EFEMÉRIDES
DE
UNA HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
PERIODO COLONIAL, DÉCADA 1481-1490
Guayre Adarguma *
1483
Abril 29.
El Pendón Real de Gran Canaria fue, según parece, el que trajo el Obispo Juan
de Frías. Era -y debe ser lo que queda- de tafetán blanco, con dos puntas
en forma de «rabo de gallo» en la parte opuesta al asta y debió ser por
delegación del Obispo Frías por lo que el Alférez Mayor de la invasión y
conquista, Alonso Jaimez de Sotomayor, dio los gritos de ritual, tanto en las
altas cumbres de la isla en los instantes de la rendición efectiva, como el 29
de abril de 1483, al efectuarse la simbólica entrega, en
1483
Octubre 20. Vitoria (f.214).
Citación contra Pedro de Munjaras y su sobrino Sancho de Urquiaga, capitán,
vecinos de la villa de Durango, y Juan de Bilbao, armador y botiner, hijo de
Martín Ibáñez, vecino de la villa de Bilbao Michel de Deva, el corcobado,
maestre de la nao grande, Domingo Alós, maestre de la nao pequeña, Martín de
Lasao, alguacil, su cuñado y Jalón, piloto, vecinos de Deva, Pedro de Ares, el
largo, piloto, vecino de Bilbao, Juan de Orif Machin de Orio, Sancho de Bilbao,
Caraballos y Esteban, condestables de dichas naos, Miguel, hijo de Perucho de
Munjáras, Pedro de Sevilla, Torres y Rodrigo vecinos de la villa de Palos,
Charran Vizcaíno, Pedro Vizcaíno, Lope Maestres; la, Juan Pérez, mercader y
Juan Pérez, marinero, que asaltaron un navío cargado de mercancías valoradas
en 420.000 maravedís, de Diego Fernádez de Valladolid, vecino de Sevilla, a la
altura del cabo de San Vicente de Lagos, cuando se dirigia desde la ría de
Sevilla a las islas de Gran Canaria y de la Madera; para que respondan de ello
ante el Consejo Real. El Rey y la
Reina. Álvarez de Toledo. Andreas. Antonius. Gundisalvus licenciatus. Alfonso.
(E. Aznar; 1981)
1483
Noviembre 19. Vitoria (f.219). lncitativa a las justicias de Córdoba
Sevilla a petición de Miguel de Segura, vecino de Segura, que intervino en
la conquista de Gran Canaria, para que devuelvan a éste un esclavo
canario de unos veinticinco años que le fue tomado por Diego de Proaño,
alcalde de casa corte, por orden del rey, a quien se hizo relación de que el
esclavo era cristiano y, reuniéndose éste con el resto de los canarios de Córdoba.
La razón de esta medida es la relación de Pedro de Vera, gobernador de Gran
Canaria, de que el esclavo es de buena guerra y que fue entregado por él a
Miguel de Segura. Didacus. Johanes. Gundisavus. Mármol. (E. Aznar; 1981)
1483
Noviembre 21. Vitoria (f.114).
Citación contra Pedro de Vargas, alcaide de Gibraltar, y Diego Basurto, Pedro Núñez
y Leonor Núñez, hija de Elvira Núñez, herederos de Bartolomé de Basurto,
vecinos de Medina Sidonia, para que paguen a Pedro de Vera, gobernador de las
islas de la Gran Canaria, que acusa a Pedro de Vargas y Bartolomé de haberle
robado hace diez años del término de Marchinilla en la villa de Jimena
setecientos puercos de tres años, con un valor de 300.000 maravedís,
cuatrocientas puercas, que valían 150.000 maravedís, dos mil cochinas, cuyo
valor era de 100.000 maravedís, trescientos cochinos de un año, cuyo precio
ascendía a 40.000, veinte bueyes con un valor de 35.000 maravedís, doscientos
cahices de trigo y cebada, valorados en 320.000 maravedís, y la ropa de sus
mozos y collazos, que valía 10.000 maravedís. Episcopus. Johannes. Andreas.
Gundisalvus. Castillo. (E. Aznar; 1981)
1483
Diciembre 22. Vitoria (f. 227).
Orden al gobernador, capitanes, justicias y demás personas de la isla de Gran
Canaria, a petición de doña Inés de Peraza, en nombre propio y en el de su
marido Diego de Herrera, para que se abstengan de intervenir en las islas de
Lanzarote, Fuerteventura, Hierro y Gomera, por ser posesión de dichos señores.
