El Confital

Lorenzo Doreste

El Confital es la punta de lanza de una guerra interminable. Me estoy refiriendo al eterno enfrentamiento entre ricos y pobres. En El Confital los ricos, representados por empresarios y administración municipal, quisieron hacer hoteles. Menos mal que El Confital está en la Isleta, el barrio más reivindicativo y batallador de la ciudad. Si no, a esta hora ya estarían fabricados hoteles de lujo. La batalla de El Confital continúa, y parece que va a ganarla el pueblo.

Cualquier modesto trabajador desea que le suban el sueldo. Pero hay una forma mejor de ayudar a las economías modestas, y es evitarle una serie de gastos que se les imponen siguiendo las estrategias insidiosas del libre mercado, el cual, según dicen, es necesario para que exista democracia. En la práctica, libre mercado quiere decir libertad de ciertos comerciantes para explotar a sus clientes, para tenerlos esclavizados. En una auténtica democracia (demos, pueblo, y cracia, autoridad) habría que poner freno a múltiples abusos del libre mercado. Las administraciones públicas, en cambio, colaboran con dichos abusos.

Así tenemos, por ejemplo, el abuso de los libros de texto. A una criaturita que no tiene ni la altura de un bastón la atiborran con un montón de libros que no puede cargar en su mochila. Menos mal que ahora hay mochilas con ruedas, pero la exigencia de tantos libros sigue siendo un abuso sin la más mínima justificación, y menos en la era de las nuevas tecnologías. Los libros deberían ser unas simples guías para buscar en Internet contenidos más abundantes y explícitos que los de un libro. Ese gasto innecesario en libros excede de los ingresos mensuales de muchas economías modestas. No digamos nada si la familia tiene varios hijos. Ya va siendo hora de cortar de raíz este abuso, este latrocinio de los libros de texto. Sabemos que es muy difícil, pues políticos y grandes empresarios (incluidos los empresarios del sector editorial) están conchabados para repartirse beneficios.

El abuso de los libros de texto es una vez al año. Hay otro abuso que es casi diario, y es el del ocio familiar. Hay que llevar a los niños al cine. ¿Por cuánto sale eso? No es sólo la entrada; también hay que comprar palomitas y refrescos, que para eso los anuncian a bombo y platillo. Mejor alquilamos películas del videoclub o las tomamos en préstamo de las mediatecas públicas. Lo malo es que los jóvenes quieren ver películas de estreno. Pues las descargamos en el ordenador. Ahora resulta que la legalidad de esas descargas está en entredicho.

¿Nos vamos unos días al Sur? Sí, pero no tenemos dinero para ir a un hotel. Vamos a un apartamento. La pobre madre de familia dice: "En un apartamento tengo que hacer comidas. Poco voy a descansar". Hay familias que no pueden ni ir al Sur a un apartamento. Y el padre de familia clama al cielo: "¡Dios mío! ¿Podrías darme un sitio donde vayamos todos a pasar el día, sin más gastos que el transporte en guagua y unos bocadillos que llevaremos de casa?".

Sí existe ese sitio, es maravilloso, y se llama El Confital. Todos los que han luchado y luchan para que sea asequible y gratuito al pueblo, pueden tener la satisfacción de que no sólo están luchando por El Confital, sino también por instaurar unos encomiables conceptos económicos y sociales, por popularizarlos y hacer que los respeten los que mandan.

En primer lugar, el concepto de que el libre mercado no es para explotar a los pobres. Se pueden montar muchos negocios para explotarlos y explotar a los clientes. Pero siempre hay que dejar unos espacios para que respiren las economías modestas. La lucha por El Confital continúa, y fíjense que la administración municipal, pese a sus discutibles acciones al respecto, ha terminado adoptando el lenguaje del pueblo, y así, cuando la alcaldesa prohibe las acampadas, una de las razones que esgrime es que ese espacio "es para el disfrute de todos y no de unos pocos". ¿Cómo se desarrollará esa batalla? No lo sé. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y la Dirección General de Costas del Ministerio de Medio Ambiente han presentado la primera fase del proyecto de acondicionamiento de El Confital. Cuenta con una pasarela vallada, que bordea el risco a media altura, miradores, explanadas a modo de solarios, puesto de salvamento, pequeño ventorrillo. El tráfico rodado no podrá circular a menos de 150 metros de la línea del mar, y sólo podrá ser usado por el transporte público colectivo y de emergencias.

Creo que todo este proyecto estará sometido a discusión permanente. Las siguientes fases se irán desarrollando a medida que la gente vaya haciendo uso de El Confital y manifestando sus preferencias. Por otra parte, continuará la polémica sobre las acampadas. Parece lógico que no se permita pernoctar. Sin embargo, la familia que va allí a pasar el día necesita una caseta fácil de montar y desmontar. No puede estar al sol ocho horas seguidas.

Lo bueno de todo esto es el magnífico precedente que sienta la batalla de El Confital. Hay que felicitar a los vecinos de la Isleta por el espíritu de lucha y el afán reivindicativo que han mostrado. Y animarles a que ganen otra batalla: La del edificio de la antigua Organización de Trabajadores Portuarios, que después de reivindicarlo durante años para usos sociales, la administración pública lo ha dedicado a comisaría de policía.