EL ELEVADO COSTE DE
J.
Luis Real Baltar *
Plenamente
inmersos en la vorágine propagandística de las elecciones, se me plantea una
cuestión, no tanto relacionada con los programas, intervenciones y demás que
desbordan los medios de comunicación, como con la financiación de todo este
derroche que se hace difícil de entender, sobre todo cuando ya los partidos
disponen de espacios publicitarios en las principales cadenas de televisión, y
minutos suficientes en las mismas durante todo el año como para explicar lo que
ahora no es posible, dado el bombardeo e intercambio de salivazos en que se
convierte cada disputa electoral.
El gasto de
dinero público que supone el mantenimiento de las estructuras partidarias es
inadmisible moralmente por una sociedad que padece graves problemas sociales,
diferencias económicas abismales entre sectores diversos de la población, un
elevado número de personas en paro, y otro numeroso contingente que no alcanza,
bien con su sueldo, bien con su pensión o subsidio, el Salario Mínimo Interprofesional
que actualmente está en 570,6 euros. Frente a esto, los altos cargos de los
partidos políticos llegan a cobrar hasta 15 veces esa cantidad, y ello sin que
añadamos otras prebendas que a fuerza de su mal uso se han instaurado como
propias al cargo. Hablamos de comisiones, regalos, títulos honoríficos y
premios, pensiones vitalicias, etc., etc., etc.
Los partidos
políticos, que deberían a mí entender mantenerse por las cuotas de sus
afiliados, exigen con la modificación de la Ley de Financiación más dinero
público, al mismo tiempo que dicen reducir las posibilidades de recibir
aportaciones de dinero privado. Aunque está bien claro que ambos al final no
son iguales, por lo que éste último, el privado, siempre tendrá mayor consideración
que aquel que sale de los bolsillos de la ciudadanía. El dinero público no
exige, es dinero que desaparece, mientras que el dinero privado tiene detrás a
una persona, una entidad o una empresa que ha de esperar y reclamar una cierta
compensación por ese ingreso en las cuentas del partido. De ello se derivan
hechos posteriores como los que continuamente saltan a las portadas hablando de
corrupción, recalificaciones, prevaricación, tráfico de influencias, nuevas
palabras muy en boga que vienen a sustituir a otras que suenan peor: amiguismo,
clientelismo, caciquismo, y otros males que siempre han afectado a la
política.
Al mismo
tiempo que los gastos de los partidos políticos se disparan, con una previsión
para 2007 de 111 millones de euros de dinero público destinados a este fin, se
plantea la cuestión de la deuda que arrastran gran parte de dichos partidos, y
que superan los 200 millones de euros. Muchas personas quisieran para sí las
facilidades que obtienen de las entidades financieras entes como los partidos
políticos para renegociar sus deudas o incluso verlas condonadas, lo cual
muestra lo íntimamente ligados que están política y banca. Así, en
un mundo donde desgraciadamente manda el dinero, ya nos podemos imaginar quien
marca el paso.
Con todo este
dinero de por medio no es de extrañar que los propios partidos sean instrumento
de control sobre la participación directa de la población en los asuntos
públicos, reduciendo ésta a la emisión de un voto un día determinado. Caro, muy
caro nos sale como para no plantearnos la continuidad de esta exaltación del
despilfarro. Por ello, paren un momento, tomen aire, reflexionen sobre lo aquí
expuesto y contesten ¿realmente "concurren los partidos políticos a la
formación y manifestación de la voluntad popular"? ¿O es la ciudadanía
votante, y dicho sin ánimo de ofender, la mera voluntad de los partidos
políticos?
* Sec.
Acción Sindical del SOV de CNT-Canarias
Tlf.: 620 41 78 48