio al trazado de algunas calles inmediatas al lugar que había servido de punto central al campamento de los invasores, extendiéndolas por la llanura, limpia ya de palmeras, árboles y maleza, en líneas curvas, angulosas e irregulares, como era costumbre en las poblaciones moriscas de Andalucía.

 

Derribáronse las tapias que limitaban y defendían el Real de los invasores, dejando en pie el torreón que servía de almacén a los pertrechos militares y como prevención de posibles ataques de los canarios que continuaban alzados, y se trató de constituir una asamblea municipal que cuidase de los intereses de la población colona europea, procurase su adelanto y administrase los arbitrios que le fueran asignados.

 

Recordaremos que, cuando en febrero de 1480 se había firmado en Toledo la contrata o convenio bajo cuyas bases se enviaba a Canaria a Pedro de Vera, (ver efemérides de 1480 Febrero 24) se había al mismo tiempo expedido otra Real Cédula en la que Sus Altezas, dirigiéndose al nuevo gobernador, le decían: «A vos Pedro de Vera, nuestro Gobernador e capitán e Alcaide de la isla de Gran Canaria, salud e gracia. Sépades que Nos habernos sido informados que algunos caballeros, escuderos e marineros e otras personas, ansí de las que están en la dicha isla, como otras que agora van o fueren de aquí adelante, quieren vivir e morar en la dicha isla e fazer su asiento en ella con sus mugeres e hijos e sin ellos; e porque la dicha isla mejor se pueda poblar e pueble, e hayan más gana las tales personas de vivir en ella, según dicho es, y tengan de qué se puedan substentar e mantener. Por ende, Nos vos mandamos que repartades todos los exidos y dehesas y heedamientos de la dicha isla entre los caballeros e escuderos e marineros e otras personas que en la dicha isla están e estovieren y en ella quisieren vivir e morar, dando a cada uno aquello que veredes que, según su merecimiento e estado, ovieren de menester, e asimesmo para que podades entre las tales personas de nuevo nombrar e elegir oficios de Regimiento e Jurados e otros oficios, que viéredes son necesarios en la dicha isla, para que sean cadañeros  o por vida o perpetuos e de la manera que a vos bien visto fuere, no embargante, que cualesquier personas tengan los dichos oficios por autoridad de cualesquier personas e dellos hayan sido proveídos, salvo si las tales personas han sido proveídas de los dichos oficios por Nos o por cualquier de Nos, e ansí para fazer el dicho repartimiento de los dichos heredamientos, como para proveer de los dichos oficios, por esta nuestra Carta vos damos poder cumplido con todas sus incidencias e dependencias emergencias, anexidades y conexidades, no embargante cualesquier cartas e poderes, que cerca del repartimiento de las dichas tierras e términos e de nombramientos de los dichos oficios Nos o cualquier de Nos habernos dado e mandado dar a otras personas, las cuales por esta nuestra carta revocamos e inhibimos y damos por ningunos y de ningún valor ni efecto. e los unos ni los otros no fagades ni fagan ende al por ninguna manera, so pena de la nuestra merced e de 10.000 maravedises para la nuestra Cámara; e demás mandamos al ome que vos esta nuestra carta mostrare, que vos emplaze que parescades ante Nos en la nuestra Corte doquier que Nos seamos del día que vos emplazare en 15 días primeros siguientes so la dicha pena, so la cual mandamos al ome que vos o cualquier escribano público, que para esto fuere llamado, que de ende, al que vos la mostrare testimoniada con su signo, porque Nos sepamos como se cumple nuestro mandado. Dado en la muy noble Cibdad de Toledo a 4 días de Hebrero, año del nacimiento de Nuestro Señor Jesuschristo de mill e cuatrocientos e ochenta años.- Yo el Rey .~ Yo la Reyna.- Yo Pedro Camañas, secretario del Rey e de la Reyna nuestros Señores, la fize escrebir por su mandado acordado. Registrada. Alonso González, Diego Vázquez, Canciller.

 

En virtud de estas amplias facultades y sintiendo Vera la urgencia de proveer inmediatamente de asamblea municipal ala naciente villa, determinó elegir entre los invasores conquistadores y vecinos de más mérito doce regidores y dos jurados que desempeñaran estos cargos con inteligencia, aplicación y probidad.

