Elecciones y
corrupción
Justo Fernández
Rodríguez
Ha terminado la tediosa, costosa e inútil campaña
electoral en la que el desequilibrio del despilfarro propagandístico, con
dinero público, desde los poderes establecidos, contrasta con la incapacidad
económica de un montón de formaciones políticas que, con alternativas asumibles para la mayoría de ellas, rechazan cualquier
posibilidad de unirse en una sola oferta electoral, reduciendo a cero sus
posibilidades de éxito y favoreciendo el triunfo de quienes vienen
gobernándonos con nefastos resultados para la mayoría de los ciudadanos, en
favor de su particulares intereses y de sectores empresariales conocidos, con
los que se intercambian favores.
Abandonadas las falsedades sobre el atentado del 11-M, la campaña de mentiras e
invectivas de los dirigentes del PP, orientada y alentada por sus controladores
y hooligans mediáticos, ha
intoxicando todo el debate electoral, que debió centrarse en la política
municipal y autonómica, intensificando la ofensiva de infundios,
patrañas, calumnias y embustes, sobre el ’entreguismo’ de la política
antiterrorista del Gobierno que ni éste, ni el partido que lo apoya, han sido
incapaces de contrarrestar, pese al listado de consecuciones y mejoras
(situación económica, reducción del desempleo y de la contratación temporal,
aumento del salario mínimo y de las pensiones, Ley de Dependencia, Ley de
Igualdad, entre otras) para millones de españoles, abandonados o acosados por
ocho años de políticas antisociales de los gobiernos aznaristas.
Abordar unas elecciones sin hacer referencia a un dato, conocido unos días
antes de los comicios, sobre el crecimiento, durante esta legislatura, de un
18% de la renta per capita de los españoles,
evidencia la incompetencia de los responsables de propaganda del PSOE.
El Partido Popular, gracias a su abrumadora victoria en Madrid y Valencia, ha
logrado mayor número de votos. En cualquier caso, es falso que las elecciones
las haya ganado el PP, como intentan intoxicar los medios de comunicación afines,
con la simpleza de que han obtenido 152.000 votos más, a nivel estatal. Dada la
división por distritos electorales, una mayoría de votos popular no es sinónimo
de triunfo electoral. Existen suficientes ejemplos que lo demuestran. Es el
PSOE el único partido que puede aumentar su poder municipal y autonómico,
objetivo de estas elecciones.
Así, las elecciones habrá que analizarlas en función de qué formación política
ha disminuido o aumentado su poder autonómico o municipal. Y, sin la menor
duda, pese al permanente ’lunar’ madrileño, ha sido el PSOE, el claro vencedor.
Mientras el PP pierde la mayoría absoluta en Baleares y Navarra, el PSOE
aumenta sus cuotas de poder en Castilla-La Mancha y Extremadura, pese a la
retirada de líderes tan carismáticos como Ibarra y Bono. Ha vencido en todas
las provincias de Castilla-La Mancha, Aragón, Extremadura, Asturias, Álava,
Guipúzcoa y en las cuatro provincias catalanas. En Andalucía, excepto en Málaga
y Córdoba. Ha triunfado en Canarias, especialmente en Gran Canaria, donde
conquista, por mayoría absoluta, el Ayuntamiento de Las Palmas y tiene fácil
desplazar a José Manuel Soria, líder del PP, de la presidencia del Cabildo.
De los 8.111 municipios en que se celebraron elecciones, el número de
concejales obtenido por el PSOE supera en 679 los conseguidos por el Partido
Popular. El PSOE, mediante alianzas, podría gobernar Orense, León, Soria,
Logroño, Zamora, Tarragona, Jaén, Vitoria, Toledo, Cáceres, Palma de Mallorca,
Mérida, Ferrol, Vigo, Sanlúcar
de Barrameda o Jerez de
Si tuviéramos en cuenta la estupidez dicha por José María Aznar
sobre que todos los votos que no fueran al PP irían a favorecer a ETA,
tendríamos que sentenciar que 14.577.086 españoles han votado en favor de ETA.
