EFEMÉRIDES
DE
UNA
HISTORIA RESUMIDA DE CANARIAS
Guayre
Adarguma (*)
29.Los romanos exploraron las Islas
Canarias tal y como lo prueba la descripción que Plinio el Viejo hizo sobre la
expedición enviada por Juba II, gobernador del protectorado romano de
Mauritania (el actual Marruecos) aproximadamente entre el año
No todas las islas del Archipiélago fueron visitadas por la expedición
enviada por Juba II, es natural que sus habitantes ciertamente no muy numerosos
en la época, se ocultaran de los exploradores exactamente igual que lo hicieron
muchos siglos después ante los asaltos de esclavistas y piratas europeos, sin
que estos pudieran localizarlos tal como está debidamente documentado. Modernos
trabajos arqueológicos realizados por competentes investigadores de
120.
Los marinos de Tiro afirmaban que el mundo habitado limitaba al oeste con las
Islas Afortunadas. Las Islas Afortunadas como el extremo occidental del mundo
conocido fue establecido más formalmente cuando Ptolemeo (90-168), las adoptó
como el primero meridiano para su Geographia. Esta fue el mapa clásico más
famoso del mundo, utilizado durante casi 1500 años, hasta aproximadamente el año
1800. Los mapas holandeses utilizaban la cumbre del Teide como su primer
meridiano.
999.
El árabe Ben Farroukh re-descubre las Islas Canarias; a las que los árabes
-traduciendo su nombre latino-llaman Al Djezir al Khalidab (las islas
afortunadas).
1016.
Otra expedición árabe de exploración parece que llega a las Islas Canarias.
1291.
Jacobo Doria, armador genovés, envía a Teodosio Doria y a Hugolino Vivaldi con
dos galeras a explorar las islas, pero no logran llegar. Una se perdió; la otra
fue a la costa del continente (a Río de Oro?, llegó al Senegal?).
1300.?
Una nave de Cherburgo, llevada por los vientos contrarios, llega a las Islas
Canarias. Vuelve a Francia y da nuevas del hallazgo (Las Casas, hist. I,
17; BAE, XCV, 64b.65ª).
1310.
Habían
desaparecido los barcos del Temple del Golfo Grande, cuando el genovés
Lancelotte Macello, "descubrió" la isla de Titoreygatra, de quien se
supone que tomó su nombre latino, en 1310 o 1312. Residió 20 años en
Titoteygatra (Lanzarote), avistando repetidamente Cabo de Bojador, sin atreverse
a desembarcar, por tener mala reputación el vecindario de aquella costa,
posteriormente fue expulsado de la isla.
1342.
Francesch des Valers fue nombrado, el 16 de abril de 1342, capitán de una
expedición que habría de partir de Bayona para explorar las Islas Canarias.
Parece que fueron a Esero (Hierro),
1312.?
Los catalanes y mallorquines, durante el primer cuarto del s. XIV, hacen varias
expediciones a las islas. En ellas efectúan asaltos, depredaciones y
esclavizaciones de guanches, que venden posteriormente en los mercados de
esclavos de Mallorca y Barcelona (España).
1339.
Aparece representada por primera vez la isla
Erbania (Fuerteventura) en un mapa europeo. Fue hecho por Angelino Dulcet
y el nombre de la misma estaba escrito como “Forte Ventura”. Nadie se pone
de acuerdo sobre el significado del nombre y son muchas las explicaciones
ofrecidas. Todos están de acuerdo sobre la palabra “Forte/Fuerte” que
significa fuerte, pero se discrepa bastante sobre el significado de Ventura...
¿Fortuna, Felicidad, Viento, Aventura? Aunque la isla era conocida por los
europeos antes de 1339, no es hasta 1402 en ser invadida, ocupada y saqueada por
éstos, esclavizando a cuantos maxos pudieron.
Erbania (Fuerteventura) fue la segunda de las Islas Canarias (después de
Titoreygatra) en ser invadida y saqueada por los normando y castellanos al mando
de los piratas Jean de Bethencourt y Gadifer de
1341.