 

Después de bien meditado, recayó su elección en las personas siguientes: Pedro García de Santo Domingo, Fernando de Prado, Diego de Zorita, Francisco de Torquemada, Francisco de Espinosa, Martín de Escalante, Alonso Jáimez de Sotomayor, Pedro de Burgos, Juan de Siverio Mujica, Juan Malfante, Juan de Mayorga y Diego Miguel.

 

Nombróse de escribano de Cabildo al judío converso Gonzalo de Burgos y de causas a Gonzalo Díaz de Valderas, de fiel ejecutor a Juan de Peñalosa, de jurados a Rodrigo de la Fuente y al mismo Valderas, de alguacil a Juan Mayor y de pregonero al trompeta Juan Francés.

 

Organizado de este modo el ayuntamiento de corte europeo, se procedió por el gobernador al repartimiento de tierras y  aguas como botín de guerra, dividiendo en pequeñas suertes los terrenos de riego constante y en mayores lotes las dehesas y ejidos y los prados sin agua, reservando para el aprovechamiento común y pastos de los ganados los extensos predios del centro y agrestes distritos del sur y oeste de la isla. Al hacer la distribución tuvo en cuenta Vera la preferencia que todos concedían a los conquistadores sobre los que venían a poblar, y la de los soldados de caballería sobre los peones o infantes.

 

Tampoco se olvidó de los principales indígenas, si bien con el secreto propósito de alejarlos del país y enviarlos en tiempo oportuno a la conquista de La Palma y Tenerife, cuya empresa solicitaba con empeño. Respecto a la clase plebeya y trabajadora quedó bajo la vigilancia de los capitanes y propietarios, con el fin aparente de adoctrinarlos en la religión y de enseñarles las prácticas agrícolas, pero en realidad para mejor avasallarlos y reducirlos con el tiempo a la condición de siervos.

 

Algunos de los hidalgos que habían contribuido a la sumisión de la isla, al saber que los reyes tenían ya decidida la conquista de Granada, impulsados por su odio a los infieles y por el afán caballeresco de correr siempre aventuras y contribuir a la independencia de la patria, volvieron a España, regresando con ellos las compañías mercenarios de la Santa Hermandad que a sueldo del estado había conducido Mujica en su última expedición.

 

Al dar principio los nuevos pobladores a romper los terrenos, talar algunos bosques y encauzar y recoger las aguas para destinarlas al riego periódico de los nuevos predios, se pidió a Andalucía ya las islas de Madera, Gomera y Lanzarote, cañas de azúcar, vides y árboles frutales de todas clases, buenas semillas de cereales, con el ganado y ave del corral que no hubiese aún en el país, donde encontraron desde luego un suelo admirablemente dispuesto para su reproducción.

 

El cultivo de la caña fue el primero que ocupó la atención de los colonos agricultores. Levantáronse al efecto toscos ingenios, entre los cuales podemos citar el de Pedro de Vera, en el mismo valle de Las Palmas a orillas del riachuelo; el de Alonso Jáimez en las faldas de la montaña opuesta, donde después se construyó el convento de San Francisco; habiendo al poco tiempo otros en la costa de Lairaga, Arucas, Firgas y Gáldar y por la parte del sur en Telde, Agüimes y Tirajana.

 

Reservóse el general para solar de su casa la llanura que hoy ocupa la plaza y la parroquia de Santo Domingo, y levantó a sus alrededores una ermita dedicada a San Pedro Mártir, como recuerdo del 29 de abril.

 

Su hijo Jorge de Vera, que luego fue canónigo de la Iglesia Catedral, tuvo casa asimismo en la calle hoy llamada de San Marcial, que después fue destinada a Hospital con el nombre de San Martín, dotándolo de buenas rentas sus  fundadores Tomás de Palenzuela hubo repartimientos  en Arucas, Tirajana y Sardina, y su hermano Alonso Rodríguez los tuvo en Telde, en cuya extensa vega construyó tres ingenios, de los. cuales estaba uno en el barrio de Los Llanos y lugar que hoy ocupa la parroquia de San Gregorio. De estas tres fincas vendió la primera a Gonzalo de Jaraquemada, hidalgo que había llegado de Lanzarote con el propósito de establecerse en Canaria; otra enajenó a Cristóbal García del Castillo, vecino de Moguer, capitán conquistador y fundador además de la iglesia de San Juan Bautista en aquella localidad, y la tercera al poblador portugués Francisco de Matos. Estos ingenios fueron con el tiempo progresando, mejorándose el cultivo de la caña y la calidad del azúcar, cuyo codiciado producto venían a comprar a buenos precios algunos traficantes europeos en buques que fondeaban en la rada de Melenara.

