¿En qué país vivimos?

 

Francisco García-Talavera Casañas

A veces sueño despierto. Son esos momentos dulces en los que das rienda suelta a la ilusión y a la imaginación. Vas moldeando, a tu gusto, el espacio, el tiempo y los protagonistas. Tratas de acomodar lo que parece ficción hasta hacerlo realidad y, a ser posible, con un final feliz. Veo un gran foro. Pero no consigo observar si se trata del Parlamento europeo, la Organización de Estados Africanos, las Naciones Unidas o quizás uno que no existe. El hecho es que por fuera de esa institución aparece, entre una fila interminable, la bandera de las siete estrellas verdes e incluso alcanzo a escuchar un fondo musical en el que suena con solemnidad el himno de Canarias que, curiosamente, no es el arrorró…

Pues bien, volviendo a la realidad, este pequeño gran país afroatlántico, sin fronteras y superpoblado, considerado ultraperiférico de Europa e incluido en un Estado plurinacional que es España, sigue siendo tratado, aunque veladamente, como una semicolonia de ultramar, a la que se mira desde el poder central con una extraña mezcla de envidia -por su clima y bellezas naturales- y de menosprecio hacia lo que consideran una actitud servil y "tropicaloide" de sus gentes. En suma, nos ven "diferentes" por nuestro físico, y por nuestra manera de ser… "aplatanados", como ellos creen.

La realidad es que nuestro Archipiélago fue considerado una colonia desde su anexión a la Corona de Castilla, a finales del siglo XV, hasta que, en 1812, las Cortes de Cádiz decidieron que pasara a llamarse "provincia" de Canarias. Por esas mismas fechas, cuando comenzaba la emancipación americana, todavía las islas "de señorío" eran feudos privados de los marqueses de Lanzarote (Fuerteventura y Lanzarote) y de los condes de La Gomera (El Hierro y La Gomera), conservando el mismo status que después de la conquista… ¡en pleno siglo XIX!

España también llamó provincias a Ifni y al Sáhara y ya vemos lo que son ahora.

En esta cambiante geopolítica actual, a nuestro país (Canarias, por supuesto) le ha tocado jugar un papel importante, derivado, fundamentalmente, de su privilegiada posición geoestratégica en esta parte del mundo. Su condición geográfica africana nos la están recordando todos los días las pateras y cayucos que arriban a nuestras costas. Esos 95 kilómetros que nos separan y nos acercan al continente no son suficientes para intimidar al torrente humano que nos invade. Ni siquiera los 1.500 kilómetros que hay entre Senegal y este archipiélago macaronésico.

Por otro lado, nuestra (ambigua) condición política europea está atrayendo al "paraíso prometido" a esas decenas de miles de inmigrantes sudamericanos y europeos ilegales que, año tras año, llegan a nuestra tierra por vía aérea. Muchos continúan su viaje a Europa, y otros muchos se quedan aquí a trabajar honradamente pero, como todos sabemos, las mafias proliferan en esos sures.

Muy diferente es el caso de nuestros hermanos retornados de Venezuela, Cuba y otros países, a los que injustamente se les ha tratado como extranjeros a su llegada y que no merecen sino nuestra más cordial bienvenida y agradecimiento por lo que hicieron por su tierra y por su gente en tiempos difíciles.

Ante este sombrío panorama, ya va siendo hora de que los canarios pensemos en el incierto futuro que se nos presenta como pueblo y en el legado que le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos. No esperemos mucho de España, pues la experiencia está ahí, avalando su nefasta política exterior.

Es tiempo, también, de que conozcamos nuestra historia y de sentirnos orgullosos de nuestra canariedad y de las gestas, tantas veces silenciadas o ignoradas, de nuestros antepasados. Los canarios ofrecimos una tenaz resistencia a la conquista del Archipiélago, que duró casi 100 años y en donde se enmarca la gloriosa batalla de Acentejo. Los canarios, ya mestizados, contribuimos en gran manera al poblamiento de América e ilustres hombres de esta tierra fueron decisivos en la independencia de algunas de sus naciones. Fundamos ciudades tan importantes como Montevideo, San Antonio de Texas -donde luchamos en El Álamo- e infinidad de pueblos y ciudades en Cuba, Venezuela, Santo Domingo, Puerto Rico… Los canarios fuimos capaces de repeler victoriosamente los ataques de Nelson y Drake.

¿Y quién ante la adversidad no es capaz de defender a su familia, a su gente (su pueblo, su nación) y a su casa (su tierra, su país)? Como sabiamente dijo hace años Juan Manuel García Ramos, "ser nacionalista en Canarias es de sentido común".

Por lo tanto, en este país colonial -cuyos gobernantes, afortunadamente, ya se han percatado de lo que se nos viene encima y están por la labor- ha llegado la hora en que tome la palabra y la decisión el pueblo, los que de verdad sentimos esta tierra, no importa el color de la piel ni si hemos nacido o no aquí. Sólo nosotros seremos capaces de sacarnos las castañas del fuego, porque "los otros", como ya hemos visto, únicamente piensan en "su país" y nos pueden dejar vendidos a la primera de cambio.