Emmanuele Pesagno y Niccoloso da Recco, genoveses, y Angiolino del Tegghia de
Corbizz, florentino, en julio de 1341 hacen un viaje de reconocimiento de las
islas en una expedición de tres carabelas enviada por Alfonso IV de Portugal.
Contaron trece islas. Volvieron con despojos y con varios canarios hechos
esclavos.
Llegaron
á Florencia cartas de comerciantes florentinos establecidos en la ciudad de
Sevilla, fechadas el 15 de Noviembre de dicho año, y que contienen lo que vamos
a transcribir seguidamente:
«Dicen,
pues, que el primero de Julio de este año, dos navíos equipados por el rey de
Portugal con todas las provisiones necesarias para una travesía, yendo con
ellos una pequeña embarcación armada y tripulada por Florentinos, Genoveses,
Castellanos y otros Españoles, se dieron á la vela desde la ciudad de Lisboa y
se dirigieron hacia la alta mar, llevando además caballos, armas y otras máquinas
de guerra, para la toma de las ciudades y castillos, en busca de las islas, que
se dice vulgarmente haber sido encontradas, en las que desembarcaron, auxiliados
de un viento favorable, después de cinco días de navegación; y que al fin
volvieron á su país en el mes de Noviembre trayendo lo que sigue: Cuatro
hombres, habitantes de aquellas islas, y á más muchas pieles de machos cabríos
y cabras, sebo, aceite de pescado,
despojos de focas, madera de un color rojo semejante
á la del Brasil, aunque los que la conocen niegan que sea de aquella; además,
cortezas de árboles para teñir igualmente de encarnado, como asimismo tierra
roja y otras cosas semejantes».
«El
genovés Niccoloso da Recco, uno de los pilotos, respondió á las preguntas que
se le hacían, diciendo, que desde la ciudad de Sevilla hasta las islas
predichas, había como novecientas millas; pero que desde el punto llamado hoy
Cabo de San Vicente, están mucho menos distantes del continente. Que la primera
de estas islas exploradas era enteramente pedregosa y salvaje, abundando no
obstante en cabras y otros animales, así como en hombres y mujeres desnudos, de
un aspecto y costumbres feroces; añadió, que él y sus compañeros tomaron la
mayor porción de pieles y sebo, sin atreverse á internarse mucho en la isla.
Que pasando á otra isla más grande que la anterior, vieron venir hacia ellos
en la playa multitud de gente, tanto hombres como mujeres, todos casi desnudos;
entre éstos, algunos que parecían superiores á los otros, estaban cubiertos
de pieles de cabras pintadas de amarillo y encarnado, y según podía juzgarse
de lejos, estas pieles eran finas y delicadas y estaban artísticamente cosidas
con cuerdas de tripa, y á lo que debía conjeturarse por sus actos parecían
tener un jefe al cual manifestaban todos cierto respeto y obediencia. Estas
gentes significaban el deseo de comunicar con los que estaban en los barcos y
prolongar su morada.
Habiéndose
separado algunos botes de los navíos para acercarse á la playa, como nadie
entendía el idioma de los indígenas, nadie se adelantó tampoco á
desembarcar; su lenguaje, dicen, es bastante dulce y vivo como el italiano.
Viendo
que de los buques ninguno desembarcaba, algunos se empeñaron en llegar á nado
hasta ellos: los tomaron, y éstos fueron los que llevaron consigo. En fin,
viendo los marineros que nada útil podían sacar de allí, se dieron á la
vela, y costeando la isla la encontraron mucho mejor cultivada en el Norte que
en el Sur; vieron numerosas habitaciones, higueras y otros árboles, palmas estériles,
coles y legumbres.
