REFLEXIÓN SOBRE ÉTICA EN POLÍTICA

Fidel Campo Sánchez

La baja calidad humana y el respeto de los políticos hacia los que les han puesto donde están, ese pueblo soberano, motiva nuestra reflexión por los dispendios monetarios a que someten al erario público, mal gastando nuestros dineros, en posibles malversaciones de caudales públicos.

Los parafernálicos viajes de los equipos de Gobierno de las Corporaciones Locales, con la participación de aquellos, de la oposición que, durante toda la legislatura no han hecho sino descalificar y, en muchos casos, llevar la contraria por sistema, se suman muy contentos a esos viajes de incomprensibles hermanamientos, que nosotros denominados como viajes al Parnaso, no valorando, ¡para nada!, ingentes gastos y obviando necesidades sociales de todo tipo que, por encima de todo, deben ser prioritarias.

Estamos convencidos que nuestra mal llamada clase política, nuestros empleados, está necesitada de un buen rearme de principios éticos y morales, por lo que basándonos en lo que nos ha enseñado nuestro profesor de psicología, el doctor Martínez Torvisco, nos expresamos en la siguiente filípica:

Creemos, estamos convencidos que se puede decir que debe haber un rearme de la ética de la responsabilidad política, que nos ordena tener en cuenta las consecuencias de las propias decisiones y las circunstancias en que se toman, lo que obliga a actuar de modo necesario si el fin que se persigue es honesto.

En el plano de la administración de los intereses populares se ha de observar, en todo momento, que en el quehacer político es necesaria la máxima pulcritud y un comportamiento ético digno de la representación que los electores, el noble pueblo lagunero y canario en general les ha otorgado. Este comportamiento ha de estar en consonancia con la responsabilidad, con la responsabilidad que han asumido, al prometer su cargo que nunca debe estar sujeto a actitudes partidistas y planteamientos reprobables que el pueblo rechaza.

La ética de la responsabilidad, no por viajes de placer y de absurdos hermanamientos, sino por buscar soluciones a los graves problemas sociales que padecemos en esta mamandurria y que debe convertirse en una obligación moral prioritaria.

Le ética de la responsabilidad ordena tener en cuenta las consecuencias previsibles de las propias decisiones y las circunstancias en que se toman, por tanto, obliga a actuar en un fin bueno.

Hemos leído, en Aristóteles, en el Libro Primero de la Ética a Nicódemo: Todo arte, toda investigación y, de la misma manera, toda acción y opción, es de presumir, tienden a un bien. Pero entre los fines de inmensas mayorías, de aquellos que tienen como profesión político, observamos marcadas tendencias a acciones donde la ética no parece ser el fin principal sino el económico, al medrar social y económicamente a nuestra costa, haciendo dejación manifiesta de la responsabilidad y de las obligaciones inherentes hacia el pueblo que les ha elegido.

 

* LA LAGUNA

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