EL ESTADO ARCHIPELÁGICO CANARIO (Y VII)

Ramón Moreno

Tal como hemos visto a lo largo de las seis entregas anteriores, el joven Estado Archipelágico Canario es una feliz y tangible realidad; y Canarias, en tanto que sujeto de Derecho Internacional, ya forma parte, con todo merecimiento, de la Comunidad de Naciones como Estado 54 de la UA (siendo la quinta potencia de África, por su PIB y renta "per cápita", detrás de Sudáfrica Argelia, Nigeria y Marruecos), y dada su condición de Miembro de pleno derecho de la Asamblea General de la ONU.

Nuestro país, por tanto, camina con paso firme y decidido hacia su pleno desarrollo sostenible, el bienestar de todas las Islas (sin distinción de cual es "las más grande y más alta"), y la plena e imprescindible seguridad de sus habitantes. Y aunque España sigue "jugando sus cartas", en una indisimulada e intolerable ingerencia en nuestros asuntos internos, lo cierto es, que la incuestionable independencia del Archipiélago Canario, su nuevo "status" de Estado Libre y Soberano, y el derecho inalienable e imprescriptible de su pueblo a decidir libremente como articula su futuro, son cuestiones absolutamente irreversibles y sin vuelta atrás.

Otra cosa es, que por razones históricas y de toda índole, mantengamos unas magníficas relaciones diplomáticas con nuestra antigua metrólopi, y hayamos suscrito -en aras del interés recíproco-, importantes Acuerdos de Cooperación, independientemente del Acuerdo de Libre Comercio Canarias-Unión Europea, al margen de nuestra consideración como País ACP.

Bien es verdad, que no ha sido fácil -después de más de cinco siglos de cruel y depredador colonialismo- romper las cadenas que nos subyugaban a la "Madre Patria"; pero la historia no se detiene, y las contradicciones eran tan patentes y de tal calibre, que el proceso descolonizador era un imperativo que demandaba la supervivencia de nuestro pueblo.

En primer lugar, porque pese al empecinamiento de España en denominarnos "Comunidad Autónoma" (mucho antes éramos "Provincias", como Puerto Rico, Cuba, Filipinas, Guinea Ecuatorial y Sahara Occidental), la geografía, que es inmisericorde e implacable con los eufemismos, se impuso: Canarias era un decimonónico "territorio nacional español" en África -entelequia política-jurídica, que la legalidad internacional no amparaba- y, por consiguiente, un enclave a descolonizar, se dijera lo que se dijera entonces.

Y en segundo lugar, la imposibilidad manifiesta de España, rayana en el patetismo, de poder demarcar nuestras fronteras marítimas y el trazado de la mediana con Marruecos (en cuya ZEE estábamos "incluidos" desde 1981), hacía necesaria la constitución del Estado Archipelágico Canario, único interlocutor válido, con el Derecho Internacional Marítimo en la mano, en el proceso delimitatorio correspondiente.

Ahora, con la perspectiva del tiempo, y que éste pone a cada uno en su sitio, cobra especial significado -por lo grotesco-, las diversas "actuaciones" de la llamada "clase política" de la última etapa colonial, donde todos se sentían muy dichosos y contentos por la "reforma a la catalana" de la Franquicia (lo que era en la práctica el engendro llamado "Estatuto de Autonomía de Canarias"), cuyo objetivo prioritario era "no ser anticonstitucional".

Y en el que, la circunscripción archipelágica no se contemplaba (lo que convenía especialmente a España), para que cada Isla siguiera siendo feudo de los "vende patrias", que anteponían sus intereses personales o de grupo, al interés general del pueblo canario. Con una seudo burguesía timorata y dependiente, que prefería seguir siento el "medianero de la finca", en lugar de exigir la legítima propiedad de la misma. ¡Que tiempos aquellos!...

Ya nada es igual, afortunadamente. Aunque siguen existiendo (constante histórica, en todas las ex colonias), los consabidos "nostálgicos del régimen", que añoran la "incuestionable españolidad de Canarias", como se decía en la época, y la pérdida de sus prevendas, privilegios y negocios espúreos, producto de inconfensables corruptelas y prácticas deleznables.

Canarias avanza ya, imparable, a ocupar el lugar, por derecho propio, que tiene reservado la Historia a los pueblos que lograron zafarse del yugo colonial y construir su propio futuro, sin ataduras ni dictados ajenos.

La Historia de Canarias, pues, no ha empezado con la Independencia. Se ha reanudado. Canarias ya existía como Nación sin Estado, antes inclusive que la propia España, que lo fue a partir de la Conquista de Granada (Al Andalus) por los Reyes Católicos en 1492.

La historia del pueblo aborigen fue brutalmente interrumpida (como pasó con otros pueblos del mundo) por las hordas conquistadoras y evangelizadoras, en un auténtico genocidio que, por fortuna, y al contrario de lo que se decía, no exterminó la raza, que pervive en nuestros genes, pese a los nombres y apellidos. ¡Yo mismo soy una prueba palpable e irrefutable!. Mi Patria fue, es, y será Canarias y actúo en consecuencia, con todo lo que ello implica, ¡que no es poco!

Pero al fin, el pueblo canario, abocado a la desaparición como tal, asumió definitivamente el verdadero nacionalismo (que viene de Nación y es consustancial con independentismo) y se desprendió del vergonzoso ropaje de "cola de león" para ser gallarda "cabeza de canario pinzón"… Y un nuevo y luminoso amanecer inundó Canarias: por el horizonte, donde el cielo se funde en un abrazo fraternal con nuestro mar, salió el Sol, resplandeciente de la Libertad, preludio de un futuro en Paz y Prosperidad…

rmorenocastilla@hotmail.com

Canarias, julio de 2006.