Escasez de agua

 

Justo Fernández Rodríguez

 

El 22 de diciembre de 1992, la Asamblea de las Naciones Unidas declaró el 22 de marzo como Día Mundial del Agua, invitando a los países a que tomaran decisiones y adoptaran normas adecuadas para evitar que el agua continúe siendo un producto inalcanzable para millones de personas. Si las guerras del siglo XX en buena parte fueron declaradas para controlar la producción y reservas del petróleo, en este siglo probablemente tendrán como objetivo el control y explotación del agua, si no se adoptan medidas drásticas que eviten el despilfarro, la contaminación, la privatización y la comercialización privada. Pese a que nuestro planeta está cubierto de agua en sus dos terceras partes, el agua apta para el consumo humano es una parte muy pequeña del total y su escasez no se debe sólo a las condiciones naturales de determinadas regiones, sino que tiene mucho que ver con el aumento de la población, el uso incontrolado y los vertidos contaminantes. La situación es cada vez más preocupante y muchos expertos consideran la cuestión del agua como el desafío más importante que debemos acometer con urgencia.


La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución, el 23-12-2003, por la que se instauraba el Decenio Internacional para la acción, "El agua, fuente de vida" (2005-2015). Destacaba que "el agua es fundamental para el desarrollo sostenible, en particular para la integridad del medio ambiente y la erradicación de la pobreza y el hambre y que es indispensable para la salud y el bienestar humanos".


Sin embargo, aumentan los desequilibrios entre la disponibilidad y la demanda, la degradación de las aguas subterráneas y las disputas interregionales e internacionales. Cerca de 1.200 millones de personas no tienen acceso al agua potable y otros 2.400 millones no gozan de servicios sanitarios adecuados. La inmensa mayoría viven en países en desarrollo. Se calcula que 34.000 personas -de las que 4.500 son niños- mueren cada día por carecer de agua potable, de la que diariamente, en Europa, cada ciudadano, consume más de 110 litros. Millones de niños mueren cada año por enfermedades transmitidas por el agua y la sequía que azota periódicamente a los países más pobres.


El cambio climático, según la ONU, puede aumentar la escasez de agua, incrementando hasta los 3.300 millones el número de personas que tendrán que padecer sus consecuencias.


En Canarias, mientras los informes científicos advierten del agotamiento de los acuíferos, el consumo de agua no deja de aumentar. Según Federico Aguilera Klink, de la Universidad de La Laguna, "los acuíferos subterráneos constituyen un buen ejemplo de recurso natural físicamente renovable, siempre que las pautas de extracción se aproximen a las de recarga".


Cada vez son más los ayuntamientos que, pese a la oposición ciudadana y las prevenciones de la UNESCO, privatizan el agua, simplemente para recaudar dinero y favores de las empresas foráneas, que van apoderándose del control del agua en Canarias, sin que signifiquen, muy al contrario, mejoras en el servicio o en la calidad del agua que, inmediatamente, sufre elevaciones de su precio, muy por encima de la evolución del índice de Precios al Consumo. Tenemos el agua más cara de España y la de peor calidad.


El Servicio Canario de Salud, en diversas ocasiones durante el último año, ha tenido que desaconsejar el consumo del agua del grifo, especialmente a los niños, por los altos contenidos de flúor. Restricciones que han afectado a 12 municipios de Tenerife.

 

La privatización de Emmasa, una empresa pública modelo, por el equipo de Gobierno (CC y PP), del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, con el cuento de la mejora de los barrios, ha significado un encarecimiento de su precio, un sensible empeoramiento de su calidad y, en sólo unos meses, un sorprendente e increíble déficit, de más de tres millones de euros, que pagaremos los ciudadanos, sin que nadie pueda saber las causas reales de tan anómala situación.