Aspectos etnohistóricos  y lingüísticos

de la evangelización de Tenerife

 

Francisco P. De Luka   

 

Introducción

  

La referencia concreta relativa a la acción misional sobre el Archipiélago Canario, fundamentalmente a lo largo de los siglos XIV y XV, ha sido desde siempre para la mayoría de nuestro pueblo la gran ausente de la historia de nuestras Islas en la época anterior a la conquista militar española. Salvo la valiosa labor investigadora de Rumeu de Armas, conocida fundamentalmente en círculos académicos, han sido más bien escasos los datos aportados a nivel general.

 

El territorio insular, situado en el noroeste del continente africano, constituyó desde siempre un centro neurálgico de la máxima importancia estratégica por la servidumbre de paso de las rutas transcontinentales. En unas épocas, las correspondientes a las referidas centurias XIV y XV, en las que el expansionismo político y territorial de los países ribereños mediterráneos, principalmente los reinos de Castilla y Portugal, marcaba la pauta internacional, no era infrecuente el tráfico esclavista y una cada vez más asidua presencia de los misioneros católicos auspiciada por los diversos Papados.   La promulgación de bulas pontificias encaminadas a la evangelización de los infieles sentaban ya las bases de las futuras anexiones de los territorios de ultramar para los referidos reinos cristianos. Existía, evidentemente, una complicidad tácita entre los poderes políticos y religiosos de la época, que en perfecta complementariedad actuaban para conseguir el objetivo final: la conversión de los naturales y la más que probable futura renta económica y política de los territorios conquistados y anexionados.

 

En este trabajo estudiaremos las circunstancias específicas de la evangelización relacionadas con la isla de Tenerife, como culminación de la iniciada ya en el resto de territorios insulares. La mayor superficie de nuestra isla en relación a las demás y por ende la de una población guanche muy numerosa, atrajo de forma muy acusada la acción misional. Ésta última facilitó posteriormente, a través de los guanches cristianizados del menceyato de Güimar, la entrada cruenta y colonizadora de los europeos a finales del siglo XV, en este caso vinculada aquella a la Corona de Castilla y Aragón de los Reyes Católicos, embrión del futuro Estado español unificado.

 

La paulatina penetración misionera en Canarias en la segunda mitad del siglo XV, ayudó, entre otros resultados, al sometimiento formal de la isla de Tamarant o Canaria a Diego García de Herrera, en 1461 y al de los menceyes de Tenerife en 1464, con la construcción de la torre de Añazo, aunque esta última fuese más tarde destruida por los isleños, con la consiguiente ruptura del pacto entre los guanches de Anaga y los españoles. La zona de Añazo (y no Añaza, como equivocadamente se denomina en la actualidad), recogida esta voz en documentos muy próximos cronológicamente al final de la conquista abarcaba, según A.Cioranescu (1977), una franja territorial costera que se extendía entre el Barranco de Santos y el Barranco de Tahodio. La etimología de dicha voz se asocia al compuesto bereber “a-n-y-azu”<>añazo, por posterior proceso de palatización del fonema n-y<>ñ , con el significado “el (lugar) que (es) de lo calvo”. El verbo“azu” está vigente entre las poblaciones Ait Izdeg del Alto Atlas Central, literalmente: “despellejar, despojar, devenir calvo”. Se emplea en sentido metafórico por las poblaciones amazighias cuando se quiere describir una zona desprovista de vegetación frondosa, es decir, pelada, como así efectivamente se presentaba aquel desolado y árido paisaje costero de la actual Santa Cruz de Tenerife.  

 

 

 

Los antecedentes  de la evangelización: La aparición de la Virgen de Candelaria. 

 

El hallazgo por parte de los guanches de una talla de la imagen de la Virgen de Candelaria depositada en la playa de Chimisay, actual playa del Socorro, en la costa del antiguo menceyato de Güimar, supone el primer paso previo por parte de los cristianos para acometer la evangelización de la isla de Tenerife. La voz Chimisay o Chimasay (B.Alfonso I, 1991: 419-420) procede de la raíz verbal asay =” acción de coger, atrapar, llevar, quitar, levantar; agarre, rapto”, vigente entre los Ait Haddidou del Alto Atlas, a través del sustantivo amasay= “cogedor, comprador, llevador, portador”, del que derivaría el compuesto ti amasay =” la o las (tierras) del cogedor o atrapador”, t<>ch canaria. De la misma raíz etimológica se documenta la voz femenina ttemyasay =”la (tierra) de cogerse, de atraparse mutuamente, llevarse recíprocamente”. Parece evidente que se trataba de una zona costera en la que se practicaban incursiones esclavistas.

 

El fraile dominico Fray Alonso de Espinosa llevó a cabo unas minuciosas indagaciones en torno a las costumbres de los guanches y a la aparición de la Virgen de Candelaria entre mayo y septiembre de 1590, con rigurosas informaciones testificales tanto en Tenerife como en Canaria, hoy perdidas. Esta información la recogió en la obra “Del origen y milagros de la Santa Imagen de Nuestra Señora de Candelaria, concluída en 1591 e impresa en Sevilla en 1594 (A. Rumeu de Armas, Ed.2006: 15-17). Fray Alonso de Espinosa nos refiere al respecto en dicha obra ( Ed.1980:51):

El año de mil y cuatrocientos de nuestra redención, ciento y cinco años antes  que la Isla fuese de cristianos ni hubiera en ella noticia de evangelio, fue Nuestro Señor servido (como Aquel que quiere que todos se salven y vengan en conocimiento de la verdad) que apareciese la Santa Imagen de Candelaria, para principio del remedio desta dichosa gente”.

