Los festejos de la derrota

REFLEXIONES EN TORNO A UNAS CELEBRACIONES "HISTÓRICAS"

Manuel de la Rosa Hernández

En Canarias se han venido celebrando centenarios de ciudades en relación a la conquista, con exhibiciones incluidas de los respectivos pendones. El rechazo de la ciudadanía llevó a que se retirarán en Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna... Ahora le toca el turno al Realejo en el norte de Tenerife. El 25 de julio es la fecha elegida para conmemorar tal evento.

En el año 1497, terminada la conquista de Tenerife por parte de la Corona de Castilla, tras derrotar la resistencia de las poblaciones originarias (los guanches), se ultimaba un proceso de apropiación de las Islas Canarias, iniciado mediante tropas de servicio por parte de los explotadores europeos. Había culminado, un siglo de tentativas, escaramuzas, avances y retrocesos,... que en 1403 había empezado por la isla de Lanzarote

Este proceso de conquista formaba parte de la expansión atlántica del capitalismo europeo, del que era consecuencia también la conquista y colonización ibérica del continente americano. Esta conquista y colonización fue un ensayo cuya experiencia aprovecharon para lo que iban a hacer en el "nuevo" continente. Este expansionismo atlántico va a permitir al capitalismo europeo dar un gran salto cualitativo y cuantitativo en la acumulación y en la adquisición de su papel preponderante.

Pronto se fue colonizando el territorio, se creó una economía al servicio de estos intereses capitalistas europeos, surge una nueva sociedad de clases, en las que unos pocos van contar en el control de la economía y del poder, mientras la mayoría, será la mano de obra de unos monocultivos que se fueron sucediendo a lo largo de estos siglos, fruto de los avatares del mercado mundial, de los nuevos descubrimientos tecnológicos y del surgimiento de competidores que fueron sustituyendo a unas producciones por otras, siempre en función de un modelo dependiente de exportación.

Así se fue consolidando el capitalismo en Canarias, con unas clases dominantes ligadas al capital internacional y con un poder político vinculado al Estado español. La población del archipiélago, pasó de la actividad primaria (agricultura, ganadería, pesca) como dominante antes de los 60, a una economía de base en los servicios, con el turismo como eje "vertebrador" de la misma. Siendo hoy la gran mayoría de la población de las islas asalariada.

La población se ha ido consolidando con aportes diversos. No hay hoy en las islas una población que sea continuidad exclusivamente de los habitantes originarios. Estos se fueron integrando en un mestizaje diverso con gente proveniente de los tres continentes. A la población originaria se la sometió a un proceso de desnaturalización y de aculturación, conformando la mayoría en los nuevos explotados de las islas. Nacen unas nuevas sociedades de clase en cada isla. La intención de asimilación de la población originaria fue patente. Esta nueva sociedad clasista se identifica con el poder de la Corona, que se consolida en las islas mediante sus instituciones de poder.

Este proceso no fue pacífico, se impuso a sangre y fuego. Por eso rememorar aún hoy los hechos que llevaron a dicha conquista, es un despropósito. No somos una simple continuidad de la población originaria, pero tampoco somos su negación.

Desde luego desde posiciones progresistas, democráticas y de justicia social tenemos que rechazar toda parafernalia de aniversarios mal entendidos, al mejor estilo de las huestes de Orleáns desfilando por los barrios de los derrotados en el Ulster, con la salvedad de que aquí no estamos ante dos comunidades enfrentadas. Si los canarios nos tenemos que identificar con algo de ese pasado es con el proceso de resistencia de la población originaria. Canarias entró en la órbita del capitalismo en expansión como un hecho inevitable, no analizamos los hechos históricos como moralistas o idealistas. Pero desde luego al opresor en todo tiempo y lugar, ni agua.

Compartimos la exigencia de que los pendones se queden como piezas de museo y no sean exhibidos por las calles de las islas, más nunca. Y que las citadas celebraciones pasen a mejor vida.