Didacus. Johannes. Andreas. Antonius. Gundisalvus. Alfonsus. Castillo. (E.
Aznar; 1981)
1484.
Los canarios después de la invasión y conquista. Común error fue para propios
y extraños la creencia inducida por la metrópoli y especialmente por el clero
católico de que la raza indígena había desaparecido de Tamaránt “Gran
Canaria” a los pocos años de su conquista; afirmación que hemos combatido en
otro lugar de esta historia refiriéndonos a todo el archipiélago, y que los
modernos métodos de investigación en los campos histórico y genéticos
demuestran que tal supuesta desaparición de la raza ha sido una de tantas
falacias sostenidas por el colonialismo.
La
familia y deudos del converso guanarteme, los guerreros de más fama y los isleños
que se habían distinguido por sus servicios y adhesión a la causa de los
invasores, fueron desde luego “favorecidos” por Pedro de Vera con
repartimientos en la isla según su clase y merecimientos.
Los
jefes, en cuyo número se contaban el guanarteme, Maninidra, Adargoma, Aytamy,
Bentaguaya
Rutindana y otros, se habían incorporado al ejército activo mandando pequeños
destacamentos de isleños, destinados a perseguir y traer a la obediencia a los
que aún vagaban por los montes viviendo de la rapiña y del merodeo.
Ocupábalos
también el gobernador colonial en hacer entradas por las costas del sur de
Chinet (Tenerife,) con embarcaciones ligeras que salían de las playas de Agaete
y llegaban de noche a aquella isla
Por
una expresa concesión real se dio al guanarteme el término de Guayedra. A la
infanta doña Catalina se la puso en posesión de las casas que su padre había
habitado en Gáldar, viviendo después en aquella población pobre y olvidada
con sólo los recursos de su esposo, que, como conquistador, había obtenido
algunos repartimientos en dicha localidad. El famoso Maninidra, que tan
poderosamente había contribuido a la sumisión de Tenerife, recibió en aquella
isla, donde ya no era temible su influencia, varias suertes de terreno, casándose
allí con la isleña María de León, de la que tuvo dos hijos, Pedro e Inés.
Muchos
conquistadores se enlazaron con hijas de los jefes isleños, que eran en general
hermosas, rubias y de robustas formas, por haber sido muy pocas las mujeres españolas
que se avecindaron en Gran Canaria. Ya hemos visto también con quienes casaron
las tres infantas doña Catalina, doña Margarita y doña Luisa, pudiendo
multiplicar estas citas si no fuera ya un hecho indubitado la fusión de las dos
razas entre sus más elevados personajes.
Entretanto,
el odio al invasor no extinguido aún con el agua del bautismo, la repulsión
que algunos isleños sentían hacia los usos y costumbres de los españoles y el
penoso trabajo que se les imponía talando montes y matorrales, cegando pantanos
y roturando predios que no les habían de pertenecer, dio lugar a que en el año
siguiente aparecieran algunas
partidas de isleños alzados que, saliendo de lo más agrio de la selva, recorrían
la parte ya colonizada incendiando bosques, casas y sembrados y dando muerte a
los invasores que intentaban oponerse a sus acciones.
Alarmado
el general invasor con esta inesperada insurrección que podía tomar grandes
vuelos si no se la ahogaba en su nacimiento, reunió una parte de sus tropas
para dar una batida a los alzados llevando consigo algunos de los principales
isleños convertidos, de modo que le sirvieran en todo caso de rehenes.
A
este tiempo, dos frailes de la orden de San Francisco que se encontraban en el
Real, deseando sumar méritos con el pretexto de evitar toda efusión de sangre
y creyendo que por razón de su ministerio estaban obligados a predicar la paz y
solicitar el perdón de los engañados isleños, se ofrecieron a salirles al
encuentro y convencerles de la inutilidad de su empresa. Accedió a sus ruegos
el general y los dos frailes, llamados Diego de las Cañas y Juan de Lebrija,
emprendieron solos su peligrosa misión dirigiéndose al vecino bosque del
Lentiscal, que se extendía desde Tafira a Satautejo y donde, al parecer, se
hallaba reunido el grueso de los isleños alzados.