 

Observamos, a través de la cita de Espinosa, que en dicho año de 1400 aún no se había producido ninguna entrada misional en la isla. Si creemos al cronista en relación al dato del año concreto que aporta, la conquista hubiese finalizado 105 años después, es decir, en 1505. Este dato se contradice con la fecha oficial de la finalización de aquella, fijada en 1496, que hubiera situado entonces la aparición en 1391. Cabe pensar, como hipótesis de trabajo, que Espinosa se refiriese al citar el año 1400, y por ende el de 1505, a la fecha esta última de la pacificación definitiva de la isla, pues en 1496 aún quedaban guanches alzados contra los conquistadores, refugiados aquellos en las tierras del sur al mando del valeroso mencey Ichasagua nombrado jefe en Agosto de 1502 (B.Alfonso, III, 1997:198).  Éste se hizo fuerte en los riscos montañosos situados entre Arona y Adeje (Roque del Conde, Ahiyo, o Imoque). La voz Imoque procede del plural tuareg del Ahaggar “imûken =”hombres de corazón, de valor o valientes” (Ch.Foucauld, III, 1951). Justamente en los primeros años del siglo XVI fue sofocada dicha resistencia con la muerte de Ichasagua hacia 1503, reduciéndose los últimos alzados de estos parajes posiblemente hacia 1505 (ibídem, 201).

 

Sin embargo, dada la escasa consistencia de esta hipótesis, debemos seguir abundando en los datos cronológicos para establecer con un mínimo de fiabilidad la fecha más exacta posible de la aparición de la Virgen en Chimisay. A fin de descartar otras hipótesis estimamos como un hecho histórico a reseñar el viaje, citado por Marín de Cubas, realizado por una escuadrilla de seis buques que en junio de 1393 llevaron a cabo navegantes vizcaínos. Por su parte, Viera y Clavijo (Ed.1991:111) refiere para esta expedición una escuadra de cinco navíos al mando de Gonzalo Peraza Martel, señor de Almonaster. En efecto, en la Crónica de Don Enrique III de Castilla (A.Millares, I:167) leemos al respecto:

En este año, estando el rey en Madrid, oyó nuevas como algunas gentes de Sevilla e de la costa de Vizcaya e de Guipúzcoa armaron algunos navíos en Sevilla, e levaron caballos en ellos e pasaron a las islas que son llamadas Canarias,…(...) e anduvieron en la mar fasta que las bien sopieron. E dixeron que fallaran la isla de Lançarote, junta con otra isla que dicen La Graciosa , e que duraba esta isla en luengo doce leguas. Otrosí la isla de Forteventura, que dura veinte e cinco leguas. Otrosí la isla de Canaria que dura veinte e dos leguas en luengo e ocho en ancho. Otrosí la isla del Infierno, que dura veinte e dos leguas en luengo, e mucho  ancho. Otrosí la isla de La Gomera , que dura ocho leguas, e es redonda. E a diez leguas de La Gomera ay dos islas; la una dicen del Fierro e la otra de La Palma. E los marineros salieron en la isla de Lanzarote e tomaron el Rey y la Reina de la isla, con ciento e sesenta personas, en un lugar e trajeron otros muchos de los moradores de la dicha isla, e muchos cueros de cabrones e cera..(..) E enviaron a decir al Rey lo que allí fallaron, e como eran aquellas islas ligeras de conquistar, si la su merced fuese, e a poca costa”.

 

Del texto anterior se infiere que sólo pudieron rapiñar en Lanzarote, practicando una razzia esclavista aprovechando el escaso número de sus pacíficos habitantes que no opusieron gran resistencia. Según Marín de Cubas (libro 1º, año 1694) no ocurrió lo mismo en la  isla de Canaria, cuyos naturales se defendieron con gran furia poniendo en fuga a los cristianos desembarcados entre el barranco de Telde y Jinámar. En relación a la isla de Tenerife, aparte de sus mayores dimensiones y de la hostilidad que mostrarían los guanches, parece que no se atrevieron a desembarcar debido a que el Teide estaba en erupción, según afirman algunos autores (Mariana, Gomara, Zurita.., en A.Millares, I, 167). Los estudios geológicos del vulcanismo en Canarias anterior a la conquista confirman plenamente los datos históricos anteriores: en 1393 y 1394 hubo erupciones en Tenerife, según los referidos navegantes vizcaínos. Anteriormente hubo una erupción en 1341, según los escritos del navegante Recco; posteriormente en 1430 otra en Taoro, según la tradición guanche y hacia finales del siglo XV, en 1492, una erupción en el SE de Pico Viejo, en el Teide, referida por Cristóbal Colón en su viaje hacia América (Hernández-Pacheco, A. y Valls, M.S., 1978).

