PERIODISMO
HISTÓRICO
ESBOZOS
POLICIACOS-FRANQUISTAS
Por Miguel Leal Cruz
Ya hemos aludido a una de las Leyes impuestas por el
régimen del general Franco que con más contundencia fue aplicada (sin
miramiento alguno) entre los súbditos españoles del momento (que osaran o
pretendieran vulnerar la normativa impuesta): La Ley de Peligrosidad Social (derivada de la
llamada de Vagos y Maleantes, como se ha dicho) Mas, el temor a esta ley era
mínimo (asimilada a un niño de pecho, decían) si comparamos con el Decreto-Ley
surgido a iniciativa del mismo general en Burgos, el 13 de septiembre de 1936,
que declaraba ilegales a todos los partidos políticos, agrupaciones sociales y
demás organizaciones que integraban el Frente Popular. Esta represiva norma fue
reforzada en 1939 con la llamada Ley de Responsabilidades Políticas, que daría
a la jurisdicción militar específica amplios poderes para juzgar a aquellos más
comprometidos con el bando republicano (legal) que se opusieron con
responsabilidades de mando al llamado Nacional. De aquí surgiría el Tribunal de
Orden Público (TOP) modificada en 1963 y en vigor como instrumento represivo
hasta el año 1976 para ser paulatinamente desmantelado a lo largo de los
primeros momentos de la transición política (pero cuyas normas y costumbres
permanecieron en algunos lugares, ocurría con las preceptivas firmas de
amnistiados en las Comisarías por motivos políticos hasta bien entrado 1977).
De esta última etapa recordamos con destino en la Ciudad Condal, cómo
cualquier motivo (que supusiera una sospecha de ser un acto anti-régimen)
era suficiente para que la
Brigada Político Social (BIS) se pusiera en funcionamiento
inmediato, ya fueran cantantes, profesores, artistas o estudiantes. Como integrante
de la misma (por poco tiempo) se apreció cómo el llamado Grupo Séptimo
interrogaba a una estudiante que apenas llegaba a 16 años (menor de edad penal)
sin tortura física aparente, para que dijera quién o quiénes había arrojado
octavillas de “propaganda ilegal” en la Plaza de la Universidad y
proximidades. Como quiera que la misma no decía nada (además era norma entre
estudiantes en similar situación), la colocaron sobre una silla de pie y le
dijeron que así permanecería hasta que “hablara”. Al principio lo tomó con
calma pero a medida que pasaban las horas tornó en disgusto para convertirse en
auténtica tortura. Como maestro de escuela que fuimos no logré soportar aquello
y no pude por menos que marcharme del lugar totalmente conmovido (y desilusionado).
Pocos días después, desde dicha Brigada los mandos de
dicho Grupo apremiaban (a la hora de salida) para subir al interior de una gran
y lujosa “limusine” americana de color negro con la
misión de ir a “detener comunistas”, cuya “célula” había sido detectada y
denunciada por un confidente en un sector de la ciudad. Dije a uno de los jefes
de la brigada, llamado un tal Nene (pro régimen hasta la médula que tenía una
bala alojada cerca del corazón, herencia de la guerra “incivil”, pero
permaneciendo vivo hasta aquel momento) que no podía ir porque esperaba mi
novia afuera en el coche estacionado sobre la acera. A los pocos días fui
relevado de la Brigada
(no habían transcurrido tres meses) sin que se me dijera la causa, pero sí me
causó cierta alegría que recordamos transmitía a otro que también había sido
rebotado por “tibio”, decían. Más tarde superada la transición me alegraría aún
más…, pero…
En la universidad sita en Pedralbes,
estaba matriculado en Filosofía por aquellas fechas (me daba clases Julían Marías padre y un tal Palomeque Torres, este último caído en
desgracia porque los estudiantes le descubrieron determinadas actuaciones
políticas anti catalanas en su próximo pasado)
presenciamos como dos policías del llamado Grupo de estudiantes, eran
reconocidos como tales en la barra del bar
universitario, a los que llamaron “cabrones fascistas”. Lograron huir, pero
rodeados uno de ellos disparó al techo con su arma reglamentaria y así evitó el
linchamiento hasta la llegada de refuerzos (estacionados siempre en lugar
próximo) requeridos por alguien. Los mismos habían estado momentos antes en una
asamblea ilegal celebrada en una de las aulas para, en consecuencia, informar a
la Superioridad
en la citada Brigada política. En la
Central de la
Avenida de José Antonio, otros dos estuvieron a punto de ser
aplastados por un gran y pesado banco de madera arrojado por estudiantes
díscolos desde la segunda planta hasta el patio dónde aquellos se encontraban
(cientos de anécdotas universitarias que trataré de plasmar en una determinada
edición)
Sin embargo, hallándonos en la Comisaría del distrito
Sur, como jefe del servicio, teníamos que “hacer desaparecer” cientos de
banderas rojas (pegadas a un palo c/u) intervenidas en una manifestación, y
como no era tarea fácil dejamos gran parte de las mismas en los puntos de
recogida de basura próximos. A los pocos días comenzaron a aparecer por El
Paralelo y aledaños jóvenes (de ambos sexos) vestidos con camisas o blusas
rojas cuya similitud con la tela de las banderas (en la tierra de la industria
textil) era para sospechar por que no era precisamente el color que más furor
hacían en la época, pero…
En otra de las numerosas manifestaciones anti-régimen recordamos (por cierto se fijaba la hora por
panfletos repartidos en los barrios obreros y en poco más de quince minutos,
una determinada calle vacía (elegida) se llenaba totalmente de “elementos
disidentes”, con desafío a las fuerzas de Orden Público (Policía Armada a pie)
pero apoyada por fuerzas motorizadas y muchos “policías secretas”, cómo el
conductor del vehículo en que íbamos fue rodeado siendo necesario hacer uso de
armas reglamentarias con tiros al aire, pero el citado conductor, en un
despiste, fue golpeado con el pesado teléfono del propio vehículo policial a donde
unos manifestantes habían logrado llegar (con las manos). Intentó disparar a
bulto siendo evitado por otro componente de la patrulla (pero que si llega a
hacerlo no pasaba nada en aquellos tiempos). Si bien hacemos constar que unos
veinte o treinta Policías armados con porras, gases, escudos y otras armas,
lograban dominar y doblegar a más de mil quinientas personas (casi siempre),
con cientos de detenidos.
Pero más llamativo resultó el incidente habido durante
una manifestación (autorizada) ¡¡de policías!! por la Vía Layetana
barcelonesa, convocada como consecuencia del asesinato de otro policía en
Madrid durante el Primero de mayo de 1973. A esta manifestación se sumó toda clase
de elementos adictos, franquistas y asimilados (requetés, falangistas, somatenes
y otros) que aprovecharon la ocasión para demandar aumento salarial (que sí
surtió auténtico efecto). Transcurría sin novedad por la citada calle hasta
Correos cuando un despistado se coló en la misma preguntando sí aquello era anti régimen, de ORT, comunista o de la CNT. Recibió tal
cantidad de golpes, patadas y palos (con porra metálica americana de bolsillo)
que aún se ignora como pudo salir vivo de allí “el rojo y atrevido elemento”
como se decía. Recordamos que no fue detenido él mismo porque aquello más bien
causaría risa en el juzgado correspondiente del TOP (a pesar de la nefasta
seriedad que implicaba dicho tribunal)
*Doctor En
Ciencias de la Información
(ULL)
Licenciado
en Geografía e Historia (UNED)
Maestro
de escuela CC de la Educación
Fuente: http://personal.telefonica.terra.es/web/mleal/