Euskadi: el 60% nacionalista

El lehendakari en funciones puso de manifiesto que no va a cesar en sus ambiciones soberanistas y que propondrá esta opción en consulta al pueblo vasco.
Sucede que desde fuera se pretende subvertir los resultados propagando cuestiones confusas y, sobre todo, darle la espalda a la democracia.

Juan Jesús Ayala

Después de las elecciones en el País Vasco y los resultados obtenidos por las distintas formaciones políticas, se han hecho lecturas, cada una desde su posición particularísima, y, por supuesto, acercándose a la realidad o alejándose de ella sin fundamento alguno. Se machaconea insistentemente, entre otras cosas, el ascenso tan espectacular del PSOE, que pasó de tener en las elecciones de 2001, 13 diputados, a los 18 de ahora, cuando lo que ha sucedido no es para tanto, puesto que ha obtenido solamente 20.000 votos más que en las anteriores. Y se dice también desde el PSOE, con ciertas ínfulas, que pactarán con el PNV si el lehendakari es Patxi López, ya que ellos tendrán la llave para la gobernabilidad de Euskadi y que se tendrá, por lo tanto, que seguir por la hoja de ruta que marquen y no por la que designe Ibarretxe. Estamos de acuerdo en que el PNV bajó en votos y en representación parlamentaria; perdió 150.000 votos y de 33 se quedó en 29 parlamentarios, y que IU-EB de Madrazo continúa con la misma significación de sus tres diputados.

Pero, desde cualquier punto de vista que miremos el espacio político de Euskadi, una cuestión sí está clara: los votos de PNV/EA más lo de Aralar y los del PCTV, partido que no se ha podido ilegalizar y que, por lo tanto, está dentro de la ley de partidos políticos, sumados a los IU-EB, formación que está alineada con las tesis nacionalistas: todo esto da por resultado un 60%, y eso es, en realidad, lo que manda y pone en camino las decisiones del pueblo vasco. Es la mayoría. Y en democracia, salvo que ahora se diga lo contrario, las mayorías son las que mandan.

Hemos oído pronunciarse recientemente a Ibarretxe que está en disposición de entablar conversaciones con todos las formaciones políticas, aunque su intención primaria es reeditar el tripartito, y con el apoyo puntual bien del PSOE o la abstención de PCTV. Además, el lehendakari en funciones puso de manifiesto que no va a cesar en sus ambiciones soberanistas y que propondrá esta opción en consulta al pueblo vasco.

Aunque se dice que esto es lo que se puso en cuestión en estas elecciones, El Plan, puede ser que sí o todo los contrario. Esa es la vuelta que le quieren dar aquellos que no terminan de enterarse de que Euskadi no ha dejado de ser nacionalista, al menos en un 60%. Lo que hay que aceptar sin más. Sucede que desde fuera se pretende subvertir los resultados propagando cuestiones confusas y, sobre todo, darle la espalda a la democracia. Y esto es como es, no como uno quiera que sea. La mayoría está ahí y es necesaria para proponer lo que pretendan aquellos que tienen la opción de gobernar.

Así que por muchas vueltas y revueltas que se quiera dar a la situación, ésta no tiene nada de extraña. El nacionalismo histórico que los mantiene, lo practican y ponen en rodaje. Y además, este nacionalismo está capacitado para afrontar la problemática que les aguarda a la vuelta de la esquina y teniendo toda la legitimidad para no apartarse de los postulados nacionalistas que defienden y que no van a dejar orillados a pesar de la presión que seguirán ejerciendo los que no acaban de entender que los tiempos han cambiado y que las necesidades de los pueblos son diferentes a las que otros pretenden que sea.

Desde la otra orilla, tendremos que sacar alguna conclusión más y es que al menos con una representación del 2,3% en el conjunto de Euskadi, un partido como Aralar logró un diputado y concretamente en Guipúzcoa donde en un censo de cerca de 500.000, con 15. 273 votos consiguió ese diputado lo que representa el 3,9% de los votos. Parece pues que por su ámbito circula una ley electoral consecuente y no como la estrangulación democrática que se asienta en esta tierra, la que tiene mucho que aprender de un parlamento como el vasco que con siete partidos el juego político que se va a dar será no solo emocionante sino interesante muy lejos del espectáculo romo de aquí en que los tres de siempre, bien yéndose para un lado o para otro, decidirán por el resto que no cuentan para nada.

Canarias, 22-04-2005