 

Las etimologías de las voces Tenerife <>ti-n-irfen = “la o las (tierras) del tostamiento”, Chinet<> Chinech<>Chineche <>ti-n-echched= “la o las (tierras) del fatídico” (volcán Teide o Echeide, donde habitaba el guayota <>wa-iut= “este que pega o fustiga”), y guanche<>wa-n-echched= “este del fatídico (volcán)”, o por extensión:”este, el (hijo) de la tierra del volcán”, en algunas de las cuales se constata la equivalencia fonética “t<>ch canaria”, por un proceso de palatización y la conversión labio-velar “wa<>gua” (F.P. De Luca, 2004), son esclarecedoras al respecto. La raíz “rf” contenida en el verbo aref= “tostar”, vigente en las poblaciones del Alto Atlas, así como el verbo tuareg del Ahaggar (Sahara Central) iut = “pegar” y el adjetivo echched =”malo, fatídico”, igualmente presente en dicha zona, dan una idea aproximada de las áreas de procedencia continental de una parte de las primeros pobladores de Tenerife.   

 

Consecuentemente, el análisis lingüístico anterior prueba la conocida denominación de Tenerife como “isla del infierno”, por el lógico temor que producían las periódicas erupciones-las conocidas-en propios y extraños, no descartándose otras anteriores al siglo XIV no conocidas por los geólogos. En la tradición oral, hasta no hace mucho, los más viejos del sur de la isla decían “este se fue al Chineche” cuando alguien que moría no se había portado bien en vida (B.Alfonso I, 1991), en clara alusión al infierno.

 

En la cita del texto más arriba aludido se observa que circunvalaron el resto de las islas (Fuerteventura, La Gomera , El Hierro y La Palma ) sin que desembarcaran por diversos motivos, sea por la hostilidad mostrada por los isleños como por la inaccesibilidad y orografía de los territorios insulares. No es probable pues que la citada expedición vizcaína de 1393 fuese la responsable de la presencia de la Virgen en Chimisay, debido a la motivación puramente mercantilista y esclavista que impulsó a aquellos aventureros a viajar a Canarias, sin proyectos evangelizadores de ningún tipo que, por otra parte, estaban totalmente reñidos-al menos, en teoría-con el esclavismo de la época.

 

Un dato determinante para fijar la fecha de la aparición de la Virgen la encontramos en el siguiente texto de Espinosa cuando éste refiere que:

Más de treinta o cuarenta años estuvo la santa reliquia en poder de infieles y en casa del rey de Güimar, o cerca, en una cuevecita sobre un altar, que della no tuvieron otro conocimiento más de creer que era alguna cosa sobrenatural; y desto estaban certificados, porque oían muchas músicas angelicales, sentían suavísimos olores, y vían muchas luminarias de noche. Todo lo cual les confirmaba en su opinión, y así de común sentimiento le ofrecieron, cada cual según su devoción o posibilidad, las más hermosas cabras de sus rebaños, que llegaron a seiscientas. Y el rey le señaló término particular, que llaman Igueste, donde se apacentase este ganado; con pena de muerte que ninguno llegase a él.

Esto es lo que de aquellos oscuros tiempos pude alcanzar y sacar a luz. Y así estos treinta o cuarenta años se pasaron en silencio, hasta que el año de 1420, después que las islas de Lanzarote y Fuerteventura se pusieron debajo del yugo del evangelio y vinieron en poder de españoles, por haberlas comprado a los franceses que las ganaron y poblaron, salían los moradores de ellas en navíos a saltear y llevar presos y cautivos los que desta isla podían haber; y uno de los primeros (si él no lo fue) fue un muchacho que a la boca de un barranco hallaron pescando y, llevándolo consigo, lo industriaron en la fe y lo bautizaron, llamándolo Antón. Y como aquel, a quien Dios tenía escogido para lengua desta gente y para que descubriese el tesoro que en esta isla estaba encubierto, en breve tiempo aprovechó mucho de la fe y ganó la voluntad de su amo, para que dándole libertad, le dejase volver a su tierra, para convertir a sus parientes, o como algunos dicen, lo traían para adalid y que echándolo en tierra en esta isla, se quedó en ella escondido y alzado” (Ed.1980: 60-61)

    

El detenido examen del texto anterior nos lleva a la conclusión de que la imagen se podría haber depositado en Chimisay entre 1380 y 1390, límites extremos de un intervalo cronológico si nos atenemos estrictamente al texto de Espinosa, año arriba o año abajo a causa de la ambigüedad del propio texto:

Y así estos treinta o cuarenta años se pasaron en silencio, hasta que el año de 1420, después de que las islas…” . La referencia concreta (sin dejar lugar a la duda) al año de 1420 en que fue capturado el guanche Antón, después de pasados 30 o 40 años “en silencio” en la cueva de Chinguaro, implica el año 1390 como resultado de la resta 1420-30= 1390 o el año 1380 como resultado de la resta 1420-40= 1380.

