Las "eras" de la subsistencia
Miguel Martín *
Desde el siglo XVI el consumo de cereales alcanzó en la Isla de La Palma un desarrollo considerable. El trigo, la cebada y el centeno se convirtieron en el componente base en la alimentación de los nuevos colonos. Por esta razón, la política cerealística fue una de las mayores preocupaciones de las autoridades insulares.
Las tierras fueron roturadas y paralelamente, en las proximidades de los cultivos para facilitar el acarreo del cereal, se construyen también las "eras", terreros de tierra firme y generalmente empedrados, delimitados sus contornos con un círculo de piedra, adaptándose a la disposición del terreno. Normalmente se situaban en lugares elevados y expuestos a la suave acción de los vientos y se buscaba una ligera inclinación para que las aguas de la lluvia escurran fuera de ellas.
Las eras se dispersaron por todos los rincones de la geografía palmera, tanto en zonas relativamente bajas, como en las medianías e incluso en las cumbres. En este último caso podemos confirmar la presencia de una era en los altos de Tijarafe, a 1.900 m de altitud, donde también se observan los restos de antiguos muros de bancales abandonados en una ladera que asciende en dirección a Pico Palmero.
La búsqueda de terrenos para cultivar fue una angustia permanente a la que se enfrentaba el campesinado. Las zonas altas se plantaban de trigo, mientas que en las medianías y costa, la cebada y el centeno (más resistentes a la aridez) tenían mayor presencia. La siembra se realizaba (usamos el pasado aunque todavía hoy quedan pequeños testimonios de cultivos de cereales en algunos puntos de la Isla) con las primeras lluvias considerables del otoño o invierno.
Permítanme algunos datos. A principios del siglo XIX, las tierras de Puntallana, Balovento y Mazo ocupaban los primeros lugares en la producción de trigo. Mazo era la gran productora de centeno, seguida de Los Llanos. Tijarafe era la primera productora de cebada, seguida de Los Llanos, Garafía, Barlovento y Puntagorda. En 1862, el municipio de Mazo era el principal productor de trigo y centeno.
En junio se procedía a la ciega, recogiendo el cereal en manojos y se transportaba en animales o a hombros hasta la era. Allí se ponían en frescales y se amarraban formando "mollos" o grandes "fejes". Los campesinos que cultivaban tenían sus propias eras, pero resultaba habitual el préstamo o la utilización por otros propietarios, debiendo pedir permiso para poder trillar.
Antes de la trilla se limpiaban las eras, siendo un momento importante, había que estar pendiente del tiempo (viento y humedad). El trillado suponía un tiempo de cohesión social, necesitando ayuda del entorno familiar o vecinos y los incansables animales (bueyes y vacas, en ocasiones mulos) que daban vueltas y vueltas alrededor hasta que se desmenuzara, con su pateado, para separar el grano de la paja. ĦOjo!, había que estar pendiente de los orines y los excrementos de los animales, se debían recoger en algún recipiente para que no cayera en la paja (la labor la realizaban los chicos).
Por los lados de la era se solía abrigar con mantos o ramos de faya mientras duraba la parvada para que el viento no se llevara la paja. Esta se separaba con horquetas de madera y se guardaba en el pajero para alimentar el ganado durante el año o para los techos de las casas pajizas, relleno de colchones, etc. El cereal desnudo se cribaba varias veces con balayos para eliminar las malas hierbas, fragmentos de paja y otros elementos contaminantes. Luego, se metía en sacos y se guardaba. La duración total del proceso variaba con el tiempo atmosférico, la cantidad de ganado y la cantidad a trillar; se podía estar entre 2 o 4 días.
En la década de 1960 comienza la decadencia de la agricultura de subsistencia; la economía canaria se diversifica y se intensifica, los campos se abandonan, los cultivos remiten y las eras quedan como meros testimonios de un patrimonio cultural vivo durante cinco siglos y que hoy debemos catalogar y recuperar como parte de nuestras señas de identidad.