 

El fértil valle de Agaete fue cedido a  Alonso  de Lugo, por sus valiosos servicios en la última campaña y especialmente por la prisión del guanarteme. Allí también levantó ingenio y plantó viña, utilizando como su residencia el castillo o casa fuerte de las Nieves. Vendido después el valle para contribuir con su importe a los gastos de las expediciones de La Palma y Tenerife al comerciante genovés Francisco de Palomares, éste lo enajenó a su vez al español Zayas de Arellano, que aumentó considerablemente su producción y riqueza.

 

Avecindáronse en Gáldar muchos hidalgos invasores, colonos y conquistadores y algunos canarios principales, especialmente de la familia del renegado converso Thenesor Semidan (Fernando Guanarteme).

 

Descollaban entre éstos la infanta doña Catalina, hija del rey Guayasen, casada con Hernán Pérez de Guzmán, colono de origen toledano de la noble casa de Batres y Alcubillete; su prima Margarita, hija de don Fernando Guanarteme, unida en matrimonio con Miguel de Trejo Carvajal, y la princesa Tenesoya Vidina, llamada Luisa en el bautismo por el rito católico y enlazada desde antes de la conquista con Arriete Perdomo, de la casa y linaje del barón normando como extensamente hemos consignado.

 

Creían todos que la villa de Gáldar, corte de los guanartemes, seguiría siendo la capital de la isla; y ya fuese por esa circunstancia o por la fertilidad del suelo y pureza del aire, resultó que se agruparon en aquella localidad muchas familias, obteniendo que el reparto de sus terrenos tuviese lugar en aquellos alrededores.

   

1483 Enero. En los inicios del mes, partió el sanguinario conquistador,  Pedro de Vera con lo más lucido de sus tropas, pasando por Arucas y la costa de Lairaga, asentándose en Gáldar mientras esperaba a su cuerpo auxiliar de gomeros comandados por Herrera que partían desde Agaete.

Es aquí donde averigua Vera el punto exacto donde se encuentra el último baluarte de resistencia, donde los rebeldes siguen fuertes al mando de Bentejuí, acompañados del faicán de Telde y de la princesa Arminda, que además era muy respetada por los canarios, por ser la heredera de Guayasen. El sitio, en concreto, es el Bentaiga, un roque que destaca por una altura de sesenta metros sobre el sitio más alto de la montaña de Tejeda, de magníficos acantilados de basalto, que la hacían inexpugnable.

En la base, donde descansa el roque, se encontraban cuevas grandes que demostraban lo importante de este asentamiento indígena. Unos estrechos peldaños, hechos por la mano del hombre, permitían peligrosamente acceder hasta la plataforma, donde se celebraban ceremonias de culto por el rito de la Iglesia del Pueblo Guanche, y en aquel momento, donde también hacía las veces de lugar de encuentro para debatir la defensa de la patria.

En la cima se encontraban los guerreros y valientes, que luchaban con su vida, para no someterse a los bárbaros invasores. Luchar por la libertad, por la patria, contra las vejaciones, el expolio y la esclavitud.

Los españoles se mantuvieron fuera del alcance de piedra de los canarios y como tardaron bastante en actuar, los guerreros isleños los increpaban desde las alturas, haciéndoles ver que solo eran capaces de hacer la guerra montados a caballo. Esto hizo, que algunos soldados se acercaran con tan poca prudencia como inteligencia, ya que los enormes bloques que los canarios lanzaron por la escarpada pendiente, los aplastaron en el acto.

Durante la noche los valientes guerreros guanches, dejaron en lo alto del cerro una fuerte hoguera que engañaría al enemigo, mientras ellos, se refugiaban en una zona entre Veneguera y Tazartico, acampando a lo alto de un fuerte parecido al Bentaiga, pero con sólo dos senderos, uno abierto desde el mar y el otro por tierra.

Pedro de Vera llamó a sus oficiales a consejo de guerra, y teniendo muy en cuenta al traidor Guanarteme que conocía muy bien el terreno, Vera decide que el ataque se resolverá desde dos frentes distintos, uno desde la zona de mar, que sería comandado por Miguel de Mujica con trescientos soldados vizcaínos y el de tierra, bajo el mando del propio Guanarteme con sus deudos, quedándose Vera con el cuerpo de reserva y la caballería, favoreciendo al grupo que se encontrara en peor situación.