 

Si tenemos en cuenta que durante el siglo XIV, al menos hasta la aparición de la Virgen , no se constata la presencia de elementos religiosos cristianos en Tenerife, se infiere que fueron gentes cristianas de fuera de la isla las que llevaron a cabo el depósito de la Imagen en las costas de Güímar. Descartando como es obvio las islas occidentales, en las que no había rastro alguno de evangelización durante el siglo XIV (aunque sí incursiones esclavistas)  debido a que las expediciones (la más importante en 1341 con Nicolosso da Recco) eran fundamentalmente para recoger información, sólo quedarían las islas orientales como lugar de procedencia de los cristianos portadores de la Imagen. Las islas de Lanzarote y Fuerteventura sólo acceden a los primeros intentos de evangelización a partir de 1402 con la invasión y conquista de Jean de Bethencourt. Quedaba pues, desde nuestro punto de vista, la isla de Tamarant como primigenia base cristiana desde la que probablemente partirían los primeros evangelizadores hacia Tenerife. A. Millares (I, 170) apunta la existencia de varias expediciones catalano-mallorquinas a aquella isla oriental con el doble propósito colonizador y misionero, entre 1342 y 1386. 

 

La documentación de la época que manejan los historiadores apuntan en este sentido. A. Rumeu de Armas (Ed. 2006: 33) señala la presencia de primitivos establecimientos cristianos en Gran Canaria impulsados por el Papa Clemente VI a partir de la segunda mitad del siglo XIV protagonizados por mallorquines y catalanes. La primera de estas empresas partió, en 1351, del ansia evangelizadora de algunos apóstoles de la isla de Mallorca, que organizaron cofradías de seglares a fin de recoger fondos con que sufragar los gastos del viaje. Contaron con el apoyo económico de dos ricos mercaderes de aquella isla española (Juan Doria y Jaime Segarra), los cuales obtuvieron gracias espirituales de Clemente VI. El propósito- al menos teóricamente-era la evangelización de los isleños, proscribiendo la violencia esclavista sobre los “infieles”. Se infiere ya de este dato la existencia de razzias anteriores con la única misión de capturar esclavos a lo largo de la primera mitad del siglo XIV. Curiosamente, en esta primera expedición los misioneros contaron con la colaboración de doce isleños neófitos capturados en pasadas incursiones (hacia 1342), procedentes probablemente de la isla de Gran Canaria, vecinos de Mallorca, cristianizados y hablando la lengua catalana, que tras nueve años de estancia allá se mostraron dispuestos a colaborar con los mallorquines en la evangelización de la isla (A. Millares, I: 170). Fue posiblemente a partir de 1351 cuando los cristianos erigieron, a través de pacíficos pactos con los canarios, dos humildes ermitas: una en los arenales de La Isleta , bajo la advocación de Santa Catalina y otra en La Aldea , llamada después de San Nicolás (A. Millares I:166).

 

La bula Caelestis rex regum promulgada en 1351 fue el punto de arranque para establecer una diócesis misional en Telde, ubicada en una cueva. Cuatro fueron- según A. Rumeu -los obispos de Telde: Bernardo (1351), Bartolomé (1361), Bonanato Tarín (1369) y Jaime Olzina (1392), potenciada aquella diócesis, entre otros, por los pontífices Inocencio VI y Urbano V.

 

En 1391 se produce la muerte a manos de los canarios de varios frailes que fueron precipitados por la sima de Jinámar, así como la destrucción de las ermitas erigidas años atrás, hartos los isleños de soportar (aún con la presencia de los misioneros, a los cuales acusaban de secreta complicidad) las continuas incursiones esclavistas de los europeos.  

  

Estos misioneros procedían de una entrada en la isla documentada por Rubio y Lluch (en Millares I, 171) fechada el 20 de Febrero de 1386 y que formaba parte de una expedición “evangelizadora” auspiciada por Urbano VI y llevada a cabo por frailes eremitas procedentes de Cataluña. A esta penetración es a la que se refiere años más tarde “Le Canarien” cuando habla de “fraires crestiens” muertos por los canarios en 1391, señalando además que su testamento fue hallado por Gadifer de la Salle en 1403.   

      

Visto todo lo anterior es bastante probable que fueran estos misioneros los que se desplazaran a las vecinas costas de Tenerife, no sabemos si en navíos dedicados al comercio de esclavos o por su propia cuenta, a depositar en Chimisay la Virgen de Candelaria. Pudo ocurrir entre finales de 1390 y principios de 1391, año este último que coincide con la cita de Espinosa: “105 años antes que la isla fuese de cristianos..”, considerando entonces el final de la conquista oficial el año de 1496. El pastoreo de costa en aquellos parajes del menceyato de Güimar, citado en el texto de Espinosa en el momento de la aparición de la Virgen , nos indica que la época del año en que se desarrolló la misma pudo abarcar los meses de otoño-invierno de los años 1390 y 1391.

 

Desde la ermita situada en la costa de la Aldea , en Canaria, como una de las principales bases cristianas en aquella isla, se divisaba perfectamente el contorno de Tenerife, por lo que no resulta descabellado pensar que estos misioneros catalanes tenían cierto conocimiento de los guanches y sus costumbres, además de informaciones sobre las frecuentes entradas esclavistas. Se desconoce si la motivación de dejar la Imagen fue un  simple deseo evangelizador o, por el contrario, un señuelo para atraer a los isleños de cara a la conquista o para facilitar el esclavismo vigente en aquella época.