Desembarcaron
en seguida veinte y cinco marineros armados, los cuales yendo á examinar qué
especie de gentes habitaba aquellas casas, encontraron unos treinta hombres
desnudos enteramente, que huyeron á su vista espantados al aspecto de las
armas. Entrando otros en las casas, notaron que estaban fabricadas de piedras
cuadradas, labradas con gran artificio y cubiertas de grandes y hermosas
maderas. Encontrando las puertas cerradas y queriendo ver el interior, las
rompieron con piedras, lo que irritó á los fugitivos cuyos gritos retumbaban
por todo el aire. Después de haber así roto las puertas, entraron en casi
todas las casas, donde encontraron higos pasados en cestos de palma, tan buenos
como los de Cesena, y trigo más hermoso que el nuestro, siendo este grano más
largo, más abultado y más blanco, como lo era igualmente la cebada y otros
cereales
de que probablemente se alimentan los habitantes. Estas casas, muy bellas y
cubiertas de hermosas maderas, eran muy blancas en el interior como si hubiesen
sido albeadas con yeso. Encontré igualmente un oratorio ó templo en el cual no
había absolutamente ninguna pintura ni adorno, tan sólo una
estatua de piedra, representando la imagen de un hombre con una bola en la mano y
desnudo, con un delantal de hojas de palma, que cubría las partes naturales,
según la costumbre de los habitantes; la que quitaron de allí y habiéndola
embarcado, la transportaron á Lisboa. (Esta es la primera noticia que tenemos
de los sacrilegios, profanaciones y depredaciones llevadas a cabo por los
cristianos contra la ancestral Iglesia del Pueblo Guanche, de las muchas que
tendrían lugar durante el periodo de la guerra de invasión de las islas por
parte de los europeos).
Esta
isla está muy poblada y muy cultivada, los habitantes recogen granos, trigo,
frutas, sobre todo higos. Comen el trigo y los cereales á la manera de los pájaros,
reduciéndolos enteramente á harina sin amasar ningún pan, y beben agua. Al
dejar esta isla, los marineros que habían observado otras muchas á la
distancia de ésta, como unas cinco, diez, veinte y cuarenta millas, navegaron
hacia una tercera, donde no encontraron otra cosa sino árboles muy altos que se
elevaban hasta las nubes. Dirigiéndose desde allí á otra, la hallaron
abundantemente provista de arroyos y de aguas excelentes, teniendo además
muchos bosques y palomas, que mataban á palos y con piedras, y se las comían.
Dicen
que son mayores que las nuestras y su carne del mismo gusto ó quizás mejor.
Vieron
también muchos halcones y otras aves de rapiña. No la atravesaron porque se
presentaba enteramente desierta. Desde allí percibieron también otra isla,
donde había altas rocas, la mayor parte del tiempo cubiertas de nubes; en ella
son frecuentes las lluvias, pero en tiempo sereno ofrece un aspecto encantador,
y la creían igualmente habitada».
«Después
marcharon á otras muchas islas, las unas habitadas, las otras enteramente
desiertas, hasta el número de trece; mientras así adelantaban, más
encontraban, viéndose el mar que las separa más tranquilo que entre nosotros,
con muy buenos fondeaderos, aunque tenían pocos puertos; pero todas con
abundancia de aguas. De las trece islas en donde desembarcaron, hay cinco que
hallaron habitadas y bien pobladas; pero no todas lo estaban igualmente,
teniendo unas más habitantes que otras».
Dícese
también que se diferenciaban tanto por el idioma, que de ninguna manera pueden
entenderse unos á otros, y además que no tienen ningún navío, ni ningún
otro medio de venir á dar los unos con los otros, sino á nado. Encontraron
asimismo otra isla donde no desembarcaron, puesto que en ella se manifestó una
cosa sorprendente».