Una de las cosas que habían decidido, era que el ataque por mar debería esperar hasta que el de tierra estuviera bastante adelantado. Pero Miguel de Mujica, estaba impaciente por acabar cuanto antes, muy seguro de que soldados de verdad podrían resolver la batalla. La situación de precaución, era a su entender, un sentimiento de debilidad o de pusilanimidad y comenzó a trepar por el cerro sin esperar la señal convenida.

Los canarios que los observaban se mantuvieron quietos y movidos por su astucia habitual, dejaron que la columna de soldados avanzara, hasta que entraron por un sendero, donde comenzaron a ir en fila india. Una fila de a un solo hombre, que cuando estuvo a mitad del cerro, se encontraron con los gritos y silbidos acostumbrados antes de que la lluvia de piedras, dardos y peñascos comenzara a golpearlos sin tener posibilidad de huir. Acabaron muchos de ellos muertos en el mar, mientras los otros se tropezaban entre ellos, cayendo y rodando por el precipicio. Cráneos destrozados, miembros mutilados y sangre, mucha sangre que corría por las laderas, y mientras, Vera, contemplaba desolado que no los podía socorrer sin caer en una muerte segura.

En este momento, imploró y suplicó al traidor Guanarteme que hiciera algo, que intermediara entre los isleños rebeldes.

Si ese día no hubiera intercedido el Guanarteme sumiso, no se hubiera quedado nadie con vida y la conquista hubiese dado un vuelco diferente. Ese día el faicán de Telde, le dijo al traidor: “Guanarteme conoce este día y quítate de en medio, y mataremos todos esos cristianos y quedaremos libres ustedes y nosotros, ven y volverás a ser el rey de esta isla, vengando nuestras injurias”. Respondiéndole Thenesor: “No quiero; que por cierto no haré nunca traición a lo que tengo prometido”.

Aún así, los alzados valerosos y bravos canarios, permitieron que los invasores recogieran a sus muertos y heridos, dándoles tiempo a los bárbaros sanguinarios a volver a rearmarse y seguir adelante con la conquista.

Doscientos fueron los vizcaínos muertos ese memorable día de lucha por la libertad de la patria, muriendo por las heridas contraídas en Gáldar, el propio Miguel de Mujica, siendo la derrota más grande que se había infringido a los invasores en Gran Canaria. (Faita 2006)

1483 Febrero 10. Pedro de Vera había planeado el ataque a los centros vitales de los canarios a partir de dos bases: el Real de Las Palmas, inmediato al puerto de Las Isletas y con agua sacada de los pozos cavados en el lecho del barranco de Guiniguada, era evidentemente la base principal; además, un puesto avanzado al otro lado de la zona más poblada de la Isla, en Agaete, donde el conquistador improvisó en agosto septiembre de 1481 una torre fortificada, para mejor ofender a los canarios. El cargo de capitán de esta torre era sin duda difícil y penoso. Alonso de Lugo, en quien recayó el nombramiento, lo desempeñó con indudable éxito, pues, ya por fuerza, ya por trato, redujo al más prestigioso jefe canario, el Guanarteme de Gáldar, y lo llevó al Real de Las Palmas. Sí, como consta, consiguió este resultado en 10 de febrero de 1483, (*) poco antes de «ganarse» toda la Isla , esto significa que había precedido más de un año de dura lucha: «Hizo una fortaleza donde cada día peleaban, e fue muchas veces herido e sufrió muchos trabajos e hambres e muerte de criados y parientes e otras personas e muchas afrentas e peligros, hasta llegalle a poner fuego a la torre e pegárselo e desanparar la torre por temor del fuego e salir a pelear al canpo» .

 

Así es como él mismo cuenta sus trabajos por boca de su procurador, en su alegato de méritos; y, aun descontando las posibles ponderaciones, sin duda fue dura la vida de los hombres destacados en aquel lugar aislado. Durante algún tiempo acompañó a Lugo en el puesto Hernán Peraza, el señor de La Gomera, con un contingente de sus vasallos, en condición de castigados uno y otros por la muerte que habían dado a Juan Rejón, con ocasión de su recalada en la isla de su señorío.