En
efecto, estaban estos acampados sobre una altura que domina el cauce del
Guiniguada al abrirse paso por un estrecho desfiladero del distrito del
Dragonal, y allí principiaron a exhortar a los canarios, rogándoles en nombre
del verdadero dios dejaran las armas y se sometieran a la dominación
castellana. Pero, exasperados los canarios con el recuerdo de sus pasadas
ofensas infligidas por el clero católico se apoderaron de los religiosos y llevándolos
al borde del precipicio los lanzaron desde lo alto al fondo del barranco.
Indignado
el sanguinario Pedro de Vera juró
pasar a cuchillo a todos los alzados sin perdonar sexo ni edad (tal como había
hecho en la Gomera) y, con tal propósito, dio orden de salir inmediatamente en
su persecución y exterminarlos. Sin embargo, todavía obtuvo el converso
guanarteme la concesión de una tregua, ofreciendo en breve plazo traerlos a la
obediencia y obligarlos a deponer las armas, lo que al fin consiguió llevándolos
a todos por pequeñas partidas al Real.
A
estos deportados, mártires de su amor a la patria, se les señaló por los
Reyes Católicos el barrio de Mijohar en Sevilla para que allí residiesen con
sus familias, debiendo referirse a ellos la Real Cédula que con fecha 30 de
agosto de 1485 se expidió en Córdoba y cuyo texto dice así: «A queja de
Fernando Guanarteme, hecha en nombre
propio y de los canarios y canarias residentes en Sevilla, sobre agravios que
les hacían tomándoles mujeres e hijos para servirse dellos so color de no ser
cristianos, y aún siéndolo, de haber sido reducidos, después de presos y
cautivos de buena guerra, y sobre otros malos tratamientos, etc. Para remedio de
eso y también para que ellos no sigan juntándose en las casas que les señalaron,
haciendo los actos e comunidades e gentilidad que solían, se da comisión a
Juan Guillén, alcalde mayor de Sevilla, para que privativamente entienda en el
régimen de dichos canarios, les defienda de todo daño, obliiguen a buscar señores
a quien servir, cada uno , con su amo y juntos marido y mujer; a los casados
separe de las mujeres si no lo estuviesen por el
rito católico; a los que mal hicieren castigue prudentemente mientras no
tuvieren doctrina y conocimiento de leyes y pena, cuidese se les de doctrinas y
costumbres cristianas...» (23).
Curioso
es el contenido de esta cédula, revelándosenos en ella hechos que se suponían
pero que no estaban aún comprobados. Vemos, en efecto, que la condición de
esclavos era lo que se así se daba a esos infelices, no extendiéndose la
protección de los reyes sino a impedir que se abusara de su debilidad y
disponer que la iglesia santificara sus matrimonios. ¡Triste compensación de
su injusta servidumbre! (Agustín Millares Torres; 1977, t. II: 201-4)
1484.
El año siguiente, después de la conquista vino navío de España trayendo
algunas familias y mujeres de soldados y capitanes que pretendían avecindarse
en Canaria, como fue doña Luisa de Fonseca, hermana de Andrés Suárez, que
vino en su compañía, mujer del capitán Alonso Fernández de Lugo, que después
de dos años murió esta señora en Gáldar y se enterró en la Parroquia de
Santiago, y siempre se llamaron hermanos él y Andrés Suárez.
