EL ESTADO MÁS PODEROSO DE LA TIERRA
Ramón Moreno
Después del multitudinario funeral por Juan Pablo II, al que asistieron cerca de 70 Jefes de Estado y de Gobierno de toda la Comunidad Internacional, la Iglesia Católica se prepara ahora para elegir a su sucesor, en el Cónclave que comienza el próximo lunes con los 183 miembros del Colegio Cardenalicio.
Nunca antes un evento de estas características, había suscitado tanta expectación, y propiciado tamaña cobertura informativa. Las exequias fueron retransmitidas en directo por TV a 90 Países, y Roma se convirtió en el plató más caro del mundo, con la Plaza de San Pedro como decorado.
Karol Wojtyla, que había realizado su último viaje, recibió la despedida emocionada de mandatarios de ideologías dispares y de los líderes de los credos más diversos. Si bien es verdad, que con la ausencia de representantes de Rusia y China, Países que el extinto Papa no pudo visitar. Y aunque pronto habrá un nuevo Pontífice que reinará -la Iglesia Católica es una especie de "monarquía electiva"- en todos los confines del universo católico, todavía se oyen voces alabando a este nacionalista polaco.
Según Paolo Mieli, director del diario "Corriere Della Sera", la figura de Juan Pablo II adquiere una dimensión histórica, no solo "por su contribución fundamental a la construcción de un mundo sin los regímenes nazi y comunista", sino también, por "haber sabido guiar a la Iglesia hasta el tercer milenio, redescubriendo los valores originarios de ésta". De ahí, que en estos momentos -añade-, "sería un error que la Iglesia intente buscar, como ocurrió en otros tantos cónclaves anteriores, un sucesor para Wojtyla que no mantuviera la continuidad".
Pero yo insisto -lo decía en el artículo anterior-, que aparte de su condición de Vicario de Cristo en la Tierra, lo que me interesa destacar de Juan Pablo II es su faceta de político y diplomático y su figura como Jefe de Estado; que supo imprimir una dinámica nueva en las relaciones exteriores de Vaticano, con una diplomacia centrada fundamentalmente, según John Cornwell (autor de obras como "El Papa de Hitler" y "La Cara oscura del Papado de Juan Pablo II"), "contra el imperio del mal", que entonces era el comunismo. Su pacto secreto con Ronald Reagan fue decisivo. Ambos compartían la convicción de que había que revisar el reparto de la Europa del Este al que habían llegado los vencedores en la Cumbre de Yalta, terminada la guerra. Es evidente, pues, que nadie puede negarle a Karol Wohtyla, su decisiva contribución a la descomposición del imperio soviético, aunque él siempre dijo que se había limitado a "darle al árbol una buena sacudida, simplemente". Vemos, por tanto, que el Estado Vaticano, el más pequeño del planeta con apenas 0,44 Km2 (unas 44 hectáreas), ha seguido aplicando una política exterior acorde con sus intereses de "dominar el mundo". Una precursora mundialización de la Religión Católica. Una auténtica "globalización de la Fe". El Estado Vaticano, pese a su minúscula superficie, ejerce un gran poder político y mediático (más de 100 Países tienen Representación Diplomática en la Santa Sede) con sus numerosas Nunciaturas -Embajadas en toda regla- repartidas por todo el Orbe, con todo lo que ello implica en las relaciones Iglesia-Estado a las que no son ajenos ningún Gobierno.
Con la "particularidad" de que Vaticano, o sea, la Iglesia Católica -no es posible disociarlos-, se han alineado siempre con los más poderosos y con los vencedores. Desde su connivencia con las diferentes dictaduras del Cono Sur (Chile, Argentina, etc., de mayoría católica) y otras como la franquista, el Vaticano ha practicado su política de "propagación de la Fe" al precio que fuera, preservando además, sus grandes intereses económicos, inherentes a la propia "doctrina" de la Iglesia Católica. Por ello merece especial atención, el enorme poder económico-financiero del Estado Vaticano, presente, indirectamente y por sociedades interpuestas, en los más importantes sectores de la Economía Mundial.
¿Alguien podría cuantificar el fabuloso e ingente patrimonio de la Iglesia Católica?. Pensemos solo en el aspecto inmobiliario: Catedrales, Iglesias, Conventos, Seminarios, y un largo etc.; sin contar, sus múltiples inversiones a nivel planetario. ¡El Estado más poderoso de la Tierra!. No obstante, la Santa Iglesia y todos sus "operadores", se han caracterizado históricamente por su voraz "capacidad recaudatoria".
La Iglesia Católica constituye, con todos sus órganos, estamentos y colectivos religiosos de todo tipo, una verdadera multinacional "Orden Mendicante", cuyo objetivo prioritario, perfectamente asumido, es pedir, pedir y pedir… Y yo me pregunto, ¿contra el vicio de pedir, no está la "virtud" de no dar?...
Toda la labor evangelizadora, apostólica, educativa, humanitaria y otras de la Iglesia Católica se lleva a cabo con "recursos ajenos" (la Iglesia como institución no suelta un euro) provenientes de donaciones, colectas, cuestaciones y las más variadas "modalidades" de "capitalización".
Es de sobra conocido, la opacidad con que el Vaticano y, por consiguiente, la Iglesia Católica manejan sus finanzas; a veces con oscuras tramas, como la fraudulenta bancarrota del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi a principios de los ochenta.
En todo el entramado financiero del Estado Vaticano, uno de los episodios más polémicos del pontificado de Juan Pablo II fue, precisamente, el comportamiento del Papa con el obispo estadounidense, monseñor Paul Marcinkus, vinculado a la quiebra del mencionado banco.-
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Canarias, abril del 2005.