 

Los méritos de Lugo le valieron la posesión de las tierras yaguas de Agaete, donde tanto había penado; y allí se dedicó al cultivo de la caña dulce, con ingenio propio. Allí trajo luego a su mujer e hijos y debió vivir años felices, mientras conservaba la alcaidía de la torre y el favor del gobernador Pedro de Vera. Pero no habían pasado diez años de esta-vida de próspero hacendado colonial -Alonso de Lugo tendría sus esclavos, no sabemos de qué nación o procedencia-, cuando ya resolvía cambiar aquella vida por nuevas y más ambiciosas aventuras. Varias razones debieron de intervenir en su decisión.

 

Se ha pensado en su viudez prematura, que sobrevino en fecha incierta; su insaciable sed de poder así como su desmedida ambición, pero no hay que olvidar tampoco el cambio de la situación política en Gran Canaria, después de haber sido llamado Pedro de Vera a Castilla y de haberse presentado el juez pesquisidor Maldonado, nombrado en 30 de marzo de 1491. Los amigos del gobernador depuesto se quedaron en una posición falsa. Lugo pasó a la Corte, según parece, mientras ésta se hallaba en Santa Fe donde coincidiría con Cristóbal Colón y con Beatriz de Bobadilla, la señora viuda de La Gomera, y aun con el ex -Guanarteme de Gáldar, cada uno con su pleito o pretensión, y no sólo para obtener nuevas mercedes, sino aun para asegurar las que tenía  ganadas.

 

Sería ésta su primera presentación ante los Reales Consejos y ante Sus Altezas, y por cierto que no salió desairado: en 2 de febrero de 1492 se le confirmó la real merced de sus bienes en Agaete, y meses después se le comisionó para la conquista de La Palma -ya llamada entonces San Miguel de La Palma-, con varias promesas para ayuda de costas, merced del quinto real de los cautivos y la mitad de los que entretanto se hiciesen en Tenerife y Berbería, amén de un premio de 700.000 maravedís, caso de, terminarse la conquista antes de un año.

 

La única relación que poseemos de esta empresa es la que proporciona Abréu aalindo, cronista bien informado, pero que debe utilizarse, como siempre, con precaución. Ahora sabemos que ignoró algunas circunstancias esenciales. La ocupación de la Isla fue precedida por tratos llevados a cabo por los cabildos secular y eclesiástico de aran Canaria, por mediación de una cautiva palmera, Francisca de Gazmira, que se trasladó a su isla y regresó con un grupo de jefes indígenas, que recibieron vestidos y el bautismo en el Real de Las Palmas. En septiembre de 1492, cuando se presentó en Tazacorte, Alonso de Lugo contó desde el primer momento con dos de los principales bandos, de los doce que se repartían la Isla. Uno de ellos, el de Aridane al parecer, aceptó la conversión religiosa, y el otro, cuando menos, la sumisión al enviado de los Reyes. El resto de la Isla siguió el mismo camino, con escasa resistencia, gracias a las gestiones de los jefes ya sumisos. Sólo el cantón o bando de Eceró, centrado en lo que luego ha sido llamado La Caldera,  con su caudillo Tanausú, tuvo que ser reducido por traición, ya que el tiempo urgía y el intento de forzar la entrada de aquellos pasos resultó impracticable. El indomable caudillo se dejó morir de hambre, al ser conducido a Castilla. En un documento se acusa a Lugo de haber dado muerte a «una Tamanca, cabeza de tres bandos», hecho que no podemos interpretar a base del relato de

Abréu Galindo.

 

La traición de que, según Abreu, fueron víctimas Tanausú y su gente, está perfectamente dentro de los métodos políticos de Alonso de Lugo, según se probó repetidamente en ocasiones posteriores. (Agustín Millares Torres;1977, t.II:262-3). (*) La fecha precisa consta en las Cuentas de la conquista de Gran Canaria que, extraídas del Archivo de Simancas, ha publicado el Dr. Landero.

 

1483 Abril 29. Los últimos canarios que resisten a las tropas de la Corona de Castilla se rinden en la fortaleza natural de Ansite ante la imposibilidad de seguir luchando por la independencia de Tamaránt (Gran Canaria). Ante la rendición en masa de los pocos guerreros que aún mantenían la lucha, Bentejuí, último guanarteme de la Isla, y el faycán de Telde, se suicidan arrojándose al vacío desde las alturas de Ansite. Otros muchos optaron por el suicidio antes de caer vivos en manos de las tropas mercenarias castellanas. Con este triste pero heroico capítulo culminó la ocupación y conquista de la Isla de Tamaránt (Gran Canaria) tras cinco años de guerra continúa desigual y heroica defensa por parte de los canarios.

