España
y Portugal
Agapito
De Cruz Franco
José Saramago, avanzó en un semanario portugués que Portugal
terminaría integrándose junto con España en un solo país, Iberia. Provocó el
interés de sectores culturales y sociales, no políticos. Nacido en Portugal,
casado con una granadina y residente en Lanzarote, es un reflejo de la piel de
toro y las islas atlánticas de la Macaronesia (Canarias,
Azores y Madeira). Se hicieron eco muchos medios internacionales, quizás por
las consecuencias de una unión política al Sur de Europa. Desde tiempos
inmemoriales todo ha sido compartido entre estos pueblos: invasiones,
conquistas, ríos, revoluciones, dictaduras, lenguaje, monarquías, religiones, incendios,
política, economía, guerras, paz, hasta la primera vuelta al mundo iniciada por
un portugués y terminada por un vasco con canarios recogidos en La Tejita (Granadilla). Incluso
el propio orbe, cuando decidieran repartírselo en el Tratado de Tordesillas en el siglo XVI.
Pronto empezaron las odiosas comparaciones sobre
cuántos hablan portugués en España y viceversa, el agosto que en Portugal están
haciendo empresas españolas, los tantos por ciento a favor o en contra y la
manipulación de los términos. De una Iberia formada por una confederación de
Estados a igual nivel y sin perder su idiosincrasia, se pasó de forma
manipulada a un Portugal integrado en España, como si el pez grande se comiera
al chico. Cultural, histórica y socialmente no hay diferencias. El nacionalismo
de Estado, que es lo que en estos 500 años las ha definido es la diferencia. Mínima,
si observamos que frente a los escasos 5 siglos de estas burocracias políticas -excepto
el paréntesis de Felipe II donde eran un solo reino- les preceden milenios de
historia común: iberos, celtas, cartagineses, griegos, bereberes, romanos,
visigodos, árabes, africanos, americanos. La propia España fue diseñada por la castellano-portuguesa
Isabel la Católica,
nacida de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal. Si en el siglo XV, la batalla
de Toro, hubiese sido ganada en lugar de por Fernando de Aragón, por Alfonso V
de Portugal que defendía a Juana de Trastámara -la Beltraneja-
hoy otro gallo cantaría. Buen número de ciudades castellano-leonesas apoyaron
al Rey de Portugal en la guerra civil que se traía Enrique IV hermano de la Reina Católica y que
pondría fin el Tratado de Alcaçovas en 1479. Sin la muerte
de la primogénita de los Reyes Católicos, Isabel, casada con el Rey de Portugal Don Manuel, y a su vez
del primogénito de estos Miguel, que hubiera heredado los Reinos de Castilla,
Aragón y Portugal, la historia no hubiera derivado hacia la locura de Juana y
el águila bicéfala de los Hasburgo.
El hecho de que los colores de la bandera de Zamora sean
los de la del Portugal surgido en Guimaraes, de que
se compartan espacios naturales únicos donde flora, fauna y geología son los
mismos, como los Arribes del Duero en Miranda do Douro, que Fundaciones conjuntas como la “Rei Afonso Henriques” promuevan
universidades, empresas, actividades sociales, culturales y laborales hispano-portuguesas
saltándose la “raya”, que ciudades como Zamora y Bragança
se hayan propuesto para ser declaradas como una sola Patrimonio Mundial, que
Galicia sea una continuidad de la
Lusitania, o que la línea entre
Andalucía y Extremadura sea puramente artificial, demuestra que la frontera
entre estos países no existe. Independientemente del debate hay algo real: la
sociedad va por delante de los políticos. Dos de sus lenguas –el castellano y
el portugués- ocupan el 3º y 6º lugar a nivel del Planeta. El habla de Canarias
está poblada de portuguesismos y Portugal ha tenido mucho que ver en la cultura
isleña. Algo clave a reseñar es la carga política que lleva la iniciativa y que
parece haberse ignorado conscientemente: el debate de un Estado Confederal
dentro de la realidad de la UE,
donde Canarias podría encontrar un destino privilegiado a caballo de la Macaronesia,
Africa, América y Europa. Mientras, la sociedad va
marcando el camino a la política, en unos países a los que ha regado siempre,
aparte del agua de la historia, la de los mismos ríos y la del mismo mar.