EL "FALO DE MASPALOMAS"
Ramón Moreno
Desde el pasado lunes día 9, y hasta mañana domingo día 15, se han venido celebrando en Playa del Inglés y aledaños, diversos actos con motivo de la llamada semana del "orgullo gay", ya "institucionalizada".
Bajo un inmenso y multicolor "arco iris", homosexuales de toda Europa -y también canarios, como no podía ser menos-, se han dado cita en este enclave turístico, conocido en todo el mundo por sus excelentes playas, y que desde hace tiempo se "vende" (con el "todo incluido") en las ferias turísticas como el "Paraíso Gay". Un "novedoso" y "original" reclamo turístico, para mayor escarnio de esta tierra.
Un buen número de avispados "empresarios" del sector servicios, nativos y foráneos, con una mentalidad exclusivamente mercantilista, viendo el gran poder adquisitivo del "turismo gay", han reconvertido todas sus instalaciones y lugares de ocio para acomodarlos a la demanda de este tipo de clientes, sin importarles lo más mínimo -el dinero no tiene patria ni ideología, ˇni escrúpulos!- la deplorable imagen de Gran Canaria en particular, y del Archipiélago Canario en general.
Así como Cuba fue en la época del dictador Fulgencio Batista, el "prostíbulo del Caribe", el Sur turístico grancanario y, por extensión, toda Canarias, se está convirtiendo en la "casa de citas" del Atlántico. En el Eden de gays y lesbianas, empeñados en exhibir su sexualidad en público, sin el menor pudor.
El emblemático Faro de Maspalomas, referente y guía de un bello entorno paisajístico, y un lugar de excelencia turística, ya ha sufrido un "erótico" cambio transformándose en el "Falo de Maspalomas". Todo un "símbolo" del momento, cuyas dunas, parte importante de un singular ecosistema, sirven de "paradisíaco" lugar de promiscuidad homosexual, sin que a nadie le importe lo más mínimo el nocivo foco infeccioso y la degradación medioambiental que se está produciendo en la zona.
Pero antes de continuar, quiero hacer una puntualización, para que nadie se llame a engaño: ˇNo soy, en absoluto homófono, ni nada que se parezca!. Me importa un bledo la sexualidad de cada cual y lo que haga con ella. Ahora bien, no me la estén "restregando" por la cara, porque la libertad de cada uno, incluida la sexual, termina cuando empieza la de los demás. En estos tiempos parece que está de moda ser homosexual y los que no comulgamos con esa tendencia somos los retrógrados y los bichos raros. ˇDe eso nada!.
Me parece muy bien que el colectivo de gays y lesbianas luchen por sus legítimos derechos como personas, y que estos les sean reconocidos legalmente; pero no nos quieran "meter en el armario", a los que no somos como ellos. Bien es verdad que los homosexuales, masculinos sobre todo, han sufrido una feroz represión y descrédito durante la dictadura franquista que todos condenamos, pero ahora hemos pasado del cero al infinito. Como dice un amigo, ˇsalen debajo de las piedras!.
Reitero que no tengo la más mínima animadversión hacia los homosexuales; es más, hasta les voy a dedicar un versito de D. Manuel Verdugo -ya citado en otras ocasiones-, que también era gay, como se dice ahora, aunque en otra época menos permisiva. Dice así: "Si quiere el hombre imperfecto / a la perfección llegar / el camino más directo es el recto / y por el debe tomar". Lo que constituía toda una apología de la homosexualidad, que tiene su reflejo en nuestros días con la auténtica "eclosión rosa" que nos invade, auspiciada, entre otros factores, por el poder mediático de la televisión que ha venido mostrando a la sociedad, el "ejemplo edificante" de algunos personajes de todos conocidos; y por la política "progresista" del PSOE, que viendo el enorme caladero de votos que suponía el colectivo de gays y lesbianas, suscribieron sus reivindicaciones incluyéndolas en el programa electoral. Siendo un tinerfeño, precisamente, el valedor e impulsor de la iniciativa, como "abanderado de la causa".
En fechas posteriores a la elección del Papa Benedicto XVI, en el Congreso de los Diputados también hubo fumata -en este caso, "fumata rosa"- y se aprobó, con el voto negativo del PP, los matrimonios de homosexuales, con la polémica consiguiente.
Y es que, al margen de cualquier instrumentalización partidista del tema, y de la oposición frontal de la Iglesia Católica, incitando a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia, la cuestión es meramente de sentido común y de raciocinio.
Porque, aún aceptando, sin reserva alguna, el reconocimiento a una vida en pareja, con todos los derechos inherentes a la persona y como ciudadanos del colectivo de gays y lesbianas, llamar a esa unión "matrimonio" está fuera de toda lógica y del propio Derecho consuetudinario. El matrimonio es, por propia definición, la unión de un hombre y una mujer. O sea, el casamiento de una pareja heterosexual.
żY que decir de que las parejas de homosexuales puedan adoptar niños, pese a los interesados informes favorables, cuyo supuesto rigor científico, no está probado?. ˇToda una aberración! que cuestiona seriamente los valores éticos y morales de esta "avanzada" civilización occidental y pone de relieve el peligroso declive de la humanidad.
En fin, a la vista de cómo está el panorama, y empleando otro anglicismo, esta vez más riguroso ("gay" se traduce como alegre, desenfadado, calavera), propongo desde aquí, la celebración del mes del "orgullo man", como reafirmación de mi irreductible heterosexualidad. żAlguien se apunta?.
Canarias, mayo de 2005