Asimismo
vino por Alcalde Mayor Perpetuo Esteban Pérez Cavello, á quien Pedro de Vera
rechazó, ahora como primero, por la muerte del Gobernador Pedro de Algaba,
siendo Alcalde Mayor por Juan Rejón; mostró la Data de su Cédula en 15 de
Marzo de 1478, volviéndose á dar cuenta á S.M., que la envió confirmada en
la ciudad de Trujillo en 17 días de Mayo de 1479. Mandó S.M. el nombramiento
de la ciudad de Telde y Gobernador de la Isla y Torre de Gando, volvióse á
nombrar; nombramiento de la ciudad en el Real de Las Palmas con oficios de
Regimientos, Justicias, Alcaldes, Alguaciles; eligiéronse caballeros
conquistadores y el pregonero era un francés, vecino de Lanzarote. Pidió la
ciudad á S.M. la Cédula de Repartimientos y vino remitida á Pedro de Vera, y
que fuesen según las calidades de las personas, dándoles sitios para vivir,
tierras yaguas, en qué plantar, á los nobles aventureros
conquistadores; menos á
En
los sitios de Pedro de Vera estaba la ermita de San Pedro Mártir, donde hoy es
convento de Santo Domingo, en la ciudad del Real de Las Palmas; la casa de Martín
Vera es hoy el Hospital de San Martín, que aún tiene sobre la puerta antigua
el escudo de los Vera. A Juan Siverio se le dieron tierras y aguas en Tenoya
porque dejase la casa y huerta en la Ciudad del Real donde hoy está la Catedral
y lo que es la plaza era la huerta. A Tomás Palencia le dieron en Arucas y
barranco de Guadalupe grandes pedazos de tierras con mucha agua, donde hizo
ingenios, que tuvo cuatro, el de Tirajana y el de Los Llanos de Sardina. Alonso
Rodríguez de Palencia, su hermano, tuvo en
Telde tres ingenios: dos en el barranco que llaman del Perro y otro fuera
de lugar junto al barrio de Los Llanos, donde hizo casa y ermita de San
Gregorio; en uno de los dos primeros y la casa sucedió un vecino de Lanzarote
llamado Jara Quemada, y en el segundo Cristóbal García de Moguer, del lugar
del Condado, y en el de fuera de Telde Francisco de Matos, de Portugal. Repartiéronle
en la Gaete al capitán Alonso Femández de Lugo la Casa Fuerte ó castillo con
muchas tierras yaguas; hizo ingenio y plantó viñas é hizo grandes cortijos
que después vendió para la conquista de La Palma y Thenerife; sucedió en
ellas Francisco de Palomares, genovés, y á este uno llamado Zayas de Arellano,
que las vendió y se fue á España. Avecindáronse en C¡áldar, comprando de
otros al mismo tiempo, unos italianos de apellidos sopranis y Cairasco. De
Lanzarote vinieron otros llamados Aguilar, Verde, Betancourt, Cabrera, y después
de la conquista de Thenerife, otros, como Benítez. Avecindáronse en Canaria
españoles de diversas naciones, portugueses, gallegos, vizcaínos, extremeños,
andaluces, aragoneses, y de otros reinos, flamencos, franceses, genoveses,
italianos, y de Lanzarote vinieron algunos
Envióles
á todos los conquistadores á sus casas Pedro de Vera el título de sus Datas y
Repartimientos según habían servido, y vistos por ellos fueron contentos y
mayormente los aventureros, aunque no les daban aguas sino tierras montuosas
para sembrar, mandólas medir y amojonar, poniéndoles los nombres de sus
apellidos, porque otros venían de España que habían dado á Sus Altezas
cierto número de maravedíes para que el Regimiento y Ciudad les diese
heredades y hubo grandes cercenamientos que de enfadados vendían todo y se volvían
á España y pasaban otros á La Palma y Thenerife á su conquista y allá les
daban otro tanto y lo vendían; muchos se pasaron á Indias á sus primeros
descubrimientos cuando acudían las familias de fuera del Reino con títulos
genoveses, flamencos, etc., y en Thenerife fue donde estas familias cargaron más,
y en La Palma; á la fama de las guerras civiles de Granada se fueron muchos con
las Compañías de la Hermandad, mandadas llamar el año 1480, y el que tenía
con qué irse no quería quedarse en Canaria é Islas.
El
Cabildo y Regimiento de Canaria á su costa fabricó é hizo armazón de dos
fragatas, y el factor ó comisario fue Juan Severio Mujica y otro primo suyo,
Lezcano, regidores para limpiar estas costas de piratas, así moros como otros,
y correr la costa de África y Guinea á traer negros para el servicio de los
ingenios y viñas, que después sus dueños dejándolos libres por voluntad de
Sus Altezas tienen un pueblo donde habitan todos los negros, en Tirajana; son
vivos, entendidos y valientes que defienden aquellas costas remotas de enemigos
que por allí entran á hacer aguada y á robar ganado y á lo que pueden. Trájose
de Guinea las patatas, el maíz, raíces de plátanos, ñames y otras semillas.
(Marín de Cubas [1694] 1993:168-72)
1484.
Hernán Peraza “el Joven” deja de ser el apoderado de sus padres y obtiene
el señorío de la isla de La Gomera. Los gomeros se sublevan contra él y los
castellanos se recluyen en la Torre de los Peraza hasta la llegada del
sanguinario Pedro de Vera con refuerzos. Se producen grandes represalias contra
la población isleña y se llevan a unos 200 gomeros como esclavos.
1484.
