ENVAINÁRSELA

Teodoro Santana

Apesar de ese punto malpensado y obsceno que se le suele dar, "envainársela" no tiene ningún contenido freudiano oculto ni ninguna connotación sexual. Hace referencia, simple y metafóricamente, al acto de desenvainar la espada para librar una batalla y, tras comprobar la aplastante superioridad del enemigo, tener que volver la espada a su funda y desistir. En sentido figurado, envainársela significa aguantarse, tragar saliva, contenerse.

Por ejemplo, una fuerza política que desenvaina el sable de la ruptura de un pacto, anunciando a los cuatro vientos que en su próxima reunión tomará una decisión sobre la continuidad de dicha alianza. Si tras esa anunciada reunión, el retador vuelve a enfundar el sable de la ruptura, bien podremos decir que "se la envainó". Claro que si cinco minutos después es el otro socio el que te da la patada rompiendo él el pacto, no es ya que te la envaines, sino que quedas con el culo al aire. O sea, como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando.

Por eso no es prudente agarrar una espada por la hoja, sobre todo si es otro el que la tiene empuñada. El que tiene la sartén por el mango, o sea. Y por eso no conviene desenfundar una espada de cartón cuando el oponente tiene una espada de acero. A menos que, además de envainártela, quieras correr el riesgo de que te corten la cabeza. Y de que la peña se de cuenta de que lo tuyo es un bluff, con lo que al poco se lanzarán los buitres sobre tu cadáver.

Dicho sea todo esto con la aclaración de que no me produce especial pena el atrevido: los que vivimos de un salario nos la tenemos que envainar varias veces al día. Aún más, procuramos no desenfundar, que no está el horno para bollos. Así y todo, constantemente nos llueven mandobles (laborales, políticos, religiosos, televisivos…). Con lo que, en vez de desenfundar, nos limitamos a refunfuñar por lo bajo. O rezongamos desde una columna en el periódico. Desenvainamos un poco. Sólo la puntita, digamos.

tsantana@tsantana.com