El tranvía
Angel Isidro Guimerá Gil
A
hora resulta que nadie quiere el tranvía. Santa Cruz es un clamor contra el tranvía. La gente normal y sencilla que vive en Santa Cruz, taxistas, empleados, profesionales, etc.., están hasta el gorro del dichoso tranvía. Los esfuerzos publicitarios del Cabildo, que rondan los mil millones de las antiguas pesetas, no han servido de nada. Es dinero tirado y despilfarrado. Exactamente igual que es despilfarradora la obra en cuestión. Una obra que, como ha demandado ya el grupo municipal del PNC, debe ser paralizada cuanto antes.¿Y por qué todo esto? ¿Qué ha ocurrido con el tranvía? ¿Por qué no lo quieren en Santa Cruz? Es fácil de entender. Los habitantes de Santa Cruz, ciudadanos y comerciantes, han soportado recientemente y durante años las obras del Plan Urban, cuyos lastimosos resultados están a la vista. No se trató entonces solo de molestias permanentes, sino de cuantiosas pérdidas económicas. Ahora, con el tranvía, vuelve a levantarse otra vez y durante años el asfalto en las calles y arterias más importantes de la ciudad, sin aún disponer de un trazado definitivo. Y todo esto sin que nadie vea la utilidad real de este medio de transporte. Y todo esto sin haberse demostrado en ningún momento su eficacia.
Al igual que el Plan General de ordenación Urbana, elaborado a espaldas de los habitantes de Santa Cruz, el tranvía nace muerto. No se abrió en su momento un debate previo sobre el proyecto del tranvía en la sociedad tinerfeña. Las consultas previas de los grandes proyectos son una constante en la ciudades europeas. Aquí cada vez hacemos las cosas peor. Con una visión realista las obras del tranvía podrían superar en el año 2007 los cien mil millones de pesetas. Semejante inversión no es razonable. Todavía esperan el Norte y Sur de la isla que se coloque la primera piedra de sus respectivos hospitales. Todavía esperan los barrios de Santa Cruz las obras prometidas. Pero es que, además, en los Presupuestos Generales del Estado no existe ninguna partida presupuestaria que financie el tranvía.
Por otra parte, la descoordinación existente entre el Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular de Tenerife y el Ayuntamiento de Santa Cruz con respecto a este proyecto es evidente, como puede apreciarse con las modificaciones al trazado. En cualquier caso, lo lógico sería abordar ahora la elaboración de un Plan Integral de Transporte Público que coordine y armonice todos los elementos que participan en la circulación. Doce kilómetros de la vía del tranvía, con el altísimo coste que conlleva, en modo alguno solucionaría la congestión de tráfico en Santa Cruz.
Cuando los problemas se abordan con irracionalidad, precipitaciones y una absoluta falta de planificación en el tiempo, no queda otro remedio que las medidas traumáticas. Ayer fue la moratoria turística. Hoy, lamentablemente, hay que poner un stop al tranvía.
Y siento tener que escribir estas líneas por mi amigo Ricardo Melchior, que es la persona que más quiero y respeto de todo eso que llaman Coalición Canaria.