Canarias7, 29-04-2005

El oro y el moro

Carmen Merino

El Parlamento de Canarias se debatía ayer, 28-04-2005, entre el oro y el moro. El oro negro del petróleo que podría estar escondido en las profundidades submarinas cercanas a las costas de Fuerte-ventura y Lanzarote. Y el moro del vecino Marruecos, que no sólo podría tomarnos la delantera, de hecho ya ha autorizado prospecciones, sino también pringar nuestras costas, nuestros turismo y nuestra Reserva de la Biosfera al tiempo que se llena los bolsillos que a tantos les gustaría haberse llenado.

Ese y no otro es el debate subyacente en el diálogo de sordos a todas las bandas que han emprendido las fuerzas políticas a cuenta de las prospecciones petrolíferas. Y digo debate subyacente porque, en realidad, de lo que hablan en público es de otras muchas y variadas cosas pero todas emparentadas en torno a un único objetivo: ni mancharse la conciencia con un no ala mera comprobación de si existe o no existe petróleo en aguas de soberanía española cercanas a Canarias, ni mancharse las manos con un petróleo al que es imposible acercarse sin arriesgar el patrimonio medioambiental sean cuales sean las garantías sobre el papel.

Sólo el PP, que no tiene necesidad de tomar decisiones directas ni en Madrid ni en Canarias, se viene mostrando y se mostró ayer en el Parlamento abiertamente resuelto a autorizar las prospecciones. Pero con la misma resolución que el presidente popular del Cabildo de Lanzarote secunda la negativa de la institución a tales prospecciones. En el ámbito del Parlamento, sólo el PIL está siendo capaz de articular un contundente no que se sustenta, como ayer apuntó María Isabel Déniz, en el consenso que en tal sentido han alcanzado las instituciones de Lanzarote y Fuer te ventura. Y entre uno y otro, PP y PIL, se sitúan dos partidos -CC y PSOE- que juegan sin pudor al ratón y al gato con tal de no asumir el coste de una decisión política en Madrid y en Canarias.

A escala de la política de salón y sin sustancia en la que tantas veces se enreda la comunidad autónoma, el pleno parlamentario de ayer iba a ser aquel en que CC y PP demostraban otra vez la radical inoperancia de su sociedad política con una nueva y contundente división de su voto. Así ocurrió de hecho, aunque este aspecto de la cuestión quedó finalmente tan desdibujado que ni siquiera tomó relevancia la insidiosa circunstancias de que un socio, CC, hubiera abandonado a su suerte a la otra parte contratante, el PP, en lo que había sido una iniciativa parlamentaria conjunta porque, una vez más, se le rompía el voto en sus propias filas.

La realidad de las cosas fue que el PSOE se convirtió ayer en el punching en el que se dieron gusto los restantes grupos. El PP porque los socialistas son incapaces de adoptar una decisión de la que podría derivarse, en el caso de que el petróleo sea algo más que una fantasía más del mito del tesoro escondido, un importante factor de desarrollo económico para Canarias.

El PIL porque los socialistas están tratando de buscar excusas y justificaciones para dar vía libre a las prospecciones cuando lo que tiene que hacer el Gobierno de España es negar las autorizaciones, delimitar la mediana con Marruecos y permitir que sean los canarios los que tomen la decisión.

Y los nacionalistas, hábiles como ninguno para vivir en permanente proceso de descomposición sin perder la compostura, porque los socialistas se comportan con deslealtad institucional -tratan de forzar el pronunciamiento del Gobierno de Canarias- eluden las responsabilidades -porque de ellos es la competencia- y hacen uso de un doble lenguaje -en Madrid dicen sí y aquí se oponen-.

Ante tanto halago, los socialistas optaron por hacer ruido desde su escaño e intentar darle con la porra en la cabeza al presidente del Parlamento, un blanco fácil para el grupo cuando el debate se les va de las manos. Preciso es sin embargo reconocer el mérito de Santiago Pérez, el brillante portavoz de las causas políticamente perdidas. Tan brillante que trata de embaucar al Gobierno para que sea el primero que dé un paso al frente. Y el primero que se coma por las patas el tigre ecologista.