La Caja , primer largometraje del canario Juan Carlos Falcón e inspirado en una obra del escritor también canario Víctor Ramírez

 

Este viernes [23-03-2007] se estrena La Caja, primer largometraje del canario Juan Carlos Falcón e inspirado en una obra del escritor también canario Víctor Ramírez. Nos dejaron el muerto pasa a convertirse, además de referencia literaria e incluso académica, en puro cine.

ángeles jurado /las palmas de gran canaria [20 marzo 2007]

- ¿Qué se siente siendo el autor de Nos dejaron el muerto e inspiran­do una película como La Caja?

- Una de las grandes satisfacciones que me ha producido esta novelita es la pelí­cula. Yo veo a la película como una nieta. Mi hija, la novela, casada con Juan Carlos Falcón y su entorno llamémosle técnico y artístico, ha parido una hijita que, por lo que me han dicho, es preciosa. Todavía no la conozco. Espero conocerla pronto.

 

- Es una versión libre de su novela, por­que usted no ha querido intervenir en el guión en ningún momento.

- Sí. Cuando Juan Carlos me habló del proyecto, a través de Sindo Saavedra, me sorprendió e incluso le adelanté que segu­ramente no iba a recibir ayuda pública de aquí para la película. No quise ver el guión para no interferir, porque era un trabajo suyo y yo respeto mucho la creati­vidad ajena. Sí que estaba disponible para cualquier consejo o duda y ahora estoy tremendísimamente agradecido a Juan Carlos y a Andrés Santana. También co­nocí a varios de los actores, muy simpáti­cos, y estaba en contacto con el trabajo, en lo que me dejaron, allá en Fuerteventura. Ojalá la película sea buena, sea vivida por el espectador y también le dé gratificacio­nes a los que se han metido en ella. Es lo que te puedo decir.

 

- Su relación con el cine era ya espe­cial desde atrás...

- A mí me gusta mucho el cine. Llevé el cine club en la Laboral durante cinco o seis años y pro­picié la lectura de películas a muchos alumnos. Así que imagínate cómo estoy: estoy deseando conocer a la niña, a mi nietita, La Caja. Y también deseo que la película sirva a los espectadores, como muchas películas me han servido a mí.

 

-¿Qué le parece que haga historia compi­tiendo en la sección oficial del Festival?

- El mercado existe, somos mercado. Ahora, la honradez, la valía está en lo que se vende, cómo se vende y cómo se compra. A mí no me han importado mucho los premios literarios, nunca me he presentado a ninguno. Aunque tampo­co estoy en contra de ellos, sino todo lo contrario. Gracias a premios litera­rios, conocemos a muchos escritores y a muchas obras buenísimos. Me alegro por esa empresa que ha hecho posible ese producto llamado La Caja. Y , de re­bote, también por mí. No sé qué valor puede tener eso, pero lo tiene, el haber sido seleccionado por el Festival Inter­nacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria.

 

-Su obra ha sido traducida al italiano y objeto de artículos de académicos senegaleses...

- Sí y también se ha traducido al turco. Hay una profesora turca que ya se jubiló, da clase de literatura y se enamoró de mi obra. Yo no la conozco ni siquiera por foto, pero ella a mí sí, por los libros. Le gustó tanto mi literatura que ponía mis textos a sus alumnos y sacó un relato mío en turco, junto con Clarín y unos cuantos autores españoles. Le dije que no me consi­deraba español, que lo era burocrática y policialmente, pero que me pusiera, si quería. La última de la colección fue Soledad Puértolas. No estaban ni Cela, ni Delibes ni ninguno de esos. No los consideraba superiores a los que puso.

 

- ¿Qué siente cuando su obra se emancipa y le da estas sorpresas?

- No suelo seguir mi obra. Me suelo enterar de lo que pasa con ella de re­bote. Sin embargo, mis libros me han dado muchas gratificaciones. Es como cuando tienes un hijito y alguien te dice que tu hijito ha hecho algo im­portante. Me llena de satisfacción y de orgullo. Sé que mis libros han ayuda­do a otras personas, como a mí me han ayudado otros libros. Eso es para mí importantísimo y quiere decir que han valido la pena esos textos. Ade­más del narcisimo del escritor y de todo lo que tú quieras. Han hecho el bien y para mí, por lo menos, no hay nada superior a que algo tuyo haga el bien a otras personas.

 

- Y la última gratificación es...

- Un alumno de Amadou Ndoye, en la Universidad de Dakar, en Senegal, hizo una tesis titulada Las muertes en Nos dejaron el muerto. Hace un estudio de todas las muertes que hay en la no­vela. Una cosa es escribirla tú y soltar la novela y pasar a otra cosa, pero cuando empiezo a ver todas las muertes que había y la manera en que los personajes del libro fallecían... Releí o, mejor dicho, leí mi novela desde una vertiente que yo no tuve en cuenta. Lo interesante es ver cómo esa novelita produce una película, una tesis doctoral, unos artículos,... Eso es lo que queda publicado, pero imagínate lo que le queda en el alma, en el espíritu, de sensibilidad y de conocimiento, para tanta gente. La literatura, quera­mos o no queramos, es el alma de los pueblos. Según sea el alma de un pue­blo, es su literatura y según sea su li­teratura, ese alma puede cambiar para bien o para mal. Si uno quiere co­nocer a un pueblo, tiene que leer a sus escritores. De ahí la importancia de la literatura, de la palabra. La concien­cia se forma con palabras y la literatu­ra es la concreción del alma de los pue­blos en palabras. Por eso, lo que hace todo poder colonizador es impedir qué la palabra sea dominada por el pueblo sometido.

* * *

 

Un autor de prestigio.

 

Víctor Ramírez empezó Derecho y Dirección de Empresas en Madrid, estudios que cambió por los de Magisterio para dedicar su vida profesional  a la deocencia. Acaba de jubilarse para viajar, ejercer de abuelo y publicar. Su obra literaria empieza a asomar en periódicos y revistas a finales de los sesenta. Es uno de los narradores canarios más sólidos de las últimas tres décadas del siglo XX.

 

Edad dorada.

 

Víctor Ramírez es, ante todo, un maestro que lleva poco tiempo jubi­lado. «Además de mi nieta la pelícu­la, tengo cinco nietas y dos nie­tos -explica, ufa­no, cuando se le pregunta por su tiempo libre- Es­toy hecho un abuelo malcriador, el abuelo Víctor».

 

Literatura.

«Tuve la suerte de vivir la literatura, co­mo vivir la músi­ca y no vivir de la literatura ni vivir de la música, con lo que tiene de dependencia lo de vivir de algo». Confiesa que vi­vió de la enseñan­za, pero fue feliz como profesor. Sin embargo, con­sideró que había llegado un mo­mento, como con el fútbol, en que debía aprovechar la jubilación.

 

Proyectos 07.

 

Ramírez está pu­blicando libros, trabajando en ra­dio y viajando con su mujer. «Es de­cir, viviendo casi como siempre, pero con tiempo para otras activi­dades», señala.

 

Fuente: ‘Pleamar de cine’ 20-03-2007 en Canarias7