El Papa Sixto IV declara abolida la bula Regimini gregis de 1476, acaso
disgustado por haber desviado sus fondos los Reyes Católicos en favor de la
conquista; por lo cual cesó la recaudación consiguiente; o quizá la abolición
se debió a que los reyes habían pedido el derecho del patronato y cargaba con
los costos.
1484 Enero 20.
Los Reyes Católicos, dan instrucción a su procurador en la curia pontificia,
Gonzalo de Beteta, y al cardenal Juan Margarit, para suplicar al Papa Sixto IV
el derecho de patronato sobre el obispado de Canarias (Rubicón). De momento,
quedó sin efecto (hasta 1486).
1484.
Tan perjudicada
la Iglesia católica como
Fernán Peraza, por la suspensión de la trata de esclavos, pues el diezmo era
de importancia, señor y clérigos se aliaron, buscando solución al problema.
Siendo
la clave la religiosidad de los isleños, el Deán de San Juan concluyó que los
interesados, habrían de probar que "no eran ni fueron cristianos",
pues aunque "nombre tuviesen,
ninguna obra de platica fasían", usando "nombres gentilisos, binieno
desnudos e teniendo ocho o diez mugeres, no consintiendo entre sí cristianos,
antes tomándolos e fasiéndolos otras muchas superticiones". Al tiempo que
palmeños y guanches reclamaban conversión, la Iglesia católica local declaró
de urgencia, enmendar las desviaciones de los gomeros. Para ello les hicieron
jurar y firmar, que de no apartarse "de sus ritos y errores" en fecha
fija, aceptaban "ser conquistados" por enésima vez, "e dados en
cautiverio e perpetua servidumbre". Ratificado el documento por el prelado
y la corona castellana, Fernán aguardó el término del plazo, para reanudar
las cabalgadas, alegando que persistían "en sus malas costumbres y
errores". Enteradas las víctimas, tomaron "tal omecillo" contra
el señor de la isla, que en reunión celebrada en la "villa" de la
Gomera, "todos juntamente... acordaron de lo matar". Yendo Peraza en
busca de cautivos, le despenaron "con alboroto y escándalo", en
emboscada tendida "debaxo de Mercadis...", junto a Gran Canaria.
Enterada Beatriz de Bobadilla de su viudedad, pidió socorro a Pedro de Vera,
atrincherándose en una torre, con sus criados e hijos: Guillén, al que pasado
el incidente, los canarios darían vasallaje, e Inés. No era esta Beatriz de
Bobadilla la Marquesa de Moya, esposa de Andrés de Cabrera, quizá la que
obtuvo licencia para fletar carabela en 1478, con destino a los rescates de
Guinea. La que nos ocupa estaba casada desde 1484, con Fernán de Peraza. (L.
Al. Toledo)
1484.
Muerto Diego de Herrera, a finales 1484, le siguió el obispo de la secta católica
Juan de Frías. Inés de Pereza aprovechó para solventar el problema, comprando
las cabras a los testamentarios. Pero la mesa del Cabildo eclesiástico, deshizo
la transacción, declarando el ganado propiedad de la Iglesia católica,
habiendo alimentado el rebaño a los canónigos, de tiempo inmemorial. Al quedar
Frías en usufructuario, la Peraza perdió lo gastado en el pleito, la compra y
el ganado.
1484
Enero 5. Vitoria (f. 6). Orden a los vecinos de las islas de Lanzarote,
Fuerteventura, Hierro y Gomera, a petición de doña Inés de Peraza, en nombre
propio y en los de su marido Diego de Herrera y su hijo Fernando Peraza, para
que en un plazo de cinco años no vayan a vivir a Gran Canaria, para evitar la
despoblación de sus islas y la invasión de moros o de cristianos de otros
reinos. Se encarga al gobernador y justicias de Gran Canaria que les impidan el
hacerlo. El Rey y la Reina. Santander. Acordada: Johannes. Andreas. (E.Aznar;
1981)
1484
Marzo 16. Agreda (f. 33).
Iniciativa al bachiller Pedro de la Torre, a petición de los tesoreros de las
bulas de Canarias y del procurador de los depositarios de dicha Indulgencia,
para que dé sin dilación sentencia en unos pleitos, para lo cual se le otorga
poder cumplido. El Obispo de Palencia. Johannes. Rodericus. Antonius. (E.Aznar;
1981)
1484
Mayo 29. Valladolid (f. 74).
