No importa: eran pobres y negros…

Francisco P. De Luka

Se consumó, una vez más, para los europeos la gran "aventura" del Rally Paris-Dakar, este año de 2006 desde Lisboa, a pesar de las numerosas muertes por atropellos que se han venido produciendo desde 1982. Desde aquel año han sido segadas las vidas de muchos africanos por el mero hecho de estar o pasar por allí. Indignante. Y miren que son extensas las tierras de nuestro continente como para no tomar unas mínimas medidas de seguridad por parte de la Organización de esta demencial prueba, en la cual los coches y las motos violan salvajemente la tierra virgen. No se puede alegar bajo ningún concepto, como así lo hacen algunos periodistas occidentales, que la responsabilidad de la seguridad de la Prueba recaiga en los gobiernos de los países por los que transcurre aquella. Es un ejercicio de auténtico cinismo. Fueron los europeos los que eligieron el escenario. Las frías estadísticas hablan por sí solas, más inhumanas aún si cabe al mantener el anonimato de las víctimas que, salvo un caso en este año, no merecieron siquiera el registro de su identidad:

-1982: Muere un niño maliano arrollado por un vehículo de la Prueba.

-1984: Una madre maliana muere y su hija resulta gravemente herida tras ser embestidas por un coche del Rally.

-1985: Una niña de 10 años muere atropellada en Mauritania por un vehículo de la Prueba.

-1988: Dos niños y una mujer mueren atropellados en Malí, por un vehículo de asistencia del Rally Paris-Dakar.

-1993: Muere un niño senegalés al ser arrollado por un coche de la Prueba.

-1996: Niña guineana atropellada y muerta por un motorista del Rally Paris-Dakar.

-1998: Cuatro personas mueren en una colisión entre un taxi y un vehículo de la Prueba en tierras africanas (no se indica el país).

-2006: Muere atropellado el niño senegalés Boubakar Diallo, de 10 años de edad, entre Lobé y Tambacounda (Senegal) por un vehículo de la Prueba Lisboa-Dakar. Muere atropellado otro niño senegalés, esta vez de 12 años de edad, entreTambacounda y Dakar, en un itinerario reservado a los vehículos de asistencia.

Como podemos observar, esos bárbaros rostros pálidos que corren como alma que lleva el diablo se han cobrado, como mínimo, la vida de ocho niños y dos mujeres (que sepamos hasta ahora), por "daños colaterales". Las tragedias a lo largo de estos años no movieron a los organizadores del Rally a una mínima reflexión, ni a pensar seriamente en el grave peligro que supone para seres humanos no acostumbrados a la velocidad el hecho de circular a más de 150 Km. por hora. Trasladan la muerte al continente africano por ser un terreno inhóspito y extenso, con el fin de lucirse y de cubrirse de gloria. No contentos con la esquilmación -y el subsiguiente empobrecimiento de la población- que durante más de dos siglos llevó a cabo el colonialismo europeo, ahora quieren convertir África en un campo de competiciones deportivas para el divertimento imperialista de cuatro pijos. Hasta ahora, el país más castigado por las siniestras secuelas del "show" automovilístico mundial ha sido Malí, uno de los países más pobres del continente, al oeste del Sahel. El cinturón del hambre del Sahel. Sustituyen la necesaria ayuda a la población por bólidos para deslumbrar a los hambrientos que, seguramente, ese día no comieron, como siempre, pero sí tuvieron ración doble de macabra velocidad y rutilantes cámaras de TV trás del laurel de los vencedores.

Total, unos cuantos negritos muertos, que más da. Lo importante es mostrar a todo el planeta que los hijos del primer mundo "se la juegan" en el África "salvaje". De cuando en cuando, la piel del continente se rebela y castiga definitivamente a los intrusos. El último en caer fue, este año, un motorista australiano que compartió tan triste final con los dos pibitos senegaleses. Pero claro, a la hora de las menciones los que cuentan son los pilotos. Así, el ganador en motos de este año, el español Marc Coma, ya en el podio de los vencedores tuvo, de cara a los medios de comunicación, públicas y emocionadas palabras para su desaparecido compañero. Sin embargo, para los dos pibitos senegaleses ni un solo recuerdo para ellos o para sus familiares. No obstante, y si esto pudiera servir de consuelo, este año se consiguió arrancar de la Organización del Rally la suspensión de la etapa final en señal de duelo por los dos niños fallecidos. Etienne Lavigne, director del Dakar, informó, como una gran cosa, que la décimoquinta y última etapa, con salida y llegada en la capital senegalesa, no sería cronometrada, aunque los pilotos completarían el recorrido (sic). Y en la misma línea de tomarse más en serio el asunto la Policía senegalesa ha abierto una investigación sobre las circunstancias de los accidentes que costaron la vida a los dos infantes. Ah, y este año, por primera vez, se supo el nombre de al menos uno de los dos niños fallecidos, Boubacar. Ya decir el nombre del otro era demasiado. Habrá encima que agradecer a los periodistas europeos el hecho de que ese nombre se difundiera como noticia y llegara al primer mundo.

¿Para cuándo la suspensión definitiva de esta barbarie en territorio africano? ¿Porqué no celebrar en las extensas tierras de Siberia las futuras ediciones del Rally? ¿Tendrán los tuaregs del Ahaggar y de Mali que pararles las patas otra vez a estos invasores del Norte, como ya hicieron en una de las ediciones pasadas ?

" Afrika mía/ Afrika de mis abuelos/ mi mirada está llena de tu sangre/ de tus humillaciones / de las pesadas cadenas/ Ahora te veo renacer/ poco a poco/ árbol joven, cuyos frutos tienen un amargo sabor: la libertad"

(David Diop (Senegal), con motivo del 25 de Mayo, día de África).