Especuladores contra una Ley de Residencia
El Vidente
Los especuladores sólo miran el color del dinero, no el ecosistema ni quienes hemos contribuido con nuestro esfuerzo de generación en generación al progreso de esta tierra, con nuestra fuerza de trabajo, quedándonos en estas islas aportando nuestros sueños, nuestra capacidad de esfuerzo y mejora.
Recuerdo cuando Manuel Hermoso Rojas contestaba de manera acalorada a Juan Manuel García Ramos -"Mientras yo esté aquí no habrá ley de residencia"-
La compraventa de vivienda en Canarias es un episodio de gran alcance, quienes se dedican a ella tienen que maximizar sus beneficios. Cuando sale a mercado una cama residencial, ésta tiene un precio que sin duda alguna sería inferior si la demanda fuera únicamente la renta canaria. Lo que ocurre es, como muchos sabemos, que la renta alemana o inglesa, de media, es superior a la nuestra; por cada rico canario hay más de diez alemanes o anglos que lo son y aun más. El permitir entrar a personas que provienen de naciones de la Europa Occidental es crucial para las perspectivas de los ingresos, las rentas y los valores inmobiliarios en Canarias. Pero ¿Qué ocurre cuando son muchas las zonas geográficas que se disputan este mercado?, pues la competencia se hace feroz y los beneficios se desaceleran. El filón de oro cambia su rumbo y se agudiza en fortalecer otros lazos para asegurar la plusvalía, es cuando en vez de hablar de compraventa, se expande la renta de Alquiler.
El Canario no es una persona con principios o educado para vivir de alquiler, el consejo que se percibe desde la infancia es el de tener una casa en régimen de propiedad. Incluso algunos optan por construir fuera del amparo de la ley, alzando casas en la clandestinidad o en condiciones arquitectónicas y urbanísticas de gran precariedad. Esto hace que la demanda de alquiler en Canarias por parte de la población nativa sea rígida y escasamente propensa a vivir en "casas ajenas".
Quienes se dedican al negocio urbanístico, no son cualquiera, los nombres y apellidos forman parte de una gran estela de poderes tanto políticos como económicos. Éstos aplauden, fomentan y aprecian positivamente la llegada masiva de inmigrantes a Canarias, puesto que asegura mediante las rentas de alquiler el amortizar la inversión inmobiliaria realizada y así consolidar este valor contable-económico a su propietario.
Muchos de los inmigrantes en Canarias si que están dispuestos (por lo menos en un principio) a pagar alquiler de manera masiva e incluso a compartir piso. Son personas de diversas etnias y lugares de procedencia, tendencias sociológicas... que dejando a un lado su desarraigo y las problemáticas que puedan haber en sus vidas, les une un sentido común; aunar esfuerzo económico para afrontar los costes del alojamiento en las islas.
Por poner un ejemplo: Si un senegalés, un marroquí y un colombiano trabajan, son tres salarios, con que cada uno pague 250 euros suman un total de 750 euros al mes, con lo que una casa de tres habitaciones adquiere suficiente ingreso para financiar su hipoteca.
Los especuladores solo miran el color del dinero, no el ecosistema ni quienes hemos contribuido con nuestro esfuerzo de generación en generación al progreso de esta tierra, con nuestra fuerza de trabajo, quedándonos en estas islas aportando nuestros sueños, nuestra capacidad de esfuerzo y mejora. Si no se realiza un cambio de poder en las Islas Canarias seguiremos sin Ley de Residencia, perdiendo el control estratégico de parte de nuestra economía y las peores zonas urbanísticas seguirán siendo para la inmigración ilegal y los isleños, los últimos equiparados vergonzosamente con los primeros.
El esfuerzo ejemplar dado por los Canarios en su planificación familiar (se ha pasado de 8 o 5 hijos a tener una media de 2 o 1) ha quedado deslucido y saqueado por esos nombres y apellidos que a quienes tanto poder les hemos dado.