En
el espíritu de la Transición
Enrique Cuadra Etxeandia
El bombazo de ETA ha puesto de manifiesto la profunda
crisis que afecta a todo el entramado político surgido tras la denominada
Transición. Dos fueron los fundamentos en los que se apoyó aquel lavado de
fachada que se dio el régimen -surgido tras el golpe fascista del 18 de julio
de 1936- para superar la grave crisis por la que atravesaba: consenso y
reforma. Consenso, como forma, o método, de superar las contradicciones que se
daban en el seno del propio régimen; y reforma, como materialización de ese
consenso. Se rechazaba así todo enfrentamiento que atacase las bases del
régimen constituido y toda reivindicación que sobrepasase el marco establecido,
cuyos límites quedaron reflejados en la llamada Constitución “democrática”. De
esta forma, el régimen se aseguraba su supervivencia sin que desde su legalidad
pudiese sufrir sobresaltos que minasen el poder de la clase dominante.
En el estrecho corsé que esa política impuso e toda
reivindicación popular, democrática y radical, se encuentra uno de los factores
que define la crisis permanente en que se debate el régimen. Esto es lo que, una vez más, se ha manifestado en el llamado “proceso de
diálogo para la consecución de la paz” que ETA ha puesto en evidencia con su
respuesta armada a la sinrazón y el enrocamiento del
gobierno de Zapatero.
Por otro lado, se ha tapado la boca, de mala manera, a
toda voz discordante que ha denunciado lo que ha sido visible para todo el
mundo: que sólo el MLNV había hecho gestos reales para facilitar el diálogo.
Sin embargo, este es el hecho más notorio de todo este “proceso” de intento de
diálogo y negociación, innegable pata todo observador imparcial que no se deje anublar por la intoxicación mediática.
La explicación de esta postura por parte del gobierno,
arranca, precisamente, de ese “espíritu de la transición”, es decir, de la no
concesión al movimiento popular, democrático y revolucionario, de cualquier
reivindicación que sobrepase los límites establecidos en lo que se ha dado n
llamar “el juego democrático”, expresado en
La pregunta que se hace ahora todo el mundo, más allá
de lo meramente noticiable para consumo y
conformación de la opinión pública, es la causa de la cerrazón del gobierno en
todo este tiempo a dar el más mínimo paso que llevase a distender la situación.
¿O es que no estaba claro que llevar adelante un proceso de estas
características se antojaba imposible en los límites establecidos por el
gobierno?; a no ser que se acepte la rendición incondicional, lo que no es el
caso. Esto lo sabían perfectamente. Es, en esta calculada estrategia, como
encaja su comportamiento y cerrazón, a partir de lo cual sólo quedaba provocar
la reacción de la otra parte, montar el circo mediático, y presentarse como
víctimas de unos y otros; y de hacerlo, además, con el menor coste político que
les permitiese seguir sentando sus posaderas en las poltronas gubernamentales.
Es decir, han estado jugando entre el cálculo electoral y los límites
infranqueables.
La posición mantenida por la burguesía nacionalista
vasca es otra de las notas destacadas en este intento de proceso. Jugando a la
equidistancia hasta que la posición de firmeza de MLNV les ha obligado a
decantarse junto a los representantes de la burguesía centralista para ahogar
las reivindicaciones de su propio pueblo. Ni una sola vez han salido a la calle
para apoyar las numerosas reivindicaciones por el derecho de autodeterminación
o contra las continuas agresiones al movimiento popular. Es el signo de los
tiempos que les toca jugar a estos vendepatrias, los Abu Mazen vascos.
¿Y ahora qué? Pues lo que vienen haciendo todos ellos
bajo la tutela del Estado: intoxicación y represión. Un binomio que sólo se
puede combatir con la firmeza revolucionaria, la resistencia antifascista y la
acumulación de fuerzas en torno a las reivindicaciones democráticas.
*Preso Político del PCE (r)