EL CENTINELA
¡Ños! LO QUE PUEDE HACER UNA BIEN ORQUESTADA CAMPAÑA PUBLICITARIA
Por
Jose AlmeidaSí, parece que cada vez va quedando menos dudas -para aquellos que todavía las albergábamos- sobre lo que una buena, sutil, inteligente y embaucadora campaña publicitaria puede llegar a ejercer sobre los pensamientos, las acciones y decisiones de una gran mayoría de personas que hayan quedado expuestas a aquella -voluntaria o involuntariamente.
Aún sin haberlos leído todos, no es difícil llegar a concluir que la mayoría de los tratados que tratan el tema de la publicidad coinciden en dos cuestiones esenciales: que el éxito o el fracaso de un producto que sale al mercado y se oferte depende en gran medida de que venga respaldado por una buena e inteligente campaña publicitaria, y que además el medio elegido para hacerla sea el televisivo. Hay que decir que aún dándose estas dos características necesarias y fundamentales por lo general, puede que lo ofertado no llegue a despertar las expectativas que se esperaban en el siempre margen de impredecibilidad que no se puede obviar en las apetencias puntuales de los consumidores.
Viene esta especie de necesaria perorata por un asunto puntual que hoy me revolvió lo más profundo o lo más superficial de mis entrañas, y aunque más hago por evitarlo, más infructuosos son mis esfuerzos y más me revuelvo rabiosamente encendido sobre el teclado de mi ordenador intentando poner en orden qué y cómo quiero decir de la manera más clara y concisa aquello que tan desasosegadoramente me traspone en un leve ataque de legítima indignación.
Uno, aunque de todo saque o intente sacar alguna lección que después le va a servir -o no, que nunca se está con el mismo nivel de lucidez- en tu cotidiana vida diaria, se empeña en explicar y explicarse qué es lo que mueve a la gente a excitarse -y a elevar de manera considerable la adrenalina del cuerpo- con ciertos acontecimientos multitudinarios, que, por ejemplo, a mí me dejan de aquella manera. (no, si ya desde pequeñito le decían a mis madres que el niño era un poco rarito -pero lindo, eso sí-, que ya se le pasaría con la edad.)
Viene todo esto, ahora sí, a la enorme campaña publicitada que todos los medios -televisivos, radiofónicos, periodísticos y hasta en la Internet- están desplegando con el asturiano, corredor de Fórmula Uno, Fernando Alonso, elevándolo al parnaso de los Elegidos como una fulgurante estrella de los circuitos profesionales donde se codea de igual a igual con los mejores corredores del mundo en estos momentos.
Sí, ya sé que aunque, por lo general, la emotividad de la gente entorno al que ya es sin lugar a dudas otro fenómeno mediático, se va contagiando primeramente casi de boca en boca, no deja de sorprender tanta efusividad, tantísimo entusiasmo, tantísima inefable vehemencia en las manifestaciones explosivas de contento, ilusión y alegría que despliegan lxs miles de seguidorxs que se han desplazado a Cataluña desde todas las partes del Estado español -sobre todo desde Asturias- para disfrutar con su nuevo ídolo de la cosmopista en vivo y en directo, coreando mas que pierda, en vez del "Asturias, patria querida/ Asturias de mis amores." "Alonso, Patrio querido/ Alonso de mis amores."
Igual sucede con los héroes galácticos que juegan al fútbol y que tienen miles, millones de seguidores en todo el mundo y que se desgañitan en cada partido, que se dejan el cuerpo y hasta el alma coreando las señas de identidad que los diferencian de otros equipos y de otras hinchadas, que levantan confesadas e inconfesadas pasiones, emociones encontradas pero no satisfechas, sueños imposibles y ensueños frustrados. (El hijo de una vieja amiga que sólo tiene cuatro añitos, el angelito, tiene a "Bekam" como referente y es de los pocos nombres que conoce y pronuncia.)
No sé, pero no estaría nada mal que las afectividades y efectividades se compartieran un poco más igualitariamente, de manera más justa. Que a esos llamados supuestos "inadaptados" e indocumentados que les llaman por ahí, a los clandestinos, y también a los perseguidos, a los exiliados, exteriores e interiores, les ofrezcan igualmente su minuto de gloria, sus horas de triunfo y de laureles, de aclamaciones y consideraciones.
Seguro que ahora comprenderán mejor aquello que decía que con una buena campaña publicitaria, y algo más de parte de esta otra gente, la cosa, estoy seguro, no sería igual. Sería menos desigual. En fin, no siempre es mejor -por no decir nunca- pájaro en mano que ciento volando.
Artevirgo/La Aldea, Canarias, a sábado 7 de mayo de 2005