 

En relación a la procedencia catalana de los cristianos que depositaron la Virgen de Candelaria (de tez morena y ojos rasgados), señalemos que ésta pertenece a un grupo de tallas religiosas conocidas como “vírgenes negras”. Debemos recordar que en Cataluña las vírgenes de Montserrat y Nuestra Señora de Foix se encuadran en esta categoría. Este tipo de imágenes representa un claro sincretismo cristiano surgido a partir de la Edad Media , sustitutivo de los iconos de antiguos cultos (entre ellos el de la diosa egipcia Isis) asociados a la fertilidad y la fecundidad y a una serie de elementos cultuales presentes en aquellos: el principio femenino del Universo, la Diosa-Tierra fecundada por los rayos del Sol (dualidad Virgen-Sol que más adelante veremos en los textos religiosos en lengua guanche), un claro contenido cosmogónico y naturalista y las denominadas “luces de noche” relacionadas con el culto solar, asociadas en el caso de la Virgen de Candelaria al cabo de vela (o candela) sostenida en su mano izquierda.

 

Particularmente significativa es la relación, que más adelante señalamos, en las circunstancias concretas de la aparición entre la mallorquina virgen negra Nuestra Señora de Lluch y la Virgen de Candelaria. El investigador español Domingo C. Hernández (2003) alude a la existencia de aquella virgen balear en relación a la victoria de los conquistadores catalanes en el año 1232 sobre los musulmanes que gobernaban la isla. Tras la derrota musulmana la Orden del Temple recibió en las tierras de Lluch varias propiedades por su participación en la guerra, cediendo su uso mediante tributo a los pobladores mallorquines hasta la disolución de la Orden en 1314.

 

Las primeras noticias sobre una capilla en Lluch se remontan al año 1268 y ya en 1273 hay noticias de masiva afluencia de peregrinos al lugar para venerar la Imagen de la Virgen de Lluch con un Niño en brazos, sobre la que existe una leyenda sobre su hallazgo. La Imagen de dicha Virgen mide 61 cm . de altura, realizada en piedra fina de color moreno, este último presente ya desde el siglo XV según documentos de la época. Unos autores la sitúan en el siglo XIII y otros en el siglo XV. La leyenda de su hallazgo guarda cierta similitud con el de la Virgen de Candelaria: según el citado autor la tradición cuenta su aparición a un joven de origen esclavo de nombre Lluc, ya bautizado, cuando éste se encontraba guardando unas ovejas un sábado al ponerse el sol. Este pastor observó en unas peñas grandes resplandores celestiales mientras comenzaba a escuchar una música tan suave que dejaban sus sentidos adormecidos. Llegados a este punto veamos lo que nos dice Fray Alonso de Espinosa en relación a la Virgen de Candelaria:

“…y así lo hizo el rey de Güimar diciendo que una mujer extranjera había parecido en su reino a la orilla del mar, que resplandecía más que el sol..”(Ed.1980:59).

“ ..y en casa del rey de Güimar, o cerca, en una cuevecita sobre un altar,(…) y desto estaban ya certificados, porque oían muchas músicas angelicales, sentían suavísimos olores, y vían muchas luminarias de noche” (ibídem: 61).

“ Eran las procesiones que los ángeles hacían(..) con mucha solemnidad, gran armonía y música de voces suavísimas” (ibídem: 65).

 

Siguiendo con la leyenda de Lluch  se dice que el pastor se fue a ver a un monje eremita que a su vez avisó a las autoridades, las cuales nada más enterarse del suceso marcharon hasta el lugar del hallazgo tomando a la imagen como patrona y levantando una capilla en el mismo punto donde apareció.

 

Las primeras menciones de esta leyenda aparecen en el siglo XV, doscientos años después de su aparición, y el mismo autor anterior señala la similitud existente entre las instituciones de los monasterios de Montserrat y Lluch, lo que evidencia la fuerte relación entre catalanes y mallorquines, presentes en Canarias en la segunda mitad del siglo XIV. No deja de ser curiosa la repetición de los mismos elementos religiosos entre los dos lugares a la hora de acometer la evangelización, dándose la circunstancia casual, y también curiosa, que el relato de Espinosa de 1590 se realizó doscientos años después de la aparición de la Virgen de Candelaria en 1390. La alusión del dominico a las músicas angelicales, los suavísimos olores y las luminarias son, a nuestro juicio, elementos sincretizadores de la veneración que los guanches mostraban a la Virgen durante el tiempo que estuvo en la cueva real de Chinguaro, sede del mencey de Güimar (Ti-n-ahwaru =” la o las-tierras-del primero”, procedente del verbo tuareg ehuer= “preceder, ser el primero”, en alusión al mencey, equivalente a la variante ahwar =”preceder, ir delante, ser el primero”, proveniente de un originario azwar, en donde el fonema z<>h, t<>ch canaria y por desaparición del fonema h al castellanizarse en la  voz Chinguaro. De esta raíz ZWR deriva el adjetivo masc. singular amezwaru =” el primero”, vigente asímismo en el Alto Atlas).

 

Desde el punto de vista etnográfico las “músicas angelicales” pudieron formar parte de los cantos de las maguadas o sacerdotisas guanches en honor de la Virgen , los “suavísimos olores” los provenientes del intenso aroma del incienso morisco, planta conocida por los isleños (los bereberes del Aurés argelino utilizaban antiguamente su quema en las ceremonias rituales) y las “luminarias de noche” pudieron ser las velas encendidas portadas por las jóvenes maguadas en las procesiones por las playas del sur, citadas estas últimas por los diversos cronistas.

