Entrevista a Francisco Sesto
Ministro de
Por Marcelo Colussi
“No hay ninguna cultura que prevalezca sobre otra,
todas son igualmente importantes.”
Después de años en que la cultura se concibió casi
exclusivamente como “bellas artes” reservada a una muy pequeña élite, hoy las
cosas están cambiando aceleradamente en
Argenpress: Hoy día Venezuela transita una revolución,
un profundo proceso de transformación. Siempre se dice que la cultura, en un
sentido amplio, es una clave fundamental para los cambios: no hay revolución si
no hay revolución cultural. Al respecto, entonces, ¿cómo entender hoy la
cultura en esta Revolución Bolivariana?
Francisco Sesto: Hay una opinión que te la
deberían dar los creadores mismos: los intelectuales, los artistas; sería bueno
que incluso juzgasen, con visión crítica, qué es lo que se está haciendo desde
la gestión cultural, que pudieran decir si hay una estética de la revolución. Y
por otro lado hay una opinión que te la puedo dar yo como funcionario. Los
funcionarios no crean; o, al menos, no crean como funcionarios. Simplemente
tienen una responsabilidad en sus manos, que en este caso, como Ministro, consiste
en poner los instrumentos del Estado al servicio de esta transformación
revolucionaria que estamos viviendo. Este profundo proceso de
autotransformación lo hace el pueblo, no nosotros los funcionarios públicos. Lo
que nos encontramos al inicio de la gestión fue que el Estado no tenía
instrumentos reales con que encauzar esas transformaciones tan profundas que
comenzaban a tener lugar, esa energía tan enorme y variada de nuestro pueblo.
Por eso mismo, en estos años nos hemos encargado de dotar al Estado de ese
bagaje instrumental con el que poder desarrollar las políticas acordes a esos
cambios que se están produciendo. Hubo que refundar la institucionalidad,
repensarla, suprimir algunas instituciones, crear otras, para así poder
desarrollar políticas nuevas, políticas en el marco de la revolución que se
está produciendo: una nueva política editorial, una nueva política en el cine,
en las artes escénicas, creamos un programa académico del propio Ministerio por
el cual tenemos 35.000 estudiantes haciendo trabajos con las comunidades
metidos en todo el territorio nacional. Es decir: nos estamos moviendo mucho,
nos estamos preparando para armar esa nueva institucionalidad que el momento
requiere para hacer que el Estado revolucionario pueda acometer, bien equipado,
las tareas que le competen. En el pasado, lo poco que había en el área
cultural, venía desarmándose, desarticulándose. Esa estructura anterior era muy
pequeña, porque estaba concebida como una cosa de élite, pequeña, reservada;
por el contrario nosotros hemos venido desarrollando una política de inclusión
en términos territoriales para todo el país. Anteriormente todo se concentraba
en la capital, sólo en Caracas. Ahora se llega a toda la población nacional. No
hay que olvidar que tenemos 32 lenguas originarias vivas. A veces eso no se
recuerda; nos quedamos sólo con la imagen de Venezuela como país petrolero y
nada más. Pero la complejidad de nuestro país es muy grande, con muchos grupos
indígenas originarios, con una gran población afrodescendiente, con muchas
comunidades de inmigrantes. Es decir: aquí hay una enorme variedad cultural, un
país con una gran diversidad. Por tanto toda la expresión cultural es algo
sumamente rico, amplio, variado.
Argenpress: Hoy día es un lema del Ministerio, que podemos
ver y escuchar por todas partes, que “El
pueblo es la cultura”. ¿Qué significa exactamente eso? ¿Cómo debemos
entenderlo?