«Dicen,
en efecto, que existe allí una montaña de treinta mil pasos ó más, visible
en ciertos tiempos desde muy lejos, y en cuya cumbre se deja ver cierta cosa
blanca; y como toda la montaña es de roca, este blanco parece tener la forma de
una ciudadela; pero supone que en lugar de una ciudadela es una roca muy aguda
en cuya cima estaría un palo del tamaño casi del mástil de un navío, de
donde pendería una verga con una gran vela latina trazada en forma de escudo,
inflada en su parte superior por el viento, y tendida en toda su longitud; luego
parece bajarse poco á poco del mismo modo que el mástil de los grandes buques;
después se vuelve á levantar, y de este modo continúa siempre, como lo han
notado en todas las situaciones, dando vuelta á la isla, y suponiendo que este
prodigio era producido por algún encanto mágico, no se atrevió á desembarcar
en ella. También han visto otras muchas cosas que el dicho Niccoloso no ha
querido contar. Sin embargo, parece que estas islas no son ricas, porque los
expedicionarios difícilmente han encontrado con que cubrir los gastos de los víveres
que les ha sido preciso sacar. Los cuatro hombres que han traído, todavía
imberbes, de hermosa figura, van todos desnudos: tienen una especie de delantal
formado de una cuerda que les ciñe la cintura, de donde cuelga una cantidad de
hilos de palma de junco, que tienen la longitud de palmo y medio ó cuando mucho
de dos palmos, con que se cubren por detrás y por delante, de manera que ni el
viento ni la casualidad los levantan.
Son
incircuncisos, sus cabellos de un rubio dorado, y llegando hasta el ombligo les
cubren las espaldas: caminan siempre descalzos».
La
isla de donde han sido traídos se llama Canaria; encuéntrase más poblada que
las otras; absolutamente nada entienden de ningún otro idioma, aunque se les
haya hablado en muchos diferentes. Su talla no excede á la nuestra; son
membrudos, bastante vigorosos y muy advertidos, como se puede comprender. Se les
habla por signos, responden igualmente á la manera de los mudos.
Guardaban
ciertas consideraciones unos respecto de otros, y particularmente con uno de
ellos. Éste tenía una cota de palma, al paso que la de los otros era de junco,
pintada de amarillo y de encarnado. Su canto es dulce; su baile es análogo al
de los Franceses; son vivos y alegres y más sociables que muchos de los Españoles.
Después
que se hubieron embarcado, comieron higos y pan; éste les agradó, aunque jamás
lo habían probado; rehusan completamente el vino y se contentan con el agua.
Comen
igualmente el trigo y la cebada á embozadas; el queso y las carnes, de que
poseen una gran abundancia, son de buena calidad; no tienen bueyes, ni camellos,
ni asnos, pero si muchas cabras, carneros y jabalíes salvajes. Se les hizo ver
monedas de oro y de plata y las desconocían. No comen absolutamente las
especias de clase alguna.
Se
les han enseñado collares de oro, vasos cincelados, espadas, sables; pero ni
dieron á conocer que los habían visto jamás ni los han tenido. Aparentan una
buena fe y una lealtad muy grandes, porque no se da de comer á uno, sin que
antes de probarla, no haya distribuido con los otros su ración en iguales
porciones».
La
institución del matrimonio existe entre ellos, y las mujeres casadas llevan
delantal como los hombres; pero las doncellas van siempre desnudas sin
manifestar vergüenza alguna.
Esta
gente tiene como nosotros un sistema de numeración, según el cual colocan las
unidades antes de las decenas del modo siguiente:
1
Nait
2
Smetti
3
Ameloni
4
Acodetti
5
Simusetti
6
Sesetti
7
Sani
8
Tamani
9
Alda-Morana
10
Marava
11
Nait-Marava
12
Smana-Marava
13
Amierat-Marava
14
Acodat-Marava
15
Simusat-Marava
16
Sesani-Marava, etc.
Fuentes
consultadas:
Bartolomé
de Las Casas; Brevísima relación de la destrucción de África
Editorial
San Esteban, Salamanca (España) 1988.
José
Viera y Clavijo; Historia de Canarias
Ediciones
Goya, Santa Cruz de Tenerife 1981.
Luísa
Isabel Alvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia
África
versus América
Editorial
Junta Islâmica. Córdoba 2000
(*)
Guayre Adarguma Anez’ Ram n Yghasen