La falsa intención empresarial
Alexandro Saco
En objetivo de las
empresas privadas es maximizar sus ganancias. Mientras más grande y sofisticada
una empresa su capacidad de obtener mayores ingresos se irá perfeccionando. En
ese sentido, la imagen que se presenta de las grandes empresas preocupadas en
primer lugar por elevar la calidad de vida de la gente, es accesoria del
objetivo principal: tener más ganancias. Es triste asumir el discurso
publicitario de empresas que trabajan preocupadas por la persona. El bienestar
que puedan producir las empresas es secundario pero ligado al asunto principal,
en el que el cliente o usuario es una estadística de unas decenas, centenas o
miles de euros o dólares.
La publicidad ha sido astuta
al crear esa sensación de pertenencia en las sociedades. Bancos preocupados por
el futuro de las personas, empresas de telefonía a las que las mueve una
preocupación por que las personas distantes se comuniquen, constructoras que
ponen a nuestro alcance amigables viviendas, grandes almacenes que con sus
ofertas nos abren la posibilidad de estar a la moda. Cuando observadas
serenamente, todas esas imágenes publicitarias encierran lo contrario: bancos
que te cobran dos euros por pagar un servicio o cuatro por usar una ventanilla
al caer la tarde, empresas de telefonía que no cumplen con sus promociones o
las enrevesan para engañar, constructoras que
edifican ratoneras para humanos, grandes almacenes que venden en diez lo que
vendían en cincuenta un día antes.
Lo que quiero decir es que esa
hojarasca mediática de preocupación por el usuario o el cliente es una farsa.
Una farsa que esconde un objetivo quizá legitimo en la organización
capitalista, pero confrontable por el sentido común: el engaño y la
manipulación para que unos acumulen lo que a otros les hace falta para vivir.
Los invito a revisar las ocasiones en que se hayan sentido esquilmados por una
gran y prestigiosa firma, las oportunidades en que mirando las campañas
publicitarias en
Observemos el caso de la oferta inmobiliaria de las grandes constructoras. Se
ha masificado la construcción de departamentos, lo que puede esté bien. Pero
éstos son hoy pequeñas prisiones antes que lugares en los que una persona o
familia pueda aspirar a una vida en equilibrio. Los departamentos que existen
en el mercado han reducido drásticamente sus áreas. Es un error asumir que un
inmueble de
La vida se está reduciendo a
una adecuación absurda a la oferta empresarial maquillada irresponsablemente
por la publicidad. Publicidad que en letras microscópicas cree cumplir con
decirnos la verdad, publicidad que muestra cielos azules cuando al lado hay
hoyos de miseria, publicidad que siempre tendrá el recurso de decir que hace lo
que el cliente pide: asunto cerrado.
La constancia de estas
prácticas empresariales, a la que podemos añadir decenas de situaciones en las
que exprimir a los usuarios o clientes conduce la intención de maximizar
ganancias, producirá un atasco que tendrá que encontrar alguna forma de fluir.
Atorados nos encontramos hoy, asumimos que esos errores de unos céntimos o unos
euros son sólo eso, pero en el fondo pensamos sí pues, siempre algo más termino
pagando. No son casualidades, son aspectos intrínsecos a la causa empresarial:
no somos objeto de beneficios al consumir, si hay beneficios estos se dan
porque o hay alguna empresa a la que superar en oferta, o porque la naturaleza
del negocio exige brindar ese beneficio.
11 3 2007