EL
CENTINELA
ISAAC
DE VEGA O EL HOMBRE DESAMPARADO
Por
Jose Almeida Afonso
Uno de los libros para mí más
estremecedoramente turbador, e incluso, quizá más
difícilmente angustioso escrito jamás en Canarias -su nacimiento hay
que situarlo en los años 50-, del escritor canario Isaac de Vega ha reaparecido
bajo el nombre de “Cuatro
relatos” en la siempre interesante editorial Benchomo (desde hace más de
20 años siempre sensible a la mejor prosa y a los mejores textos
que se han escrito y escriben en
Canarias para rescate y difusión de sus contenidos con sus siempre escasísimos
medios), para oportunidad de los que
hemos tenido la suerte de aprender y aprehender con el arte literario,
sea canario o foráneo en una tierra donde el 90% de nuestros paisanos
jamás ha leído ni leerá un libro.
Son
cuatro textos con nombres tan
sugerentes como:
Estos
cuatro relatos, escritos hace más de 30 años, el paso del tiempo -ese juez
implacable-, no les ha restado ni un ápice de interés ni por su contenido,
emparentado con lo mejor prosa de Poe, Rimbaud o Kafka, ni por su estilismo
formal, frases cortas, cortantes, no te permite siquiera un respiro,
acaso un engaño para no hacer tan terrible el drama que viven sus personajes
encerrados en unas vidas indecibles, terribles, amargas…
Por
ejemplo, en el primer relato,
En
este relato y, también, en los restantes, ésta será una constante que
determinará negativamente las desgraciadas vidas de los personajes
protagonistas, en mayor o menor medida.
Los
cuatro relatos están poseídos por una atmósfera asfixiante, enrarecida,
pesada, en el que los personajes van mostrando sus miedos, sus fantasmas, sus caóticos
y enfermizos mundos interiores, y lo peor todo, tal vez, es que en lo más
profundo llegan a intuir, alcanzando un grado de consciencia contra la que nada
puede hacer, que su miserable realidad no va a cambiar jamás.
En
estos relatos pareciera que la historia que cuenta Isaac de Vega, lo narrado por
los personajes, es mera anécdota que nuestro escritor de hoy, el todavía vivo
(ronda los 87, ahí es nada) y Premio Canarias de Literatura -compartido con
otro de nuestros mejores escritores vivos, el también genial y no menos
provocativo Rafael Arozarena (autor de la famosa novela llevada al cine "Mararía"),
quizá por ser uno de los cofundadores de un movimiento literario, que llaman Fetasa,
y que sus propios creadores afirman rotundos cuando se les pregunta por tal fenómeno
que ni ellos mismos saben muy bien
el verdadero alcance porque surgió en unos momentos muy dramáticos para
Canarias, y quizá, en estos momentos no sólo no se entienda, sino que habría
que hacer un auténtico y muy riguroso análisis económico, político,
cultural, educativo, sanitario, etnográfico, psicológico y hasta antropológico
de las Canarias de aquellos años, de Tenerife, y por último, del espacio por dónde
discurría la vida de sus cofundadores - utiliza genialmente para
introducirnos en un mundo de profundas, pensadas y sentidas reflexiones acerca
de la vida del hombre en el mundo y de su, hasta ahora, indefectible, incierto y
adverso destino, de las actitudes que le
plantean lo patético y absurdo de
sus existencias.
Así,
en uno de estos relatos llegará a decir: “Somos
seres ciegos, que la tierra irá produciendo hasta que se enfríe la luz del
sol”. O, también,: “Esos
futuros hombres se irán extinguiendo, sintiendo su vacío y su oscuridad
interna, llenos de terror y locura”. Con lo que concluimos que sus
personajes están solos, se saben sólos, abandonados en este mundo al que no le
encuentran ningún lógico sentido, sin amparo en religiones redentoras, ni fe
en una vida mejor después de la muerte, ni en vanas ilusiones amatorias o de
felicidad.
Sus
personajes ni se lo llegan a plantear siquiera: se saben solos en medio del
universo infinito con la conciencia de que sólo son “motas
de corta vida” y que, después de la muerte, no hay nada, sólo el más
absoluto vacío. Y este sentimiento los va trastornando, confundiendo,
arrastrando a un mundo de desesperación y oscuridad sin límite ni concierto.