 

Otro ejemplo de virgen negra en relación con la conquista de nuevas tierras, ya fuera de nuestro entorno geográfico, lo constituye la introducción por parte de los españoles de la Virgen de Guadalupe en México, a principios del siglo XVI.

 

 

La evangelización de Tenerife a lo largo del siglo XV. Estudio lingüístico de algunas frases y  oraciones  guanches.  

 

A. Rumeu de Armas (Ed. 2006:34) señala que hacia 1423 estaba cristianizada la mayor parte de la población isleña de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro, al mismo tiempo que se había iniciado la predicación del Evangelio en La Gomera y Gran Canaria.

 

Sin embargo, la acción misional en el Archipiélago se vió entorpecida por las frecuentes incursiones esclavistas, muy intensificadas entre 1393 y 1402 y proseguidas con relativa asiduidad durante las tres primeras décadas del siglo XV. La pugna entre los intereses mercantilistas y los “puramente evangelizadores” se saldó tímidamente a través de la bula papal “Regiminis gregis” promulgada en 1434 (ibídem: 36) “denunciando” los excesos cometidos por los piratas cristianos contra los naturales canarios con el objeto de reducirlos a la esclavitud. Así, desde 1434 y como “gran avance”, no se pudo practicar este inhumano comercio sino en las islas alejadas del escenario misional, en un ejercicio de incoherencia en el que primaban simples razones de estrategia colonizadora. 

 

A mediados del s.XV los misioneros ya habían penetrado en Canaria, La Palma y Tenerife (id.:39), fundando eremitorios o centros misionales que servían de base a la cristianización (Casas del Remo<>arumi=”cristiano”, costa de Aridane, La Palma ).  

 

El núcleo misional de Tenerife estaba radicado en Candelaria, en el menceyato de Güimar, en un área de especial influencia que abarcaba un triángulo con tres vértices situados en Chimisay, Chinguaro y Achbinicó (Cueva de San Blas). Sin embargo, es probable que la evangelización se extendiera por el Valle de Güimar, en los asentamientos guanches del actual barrio de San Juan, Chogo y Chacaica.

 

Teniendo en cuenta que A.Rumeu (Ed. 2006:16) señala un intervalo cronológico de 150 años de culto oficial a la Virgen de Candelaria contando desde el año 1590 (en que Espinosa escribe su obra) hacia atrás, nos retrotraemos entonces al año 1440 en el cual comienza dicho culto en la cueva de San Blas o Achbinicó (a ta wi n kku” = “esta que es el (lugar) de cortar”, posiblemente en alusión al desuello y curtimiento de las pieles del ganado que debía hacerse en lugar cubierto), una vez trasladada la imagen desde Chinguaro. Ya en Achbinicó la Virgen recibiría el culto de los guanches en procesión anual, coincidiendo con las fiestas del Beñesmer o de finalización de la cosecha a mediados de Agosto, festividad celebrada con cantos, bailes y juegos diversos (entre los tuaregs se distingue con toda nitidez la estrella “Canopus” justamente en esa fecha de mediados de agosto).Una prueba documental de esa antigua peregrinación de los guanches a la cueva de San Blas para venerar a la Virgen (continuada más tarde tras la conquista) la constituye el Acta del Cabildo de 18-09-1517 cuando alude al adecentamiento del camino que va a Candelaria.

 

Del dato apuntado más arriba inferimos que Antón Guanche, personaje determinante en la cristianización de la isla, capturado en 1420 y llevado a Lanzarote para ser bautizado e iniciado en la fe católica (además de aprender castellano), regresara a Tenerife posiblemente entre 1430 y 1440 después de un lapso de tiempo que no podemos precisar. El fraile dominico nos dice que estuvo un tiempo oculto (Ed.1980:61:62) y al final visitó al mencey en la cueva de Chinguaro en donde se encontraba la Virgen. La frase que pronunció Antón Guanche para convencer a los suyos y cuyo enunciado recoge  Espinosa es la siguiente:

 

- ACHMAYEX, GUAYAXERAX,  ACHORON,  ACHAMAN

        

Esta unidad lingüística es a nuestro juicio perfectamente asimilable a la lengua bereber o tamazight hablada actualmente en el norte de África, a través de la siguiente restitución analítica que recoge la fonología de algunos elementos en caracteres latinos, por la no inclusión en este trabajo de todos los signos alfabetiformes o fonéticos propios de aquella lengua que complicaría en exceso el texto:

 

- aš may-gh    wa-y-xir-agh   a ghur-un   aš aman   

 

Justificación etimológica de los elementos de la unidad lingüística:

 

- (pronunc: ash) = tiene el valor del elemento de pertenencia “el de”, en dialecto tuareg del Ahaggar <> ag<>ak, por equivalencia fonética “g<>k<>sh.; -may-gh = “nuestra madre”, en donde la raíz (M) ma =madre”, se acompaña del sufijo posesivo panamazigh de 1ª persona del plural gh =”nuestra” (pronunciar: mayegh). -wa = demostrativo masc. sing. panamazigh “este”; -xir= verbo con el sentido de “sostener, ayudar” en el dialecto del Aurés argelino (pronunciar: jir); -agh= verbo reflexivo “alumbrarse”, vigente en el Alto Atlas;  -a = “el que o lo que”, partícula que precede al verbo, en el dialecto tuareg del Ahaggar; -ghur-un = del verbo ghur con el sentido de “tener”(Alto Atlas, de raíz kabilia), (sonido “gh”= “r” francesa de Paris),  gh<>k<>ch”, seguido del sufijo un, segunda persona plural; -aš aman =” el del agua” (el cielo), aman =”agua”, elemento panamazigh.

