EVO MORALES Y EL MESTER DE PROGRESÍA

Paco Déniz

Hay que ver la carita que se les pone a algunos cuando ven a los pueblos pobres del mundo explotados por las multinacionales. De repente, las imágenes televisivas avivan la crítica más sentida y emotiva del televidente ante tanta injusticia que hay en el mundo. La gente tiende a identificarse con los pobres, con los que sufren, con los que son explotados, con los pueblos cuyas riquezas van a parar a manos del hombre blanco tirando a rozado. Un sentimiento cuasi religioso invade a estas mentes televisivas con las imágenes de indios y negros, y mulatos y gente polvorienta sufriendo los designios del capital. Algunos hasta se vuelven guevaristas y bolivarianos. Lo comentan en sus espacios barítimos, e incluso se alegran cuando un tal Morales gana las elecciones.

No es posible que las riquezas de los pueblos del tercer mundo sigan siendo saqueadas por multinacionales depravadas, se dicen entre ellos. Es necesario un cambio de rumbo,.. y bla, bla bla. Pero cuando ese cambio de rumbo se produce, cuando un potente movimiento político sacude las urnas, cuando la gente se moviliza y reivindica lo suyo; es decir, cuando la gente adquiere dignidad, las imágenes televisivas ya no saben a lo mismo. Ya lo pobres no son tan ingenuos, tan inseguros, tan dignos de caridad. Entonces asoma el fantasma del comunismo internacional, de la venganza de los desarrapados. Y es entonces cuando el mester de progresía saca su teclado y vomita que así no se hacen las cosas. Que el gas es de todos, que Repsol es la única garantía al subdesarrollo, que evo Morales anda en malas compañías. Que no era para tanto.

Entonces, cuando el mester de progresía observa a tanto médico cubano en los barrios y en los campos comienza a sospechar y añora a médicos sin frontera, la cruz roja, o a unas monjitas. ¡Pero cubanos, gratuitamente, internacionalismo!, ¡qué va hombre! Entonces comienzan a escribir, también, que el petróleo es de todos, y que así no se defienden las cosas. Que existen canales democráticos para ello, cumbres, diálogos, etc. Y que los indios se están metiendo en jaleos. En fin, que los pobres del mundo están muy bonitos mientras sigan siendo pobres y no se metan en política, mientras no se hagan nacionalistas y nacionalicen sus recursos, mientras sean carne de limosna, carne de adopción de niños para el infecundo mundo desarrollado, ¡ahora! como pretendan hacerse autosuficientes, independientes, dignos, etc. Como pretendan legalizar sus costumbres y sus atuendos, su lengua y su ritmo vital, … como pretendan ir a los mismos sitios que van los blancos rozaditos, entonces los progres comienzan a sospechar y a cuestionarse su anterior visión idílica de la pobreza. Y es que los pobres son pintorescos mientras su existencia sirva para que algunos blancos laven sus conciencias y duerman tranquilos.

Mientras haya pobres que no se metan en política siempre algún blanquito podrá montar una ONG en el otro lado del mundo para organizar cenas benéficas, pero nunca actos de apoyo político. Actos políticos no, porque de eso ya se encargan las portavoces de las multinacionales que suelen ser los mismos de los gobiernos occidentales, y la gente blanca y digna, la gente que sabe vestir una buena chaqueta y una buena corbata, no un pulóver de rayas. Esta gente blanquita que confunde los intereses de su España con los de Repsol. En el fondo, el mester de progresía desearía que la pobreza se convirtiera en un parque temático que atraiga a gente pudiente para que sea rentable. Un parque temático que atraiga a un turismo de calidad. Un turismo que haga safaris, ralys, programas de supervivientes que luchan contra los mosquitos; en fin, algo rentable y sostenible.

Y así se acaba el radicalismo del mester de progresía. Y eso, su visión idílica se esfuma y todo vuelve a su orden natural. Entonces, el espacio barítimo y el cafetín retoma sus conversaciones habituales. Y lo mal que se ha puesto Venezuela, y lo de los palestinos no hay quien lo arregle, y las malas compañías de los pobres, y la politización del Barça y la inmigración de colorines, y bla, bla, bla.