Europa Armónica

Emilio del Barco

Europa no puede ser como un globo, inflable. Si le metemos demasiado gas, estallará.

Los idealismos pueden conducir a caminos inciertos. Querer incluir a Rusia y Turquía en la Unión Europea, nos puede llevar a un empacho mortal. No podremos digerir tanto. Como aliados, vale, como miembros, es demasiado. Son otro continente, otras dimensiones. Podemos comernos el salchichón, rodaja a rodaja, pausadamente, para que nos aproveche, Tragado de una vez, nos podría matar.

Si contemplamos la Europa actual, hay una cierta uniformidad, no sentimos como extraño a ninguno de sus pueblos. Rusia, en cambio, es demasiado grande. Y Turquía demasiado heterogénea. Podríamos tener dificultades en digerir, de una vez, tantas civilizaciones discordantes. No creo que sea necesario correr más las fronteras. Aunque, desde un punto de vista teórico, el ideal sea lo universal. Habría que hacer una pausa, para profundizar. Antes de pretender expandirnos hasta el infinito, deberíamos hacer un esfuerzo profundizador, de coherencia. Y asimilar, nosotros mismos, los grandes principios de la civilización europea. Que aún nos falta camino por recorrer, hasta la total identificación.

La dispersión puede degenerar en un imperio europeo, compuesto de jirones heterogéneos.

La expansión, tal como se viene realizando hasta ahora, tiene lógica coherente. Más allá, ofrece grandes dudas. Que pueden crear confusión en nuestra identidad. Tendría que pasar alguna generación, antes de poder fundir, armónicamente, en el crisol europeo, todas las discordancias existentes. Podríamos ser amigos, sin vivir, necesariamente, en la misma casa común. Las estructuras sociales de ambos países, Rusia y Turquía, son, todavía, demasiado rígidas. Basadas en glorias pasadas, que aún impregnan el día a día, porque la grandeza se recuerda con nostalgia.

A Rusia le queda mucho camino por recorrer, antes de convertirse en una democracia homologable. Y Turquía, en muchos aspectos, aunque evoluciona, lo hace partiendo de mentes ancladas casi en la Edad Media, por lo que casi siempre llega con notable retraso.

Alianza de civilizaciones, sí, por supuesto. Pero sin que se nos atraganten los ideales. Sería difícil de mantener el equilibrio político en una Unión Europea demasiado grande, demasiado diversa, demasiado desigual. Habría que reconvertir muchos ideales en reglas prácticas, antes de intentar vivir en común. Como en un tratado prematrimonial, que nos acerque, sin arrebujarnos. Que, en las uniones poco caviladas, el más bruto gana.

29/03/2005

delbarco23@hotmail.com