Eufrasio: In Memoriam
Wladimiro Rodríguez Brito (*)
E
l pasado viernes nos dejó don Fortunato Doroteo Barrios Acosta, conocido popular y entrañablemente como Eufrasio. Este viejo ganadero de La Esperanza ha constituido durante los últimos años una institución, un símbolo de tiempos pasados que se resistían a perderse en el olvido de la memoria y en el anonimato. Eufrasio era la imagen viva de los pretéritos tiempos del pastoreo, de la trashumancia entre la costa seca de El Rosario y el húmedo barlovento de El Rodeo lagunero.Con su manta esperancera, su sombrero y su fiel perro al lado, Eufrasio era la viva imagen de un mundo en vías de extinción. Era la representación de una manera distinta de entender el mundo, en el que la agricultura y la ganadería constituían la base de la supervivencia de la mayor parte de la población. Eufrasio y muchos otros hombres antes que él guiaban a sus rebaños de ovejas después del día de San Juan para que penetraran en los campos, de cultivos ya recogidos, para que pastorearan y eliminaran las "malas hierbas", el granillo, el césped, las batatillas, las rastrojeras o "la correbuela", entre otras, al tiempo que abonaban orgánicamente la tierra, removiéndola y oxigenándola. Sin saberlo estos pastores practicaban el tan mentado desarrollo sostenible, aprovechaban los recursos de que disponían, sin agotarlos y propiciando la fertilidad de los campos para las posteriores cosechas. Hasta hace apenas unas décadas eran más de una docena de rebaños los que practicaban este sistema de trashumancia. Ahora que a los niños, en la escuela les hablamos de "bocage" y "openfield", es decir, campos cerrados y abiertos, respectivamente. Pensamos en las tierras de la meseta peninsular o en los setos de la Francia atlántica, olvidando que hasta hace muy poco hombres y mujeres canarios aplicaban el sistema de campos abiertos para sacar adelante a su ganadería, desde Lanzarote a La Palma. En los últimos años, los cultivos intensivos asociados a los frutales, unido a la crisis del cereal, han ido dificultando esta práctica tradicional, en otras palabras, se han "cerrado" los campos.
Eufrasio constituía una referencia respetada y valorada por los agricultores, a los cuales ayudaba a realizar el barbecho otoñal. Sus ovejas limpiaban el campo de malas semillas y hierbas, evitando el uso agresivo de herbicidas. Se hacían compatibles la agricultura y la ganadería, algo que no siempre es fácil de lograr. Las ovejas, a diferencia de las cabras, no ramonean, no se comen las ramas de los árboles, sólo comen a nivel del suelo, fundamentalmente las "malas hierbas".
Asimismo, su imagen recorriendo las calles y carreteras de La Laguna y El Rosario es algo que hemos perdido definitivamente, así como su intensa participación en romerías y fiestas tradicionales. Nos queda la pena de no haber logrado que gente como Eufrasio hubiera podido realizar pruebas pilotos para demostrar que los rebaños podían colaborar de forma importante en el control de los matorrales en nuestros montes, aliviándolos de combustibles potenciales en los secos y cálidos veranos tinerfeños. Sin embargo, los férreos "corsés" legales nos impidieron probar estas imaginativas y antiguas formulas para defender nuestro valioso patrimonio forestal.
Para terminar sólo quiero expresar que estas breves líneas pretenden rendir un sentido homenaje y tributo a Eufrasio, a su persona y a todo lo que él representaba y continuará representando en nuestra memoria mientras vivamos los que le conocíamos y apreciábamos. Es por ello que queremos transmitir a su familia nuestras más sinceras condolencias por la pérdida de un hombre bueno que ya formaba parte del patrimonio colectivo y de la identidad de nuestro pueblo. Descanse en paz.
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Consejero Insular de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo de Tenerife