 

Los invasores castellanos dan por  hecho, la ocupación de la isla de Tamaránt aunque esta no fue efectiva hasta que la Princesa Arminda (conocida por los invasores como Almendrabella)  fue entregada de manera previamente pactada con los invasores en un pre-acuerdo, tal como recoge el historiador don Tomás Marín de Cubas: “[...] Bajaron del peñón de Ansite todos los nobles canarios de cabello largo y rubio, sin armas, acompañados de Guadartheme, rendidos ante Pedro de Vera, dando la obediencia al Rey de Castilla en su nombre y de la Señora, única heredera de toda la tierra, hija única de matrimonio, del legítimo y verdadero señor Guanache Semidán, tío del Guadartheme y otros Gaires y Faisajes, que ellos daban su palabra de llevarla á entregar al Real de Las Palmas en cogiendo sus panes, que sería después de San Juan. Mucho insistió Pedro de Vera que viniese luego, más llevóse en rehenes consigo ciento sesenta canarios de los más esforzados y que asistiese con Guadartheme y se fuesen a vivir a Gáldar.” (Marín de Cubas, [1.694] 1.993:165)

 

La mayoría de las crónicas -escritas naturalmente desde el punto de vista de los vencedores- recogen un supuesto trato humanitario dado por los conquistadores a los canarios vencidos, e incluso algunos se esfuerzan en resaltar una hipotética política proteccionista por parte de las coronas de Castilla y León hacía los indígenas, la realidad fue bien distinta, las primeras medidas tomadas por los invasores fue la esclavización y venta en los mercados de esclavos de Sevilla, Valencia o Mallorca, de gran parte del pueblo vencido, y la deportación masiva de los naturales que por el hecho de haber asumido el cristianismo estaban teóricamente fuera del alcance de los esclavistas tanto seglares como del clero católico, aunque algún autor inducido de su buena fe o quizás pecando de ingenuo asume que, “Si hay un hecho, algo que condicione y determine por sus consecuencias históricas, en lo más profundo de su ser al actual pueblo canario; algo que sea realmente su "Ethos" político actual, es el llamado "Pacto de Calatayud" (30 de mayo de 1481). Firmado por Tenesor Semidán (Fernando Guanarteme) y Fernando de Aragón, por medio del cual Canarias terminaría integrándose como Reino, con una serie de condiciones y derechos que permitían la pervivencia del pueblo y la Nación Canaria con sus características propias, al conjunto de Reinos que formarían el Estado español. (Felipe Ross, Amaga)”

 
A continuación reproducimos unos documentos conservados en el Archivo de Simancas, pertenecientes al Registro General del Sello, de los cuales se deduce fácilmente que de haber existido algún tipo de tratado en igualdad de condiciones como se empeñan en hacernos creer algunos autores, este tipo de actuaciones por parte del país colonizador no hubiera sido tolerados ni siquiera por el poder arbitral de la época que era el papado, por el contrario, una buena parte del clero participó de los beneficios económico que producían la venta de canarios como esclavos.

 

1483 Abril 29.  El traidor y converso Tenesor Semidán conversa con Guayarmina Semidán y con Bentejuí en la fortaleza de Ansite, tras lo cual la descendiente de los Semidán baja, y Bentejuí y el Faican de Telde se desriscan, sin que esté constatado por ningún cronista la aparición de los cadáveres.  Grupos de Alzados se difuminan por las cumbres de Tmaránt, asentándose en caseríos de difícil acceso para los invasores españoles.

 

1483 Abril 29. El Pendón Real de Gran Canaria fue, según parece, el que trajo el Obispo Juan de Frías. Era -y debe ser lo que queda- de tafetán blanco, con dos puntas en forma de «rabo de gallo» en la parte opuesta al asta y debió ser por delegación del Obispo Frías por lo que el Alférez Mayor de la Conquista, Alonso Jaimez de Sotomayor, dio los gritos de ritual, tanto en las altas cumbres de la isla en los instantes de la rendición efectiva, como el 29 de abril de 1483, al efectuarse la simbólica entrega, en la Villa del Real, de Guayarmina, la heredera de los Reyes y Señores de la Isla, a quien acompañaban sus leales, ceremonia en la cual, forzosamente, habrían de alzarse pendones por los nefastos Reyes de Castilla.

 

* Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen

 

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