 

Traducción literal:

 

-  el de nuestra madre, este que sostiene y se alumbra, que ustedes tienen, el del agua (el cielo) “

 

Creemos que la alusión de Antón Guanche se dirigía al Sol (Dios) como el hijo de la Madre ( la Virgen ) a la que señalaba por su presencia física, además de referirse al cielo como “el del agua” (el que envía la lluvia), encuadrado y preparado todo el texto de acuerdo con las creencias y el ritualismo católicos. El propio Espinosa lo deja claro cuando cita, al referirse a la Virgen : 

“ …para que por su medio e intersección vengáis al verdadero conocimiento de Dios, que es el Guayaxerax que confesáis…” (Ed.1980: 62).

 

Paralelamente al establecimiento a mediados del siglo XV del núcleo misional de Telde (que volvió a ser el más importante de Canaria) con la erección de un eremitorio hacia 1462, destruido años más tarde por los canarios, se inició en Tenerife la  primera entrada cristiana estable. El eremitorio de nuestra isla estaba bajo la jurisdicción de la Orden Franciscana , y al parecer fue erigido a partir de Mayo de 1458 si nos atenemos a la elección del ministro general de aquella Orden (A.Rumeu: 2006:40). El principal apóstol de esta misión fue Fray Alfonso de Bolaños el cual, según dicho autor, había conseguido catequizar ya a un considerable número de guanches. Un dato esclarecedor aportado por A.Rumeu y poco conocido por el gran público es la constatación del núcleo misional tinerfeño compuesto por Fray Alfonso, Fray Masedo y Fray Diego de Belmanúa, los cuales vivieron entre los guanches y predicaron en la lengua isleña, ya conocida por los monjes según bula papal de 1462. Con la muerte de Bolaños en 1478 se inicia la decadencia de la misión y entre 1487 (extinción de la vicaría de Canarias) y 1494 se produce un retroceso en la marcha de la evangelización de la isla (ibídem: 54).

 

Parece evidente la estrecha colaboración del retornado Antón Guanche con los misioneros a la hora de enseñarles la lengua vernácula con fines evangelizadores. Por su parte, el ansia cristianizadora de Fray Alfonso de Bolaños lo llevó incluso a iniciar por sus propios medios la catequización de las tribus vecinas de nuestro continente, azenegues y guineos (ibídem: 41). En relación a los azenegues podrían tratarse de los zenaga o azanegh, pobladores en el siglo XV de las costas africanas situadas frente a Canarias, en una franja costera que abarcaba desde Cabo Noun (Sidi-Ifni) hasta el Cabo Boujdour o Bojador. Esta zona, denominada Berbería, sufrió a principios del siglo XVI las incursiones salteadoras cristianas desde nuestro Archipiélago, incluida la fundación de establecimientos fortificados como Santa Cruz de la Mar Pequeña.

 

Una de las hipótesis que manejamos relativa a la procedencia de los primeros pobladores de Canarias está asociada a estas tribus continentales, al igual que constatamos elementos lingüísticos similares. Entre los zenaga seminómadas del norte de Mauritania, emigrados allí desde el sur de Marruecos y Sahara en los primeros años de la Era y posteriormente huyendo del Islam en el siglo VII, se conserva la antigua voz Ashaman, vinculada a la divinidad de la lluvia.    

          

En relación al análisis lingüístico del texto que presentamos a continuación es preciso señalar previamente la existencia de unos datos históricos relacionados con los conventos  cristianos de la Baja Andalucía , investigados por A.Rumeu de Armas. El origen andaluz del apóstol de Tenerife, el franciscano minorita  Fray Alfonso de Bolaños, nos da pie para citar los conventos filiales o casas de Sánlucar de Barrameda, fundada en 1443, de Jerez de la Frontera , entre 1443 y 1450 y la de Utrera, en 1459 (2006: 44-45). Muy posiblemente, la mayoría de los misioneros que evangelizaron en Tenerife a partir de 1458 fueron reclutados en esa zona del sur de España. Dichas casas servirían pues como puntos de formación y descanso antes de partir hacia Canarias. El investigador tinerfeño Emiliano Bethencourt ya fallecido, que indagó tenazmente en busca de antiguos documentos de la historia no conocida de Canarias, nos facilitó en 2004 un texto en lengua guanche relacionado con el proceso evangelizador de la isla, rescatado del legado de la duquesa de Medina-Sidonia:

                     

                      A TI-S   ITA  TTAFEN   ATUMAN  CHA GUAXERAX 

                      ITATTAFEN     ATGUAYCHAFANATAMAN  GUA

                     ACHAMAN  ABISEM  EN   YAKOSH

                     ATA  MA-YUSH  GUA  YUSH  UR  USH

                     ACHMAYEX   GUAYAXERAX  

 

Restitución analítica: 

 

