ETA y Castro

 

Juan Manuel García Ramos

 

A estas alturas de la escandalera política generada por el atentado de Barajas, uno se queda con las declaraciones del presidente del Partido Nacionalista Vasco, Josu Jon Imaz, quien llegó a comparar a ETA con Fidel Castro, y a decirnos a todos sin medias tintas que a estas alturas y después de más de cuarenta y seis años de rodaje -ETA y Fidel Castro nacieron políticamente en 1959- ni una ni otro iban a cambiar sus métodos por muchos simulacros de negociación en los que intervinieran.


Y uno se queda con estas declaraciones porque provienen de una fuente privilegiada. ETA fue una escisión del PNV que a partir de 1959 se impone una serie de objetivos: defensa del euskera, el etnicismo (como superación del viejo racismo), el antiespañolismo y la independencia de los territorios que ellos creen parte de Euskadi: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra (en España) y Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa (en Francia).


Es decir, el PNV conoce los interiores de ETA como nadie y está capacitado, por tanto, para decirnos hasta dónde se puede llegar con esa organización en un proceso de entendimiento. Que el PNV conoce a ETA bien quedó demostrado hasta en el último gesto del consejero de Interior vasco, Javier Balza, que, tras las recientes promesas de ETA de iniciar un alto el fuego, desoyó casi con desprecio la petición de los socialistas de Zapatero de eliminar los escoltas de los altos cargos. Esa medida no se tomó nunca en territorio vasco.


El patrimonio político del que llegó a gozar ETA -porque lo tuvo y nadie que haya participado en la movilización antifranquista puede negárselo-, y el protagonismo alcanzado en agosto de 1968 -año muy emblemático para los nuevos tiempos del mundo, y, cómo no, para la nueva España que todos deseábamos-, cuando acaba con el jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, Melitón Manzanas, torturador conocido del antiguo régimen, o el 20 de diciembre de 1973, cuando eleva a los cielos, con Dodge incluido, al que era presidente del Gobierno de la Dictadura desde el mes de junio del mismo año, Luis Carrero Blanco; patrimonio político y protagonismo que todos le reconocimos, en especial, los que estábamos por una ruptura con ese régimen, y que condujeron a esa banda armada a una deriva futura de la que ellos ya se sienten incapaces de regresar. Los mil muertos que hoy se les atribuyen son la prueba más concluyente de que ETA ha perdido su rumbo político y se ha entregado a un onanismo ideológico imposible de digerir en una Europa democrática.


Tenía razón, por tanto, Josu Jon Imaz cuando se negaba a hacerse ilusiones con un cambio de mentalidad de la cúpula dirigente de ETA y hacía extensiva esa impresión al régimen castrista, ahora obsesionado con una obstrucción anal, como si la medicina se erigiera en la metáfora más oportuna/inoportuna de lo que sucede en el ámbito de la política.


Dice la imaginería cubana que Fidel Castro ha pasado de ser el "comandante en jefe" a ser un "coma" "andante", y, salvando todos mis respeto para la salud de la persona, ese itinerario también es aplicable a ETA.


No creemos que ETA esté tan moribunda como aseguró hace unas semanas el Fiscal General del Estado, el señor Conde-Pumpido, que tampoco está para hablar de partes médicos institucionales a poco que se mire en el espejo, pero sí está claro que toda esta política ambigua del Gobierno de Zapatero no ha hecho sino fortalecer a esa organización asesina al tiempo que ha terminado por enfrentar a las fuerzas democráticas entre ellas y dentro del seno de sí mismas.


Por un lado, el espectáculo Zapatero/Rajoy, y por otro las distintas sensibilidades que se perciben a la hora de diseñar una política antiterrorista dentro del mismo PNV: no dicen lo mismo al respecto Josu Jon Imaz y el lehendakari Ibarretxe; dentro de Batasuna: las tesis de Otegi y las del ex kale borroka Barrena; y dentro del PSOE: el embeleso de Zapatero y el realismo de Rubalcaba, por poner los ejemplos más ilustrativos.


El resto de las fuerzas políticas que se sientan en el Congreso de los Diputados están más a ver venir las relaciones entre PSOE y PP que a fijar posiciones de verdadero alcance, cosa que la aritmética parlamentaria tampoco les facilita, todo hay que decirlo.


Lo que sí está claro es que si de lo que se trata es de acabar con el terrorismo de ETA, el Estado español no ha hecho sino dar pasos atrás.


Tanto ETA como el IRA eran organizaciones llamadas a desaparecer a poco que se activaran los servicios de inteligencia de los países occidentales. Ese peligro lo advirtió el IRA en julio de 2005 después de más de treinta años de lucha armada y después de entregar sus armas, como exige todo trato elemental con un grupo terrorista, y de comprometerse a impulsar por medios democráticos y pacíficos la superación de los contenciosos políticos, religiosos y sociales del territorio británico del Ulster.


A nuestro entender, el IRA no podía hacer frente a los sofisticadísimos sistemas de inteligencia de EE.UU. y el Reino Unido. Su supervivencia se hacía imposible en un eje de cooperación de esa naturaleza.


Y algo de eso consiguió Aznar en junio de 2001, durante la visita de George Bush a España. El entonces ministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué no dudó en declarar que uno de los acuerdos con el primer mandatario de EE.UU. había sido el encargarle a ese país el espionaje de los movimientos de ETA en España y fuera de España.


Si quieren ustedes estamos hablando de la conocida y mitificada Red Echelon, de un sistema de interceptación, clasificación y evaluación de las telecomunicaciones propiedad de EE.UU., Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.


Nuestra tesis es que la lucha antiterrorista internacional es hoy tan potente y letal en todo el mundo que dirigida contra un terrorismo local como el IRA o la ETA no tardaría sino semanas en desmantelar a esos movimientos.


Así ha sucedido con el IRA, no tanto por la convicción redentora de los separatistas del Ejército Republicano Irlandés. Así pudo suceder con ETA a partir de 2001 si Zapatero no hubiera protagonizado esa peleíta con EEUU que tanto le ha costado a España. Ese error lo estamos pagando en materia de política interior y mucho más en asuntos de política exterior.


Después de concluir este artículo leo el Comunicado del Foro de Ermua de 11 de enero donde se denuncia a la UGT como mamporrera del gobierno socialista de Zapatero en la convocatoria de la edulcorada manifestación del día 13 de enero, y leo el Comunicado del Grupo Parlamentario Socialista de 17 de enero donde poco menos que se le prohíbe al Partido Popular formular cualquier clase de alternativa antiterrorista que vaya más allá de lo planteado por el partido de Zapatero.


No entiendo nada.