El CENTINELA

 

La Fiesta del Charco, en La Aldea de San Nicolás,

en el oeste De Gran Canaria. Archipiélago Canario. Noroeste de África. (Y II)

 

"...en tal depravada diversión..." (Obispo Francisco Delgado Venegas)

 

Por Jose Almeida Afonso

 

Pues como les decía, este año de 1776 -indefectiblemete irremediable-- nos viene a muchxs aldeanxs a la mente sobre todo en el mes de septiembre; y más concretamente cada 11 de septiembre, que es cuando lxs aldenxs celebramos La fiesta del Charco -una especie de celebración comunitaria- y que ha ido evolucionando hasta la forma que nos es familiar en la actualidad.

El tal Obispo Francisco Delgado Venegas, informado sobre cómo se relacionaban hombres y mujeres cuando La Fiesta del Charco, intentó desvirtuar uno de los ritos o celebraciones más ancestrales de lxs canarixs que sobrevivieron a la voraz, sangrienta y terrible Conquista y poestrior Colonización. En este documento del Obispo Francisco Delgado Venegas podemos leer: " La riqueza que daba el agua era tan grande y celebrada que en un momento llegó a conocerse como la "fiesta de la embarbascá", aunque más tarde tomaría su actual nombre.

 

Esta fiesta adquirió un tono tan lúdico y desenfadado, que el obispo Francisco Delgado Venegas, en visita pastoral a La Aldea el 23 de agosto de 1776, cortó con un mandato episcopal, que caracterizó la modalidad típica de lo que hoy es la "fiesta del Charco". Después de este mandato, lxs aldeanxs para estar seguros de no caer en penas canónigas, comenzaron a arrojarse al Charco vestidos y con zapatos. El decreto -ordenado por el obispo Venegas- es digno de reproducir en parte por lo aberrante y oscurantista de su contenido. Este venía a decir que "hallándose su Itma. Informado del desorden que siempre ha avido en este lugar quando se celebra la embarbasca o fiesta del Charco; que está donde dicen la mar ciega, echándose en él hombres y mujeres casi desnudos, olvidando con las obligaciones de cristiano, aquel pudor y vergüenza, natural de todo racional, pecando mortalmente ´en tal depravada diversión,` no sólo todos los que se echan al Charco, sino también aquellos que sabiéndose frágiles y en peligro próximo de caer en alguna tentación se hallan presentes, por lo que siendo preciso de dar una providencia que corte este abuso perjudicial a las buenas costumbres".

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La pena para los que incurrieran "en tan depravada diversión" era de "quatro" ducados de multa y de quince días de cárcel. Aún así, la fiesta del Charco nunca perdió su lado lúdico y desenfadado. Si no lean lo que le escribía Grau Bassas a un amigo el 18 de septiembre de 1887, un siglo después del famoso decreto episcopal:

".Pues siendo al día siguiente la Fiesta del Charco debía asistir a ella. No puede Vd. Imaginarse nada más original que esa fiesta digna bajo todos los conceptos de ser presenciada tanto por gente estudiosa como por diletantes. Allí encontrará Vd. el tipo canario puro en la gran mayoría de los concursantes entregadxs a la expansión más sensual inimaginable. Las mujeres, en las cuales se conservan más pronunciados los caracteres de la raza, bailan y cantan, corren y luchan con verdadero frenesí y los alegres alaridos y los sones y la más espontánea expansión no cesa hasta las tres de la tarde en que el alcalde da la voz de ¡al charco!".

 

Con anticipación hombres y mujeres provistos cada cual de sus arreos (cestos, guelderas, pedazos de red, etc.), se hayan preparados en la orilla y cuando suena la deseada voz todos se precipitan al agua con sus correspondientes chismes y no se preocupan de otra cosa que de recoger abundante pesca, de modo que el imprudente compañero o la inesperada piedra del fondo hacen perder el equilibrio a pesacadorxs tomando posiciones muy artísticas, sí, pero que no permite la iglesia y enseñando cosas que no son para ser vistas". ("¡Oh señor, bien sabes que la única forma de vencer las tentaciones es entregándose dulce e inocentemente a su encanto", que escribiera un escritor inglés allá por el siglo XIX.)

"Estos percances -continúa la carta de Grau Bassas-- producen en el público estrepitosos aplausos y este jaleo sigue en aquellos organismos de bronce hasta que la noche no permite ver más y se retiran a sus casas cantando y sonando guitarras, corriendo y gritando como locos. ¿Cree Vd. que a descansar? No señor, a freír el producto de su pesca y a continuar el baile y el jaleo; esta gente tiene algo de demonio por lo incansable. Yo salí loco."

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El "espíritu" lúdico, desenfadado, festivo no ha podido ser desterrado de esta celebaración después de casi seiscientos años de cruenta, voraz, infame colonización. Lxs aldeanxs -así como muchos canarixs de todos los puntos de la geografía archipielágica- seguimos homenajeando la memoria de nuestros antepasados cada 11 de septiembre.

Para lxs canarixs que no hayan disfrutado, vivido, gozado de la "Fiesta del Charco", que no se lo piensen dos veces y se acerquen este año, el 11 de septiembre -una fecha tan significativa en muchos sentidos (La propia  Fiesta del Charco, el cumpleaños de mi madre, el perverso y terrible golpe de estado y asesinato de Salvador Allende en Chile, y algo de la caída de gemelas torres en N.Y.-, a conocerla en vivo y en directo. Están avisados con una semanita de antelación para que programen su agenda. No se arrepentirán. Y en cualquier caso estrenan la nueva carretera desde Agaete al Risco, que según mi opinión es una gozada y así deberían continuar desde el Risco a La Aldea y no tocar ni un berol, ni tan siquiera una seca haulaga. Pero ya sabemos de los tremendos intereses económicos que hay detrás de cada gran obra de envergadura. Pero lo que siempre decimos: que lo intuimos pero no tenemos pruebas. Y aún teniéndolas la mayoría de las veces se terminan saliendo con la suya: es decir quedan impunes de cualquier presunto delito. Que vayan aprovechando que el chollo se les va a ir terminando más pronto que tarde. El que avisa no es traidor es un avisador.

 

Artevirgo. La Aldea. Canarias a domingo 3 de septiembre de 200