ENSAYO SOBRE NUEVA ORLEANS
Miguel Mat
Recuerdo la información
que venía llegando desde Estados Unidos, concretamente sobre lo que ocurría
Nueva Orleáns y la ribera del Misisipi al paso de huracán Katrina. Todo
aquello me trajo a la memoria la obra de José Saramago, concretamente sus
libros Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez.
Cuando leí el primero de estos libros me pareció que en él se nos presentaba
una imagen aterradora de la sociedad actual. Ensayo sobre la Ceguera no
deja de ser una ficción realista que nos muestra una brutal metáfora de los
terribles tiempos que corren. La primera edición de esta novela se publicó en
el año 1996 y los acontecimientos políticos nos fueron acercando, cada vez más,
a esa realidad sombría y oscura de la sociedad “de ficción” que retrata el
autor. Esta historia podría desarrollarse en cualquier país o ciudad del
primer mundo, del llamado “occidente”, por ejemplo de los Estados Unidos, o
en otros estados del contexto.
La historia de la novela en cuestión se desarrolla a partir de la ceguera súbita
de una persona. Ceguera que luego, y sin saber cómo, se va extendiendo por la
población en forma de epidemia. A partir de ahí, el desarrollo de los
acontecimientos posteriores se aproxima bastante a lo que ocurrió en Nueva Orleáns
al paso terrible huracán Katrina. Como consecuencia del desastre y el caos,
empieza a destaparse lo más primitivo de la naturaleza humana: la voluntad
individual de sobrevivir a cualquier precio y la perversión del estado frente
al desastre; perversión que llega al extremo de ocupar militarmente la zona con
la orden de disparar a matar a toda persona que esté “saqueando” las
propiedades privadas.
Y mientras la población del país más poderoso del mundo se moría por falta
de alimentos y medicamentos, también en espera ser rescatada de los tejados,
atrapados en aquella caótica ciudad, el estado no respondió a la población
que se debía y debe: fuera negra, blanca o amarilla (curiosamente eran negros);
votante demócrata, republicano (posiblemente fueran votantes de otras
opciones); ricos o pobres (también eran, en su mayoría, pobres de
solemnidad)... Los responsable políticos, más preocupados por esconder el caos
de una sociedad que se muestra tutelada hasta el disparate, una sociedad
infantilizada y en la cual la colectividad está supedita a la individualidad y
donde la ética de la justicia y la solidaridad deja paso a la utilización del
miedo, la mentira y el terror institucional, apoyándose para ello si es
preciso, y como fue el caso, en la moral religiosa más fundamentalista.
Saramago en su libro nos hace ver que es posible superar la ceguera, y que en
ocasiones es necesario detenerse a mirar, para ver lo que pasa. Saramago nos
invita a mirar, a ver, a tener los ojos bien abiertos cuando otros ya han
perdido la visión. Esta esperanza nos la dibuja en el personaje de la mujer
protagonista de la novela. Esta, sin perder la vista, simula perderla para no
ser rechazada por los ya ciegos y para poder ayudarles a ver.
Este mismo personaje aparece posteriormente en el otro libro que antes mencioné:
Ensayo sobre la lucidez. Libro publicado en 2004 que recrea una nueva
epidemia, pero esta vez de lucidez, que invade la ciudad. Epidemia que crece y
crece, dando muestra de la talla moral que la población civil puede alcanzar
cuando ejerce su libertad frente a la perversión del modelo político y social
en el que viven. Empieza a forjarse entonces un movimiento que el gobierno teme,
se convierta en revolucionario, y por ello vuelven a poner en funcionamiento
todo el aparato del poder y terror institucional. Se vuelve a actuar contra la
población civil y se pone en marcha todos los oscuros manejos del poder o: se
saca el ejercito a la calle para frenar la voluntad popular; se empiezan a dar
denticiones masivas, se declara el estado de excepción, se buscan culpables de
no sé que delito…
Pensé que quizá a partir de ese desastre ocurrido en Nueva Orleáns, la
población empezaría a recobrar la visión y la consciente lucidez. Que a
partir del desastre y del caos, la población aprendería a mirar la realidad y
así a ejercer su libertad. Para ello sería necesario empezar por quitar de la
jefatura del estado al peor gobierno de todos los tiempos en Estados Unidos.
Gobierno que ha tenido una influencia nefasta para la mayor parte de los
ciudadanos de este planeta. Pero no sería suficiente.
Ahora, un año después de aquello, y cuando la desvergüenza de los gobernantes
vuelve a prometer a la población lo que ya se les prometió hace un año.
Ahora, cuando el caos sigue reinando en aquellos lugares donde habitan los más
pobres del país más poderoso del mundo, vuelvo a soñar. Pero esta vez mi sueño
es más ambicioso que entonces. Sueño que después de la epidemia de ceguera
que sufrimos, una nueva epidemia se extenderá por el mundo: los habitantes de
los pueblos del mundo ahora dicen ¡basta!, extendiéndose esta vez ese
ejercicio democrático por cada rincón del planeta, dando el pueblo una
contagiosa lección de lucidez a los poderosos y adocenados hombres de paja del
capital.
No sé si será en Nueva Orleáns, pero en otros lugares ya están sucediendo
cosas importantes: en las calles en México, exigiendo la devolución de la
voluntad popular a través de movimiento de resistencia civil como hasta ahora
no se había visto; ocurre en Bolivia, donde el pueblo a través de su ejercicio
democrático ha querido conquistar su digitad como pueblo; ocurre en cuba donde
cuarenta años después la resistencia contra el imperialismo continúa; en
Venezuela, donde y desde donde el movimiento indigenista y bolivariano se
amplifica en busca de otro mundo posible…
Habría que buscar alternativas posibles en nuestro contexto y comenzar ha hacer
un ejercicio democrático que nos permita recuperar la visión y lucidamente
conquistar dignidad individual y colectiva. Sé que los ejemplos antes citados
no son modelos extrapolables, pero no por ello podemos dejar de mirar hacia
estos países, en los que el pueblo está dando un ejemplo grandioso, donde
parece que una nueva epidemia, esta vez de lucidez, se está extendiendo.
Serán capaces de sacar los tanques a las calles contra la población a la que
se deben, tal como ocurrió en Ensayo sobre la Lucidez, y también en
Nueva Orleáns. Pero no hay mayor arma que el deseo de justicia social, la ética
de la solidaridad y el ejercicio de la libertad consciente y responsable. Y es
que a mí me gusta soñar.
(*) Miguel Mata Betancor es militante de UNIDAD DEL PUEBLO en Telde