Francisco Sesto: Es una consigna que surgió
para expresar, para hacer explícita esa política de la inclusión, y para
reforzar la idea respecto a que había que cambiar la visión de una gestión
cultural hecha desde la élite y sólo para la élite por una gestión que
estuviera al servicio de todo ese universo creativo que viene de abajo, que
está en el pueblo. Anteriormente el Estado nunca tomaba en cuenta toda esa
riquísima variedad de expresiones culturales populares, de los pueblos
originarios, del mundo campesino. A lo sumo eran objeto de investigaciones
académicas, había algún estudio por allí, algún registro audiovisual de alguna
expresión de este tipo, siempre entendiéndola desde un punto de vista
folclorista. Pero no había una política expresa de enfocarle los reflectores
para sacar esas manifestaciones de la penumbra y ponerlas a plena luz, una
política que las reconociera como protagonistas de primera línea en la cultura
del país. Eso antes no existía; es sólo ahora, a partir de
También hemos desarrollado
otra consigna, que es complemento de la anterior: “Revolución en la conciencia”.
Para efectos prácticos nos
movemos con dos conceptos de cultura: por un lado, la entendemos como “alma
colectiva”, lo que tiene que ver con las raíces, con la memoria histórica, con
lo que nos diferencia y nos une con otros, lo que tenemos en común, nuestra
propia diversidad. Es decir: lo que es el patrimonio, ya sea tangible o
intangible. Todo aquello que es importante para desarrollarnos. El presidente
Chávez lo explicó con una sola frase: “cultura
es lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser”. No podemos construir
un futuro si no partimos por conocer lo que somos. En ese sentido no hay
ninguna cultura que prevalezca sobre otra, todas son igualmente importantes.
Ese es el verdadero esfuerzo de inclusión.
Y también hay otro concepto de
cultura, que es al que se refiere Martí cuando dice: “hay que ser cultos para ser libres”. Es la cultura como
conocimiento, como manejo de información, como una sabiduría para entender
ciertos procesos. Tiene un sentido más instrumental, como cuando se dice: “este es un hombre culto”. Es en razón
de esas dos concepciones que manejamos que tenemos dos vice-ministerios: uno de
Identidad y Diversidad Cultural y otro de Cultura para el Desarrollo Humano. Y
por supuesto no entramos a discutir qué otra cosa es cultura porque no nos
interesa mucho meternos en ese lío teórico enorme, interminable.
Argenpress: Tu decías que eres un administrador, un
funcionario. También eres un creador: eres un escritor. Entonces, tanto como
hombre de cultura, como creador, y también como funcionario público, ¿qué
diferencias básicas encuentras entre lo que fue la gestión cultural antes de
Francisco Sesto: Creo que hay cambios
cuantitativos evidentes. Eso es innegable. Hoy día prácticamente puede decirse
que no hay un solo escritor inédito por su propia voluntad; el que quiera que
le publiquen un libro, lo puede hacer. El que tenga una composición musical ya
puede dejar de tenerla archivada esperando a ver quién se la da a conocer, y lo
mismo pasa con el que tenga una obra de teatro, o un guión para una película.
Quiero decir: la institucionalidad cultural está ofreciendo enormes
posibilidades para que nadie se quede al margen, cada vez más y en todo el
territorio nacional. Y lo seguiremos haciendo así, afinando cada vez más los
instrumentos que facilitan esa política. Todos, absolutamente todos tienen su
oportunidad de expresarse. Pero además hemos descubierto, con mucho asombro por
cierto, que en términos cualitativos se ha evidenciado una cantidad de talentos
que estaban allí, como a la espera. Faltaba que tuvieran su oportunidad de
expresarse, sólo eso; y en eso consiste la gestión cultural que se está
llevando a cabo ahora, en permitir esa expresión. Nosotros queremos hacer un
pueblo de escritores y de lectores. Alguien podrá decir que eso es demagogia;
pero en realidad lo que hemos descubierto es que había muchos, muchísimos
talentos ocultos que no tenían los espacios para manifestarse. Y ahora están
aportando. Por ejemplo, veamos todo lo que está pasando con el cine. Además de
seguir apoyando a las viejas glorias del país, sin dudas figuras importantes en
nuestra historia, se ha apoyado a los jóvenes talentos. Y en apenas dos años se
hicieron alrededor de 500 documentos audiovisuales, muchos de gran talento. Lo
mismo pasó en el área de las artes plásticas, que fue siempre,
tradicionalmente, manejada por una élite cerrada; ahí también se está dando una
gran apertura. Y lo mismo aquí se hizo evidente la enorme cantidad de talentos
que estaban ocultos, sin posibilidades de manifestarse. Nuestra
responsabilidad, como Ministerio, es poner los instrumentos pertinentes al
servicio de toda esa creatividad hasta ahora oculta, marginada. Esa es una
diferencia muy grande con el pasado: rompimos con la estructura de la élite y,
apoyándonos en la hipótesis de que todo el mundo tiene algo que comunicar, una
vida interior, una visión del mundo que puede manifestar, estamos tratando de
liberar toda esa potencialidad cultural dormida. Será luego la vida misma, la
historia, quien diga que alguien tenía más talento que otro; pero eso no se
puede decir de antemano. Esas cosas no están prefijadas, así como nadie está
predestinado por fuerzas naturales a ser rico o pobre. Lo mismo sucede en el
área cultural: ningún talento está predeterminado por pertenecer a una familia
o cosa por el estilo. Estamos tratando de abrir las posibilidades para que todo
el mundo haga, y que todos también puedan crecer en la capacidad de disfrute. O
sea que todos desarrollen su cultura literaria, su cultura cinematográfica, su
cultura artística en general. Todos sin exclusiones.