Citación al mercader Diego de Soria, vecino de Burgos, para que declare ante el
Consejo Real en el pleito que sigue sobre el cargo que Gonzalo Marañón, vecino
de Medina de Pomar tuvo de las bulas de Canaria en el obispado de Pamplona.
Dicho pleito fue fallado en primera instancia por el bachiller Pedro de la
Torre, juez comisario, contra cuya sentencia recurrió Gonzalo Marañón,
encomendándose la nueva vista a los drs. Gonzalo Gómez de Villasendino y Antón
Rodriguez de Lillo, pero por haber sido encomendada a éste último una misión
en Andalucia ya petición de Gonzalo Marañón se nombra para sustituirle al
Ido. García López de Chencilla, al igual que los anteriores miembros del
Consejo y oidor de la Audiencia. Almirante. García. Gundisalvus. Afonsus.
(E.Aznar; 1981)
1484
Agosto 20. Córdoba.
Receptoria, para que las justicias de Sevilla y Jerez de la Frontera y las del
arzobispado de Sevilla y el obispado de Cádiz reciban los testimonios de los
testigos presentados por Pedro de Vargas, alcaide de Gibraltar, los hijos de
Bartolomé de Basurto, ya difunto, y Leonor Núñez, hija de Frey Alonso de
Valdespino y de Leonor Núñez, hija del citado Bartolomé de Basurto, en el
pleito que siguen ante el Consejo con Pedro de Vera, gobernador de las islas de
Canaria, que acusa a Bartolomé de Basurto y Pedro de Vargas de haberle tomado
del lugar de Marchinilla, término de Jimena,-villa de la que era alcalde-, en
marzo de 1470 cierto número de puercos, bueyes y yeguas, más una recua de
asnos cargados de trigo y vino, que tomó Martín Jiménez, alguacil de Medina
Sidonia, por orden de Pedro de Vargas, y en julio de dicho año doscientos de
trigo y cebada y las ropas de sus pastores, cantidades que les reclama, junto
al valor de los partos y postpartos, sumando todo un cuento y ochocientos mil
maravedís. Contra dicha demanda García de Medina, procurador de Pedro de
Vargas, presentó una información, alegando que sus defendidos habían actuado
en caso lícito, que dichos bienes no eran de Pedro de Vera y que en caso de
haber tomado algo de su propiedad, éste no podía reclamar por haberse obligado
al duque don Juan, padre de don Enrique, duque de Medina Sidonia, a no hacerlo,
y acusando a Pedro de Vera ya sus escuderos de haber prendido hace seis años a
Pedro de Vargas, cuando se dirigía a la posada de Juan de Luna, por el camino
de Asperilla, entre Gibraltar y Sevilla, dándo muerte a Andrés de Sanabria y
Juan de Grajales y tomando ciertos bienes de Pedro de Vargas y de sus criados
Juan de Acenes y Andrés Martínez, bienes que ha de restituirles, junto a los
cuatrocientos mil maravedís del rescate. Habiendo concedido el Consejo a ambas
partes un plazo de setenta días para presentar sus pruebas. Alfonsus. Antonius.
Andreas. Luis del Castillo. (E.Aznar; 1981)
1484
Agosto 25. Córdoba (f. 133).
Comisión a Juan Pérez de Treviño, lugarteniente de asistente de Sevilla, para
que entienda en la demanda presentada por doña Inés de Peraza, señora de
Lanzarote y Fuerteventura, contra Gonzalo de Zúñiga, vecino de esa ciudad, que
le robó una carabela con mantenimientos, valorados en doscientos mil maravedís,
que esta señora envió hace ocho o nueve años a Canaria. Dicha comisión está
motivada por el privilegio de los vecinos de Sevilla de no poder ser requeridos
en primera instancia fuera de la jurisdicción de la ciudad, lo que hace que
quede sin cumplimiento la carta de emplazamiento del rey. Rodericus. Ferrand Mármol.
(E.Aznar; 1981)
1484
Agosto 30. Córdoba (f.122).
Mandamiento a las justicias de Quintana, para que entreguen a Pedro de Vera,
gobernador de las islas de Canaria, una escudilla de plata y un platel que
dichas justicias tomaron a Juanchón, mozo de espuelas del dicho Pedro de Vera,
que lo robó hace aproximadamente veinticuatro días, refugiándose en Quintana.