Habría que recomendarle que, si bebe, no hable.
En Canarias, los resultados electorales han significado un triunfo del PSC, con
26 diputados -9 más de los que tenía-, liderado por López Aguilar, convertido
en una auténtica esperanza de que en Canarias podamos desterrar la corrupción,
el amiguismo, el tráfico de influencia, el nepotismo, la malversación de fondos
públicos, las comisiones ilegales, el despilfarro, las licencias y obras
amañadas en beneficio de los mismos y, consecuentemente, que mejore la
desastrosa situación de la sanidad, la educación, la protección social, los
salarios, las pensiones y la precariedad laboral. Coalición Canaria ha perdido
90.000 votos y cuatro diputados (17) y el PP, tienen 60.000 votos menos y ha
visto reducido en dos el número de sus diputados, 15.
Una de las incógnitas de estas elecciones estaba en si la corrupción
generalizada y los fraudes electorales; la alteración fraudulenta de los censos
por parte del PP (Valencia, Murcia o Galicia); los ’premios’ a extranjeros, con
reducción del precio de los pasajes si votaban al PP en Mogán
(Gran Canaria); la manipulación del voto por correo, por el PP, en varias
ciudades, y la desvergüenza e ilegitimidad democrática del voto de los
emigrantes, sin controles, en Venezuela, Argentina o Uruguay, por parte de
Coalición Canaria y Partido Popular, especialmente de Canarias, Galicia y
Baleares, son temas que es preciso resolver de cara al futuro, para evitar el
incremento de la abstención de los ciudadanos, a los que se les exige,
discriminándolos, toda clase de requisitos legales para garantizar la
autenticidad de su voto, en contraposición con el cachondeo de los ’recogedores
de votos’, recompensados por voto recolectado.
Otro de los aspectos decepcionantes de las recientes elecciones, para muchos ciudadanos
honestos no inmersos en el círculo clientelar de los
distintos poderes políticos, ha sido el caso de los beneficiarios de los
viajes, comidas y cenas gratis total, organizadas por ayuntamientos, cabildos o
gobiernos -de los que son beneficiarios jubilados, amas de casas y asociaciones
de vecinos-, o de las visitas a los barrios, abandonados durante años, para
prometer, con la mejor sonrisa y ofreciendo gratis apretones de mano, que están
dispuestos a revolverlo todo, si les dan su voto, con la ’sana’ intención de
volverlos a engañar. Resulta conmovedora la complacencia de quienes alaban la
amabilidad del político o comentan que tienen algunas canas más si uno pudiera
contener la indignación ante tanta ingenuidad o indignidad.
La corrupción generalizada de que ’gozamos’ en una buena parte de España,
especialmente en Valencia, Murcia, Madrid, Baleares o Canarias, en la que están
implicados importantes cargos políticos, no por simples sospechas, sino por
decisiones de jueces y tribunales, inexplicablemente no es castigada en las
elecciones por los ciudadanos, salvo excepciones. La indiferencia, la
ignorancia, la complicidad, el clientelismo o el "todos son iguales"
son excusas o explicaciones que sólo evidencian que la indignidad de los políticos
afectados es extensible a un buen porcentaje de ciudadanos.
Por otra parte, si un escándalo de corrupción puede crear una cierta
indignación entre los ciudadanos, la generalización de estos casos produce una
especie de hastío moral que atomiza el sentimiento de rebeldía ciudadana,
contra la deshonestidad, la desvergüenza y el enriquecimiento ilícito, de una
buena parte de la clase política, al servicio de determinados poderes
económicos. Y todo esto ocurre cuando Transparency
Internacional señala que "la multiplicación de escándalos vinculados a la
denominada ’corrupción urbanística’ está reforzando la tradicional imagen
’cínica’ de la ciudadanía española sobre nuestros gobernantes y contribuyendo a
deslegitimar las instituciones democráticas".
Y ahora vienen los pactos.