Los
personajes que habitan estos cuatro relatos seres solitarios, extraños,
esclavos de un mundo exterior que no alcanzan a comprender y con un mundo
interior confuso, perdido en la inmensidad del abismo que los habita.
Isaac
de Vega nos hace ver que todos, cada uno de nosotros, podemos estar condenados
al extrañamiento inmediato y permanente, al desconcierto y a la locura, por
causa de determinados acontecimientos cotidianos adversos al entrar
en contacto con nuestro mundo interior: este es el destino oscuro y
tenebroso que tiene el ser humano en estos relatos. Y en la vida real. Este es
el destino que tiene el hombre para Isaac de Vega: así de cruel y despiadado ve
al hombre nuestro autor y no existe siquiera la compasión, la misericordia, la
redención. Nada.
El
protagonista del segundo relato, paralizado por un miedo hacia todo lo que le
rodea, afirma que lo “envuelve
el fantasma de toda la miseria del hombre, de toda la podredumbre de sus espíritus,
de toda su falta de hombría y valor”, con esto, podemos hacernos una
idea del mundo tétrico y sombrío en el que vive enteramente poseído y del que
no puede -ni acaso quiere- escapar.
En
Isaac de Vega, Premio Canarias de Literatura en 1988, junto con Rafael
Arozarena, como ya apuntamos, tenemos un buen ejemplo de la buena literatura que
se hace en Canarias, una literatura como ésta que hoy nos convoca, metafísica
y existencial, donde el adverso destino del ser humano es el protagonista
principal, es la pura metáfora de la soledad y la incertidumbre del hombre en
lo infinito del cosmos y preso de las pasiones humanas, casi siempre vanas.
Así
nos ve Isaac de Vega y, quizás, así seamos en verdad: seres caóticos,
solitarios, extrañados, en un mundo que no alcanzamos a comprender y que
continuamente se nos está escapando de la mano, que permanentemente nos
huye…de la luz que esperamos ilumine nuestra existencia y siempre nos es
negada.
Aquí,
siempre aparece "el otro", el obstáculo, la sombra que lo oculta
todo, el sueño desvanecido en la nada, el sentimiento de que indefectiblemente
estamos abocados al fracaso de un verdadero entendimiento con la esencia de la
vida, con nuestro yo más profundo y con la representación de los otros en
nuestras existencias. Nada. Menos que nada. Peor que el vacío y la más
absoluta oscuridad. Esto es parte de lo que nos transmiten sus textos. Pero
siempre hay más. Algo más que cada uno, independientemente, debe encontrar,
esto es sólo una invitación a sus otras muchas lecturas.
Isaac
de Vega -nacido en Granadilla, (Tenerife), en 1920- es un maestro en el arte de
contar, de irte metiendo poco a poco
en la historia que cuenta. Son unos relatos en los que nos muestra un mundo
oscuro, caótico y desgarrado, que ahoga a los personajes hasta casi hacerlos
desfallecer en una lenta agonía; son personajes que se encuentran, antes que
nada, desamparados en la vida: es el hombre desamparado y sólo frente a su
fatal destino, que por momentos termina siendo el nuestro, que es el nuestro.
El
profesor y ensayista Africo Amasik (Pablo Quintana), afirma que “Isaac de Vega
es uno de los pocos novelistas iguales y legibles que han cultivado nuestro
idioma en todo el Estado español después de
Isaac
de Vega ha publicado un buen puñado de libros, tanto de relatos como novelas,
de los que destacamos “Fetasa” (1957), “Antes de Amanecer” (1965),
“Cuatro relatos” (1968), “Parhelios” (1977), “Conjuro de Ijuana”
(1981), “Viento” (1982) “Pulsatila” (1988), “Tassili” (1992) y
“Gehena”(1997).
Isaac
de Vega, de palabra comedida y secreta sólo se expresa a través del Universo mágico
y ensoñador de su irrepetible e inigualable literatura: personajes solitarios,
entregados a alucinantes y alucinados mundos interiores que van mostrando sus
anhelos y debilidades, sus locuras, sus inútiles vidas que pueden ser las de
cada uno de nosotros a poco que te dejes ir.
Y
aunque no esté convencido plena, totalmente, estoy por asegurar que Isaac de
Vega no podría vivir sin
Como
Isaac de Vega dijera en cierta ocasión refiriéndose a
Aviso
para navegantes.