Elecciones y mitología destruida
Justo Fernández Rodríguez
Ni la importante escenificación de la España Autonómica, con 25 años de retraso, celebrada en Madrid, ni la firma de la Constitución Europea, esperada desde hace más de cuarenta años, pueden apagar la inusitada expectación creada por las elecciones presidenciales de los EE.UU. que se celebrarán dentro de dos días.
Durante muchos años, la democracia estadounidense fue un símbolo para millones de ciudadanos, sometidos a dictaduras o gobiernos autoritarios, con escaso respeto a los derechos humanos y las libertades civiles y políticas. Como muchos españoles, de mi generación, crecí entre la envidia a la democracia y el estilo de vida americano y la admiración por un ejército que liberó Europa y una buena parte de Asia de la agresión del fascismo europeo y japonés, aunque no concluyó la faena, dejando incólume la dictadura franquista. Asistí a varias fiestas electorales, en el Hotel Castellana Hilton madrileño, invitado por la embajada de los EE.UU. Era la época triunfal de Reagan y no lo pasé bien.
La provocación y manipulación utilizada para invadir Vietnam y las atrocidades cometidas, la utilización de armas químicas y los bombardeos contra ciudades y aldeas, ocasionando centenares de miles de víctimas civiles, la destrucción de las cosechas, la desforestación masiva, para matar de hambre a los que resistían, la feroz acometida bélica, todo ello fue alejando a muchos de esa admiración, incluidos millones de estadounidenses.
La innecesaria y sangrienta invasión de Irak, con la complicidad de Blair y Aznar, sin el apoyo de la legalidad internacional emanada de la ONU, utilizando toda clase de amenazas, mentiras, inventos y manipulaciones para intentar justificarla, lanzó a las calles a millones de ciudadanos para protestar por una invasión que, tras las mentiras, escondía intereses, geopolíticos, económicos y de afirmación personal.
Los bombardeos masivos de ciudades abiertas, sin protección aérea, han causado decenas de miles de víctimas entre la población civil. Niños, mujeres y ancianos, víctimas de Sadam, han sido masacrados por los misiles, las bombas racimo y obuses disparados, impunemente, desde aviones, helicópteros o tanques.
El cruel régimen de Sadam ha sido sustituido por la incompetencia y los intereses económicos. Poco se hizo para evitar los saqueos e incendios de edificios públicos, palacios, museos, bibliotecas, tiendas e, incluso, hospitales. A más destrucción, más contratos de reconstrucción. Del colmo de la incompetencia hemos tenido noticias estos días. 380 toneladas de potentes explosivos, en poder de las fuerzas norteamericanas, han desaparecido. La tortura de prisioneros iraquíes por parte de miembros del Ejército de Bush, amparados por los mandos, unido a las torturas infligidas a los 600 prisioneros, sin derechos, de Guantánamo, han contribuido a despertar algunas conciencias, no mercenarias, dentro y fuera de los EE.UU.
¿Puede alguien, con un mínimo de decencia política y honestidad personal, continuar manteniendo la falacia de que, Irak era un peligro inminente para el mundo? ¿Queda algún ingenuo que pueda creerse que Bush cuando decidió invadir Irak no sabía que no existían armas de destrucción masiva o que Sadam no tenía relaciones con el terrorismo de Al Qaeda?. Los arsenales de armas de destrucción masiva fueron eliminados en 1991.
Mientras, menudean las acusaciones de que el Pentágono, otorga contratos billonarios, de reconstrucción, a Halliburton, empresa estrechamente vinculada a Dick Cheney, vicepresidente del Gobierno, la larguísima campaña electoral se termina y, apartada la hojarasca propagandística, la gestión socio-económica del Gobierno de Bush, queda al descubierto.
El déficit presupuestario ha alcanzado un récord. Del superávit heredado de Clinton, se ha pasado a un déficit que alcanza los 422.000 millones de dólares. La clase media está fuertemente endeuda por los gastos de vivienda, educación, transporte y seguro médico.
La pobreza ha aumentado, especialmente entre latinos y negros. Los blancos son 11 veces más ricos que los hispanos y 14 veces más que los negros. Las personas que viven bajo el nivel federal de pobreza han aumentado el último año en 1,3 millones, superando los 36 millones.
Bush termina su mandato con 812.000 desempleados más. Los puestos de trabajo creados en los últimos años tienen menores sueldos, peores condiciones laborales y sin derecho a la sanidad pública. Más de 40 millones de ciudadanos estadounidenses no tienen acceso a la sanidad pública y se ven obligados a suspender o posponer sus cuidados médicos hasta que sus dolencias se convierten en graves o irreversibles. Más de tres millones de niños hispanos carecen de seguro médico. Millones de estudiantes necesitados no pueden acceder a las ayudas federales.
Las reformas fiscales de Bush han significado que el 5% de los contribuyentes más ricos han recibido la mitad del total de las reducciones fiscales.
Un reciente editorial del The New York Times resumía el mandato de Bush con estas palabras: (Tiene una) "obsesión nixoniana con secretismo, desprecio por las libertades y gestión inepta".
Según las encuestas han dejado de marcar las diferencias iniciales, el aparato electoral republicano ha utilizado toda clase de estratagemas, presiones y maniobras para evitar un resultado adverso. Al parecer, están dispuestos a repetir o aumentar el monumental fraude que dio el triunfo a Bush en 2000.
Las previsiones de fraude han obligado a que, más de 4.000 abogados hayan sido contratados para que vigilen las votaciones en Florida, el feudo del hermanísimo de Bush. Su equipo electoral ha llegado a contratar a miles de personas para intimidar a los votantes demócratas de Ohio. 25.000 electores demócratas podrán votar por la acción de una jueza de Ohio, que no quiso impedir que fueran excluidos de las listas, como pretendían los republicanos. 58.000 papeletas enviadas por correo han desaparecido.
¿Apuesto que aciertan dónde ha sido? Sí, en Florida.
La mitificación de la democracia en Estados Unidos ya no tiene sentido. Más parece asemejarse con una república bananera.
Otro de los mitos norteamericanos más utilizados ha sido el rechazo absoluto que produce la mentira en boca de un político. La realidad es que al único presidente que no le soportaron las mentiras fue a Nixon. ¿Cuántos norteamericanos, teniendo la certeza de que Bush es el presidente más mentiroso de su historia, volverán a votarlo?
Es cierto que el candidato Kerry no despierta demasiado entusiasmo, pero lo más importante es arrancar de la presidencia a un personaje peligroso que no duda en utilizar la mentira y la manipulación para justificar su furia bélica y los intereses económicos de los que financian su elección.