-  ah  ti-s  i ta,  ttafen  a tudža aman  ta (n) wa-xir-agh

-  i ta ttafen  at wa i ttaf n aš-aman  wa

-  aš-aman  a-wi-isem  n Yakuš

-  a ta ma-yuš, wa  yuš  ur 

-  aš maygh  wa-y-axir-agh      

 

Justificación etimológica de los nuevos elementos de esta unidad lingüística:     

 

- ti-s = “su padre”, en el que la voz “ti” equivale a “padre” en dialecto tuareg del Ahaggar, acompañado del sufijo posesivo “s” de la 3º persona del singular; - i ta = “por esta”, en donde la partícula “i” representa la preposición panamazigh “para, por” y “ta” indica el demostrativo femenino singular “esta”; -ttafen, 3ª persona plural del verbo “ttaf” en el dialecto tachelhit del Sous y Anti-Atlas= “tener, poseer”; -tudža, 3ª persona fem. singular del verbo “adž “= “estar en el origen de, ser la causa de”, vigente en el Alto Atlas, de raíz  kabilia (pronunciar: tudŷa); - i ttaf = “para sobrepasar, por encima de”, derivado de la raíz verbal “af “= “sobrepasar, valer más”, en el Alto Atlas, de raíz kabilia; - wi-isem, en donde “isem” equivale al panamazigh “nombre”, antecedido por el pronombre demostrativo sing. masculino “wi” = “el”; - Yakuš, denominación de Dios, literalmente “el que a todos da, o “el que da a todos”, en donde se observa la partícula invariable “ak = “todo, todos” y el verbo “eš/ uš” = “dar, ofrecer”, vigente en el Alto Atlas (pronunciar: esh/ush) - ur, partícula negativa panamazigh =”no, ni”; -n, preposición de pertenencia =”de”.-      

    

Traducción literal:

   

- oh, su padre (de ellos), por esta (oración) ellos tienen  la que causa el agua, esta (de) este que sostiene y se alumbra 

- por esta (oración) ellos tienen  el engrandecido este para sobrepasar (por encima de) de el del agua (el cielo) este 

- el del agua (el cielo) que (es) el del nombre del que da a todos (Dios)    

- que (la cual) esta la madre del que da, este que da y no da (Dios)

- el (hijo) de nuestra madre, este que sostiene y se alumbra.-

 

De la frase anterior se infiere el concepto católico de la madre de Dios ( la Virgen ) y su hijo personificado, según la simbología cosmogónica guanche, en la figura del Sol que “sostiene” el firmamento y se alumbra a sí mismo y, por consiguiente, alumbra a todos. Se trata de un claro ejemplo de sincretismo aplicado por los misioneros para conseguir la adaptación de la mentalidad del isleño al mensaje de la nueva religión que se pretendía implantar. La Virgen era pues la madre del Sol y, en cierta forma, se pretendía hacer entender a los guanches que gracias a la madre ( la Virgen ) existe el Sol (su hijo) que alumbra y da la vida. La que “causa el agua”, la Virgen , era el ente sagrado impulsor del líquido elemento por medio del cielo; indicaría en definitiva un elemento femenino asociado a la fecundidad y la fertilidad que ha perdurado tras la conquista a través de las rogativas para pedir la lluvia en épocas de sequía.

 

El Sol es el que está  “por encima” del cielo (“el del agua”) que aporta la necesaria lluvia y que representa asimismo un valor sagrado y sobrenatural asociado a la Divinidad. La ocultación del Sol durante la lluvia explica, a nuestro juicio, el concepto cosmogónico “estar por encima de” en la concepción religiosa de los primeros habitantes de Tenerife. El concepto de Dios (el que da y no da) está presente en la tradición secular de la isla, formando parte del sentido de resignación ancestral que siempre caracterizó-y caracteriza- a nuestro pueblo.

 

Podríamos concluir que los tres elementos, el Sol-Dios, la Virgen y el Cielo, fueron los fundamentos religiosos utilizados por los monjes cristianos para conseguir la total evangelización de los canarios, al menos en la isla de Tenerife.

 

Referencias bibliográficas: 

 

- Bethencourt Alfonso, J. Historia del Pueblo Guanche I - III” (Tenerife, 1991-1997)

- DeLuca López, F.P. “Notas de Etnolingüística canaria”(Ed.Tamusni, Tenerife, 2004)  

- Espinosa, F. Alonso de, “Hª de Nª  Sra. de Candelaria” (Ed. Goya, S/C Tfe, 1980)

- Foucauld, Ch. Eugène de, Dictionnaire Touareg-Français” (4 Vol. , Paris , 1951)

- Lamzoudi, M.“Initiation au dialecte berbère” (Sous, Anti-Atlas) (Casablanca, 1988)  

- Millares Torres, A. Historia de Canarias I” (Ed. Edirca, Las Palmas G.C., 1975)

- Nadhir Sebâa, M. L´histoire, les Aurés et les hommes” (Algerie, 2003).

- Rumeu de Armas, A. “La conquista de Tenerife” (I.E.C., La Laguna, Tenerife, 2006)   

- Taïfi, M. Dictionnaire Tamazight-Français” (Parlers du Maroc Central, Paris, 1991)

- Viera y Clavijo, José de, Historia de Canarias I” ( Ed.Gobierno de Canarias, 1991)

 

*  Publicado en el suplemento 'La Prensa' del periódico El Día, fechas 9 y 16 junio 2007