ETA como pretexto
Juan Jesús Ayala
El bombazo en la T-4 madrileña ha puesto en evidencia algunas cuestiones
que están al desnudo, así como lo desafortunado de las actuaciones por parte
del Gobierno y de ETA, que por llamarlas de alguna manera llamémoslas
dialogantes las que por ahora, parece ser, se han interrumpido sine die.
Vamos a ver si nos aclaramos de una vez. Parece mentira que se mire
con los ojos vueltos al revés asuntos que están ahí y que la solución es
política sin mas. Y es en los foros donde se desarrolla ésta, parlamento vasco
y Parlamento nacional donde tienen que dirimirse los asuntos que afectan, en
este caso al territorio de Euskadi y al territorio
español.
Las reivindicaciones del pueblo vasco están claras, al menos de la mayoría
que así se decantó por votar partidos nacionalistas que reclaman de manera
decidida, así lo llevaron en sus programas electorales, un derecho que tienen
todos los pueblos de la tierra cual es el derecho a la autodeterminación. Pues
bien este derecho se pone una vez mas de manifiesto en el parlamento de Vitoria
desde donde sale elaborado un proyecto de nuevo estatuto llamado Plan Ibarretxe en el que se recogen una serie de
consideraciones articuladas con vistas a favorecer el diálogo, entiéndase bien,
"el diálogo" político entre Euskadi y el
estado español. Plan que una vez aprobado se traslada al parlamento nacional
para debatirse en profundidad. ¿Y qué se hace? Darle un portazo por los
políticos de turno, los que deben tener las cosas meridianamente claras e
intuir y saber que si no se va por ese camino el problema se acrecienta, como
así ha sucedido. Se le da la espalda al diálogo, se niega la confrontación dialéctica-política
y por una deducción espuria se opta, eso si, por dialogar pero con ETA. ¿Se está
instalado en la cordura? ¿Habrá
que auxiliarse de la psiquiatría, tal vez? ¿O es que las grandes y
preocupantes cuestiones no cuentan?
Hay que partir de la clarividencia que algunos de los artículos que
recoge el plan Ibarretxe no hubiesen
sido admitidos y que el aspecto confederal que encierra el Estatuto se hubiera
rebajado en el debate y en los acuerdos posteriores. Pero no. No se le dio
opción. Aunque al amparo de la vigente Constitución y de su articulado 149 y
150 muchas de las transferencias solicitadas hubiesen sido posibles. Y más
aun, sin contravenir la constitución, ésta contempla la defensa de los derechos
Universales de los pueblos, y el derecho a la autodeterminación es uno de
ellos que España refrendó, apoyó y defendió ante la ONU en 1966
. Así que no se nos venga a decir que se estaba bordeando la
constitución ni zarandajas por el estilo. Constitucionalistas nada sospechosos
de nacionalistas como Miguel Herrero de Miñón lo ha puesto de manifiesto
en su libro Derechos históricos y Constitución, en donde refleja su
perfecta viabilidad y encaje.
Pues bien, lo que se ha hecho es negociar por parte
del gobierno español con ETA, pero ¿con qué ETA? Porque la evidencia nos dice que
hay varias ETA; que no constituye un grupo compacto, sino varios en el cual
cada uno piensa y actúa de manera diferente, y a las pruebas hay que remitirse
puesto que lo que ha sucedido ha cogido al gobierno con los pantalones a la altura
de los tobillos y dando palos de ciego en el vacío. Está claro.
Instáurese pues el diálogo con los políticos, eludirlos y escudarse
en la posible reiniciación del mismo con los etarras es buscar el pretexto y
escaparse de la solución adecuada que está empantanada desde años y no es
capaz que la inteligencia política ponga las cosas en su sitio.
Hay que salir de la cueva, darle luz a la historia y asumir la identidad
de un pueblo sin ambages ni temores y entender que España es diversa y que esa
diversidad hará posible se fortalezca la unidad, y tener una idea europeísta de
un territorio variopinto y con varias interpretaciones de su historia, unas por
fuerza y otras por grado.
Salir de la oscuridad, desviarse de la sombras y buscar el diálogo, pero
el diálogo político dejando atrás
ese empeño baladí y no parapetarse en un miedo exacerbado, porque si es así
se dará un paso adelante y dos atrás.
Las cosas no son tan complicadas como parecen, siempre y cuando se
encarrilen por la senda de la democracia, y si de eso se presume, pues nada,
manos a la obra para salir de una vez de un impasse de años donde lo que prima
es la ambigüedad y un desasosiego ancestral. A ETA hay que combatirla en el
terreno, en el suyo, y el estado de derecho y las exigencias de los pueblos
debatirlas donde hay que debatirlas que es en los foros políticos adecuados,
pero silenciar éstos y que ETA sea el pretexto para no hacer la política
adecuada es ir contra corriente una y otra vez.
En España hay una serie de problemas pendientes, desde 1714 unos y
desde 1839 otros, que no han dejado de enquistarse y cuando no agravarse y eso
será posible cuando se considere al estado español como plurinacional.
Si este principio no se tiene en cuenta estaremos todavía anclados en
los tiempos de la primera guerra carlista.