Argenpress: La cultura puede ser tanto un instrumento
de dominación como de liberación. En Latinoamérica padecemos una cultura
impuesta desde el Norte que sirve para mantenernos maniatados, excluidos. ¿Cómo
podría lo cultural servirnos para tomar distancia del imperialismo? ¿Puede una
cultura propia, no impuesta, jugar un papel revolucionario? ¿Crees que podemos
ir hacia una integración cultural en el marco del ALBA? ¿Podría ello ayudar de
alguna manera a la causa de la transformación social?
Francisco Sesto: Creo que sí. Vamos, más que
hacia una integración, hacia una unidad. Nada está predeterminado; podemos
luchar para que las cosas vayan para un determinado lado, pero en realidad no
sabemos cómo saldrán finalmente. Nada está predeterminado, insisto, pero todo
apunta a que en este siglo XXI se va a lograr la unión de nuestros pueblos, de
nuestros países en una gran patria. Lo interesante es que desde la cultura
podemos contribuir en mucho a esa unidad. Es más fácil a veces lograr acuerdos
administrativos, económicos, lograr tratados aduaneros o en relación a
pasaportes, acuerdos comerciales, que lograr una verdadera unión en lo
cultural. Ahí, por muchas razones, se ve más difícil la situación. Pero estamos
yendo hacia allá. Tenemos ya el instrumento idóneo que nos puede ayudar en esto
que es el Fondo Cultural del ALBA. Eso ya está en marcha. Y hay políticas
concretas, que se basan, básicamente, en hacer cosas en común. Nada une tanto a
los pueblos como el plantearse retos comunes. Con el Fondo Cultural del ALBA
visualizamos la posibilidad, a muy corto plazo, de tener una productora latinoamericana
y caribeña de cine, así como imprentas regionales distribuidas como red por
toda nuestra región, y también una
distribuidora de libros latinoamericana y caribeña. Creemos que podemos
convertir a ese Fondo en un instrumento que sirva realmente para la unidad
regional. Creemos que en las diversas áreas de las artes podemos llegar a tener
como agencias que sirvan para mover a nuestros artistas por todo nuestro
territorio, y más allá de ellos también, propiciando el diálogo intercultural. Eso
es importantísimo, no se lo podemos dejar al mercado. Son los Estados los que
deben tomar a su cargo esas políticas. Incluso eso hay que hacerlo con un
genuino espíritu latinoamericanista más allá de las diferencias políticas que
pudiera haber entre los distintos gobiernos. Al final esa unión, ese
acercamiento de todas nuestras culturas como un bloque, respetando las
diversidades, por cierto, puede darnos gran fortalezca. Alguien debería ser muy
mezquino para decir que no se debería hacer, más allá de diferencias políticas.
Argenpress: Ese acercamiento ¿podría tener un valor
revolucionario finalmente?
Francisco Sesto: Seguro que sí.
Especial para Argenpress