Entre reyes anda el juego
Ramón Moreno
El juego de la diplomacia, entendida desde la más noble y real acepción del término. Pero donde también entran en liza los llamados intereses de Estado que, en este caso, han obviado las cuestiones de fondo.
Por eso, el viaje que el pasado 17 de enero realizara el Rey de España al vecino País, para encontrarse con su sobrino Mohamed VI, en una visita de Estado cuidadosamente preparada por la Diplomacia española, tiene, en mi opinión, luces y sombras.
Con independencia de la buena sintonía entre el Monarca español y su homólogo marroquí, y de los avances conseguidos en materia de cooperación bilateral, es evidente que entre España y Marruecos existen importantes asuntos (con el Sáhara de por medio) que no se han abordado en esta visita, o que se han pospuesto deliberadamente.
Y no me refiero al rocambolesco episodio de Perejil (situado en aguas territoriales marroquíes), y a la supuesta soberanía española del minúsculo islote. O a la delimitación de los espacios marítimos del Estrecho, con aguas adyacentes a ambos Estados, y que España pospuso sine die al parapetarse en el Artículo 10 del Tratado de Utrech de 13 de julio de 1713, suscrito por las Coronas de España y Gran Bretaña.
Ni al contencioso de Ceuta, Melilla e islotes próximos, cuya reivindicación por parte de Marruecos está supeditada a que España ¿recupere? El Peñón de Gibraltar, sujeto a un proceso de descolonización. Tampoco voy a entrar en si el Gobierno español, aprovechando la visita real, condecoró a personalidades marroquíes (militares y funcionarios de la Casa Real), acusados, unos de torturas y secuestros, y otros de corrupción, lo que resulta verdaderamente escandaloso.
Y, por supuesto, no voy a poner en tela de juicio las continuas denuncias del periodista marroquí Alí Lmrabet, cuyo último artículo Mentiras reales publicado en EL MUNDO, reitera que el sistema político y económico marroquí es anacrónico y feudal, que privilegia a una casta dirigente, a una clase política y económica a cuya cabeza figura el Rey Mohamed VI, jefe político y religioso de su país y heredero de una de las mayores fortunas del mundo. Tampoco voy a cuestionar las denuncias de significados disidentes marroquíes cuando dicen que Marruecos es la finca de la Familia Real, mientras las desigualdades sociales se agudizan y el pueblo pasa calamidades.
No entro en todos esos temas, porque ahí está el pueblo marroquí para sacudirse ese yugo opresor. Porque en realidad Marruecos no es una Monarquía Parlamentaria, como se nos quiere vender, y las libertades brillan por su ausencia.
El Rey reina y gobierna y, por tanto, goza de un poder omnímodo: es el jefe de las Fuerzas Armadas, nombra jueces y ministros, y el jefe del ejecutivo, ahora Driss Jettu -tecnócrata independiente- y antes Abderraman Youssufi, de la USFP -que ya lo fue con Hassan II-, es una mera figura decorativa.
Si a todo ello unimos la corrupción generalizada en todos los estamentos de la vida marroquí, y la represión indiscriminada de sectores progresistas y contestatarios al Régimen (disimulada por la lucha contra el fundamenta-lismo islamista), ¿de qué reformas democráticas y avances sociales estamos hablando? Por no mencionar la histórica persecución del pueblo beréber, sobre todo en el Rif.
¿Cuánto es el montante de los capitales que la oligarquía marroquí -una élite- tiene situados en el exterior? ¡Cientos de miles de millones de dirham!; que si fueran repatriados, incluidos los de la Familia Real, la economía marroquí daría un vuelco espectacular. Pero la estrategia perversa de crear situaciones límites (el mismo problema de las pateras) para luego pedir ayudas y subvenciones, es una constante en la política marroquí. Ahora, las autoridades marroquíes han logrado convencer de nuevo a la UE, que se propone invertir 40 millones de euros en blindar las fronteras de Marruecos cuando, según el Frente Polisario, son los militares marroquíes corruptos, al otro lado del muro, quienes fomentan este flujo migratorio al beneficiarse del canon que pagan los subsaharianos para llegar a Europa.
Pero a pesar del grave problema de la inmigración que tanto nos afecta (en Canarias ya tenemos metida una quinta columna de marroquíes), a mi, lo que más me preocupa de toda esta historia, es que a Canarias se la está utilizando como moneda de cambio en las nuevas relaciones hispano-marro-quíes. ¡Y eso salta a la vista!
Inclusive, ya existe todo un Lobby canario pro marroquí, auspiciado por el señor Mauricio y sus acólitos, convenientemente situados. ¿Qué están tramando con tanto viaje a Marruecos y a los territorios ocupados?
Mientras tanto, ¿qué piensa hacer España para propiciar el trazado de la mediana entre Canarias y Marruecos, sabiendo, como sabe, que ésta sólo se podrá instituir y delimitar desde un Estado Archipelágico Canario?
¿O acaso el Estado español, que desde 1981 ya sabía que, salvo La Palma y El Hierro, el resto del Archipiélago está "incluido en la ZEE marroquí, antes de facilitar nuestra independencia, y así poder delimitar nuestros espacios marítimos con Marruecos, opta por la política del saqueo y la rapiña repartiéndose con este país los yacimientos de hidrocarburos localizados en nuestras aguas, y que legítimamente pertenecen al pueblo canario? ¿Es que ya está escrito que Canarias -como ya apuntaban Los Coquillos- un día será marroquí?
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