EXIMIR
RESPONSABILIDADES
Existen muchas formas de eximir responsabilidades.
Esta sociedad
occidental, católica, apostólica
y romana que nos han impuesto, es rica en argumentos absolutorios. El mercado ofrece amplia gama para tranquilizar la conciencia. Si lo
hace ante el confesor, el pecado se resuelve en el bis a bis entre el sacerdote
y el transgresor. Se absuelve
al pecador por el rezo y la constricción.
Amparado en el secreto de confesión
me acuso de matar: cuatro padre
nuestros y dos rosarios cantados; de violar: tres ave maría y dos padre nuestros; de robar: ayuno y rosario. Y a la semana siguiente, más de lo mismo.
Así se puede estar toda una vida matando, violando o robando convencido, domingo a domingo, que la absolución del sacerdote deja limpio de pecado y purifica el alma. La defensa de la fe consiste
en mantener vivo este principio y no cuestionar su existencia. Sobre todo en una sociedad capitalista donde Iglesia y Estado comparten una teología política sobre la cual construyen su poder omnímodo. Joseph Ratzinger lo sabe, por eso persiguió durante
25 años, como prefecto de
Mas, la sociedad política exonera hoy el pasado secular y la biografía ciudadana del nuevo papa. Ratzinger forma parte de una institución,
Con motivo de la elección del nuevo
director gerente del consejo
de administración de
Resulta curioso que creyentes,
católicos practicantes, dirigentes políticos y miembros de la sociedad comprometidos con la defensa de la democracia
y la dignidad no levanten
con mayor fuerza su voz y reclamen contra semejante ignominia al elegir un
nazi confeso como su
pastor. Al menos deberían exigirle abominación pública del nazismo.
De lo contrario la responsabilidad de los católicos en la absolución del nuevo papa de su pasado nazi e inquisitorial es tan importante
como la de quienes en el agnosticismo
podemos comprobar que durante 40 años, Ratzinger ha sido un gran baluarte en la práctica de los métodos de la contrarreforma. Ahora resulta que haber sido nazi por convicción es un atenuante en el currículum para llegar a papa. Antes podía haber cortado
la carrera a la designación, en este
momento se soslaya. El
argumento que exime es caricaturesco:
todos los alemanes eran nazis, no menos que todos los italianos fascistas. Podemos hacer una larga lista inclusiva donde apelar al "todos son" o
"eran" acaba por ser una gran mentira. Ni todos eran ni todos son. En Chile, militares se opusieron a
la tortura y fueron asesinados.
En Argentina y otros países
sucedió algo similar. Pero existe la vulgarización donde se oculta la
vida ejemplar que rescata la condición
humana y donde se refleja toda la esencia ética de la dignidad. Es mejor apoyar la cobardía bajo el "todos" eran nazis y camisas negras. Ni todos fueron ni todos eran. Para ejemplo: Sócrates y Giordano Bruno. Y muchos que desde el anonimato defienden la dignidad y la condición humana.
Si no, preguntenle al EZLN.
(Morelia –
México)