El ejemplo de
Cabo Verde y Malta
En el acto institucional del Día de Canarias celebrado
el pasado miércoles en el Auditorio de Tenerife, pudimos ver al presidente de
Cabo Verde, una república que representa un ejemplo cercano del camino que muy
bien podría seguir Canarias en su anhelo de una verdadera soberanía muy
distinta a la autonomía que sufrimos ahora. Esta ex colonia portuguesa podría
mostrarnos los pasos que puede seguir Canarias en la
búsqueda de su lugar en el mundo, con un estatus jurídico acorde con el
verdadero sentir de su población. Ya volveremos sobre el caso de Cabo Verde el
próximo domingo.
Como hemos venido
diciendo, la situación actual de colonialismo que padece el Archipiélago,
siempre dependiendo de los partidos estatalistas que
se alternan en el Gobierno de Madrid, hará que sigamos soportando
indefinidamente la preponderancia artificial de Las Palmas. Y eso no tienen por
qué permitirlo Tenerife y su gente, un pueblo noble y orgulloso de sí mismo,
aunque todavía tenga un poco adormecida la conciencia de pueblo.
Otro ejemplo que
podría ponerse de lo que Canarias podría llegar a ser es Malta, un Estado de
Ahora estamos
observando que determinado partido político quiere utilizar el Estatuto de
Autonomía reformado, que está en las Cortes para su tramitación, como moneda de
cambio para gobernar en Canarias. ¿Pero es que no ven aquellos a quienes va
dirigido el chantaje que no tienen nada que perder,
que ese Estatuto no nos sirve para nada, que sólo tiene valor para Las Palmas, la
cual refuerza en él su preeminencia sobre el resto del Archipiélago?
Por una vez,
coincidimos con el análisis de un periodista que presume de estar en el secreto
de la política regional y que escribía ayer que "ATI volvió a ganar por
goleada, apenas retrocedió (...) y, además de la derrota en
El Estatuto de
Autonomía por el que suspira la actual clase política canaria es un engañoso
juguete para niños que confirma el sometimiento de Canarias a la nación y
favorece descaradamente a Las Palmas, por mucho que se quiera presentar como un
instrumento con el que las Islas ganarán autogobierno. Excluyendo al partido
que se abstuvo en su aprobación -si bien por razones bien distintas a las que
aquí venimos exponiendo en la defensa de Tenerife-, el texto parece redactado
por incompetentes y traidores a Tenerife, por lacayos de Las Palmas. Las tres
grandes mentiras que contiene el texto, además de otros dislates, no dejan
opción para arreglar lo que no tiene remedio. Nada de parches ni retoques. Lo
que esta tierra necesita es empezar de cero con otros planteamientos que nada
tienen que ver con los actuales, que significan seguir uncidos al yugo canarión, soportando sus embates y siempre temiendo la
próxima rapiña sobre Tenerife.
Editorial de El Día,
1-06-2007