Rodericus. Andreas. Antonius. Castillo. (E.Aznar; 1981)
1484
Agosto 31. Córdoba (f.13).
Requerimiento a los vecinos y moradores de la isla de la Gomera, para que
obedezcan y acudan a Fernando Peraza con los pechos y derechos que le pertenecen
como señor de la isla, por renuncia de Diego de Herrera y doña Inés de
Peraza, sus padres. Episcopus
palentinus. Rodericus. Andreas. Antonius. (E.Aznar; 1981)
1484.
Agosto 31. Córdoba. AS, RS, ACW, pc. V-1484/9-11.
1484
Septiembre 7. Córdoba (f.
110). Mandamiento, con emplazamiento contra don Juan de Frías, obispo de
Canaria, para que respete a Diego de Herrera, señor de las islas de Lanzarote,
Fuerteventura, Hierro y Gomera, el derecho a la percepción de los diezmos de
dichas islas, que tiene concedido por bula apostólica, así como los derechos
sobre el pastoreo en los herbajes de las islas. Episcopus palentinus. Rodericus.
Andreas. Antonius. Marmol. (E.Aznar; 1981)
1485.
El obispado de Rubicón en Titoreygatra (Lanzarote) recibe el título de
obispado de Canarias-Rubicón; y se traslada la sede al lugar de Guiniwada (Las
Palmas) en Tamaránt (Gran Canaria), lugar del primer asentamiento de los
europeos en 1478.
1485
1485.
La Iglesia católica ejerció en la colonia y como prolongación de sus
actividades en la metrópoli actividades que hoy descansan más en manos del
Estado administrador: enseñanza, beneficencia, sanidad, e Incluso
administrativas. El papel educativo del clero regular y secular es primordial,
pues abarcará desde la enseñanza primaria hasta la universitaria.
Su
papel político no es tampoco de despreciar pues los obispos, nombrados por la
Corona de la metrópoli cumplían a menudo tareas no religiosas encomendadas por
ésta. Así, algún prelado tuvo nombramiento y ejerció de virrey y capitán
general, como fray Juan de Toledo. Otros acaudillaron aguerridas huestes
clericales con sus armas y estandartes en momentos de peligro.
La
ideología y los hábitos colectivos de nuestra sociedad colonial han estado y
en gran medida siguen estando impregnados de influencia religiosa. Estas tareas
no se realizaron, desde luego, sólo con el mero adoctrinamiento, sino que
fueron acompañadas con coacciones morales y físicas. Las prácticas y
obligaciones religiosas, desde la asistencia a misa hasta el pago de diezmos,
eran obligatorias; las opiniones religiosas debían ajustarse a la ortodoxia y,
en caso contrario, se castigaba a los infractores, incluso con la pena de
muerte.
Sin
embargo, mientras la institución católica defendía el sistema de rapiña de
los invasores, hubo miembros de la misma que se enfrentaron a los poderes
dominantes. Es, por ejemplo, el caso de la defensa que hacen el obispo Frías y
otros eclesiásticos de los aborígenes canarios al objeto de que no fuesen
mermados el número de siervos controlados por la secta católica y por
consiguiente los diezmos que producían. La Iglesia católica que en ocasiones
jugó un papel pacificador en distintos conflictos, propició en otros pleitos y
querellas. Esto no es de extrañar, pues en la historia del Antiguo Régimen
abundan extraordinariamente los problemas entre las instituciones. El motivo
fundamental de los mismos era el carácter estamental de su sociedad que
provocaba que los distintos privilegios económicos,
En
la época que nos ocupa la Diócesis de Canarias tenía desde 1485 su sede en
Winiwuada (Las Palmas). El clero secular estaba compuesto a fines del XVI por
los 44 prebendados de la catedral y por una sesentena de beneficiados que
estaban a cargo de las 45 pilas o parroquias en la colonia y que atendían junto
al clero regular a los 35.000 habitantes de la diócesis.
Esta
ocupaba por sus rentas el puesto 23 de las 35 castellanas, calculándose en unos
15.000 ducados anuales los ingresos de la mesa episcopal provenientes de la
parte de los diezmos que le correspondían. Habría que añadir a esta suma
otros conceptos especialmente los del señorío de Agüimes, y restarle entre
otros gastos las pensiones que sobre esta renta otorgaba la Corona a
determinados personajes.
(Luís
Alberto Anaya Hernádez y Francisco Fajardo Spinola; 1991)
*
Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen